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jueves, 11 de agosto de 2022

Nuevo dinosaurio de cuello largo ayuda a reescribir la historia evolutiva de los saurópodos en América del Sur



Un dinosaurio de tamaño mediano vivió en la Serranía del Perijá en el norte de Colombia hace aproximadamente 175 millones de años, según un nuevo estudio de un equipo internacional de investigadores publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology.

La nueva especie es un dinosaurio herbívoro de cuello largo, cuya existencia ha sido corroborada por una sola vértebra que mide aproximadamente medio metro de alto y ancho y que tiene un patrón distintivo de puntales óseos.

La nueva especie de dinosaurio ha sido denominada Perijasaurus lapaz, en reconocimiento a la región montañosa donde fue encontrada y a los acuerdos de paz firmados en 2016 que permitió a los científicos continuar con su investigación décadas después de que se encontraran los restos fósiles en 1943.

Perijasaurus es el saurópodo que se ha encontrado más al norte en América del Sur y los científicos piensan que representa una fase temprana en la evolución de estos dinosaurios en Sudamérica.

“Este nuevo género y especie en el paleotrópico nos permite entender un poco más sobre el origen de los saurópodos en el Jurásico, así como también cómo prepararon el escenario para los posteriores saurópodos del Cretácico”, dijo Aldo Rincón Burbano, profesor de la del Departamento de Física y Geociencias de la Universidad del Norte y autor principal del estudio.

El fósil fue descubierto por primera vez en 1943 durante una campaña de mapeo geológico de la Tropical Oil Company. El espécimen fue llevado a las colecciones de la Universidad de California Berkeley y fue descrito preliminarmente en 1955.

Jeff Wilson Mantilla, curador de paleontología y profesor de la Universidad de Michigan, examinó el espécimen como estudiante de posgrado en 1997 y luego desarrolló un proyecto respaldado por la Fundación Fulbright para estudiar la evolución de los saurópodos en Colombia.

Como parte de ese proyecto, el espécimen fue prestado a la U-M, donde el jefe de preparación William Sanders eliminó los pegamentos y el yeso, lo que aumentó en gran medida la visibilidad de los detalles anatómicos y redujo el peso total de la muestra.

“Después de volver a preparar el fósil, pudimos visualizar mejor las delicadas láminas óseas que interconectan las partes salientes de la vértebra: la espina neural, las articulaciones intervertebrales, las articulaciones de las costillas. La arquitectura de esas conexiones proporciona información morfológica crítica que identifica a ese individuo como una nueva especie y lo ubica dentro del árbol genealógico de los saurópodos”, dijo Wilson Mantilla.

Un modelo 3D del espécimen está alojado en el Repositorio en línea de fósiles de la Universidad de Michigan (UMORF).

Vista panorámica de la Serranía del Perijá en Colombia, donde una vértebra —encontrada en 1943— recientemente permitió a científicos internacionales identificar una nueva especie de saurópodos, el Perijasaurus lapaz. Crédito de la foto: Jeff Wilson Mantilla, Universidad de Michigan.


De la paz, un descubrimiento

Un conflicto armado desde 1964 entre las fuerzas del gobierno y las la guerrilla de las FARC y otros grupos paramilitares hicieron insegura la realización de investigaciones en la Serranía del Perijá, cerca de la frontera entre Colombia y Venezuela, hasta los acuerdos de paz de 2016.

Desde entonces, el equipo de investigación ha estado trabajando para determinar con mayor precisión dónde fue encontrado el fósil. Una imagen de satélite de la región se superpuso a un mapa dibujado a mano en 1955 que muestra la ubicación del fósil.

Otra pista fue el sedimento extraído de la propia vértebra durante el proceso de preparación que permitió al equipo determinar la capa específica de la que se extrajo el hueso. El trabajo de campo en el sitio y localidades vecinas ayudó a reconstruir el paleoambiente que habitaba el dinosaurio.

“Perijasaurus vivía en un ambiente de pendientes bajas asociado a un río y una zona boscosa. Encontramos arena fina y restos de hojas en el sedimento depositado en el área donde originalmente se encontró la vértebra, y es consistente con el sedimento dentro del arco neural de la vértebra, que solo se conservan cerca de una llanura aluvial, es decir, cerca de las laderas de un río, una zona boscosa”, dijo Daniel Raad, entonces estudiante de geología en la Universidad del Norte.

La mayoría de los descubrimientos de dinosaurios en América del Sur provienen de rocas del Período Cretácico ubicadas en Argentina y Brasil.

La presencia de dinosaurios en el norte de América del Sur es mucho más rara, particularmente durante los períodos Jurásico y Triásico, durante la radiación inicial de los dinosaurios, cuando las masas terrestres aún estaban sustancialmente interconectadas.

“Si bien el Perijasaurus está representado por una sola vértebra, esa región del esqueleto es la que brinda más información en los saurópodos, debido a una serie de láminas y otras estructuras”, dijo Martín Ezcurra, paleontólogo e investigador asociado del CONICET (Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina) y curador jefe de paleovertebrados en el Museo Argentino de Ciencias Naturales.

Los investigadores pudieron determinar las relaciones evolutivas de Perijasaurus a través de un análisis computacional centrado en los saurópodos del Jurásico temprano y medio.“Perijasaurus es parte de la radiación temprana de saurópodos, que incluye especies del sur de Sudamérica, África, Asia y Europa”, dijo Harold Jiménez Velandia, geólogo de la Universidad de Caldas.

Aldo Rincón Burbano, profesor de física y geociencias de la Universidad del Norte en Colombia recolecta muestras en la Serranía del Perijá en Colombia. Crédito de la foto: Jeff Wilson Mantilla, Universidad de Michigan.


“Lo que vemos en el Jurásico Inferior, tanto en latitudes altas como en las zonas más tropicales, es que las especies de saurópodos estaban interconectadas evolutivamente y geográficamente, algo que también se había visto con otros grupos de dinosaurios carnívoros y herbívoros”, dijo Ezcurra.

La presencia de Perijasaurus en los paleotrópicos de América del Sur, junto con su estrecha relación filogenética con especies geográficamente extendidas que habitaban latitudes bajas, sugiere que los saurópodos se diversificaron y dispersaron con bastante rapidez tras un gran evento anóxico a finales del Jurásico Inferior, cuando porciones de los océanos se quedaron sin oxígeno en grandes áreas geográficas.

Los saurópodos son los animales más grandes que han caminado sobre la tierra, algunos alcanzan longitudes estimadas de 49 metros y pesos de hasta 57 toneladas métricas. Su capacidad para soportar su peso y mover sus cuerpos de manera eficiente proviene de una serie de adaptaciones para reducir el peso y aumentar el soporte óseo.

Un sello anatómico de los saurópodos avanzados como Apatosaurus y Camarasaurus es la neumatización de la vértebras y costillas.

Esencialmente, las extensiones del sistema de sacos de aire de los pulmones se extienden hacia la columna vertebral y en realidad eliminan el hueso interno, aligerando efectivamente el esqueleto.

“Antes del Jurásico tardío, los saurópodos habían desarrollado vértebras altamente neumáticas plagadas de espacios de aire que eliminaban entre la mitad y las tres cuartas partes del peso del hueso. Perijasaurus representa un antecedente evolutivo en el que las invasiones neumáticas son mucho más simples y limitadas en extensión, eliminando menos de una cuarta parte del volumen óseo”, dijo Wilson Mantilla, quien aseguró que el equipo continuará enfocándose en las regiones de Colombia que tienen exposiciones de sedimentos jurásicos.

“Colombia se perfila como un país con gran potencial para contribuir a la paleontología del continente y del mundo”, dijo.

El Perijasaurus es almacenado permanentemente en el Museo de Paleontología de la Universidad de California en Berkeley, California. Réplicas de la vértebra están alojados en la Universidad de Michigan, la Universidad del Norte, y el Servicio Geológico de Colombia. La investigación fue financiada por la Fundación Fulbright, la Universidad del Norte, el Fondo Sam Welles y CONICET.

 

Referencias:

Ann Arbor (Adaptado del original por José Luis Rodríguez de la Universidad del Norte). Nuevo dinosaurio de cuello largo ayuda a reescribir la historia evolutiva de los saurópodos en América del Sur. Universidad de Michigan 10.08.2022. (https://espanol.umich.edu/noticias/2022/08/10/nuevo-dinosaurio-de-cuello-largo-ayuda-a-reescribir-la-historia-evolutiva-de-los-sauropodos-en-america-del-sur/?fbclid=IwAR0ZaFBkhAUDcGpGQhAQjjlFBTQ6ig0YnGlySiHRmQ-i6BEpMVArrhmbqHI)  [Última consulta 01.11.2022].

 

Para más información por favor consulte: Rincón, A. F., Raad Pájaro, D. A., Jiménez Velandia, H. F., Ezcurra, M. D., & Wilson Mantilla, J. A. (2022). A sauropod from the Lower Jurassic La Quinta formation (Dept. Cesar, Colombia) and the initial diversification of eusauropods at low latitudes. Journal of Vertebrate Paleontology, e2077112. https://doi.org/10.1080/02724634.2021.2077112            

           

Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.






miércoles, 26 de enero de 2022

Fósiles de insectos de hace 100 millones de años descubiertos en La Calera


Un biólogo y un paleontólogo hallaron en este municipio cercano a Bogotá los restos fosilizados de una mosca de mayo y de un escarabajo. Según los datos preliminares que serán publicados en la revista científica “Cretaceous Research”, serían los primeros fósiles de insectos del Cretácico encontrados en el país.

Izquierda: ilustración de la mosca de mayo. Derecha: Fósil correspondiente a la mosca de mayo hallada en La Calera, Cundinamarca. / Foto cortesía de Andrés Alfonso y Edwin Cadena. Ilustración cortesía de Pablo Realpe


A comienzos de 2019, un grupo de paleobotánicos realizaba una salida de campo cerca de la mina La Popa, en la zona rural del municipio de La Calera (Cundinamarca). Buscaban, principalmente, fósiles de hojas. Cerca de este lugar, al costado de una pequeña montaña, se encontraba expuesto un largo muro de roca que, a medida que se acercaba al suelo, exhibía unas líneas diagonales que se diferenciaban por mucho del resto del paisaje dominado por piedra caliza.

Estas características, posiblemente desatendidas por un visitante promedio, llamaron la atención de los científicos. “Siempre que vemos una roca con este tipo de laminación, nosotros abrimos los ojos así grandes y decimos: ‘Hay que empezar a abrir, a buscar, porque tiene el potencial de tener hojas, restos de peces, restos de insectos’”, explica Edwin Cadena, paleóntologo de la Universidad del Rosario.

Y así fue. Luego de extraer varios pedazos de roca dieron con dos fragmentos en los que encontraron dos “bichitos bastante extraños”, como los define Andrés Alfonso, biólogo y estudiante de la maestría de ciencias naturales en la Universidad del Rosario. Esos bichitos, explican Cadena y Alfonso, representan los primeros dos insectos fosilizados hallados en Colombia que vivieron en el período geológico del Cretácico, hace más o menos 100 millones de años.

Pero para llegar a esa conclusión los dos investigadores primero tuvieron que trasladar los fósiles a un laboratorio. Allí estabilizaron las rocas aplicándoles un tipo de Paraloid que, como explica Cadena, es una resina acrílica que “penetra cualquier fractura e impide que se siga resquebrajando”. Luego analizaron las muestras a la luz de un estereomicroscopio, un tipo de microscopio que les permitió tener una visión tridimensional de los insectos.

Gracias a las fotos de alta resolución que lograron con estos instrumentos, empezaron la fase de descripción. Basándose en los segmentos del cuerpo, en el número de patas, en si tenían o no antenas y en otras características físicas, así como en la comparación con otros insectos descritos anteriormente por la ciencia, los investigadores concluyeron que ante sí tenían un fósil de efemróptero y otro más de coleóptero. En otras palabras, de una mosca de mayo de no más de 12 milímetros y de un escarabajo de aproximadamente medio centímetro.

Para determinar la edad, Alfonso y Cadena usaron el contexto geológico, es decir, la información que la laminación de las rocas les ofrecía. “Encima de los estratos blandos, en donde encontramos los fósiles, había unas capas de caliza y en estas encontramos amonites, que son moluscos. En realidad son los amonites los que nos indican la edad. Ahí es donde ya podemos saber que, como están debajo de esos moluscos, deben tener aproximadamente 100 millones de años”, explica el paleontólogo. Los resultados de su investigación serán publicados como comunicación corta en la revista científica Cretaceous Research.


Unos insectos poco conocidos

Hasta el momento, en el país se contaba con escasos reportes sobre insectos del Cretácico. Se sabe más, por ejemplo, de los dinosaurios, grandes reptiles marinos, peces, tortugas y crustáceos que habitaron hace 100 millones de años en lo que hoy llamamos Colombia. Por eso, Alfonso y Cadena se refieren a este período como “una ventana de desconocimiento”.

“Normalmente, cuando uno habla del Cretácico en Colombia, uno se imagina todo un mar. Siempre uno relaciona el mar, los vertebrados de Villa de Leyva y los depósitos de Zapatoca, en Santander, que son netamente marinos”, apunta Cadena. Pero según lo que encontraron ambos investigadores, hacia el norte de Suramérica, hace millones de años, también surgían otros ecosistemas, como los de agua dulce.

Para empezar, señalan, actualmente las moscas de mayo nacen y se desarrollan en agua dulce. “Eso, combinado a la evidencia que tenemos con la forma de las rocas, donde sabemos que se dieron en ambientes de baja energía y tranquilos, nos permite establecer que durante esos eventos marinos hubo momentos en los cuales los ecosistemas cambiaron y afloraron los ecosistemas de agua dulce”. Lagos, como el que se encuentra muy cerca de donde encontraron los fósiles.

“La presencia de estos insectos nos ayuda a imaginarnos cómo era el ciclo alimentario. Estos insectos, como la larva de la mosca, suelen ser detritívoros, es decir, que se alimentan de material vegetal y algas en descomposición, pero son la base de la alimentación de muchos otros animales como los peces”, complementa Alfonso.

Si bien Cadena y Alfonso celebran el descubrimiento, explican que aún falta mucha investigación en la zona, pues de los 80 metros disponibles para excavación, ellos solo exploraron dos. “Esto abre la posibilidad de mostrar el potencial que tiene un lugar no muy lejos de Bogotá para entender cómo fue el norte de Surámerica durante un período que no conocemos”, comenta Cadena.

 

Referencias:

César Giraldo Zuluaga. Fósiles de insectos de hace 100 millones de años descubiertos en La Calera. Fuente: El Espectador 25.01.2022. (https://www.elespectador.com/ciencia/fosiles-de-insectos-de-hace-100-millones-de-anos-descubiertos-en-la-calera/?fbclid=IwAR2bP-xLdeKGfIHmok_M-UfTHPYHr1yj_1uInJLrI4ZaXHj1J3g5KH6i-Q8)  [Última consulta 26.01.2022].

Para más información por favor consulte: Alfonso-Rojas, A.F., Cadena, E-A. (2022). The first benthic insects (Ephemeroptera and Coleoptera) from the Upper Cretaceous of Colombia. Cretaceous Research. 132. https://doi.org/10.1016/j.cretres.2021.105116


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sábado, 22 de enero de 2022

Revelan nuevos detalles de la vida del cangrejo quimera hallado en Colombia

Restos fósiles de los ojos y cerebro de este animal permitieron reconstruir parte de su historia..

Mirar a los ojos de una criatura que existió hace 95 millones de años puede sonar como algo imposible. Pero de alguna forma eso es lo que ha hecho en los últimos años el paleontólogo colombiano Javier Luque con la Callichimaera perplexa. Un fósil de cangrejo que en el 2019 le dio la vuelta al mundo cuando fue descrito en la revista Science Advances, no solo como una especie, género o familia nueva, sino como una rama completamente desconocida en el árbol de la vida.

Un animal único y sin precedentes, considerado como el ornitorrinco de los cangrejos, que colocó una vez más a Colombia en el mapa de la paleontología mundial. El fósil fue encontrado en Pesca, un pueblo cercano a Sogamoso (en Boyacá), en medio de un gran yacimiento de fósiles marinos con preservación excepcional, un completo tesoro para los científicos en el que, por cuestiones que podrían atribuirse a la suerte, se dieron las condiciones propicias para que cientos de individuos prehistóricos se fosilizaran, conservando incluso parte de sus tejidos blandos.

Precioso cangrejo quimera fósil mostrando sus grandes ojos. Foto: Daniel Ocampo R. (Vencejo Films).


Ahora, en un nuevo estudio que se publica hoy en la revista iScience, Luque, quien hace parte del Departamento de Biología Orgánica y Evolutiva de la Universidad de Harvard, junto a investigadores de Yale revelan nuevos detalles de cómo fue la vida de la Callichimaera perplexa y describen por qué sus ojos inusualmente grandes sugieren que este extraño cangrejo era un depredador nadador muy visual.

Y es que identificar qué lugar ocupaba este animal en el árbol de la vida era tan solo uno de los primeros pasos que los investigadores estaban dando hacia desentrañar los misterios detrás del particular animal, que rondó en la Tierra cuando por ella aún caminaban los dinosaurios.

“Una vez tuvimos claridad de la posición de la quimera en el árbol de la vida, una vez pudimos saber cómo se relacionaba con otros animales, venían muchas más preguntas como, por ejemplo, qué hacía para vivir, cómo lo hacía, en dónde vivía, si eran bebés o adultos, por qué es tan rara, por qué es una quimera, por qué es el ornitorrinco del mundo de los cangrejos, de dónde viene esa forma tan única”, explica Luque, quien asegura que todas esas preguntas, y la posibilidad para intentar darles respuesta, parten de una gran ventaja que se les presentó como paleontólogos, al contar con unos 70 ejemplares de este individuo para analizar.

La gran cantidad de fósiles de Callichimaera perplexa hallados en Boyacá representan una gran ventaja para los investigadores.. Foto: Daniel Ocampo R. (Vencejo Films).


Una oportunidad única en el mundo de los fósiles, que suelen llegar a manos de los investigadores de uno en uno —como el particular cangrejo en ámbar del sudeste asiático que fue descrito por Luque el año pasado, que es un ejemplar único en el mundo hasta el momento—, e incluso solo por partes.

“Con la quimera tenemos 70 ejemplares, una población de animales que nos permite decir cosas que de otra forma no podríamos, comparar los pequeños con los grandes, ver el rango de crecimiento entre jóvenes y adultos, o analizar lo que llamamos dimorfismo sexual, que son las diferentes formas que se presentan entre macho y hembra”, detalla el investigador.

Fósiles que además cuentan con una preservación excepcional de clase mundial, por lo que los científicos han encontrado algunos de ellos incluso con aparatos reproductores que han sido preservados, músculos, parte del cerebro y los grandes ojos de la Callichimaera, una de sus características más inusuales y llamativas debido a su enormidad.

¿Para verte mejor?

“Es como si un humano tuviera ojos del tamaño de balones de futbol, si llegáramos a tener unos ojos tan grandes quiere decir que las ventajas de poseerlos están por encima de las desventajas”

 “Una de las cosas que más nos llamó la atención, aparte de la rareza de este animal, que es muy raro, son sus ojos tan grandes. Es como en el cuento de Caperucita Roja, ‘cangrejito, qué ojos tan grandes tienes, pero para qué’. Órganos de este tamaño cuestan energía y nutrientes, además son vulnerables”, aseguró Luque y continúa: “Es como si un humano tuviera ojos del tamaño de balones de fútbol, si llegáramos a tener unos ojos tan grandes quiere decir que las ventajas de poseerlos están por encima de las desventajas”.

Los cangrejos vivos suelen tener pequeños ojos compuestos ubicados al final de un largo tallo con una órbita para cubrirlos y protegerlos. La Callichimaera; sin embargo, tiene grandes ojos sin cuencas para resguardarlos. En un principio, los investigadores pensaron que era un cangrejo en la última etapa larvaria llamada megalopa, que significa precisamente ‘ojos grandes’. Sin embargo, este es un breve momento en el desarrollo del cangrejo. A medida que madura y se convierte en un joven, se espera que el cuerpo crezca más que los ojos.


Para probar si estaban ante cangrejos bebé o ya desarrollados, Luque y la primera autora de la nueva publicación, la candidata a doctora de la Universidad de Yale, Kelsey Jenkins, analizaron más de 1.000 especímenes de cangrejos vivos y extintos que representan 15 especies de estos animales en todo su árbol genealógico. Los especímenes incluían cangrejos en diferentes etapas de desarrollo y abarcaban una variedad de hábitats, ecologías y estilos de vida.

Los investigadores midieron las dimensiones de los ojos y el cuerpo de los cangrejos desde que eran bebés hasta adultos y descubrieron que, a diferencia de otras especies, la Callichimaera mantiene sus grandes ojos durante todo el desarrollo. De hecho, eran los de más rápido crecimiento de todas las especies y podían alcanzar hasta el 16 por ciento de todo su cuerpo, que es aproximadamente del tamaño de una moneda de 500 pesos.

Para ponerlo en perspectiva, Luque explica que es como si un ser humano, que cuando es bebé tiene un cuerpo más pequeño y una cabeza más grande, conservara estas proporciones al convertirse en adulto, como tener un gran bebé de un metro con ochenta, una imagen bastante extraña. “En la naturaleza ocurre ese fenómeno de crecimiento acelerado donde los animales suelen mantener una forma de bebé pero alcanzan una madurez sexual muy rápido”, apunta el investigador.

Pero ¿qué hacían con estos grandes ojos? De acuerdo con Luque, ojos grandes inmediatamente no implica que sean cazadores, “quiere decir que los usaban activamente, no vivían enterrados en el sedimento, ni en cuevas, vivían donde necesitaban usar esos ojos grandes para capturar luz y hacer imágenes del mundo que los rodea”, detalla. Por eso la siguiente incógnita a resolver fue si estaban ante un cazador o ante una presa que quiere tener los recursos para poder escapar.

El ojo de la quimera: imagen SEM del ojo compuesto de Callichimaera perplexa. Foto: Cortesía de Javier Luque (Universidad de Harvard)


La excepcional preservación de los ojos permitió a los investigadores ver este órgano en todas sus facetas. A diferencia de los humanos, tanto insectos como crustáceos tienen ojos compuestos, formados por pequeñas celdas en forma de hexágono (como un panal de abejas), sobre los que se recibe la luz que será luego procesada por el cerebro para formar imágenes. Los mismos ojos que sobrevivieron 95 millones de años en Boyacá hasta que fueron encontrados por los paleontólogos.

Así, análisis posteriores mostraron que este cangrejo quimera era un animal con una alta agudeza visual similar a las libélulas, que se encuentran entre los principales depredadores del mundo de los insectos, y al camarón mantis. Además, la preservación de los tejidos blandos internos, como los lóbulos ópticos (tejidos neurales), mostró que se parecían más a los de las abejas y otros insectos de ojos grandes que a los de los cangrejos, y estaban adaptados a una buena iluminación.

“Todo parece indicar que este animalito quimera era un gran nadador, altamente visual y predador en condiciones de luminosidad alta”, señala Luque sobre los nuevos hallazgos alrededor de su “quimera hermosa y desconcertante” —la traducción de Callichimaera perplexa— que hoy comparte con el mundo.

Reconstrucción artística de la Callichimaera perplexa: el cangrejo más extraño que jamás haya existido. —nadando tras un camarón coma Eobodotria muisca (Cumacea). Foto: Masato Hattori


Congelados en el tiempo

Para el paleontólogo colombiano, este descubrimiento es particularmente especial porque el tipo de preservación excepcional de los fósiles de la quimera recuperados en Colombia es del mismo que el de los famosos fósiles del esquisto de Burgess o Burgess Shale, en Canadá. Una formación geológica famosa por sus fósiles que son vestigios de animales invertebrados del período Cámbrico Medio (con unos 500 millones de años de antigüedad), que además fue declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Aunque existen depósitos de este tipo en otros lugares del mundo, como China, Australia o Estados Unidos, esta es una condición que no se había visto en el trópico, donde las lluvias y la exuberante vegetación que caracteriza a esta zona del mundo —y la hace tan especial en materia de biodiversidad— también se convierte en una barrera para conocer cómo fue la vida en este territorio en otros momentos.

“Cuando queremos estudiar los fósiles tenemos problemas de acceso a las rocas porque están usualmente cubiertas con suelos, arcillas o con bosques, pastos y vegetación y esto hace que las rocas se dañen, así que poder encontrar este tipo de fósiles, con ese tipo de preservación en los trópicos, nos está dando nuevas avenidas para investigar esas ventanas hacia el pasado de forma excepcional con los lentes de la biodiversidad tropical”, asegura Luque.

Javier Luque (Universidad de Yale, izquierda) y Catalina Suárez (Servicio Geológico de Colombia, centro) excavando fósiles en los Andes colombianos. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)


Y las investigaciones con la Callichimaera son solo el comienzo, pues en Colombia se cuentan con depósitos de más de 90 millones de años con preservación excepcional de estrellas de mar, erizos que mantienen sus espinas articuladas, camarones que conservan su boca, estómago, intestino y cola, entre muchos otros especímenes que esperan por ser estudiados.

El nivel de detalle de la reconstrucción de cómo fue la vida de estos animales que permiten estos extraordinarios fósiles es tanto, que en los próximos estudios con la quimera esperan incluso ser capaces de rescatar hasta rastros de pigmentos para conocer de qué color eran realmente estos particulares animales.

 

Referencias:

Alejandra López Plazas. Revelan nuevos detalles de la vida del cangrejo quimera hallado en Colombia. Fuente: El Tiempo 21.01.2022. (https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/callichimaera-perplexa-asi-fue-la-vida-de-este-cangrejo-prehistorico-646105?fbclid=IwAR17hGhYTBFf2ynAV5wcqqXgoUjSSHJLdaFok731ZOMJcYW-Tw5M_eSEa-U)  [Última consulta 22.01.2022].

Para más información por favor consulte: Jenkins, K. M., Briggs, D. E. G., & Luque, J. (2022). The remarkable visual system of a Cretaceous crab. iScience, 25, 103579. https://doi.org/10.1016/j.isci.2021.103579 

 

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lunes, 17 de febrero de 2020

Descubiertos en Colombia restos de la tortuga gigante Stupendemys


Tras las pistas en Colombia de las tortugas más grandes del planeta

Paleontólogos de Colombia y Venezuela hallaron en el desierto de la Tatacoa y en Urumaco (Venezuela) los fósiles de una enorme tortuga que vivió hace 13 millones de años. Encontraron el caparazón más grande que se conoce.

Hace 13 millones de años, Colombia era un territorio muy distinto al que hoy conocemos. La parte norte y oriental, que hoy colinda con Venezuela, distaba mucho de ese terreno escarpado que se ha convertido en una compleja travesía para viajeros y migrantes. Las cordilleras aún no existían y los grandes ríos que hoy atraviesan parte de nuestro país todavía no llevaban caudalosas corrientes cargadas de escombros. En vez de esa escabrosa geografía, había un complejo sistema de ríos y humedales llamado Pebas que se extendía desde el Huila hasta buena parte de Venezuela. La comparación no suele ser frecuente entre los paleontólogos, pero era un lugar más parecido a lo que es hoy el Amazonas. Una especie de pantano con bosques enormes que crecían bajo una temperatura entre los 23 y 35 grados Celsius, los ingredientes perfectos para que enormes criaturas viajaran por donde los humanos decidimos levantar bloques de cemento.

El paleontólogo Edwin Cadena junto a la parte superior del caparazón de la “Stupendemys geographicus”. / Rodolfo Sánchez

Desde mediados del siglo XX, las pistas de qué era lo que había en Colombia en esa época, que la ciencia decidió llamar Mioceno, han empezado a recopilarse con más frecuencia. Los hallazgos le han dado la vuelta al mundo y aún continúan siendo un motivo de orgullo entre paleontólogos. La Titanoboa cerrejonensis, de hace 55 millones de años, es uno de ellos. Gracias a sus fósiles, que reposaban en el área de lo que hoy es el Cerrejón, quedó registrada como la serpiente más grande del planeta. El Callichimaera perplexa, un cangrejo cuyos ojos eran tan grandes como un balón, simbolizó el encuentro con una enigmática criatura de hace 90 millones de años que, en palabras del biólogo Javier Duque, quien la descubrió, representó “una rama completamente nueva en el árbol de la vida”. Ahora, un nuevo espécimen acaba de entrar en esta lista de animales que parecen sacados de la ficción. ¿Su nombre? Stupendemys geographicus, una tortuga tan grande como un automóvil familiar.

Edwin Cadena suena emocionado cuando habla del artículo que esta semana replicaron varios medios internacionales. En compañía de otros ocho autores publicó en la revista Science Advances los resultados de una investigación en la que se había sumergido por seis años y que desembocó en el hallazgo del caparazón más grande que se ha encontrado de una tortuga. Lo hicieron en un pueblo llamado Urumaco, en el norte de Venezuela. En La Venta, en el desierto de la Tatacoa, también encontraron registros fósiles y algo inesperado: una mandíbula en perfecto estado.

“Son unos registros fascinantes que nos dicen mucho acerca de esta especie. Aunque sus fósiles fueron descritos por primera vez en 1976, no sabíamos casi nada sobre ella”, cuenta. Su historia era un enigma que él, junto a paleontólogos venezolanos, han empezado a resolver.

Urumaco, Venezuela, donde fue encontrado el caparazón más grande de la tortuga. Edwin Cadena

“Se trata de un hallazgo muy valioso para la paleontología. Hasta el momento, esta tortuga solo se conocía fragmentariamente, y tener una forma completa de uno de estos organismos nos ayuda a entender muchos aspectos de la evolución de las especies”, señala Marcela Gómez, geóloga y doctora en Paleontología de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, hoy a cargo del Museo del Servicio Geológico Colombiano.
Cadena también es geólogo. Estudió en la Universidad Industrial de Santander e hizo su doctorado en geociencias en la Universidad Estatal de Carolina del Norte (Estados Unidos). Desde que empezó a explorar los alrededores de Zapatoca (Santander), donde nació, quiso entender el mundo a través de los fósiles. A los 20 años, cuando encontró el de una tortuga de 135 millones de años, empezó a explorar un área que poco interés había causado entre sus colegas: las tortugas del norte de Suramérica.

“No había casi nada y tuve la fortuna de estar en Nueva York con Eugene Gaffney, el paleontólogo que más ha estudiado sobre tortugas fósiles. ¿Cómo han evolucionado esos reptiles? ¿Hace cuánto habitan nuestro territorio? ¿Por qué nadie se había interesado en ellos?”. La lista de interrogantes sin resolver era extensa y él empezó a buscar respuestas.

Hoy, muchas dudas aún no han sido resueltas, pero los nuevos fósiles de la Stupendemys geographicus son claves en un enorme rompecabezas. Sus piezas sugieren varias cosas. Una de ellas es, a los ojos de los paleontólogos, reveladora: los machos de la especie tenían unos enormes cuernos en su caparazón de 2,86 metros, que les permitían defenderse de otras criaturas monstruosas, como enormes cocodrilos, que navegaban a lo largo de Colombia y Venezuela. También había notungulados, unos mamíferos parientes de los marsupiales, y esparasodontes, los principales depredadores antes de que llegaran los grandes felinos.
“Es posible que esos cuernos también sirvieran como armas en las monumentales batallas entre machos. Tenemos, incluso, evidencia de la marca que pudo haber dejado uno de esos cuernos en un caparazón”, dice Cadena.



Los resultados publicados en el artículo de Science Advances, titulado “The anatomy, paleobiology, and evolutionary relationships of the largest extinct side-necked turtle”, también muestran que la dieta de la tortuga distaba mucho de las que hoy tienen sus parientes. Cangrejos y pequeños animales hacían parte del alimento de esa criatura de cerca de 1.100 kilogramos.
Pero, más allá de los detalles de su investigación, Cadena cree que el trabajo revela asuntos más profundos. “Lo que logramos muestra cómo, a pesar de las dificultades y diferencias que tienen ambos países, la ciencia no tiene fronteras. Hoy, buena parte de los investigadores venezolanos viven en Zúrich, Suiza”.
También cree que esta es la muestra de una nueva etapa para la paleontología colombiana. El país, intuye, apenas se ha explorado en un 10 o 15 % y es posible que en los próximos años el número de publicaciones relacionadas con fósiles crezca de manera exponencial. “Poco a poco”, asegura Catalina Suárez, Ph.D. en paleontología de la Universidad de La Plata y funcionaria del Servicio Geológico Colombiano, “se ha empezado a formar un grupo de paleontólogos que están explorado territorios que antes no habían sido estudiados”.

“Estamos comprendiendo un pedazo del planeta del que antes sabíamos muy poco”, dice Marcela Gómez. “Había pocos registros para esta región de Suramérica. La paleontología está floreciendo y van a tener noticias como estas con mucha más frecuencia”.


Referencias:

Sergio Silva. Tras las pistas en Colombia de las tortugas más grandes del planeta. Fuente: Periódico El Espectador 15.02.2019 (https://www.elespectador.com/noticias/ciencia/tras-las-pistas-en-colombia-de-las-tortugas-mas-grandes-del-planeta-articulo-904745?fbclid=IwAR0u9DzDb5uFvOYWljW1XMzzAyCyBeH44-8bdKgpJgWT3SSISbGH8V_nB-4) [Última consulta 17.02.2020].



Conversación telefónica con el paleontólogo Edwin Cadena, autor principal del estudio sobre los nuevos hallazgos de la tortuga gigante Stupendemys dentro de la sección “Una llamada con…”





Tortuga más grande del planeta vivió en Colombia, Brasil y Venezuela

Fósiles hallados corresponden a la extinta 'Stupendemys Geographicus'.

Nuevos especímenes de la tortuga extinta Stupendemys Geographicus, descrita en 1970, revelan que fue 100 veces más pesada que sus parientes y tuvo un caparazón de tres metros y con cuernos.

Cortesía Universidad de Zúrich. Arte Jaime Chirinos

"El caparazón de algunos individuos de Stupendemys alcanzó casi tres metros, lo que lo convirtió en una de las tortugas más grandes, si no la más grande que haya existido", explica Marcelo Sánchez, director del Instituto y Museo Paleontológico de la Universidad de Zurich y líder del estudio. En la investigación también participó Edwin Cadena, profesor de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario.
La tortuga tenía un peso corporal estimado de 1.145 kilos, casi 100 veces la de su pariente vivo más cercano, la tortuga de cabeza grande del río Amazonas. En algunos individuos, el caparazón completo mostró una característica peculiar e inesperada: cuernos.

"Los dos tipos de caparazones indican que existieron dos sexos de Stupendemys. Los machos tenían caparazón con cuernos y las hembras, caparazón sin cuernos", concluye Sánchez.
Según el paleobiólogo, esta es la primera vez que se informa de dimorfismo sexual en forma de caparazones con cuernos para cualquiera de las pleurodiras, uno de los dos grupos principales de tortugas en todo el mundo.

A pesar de su enorme tamaño, la tortuga tenía enemigos naturales. En muchas áreas, la aparición de Stupendemys coincide con Purussaurus, los caimanes más grandes. Probablemente fue un depredador de la tortuga gigante, dado no solo su tamaño y preferencias dietéticas, sino también lo inferido por las marcas de mordedura y los huesos perforados en los caparazones fósiles de Stupendemys.



Como los científicos también descubrieron las mandíbulas y otras partes del esqueleto de Stupendemys, pudieron revisar a fondo las relaciones evolutivas de esta especie dentro del árbol de la vida de las tortugas.
"Según estudios de la anatomía de las tortugas, ahora sabemos que algunas tortugas vivas de la región amazónica son los parientes vivos más cercanos", dice Sánchez.

Además, los nuevos descubrimientos y la investigación de fósiles existentes de Brasil, Colombia y Venezuela indican una distribución geográfica mucho más amplia de Stupendemys de lo que se suponía anteriormente. El animal vivía en toda la parte norte de América del Sur.


Referencias:

Tortuga más grande del planeta vivió en Colombia, Brasil y Venezuela. Fuente: Periódico El Tiempo / Europa Press 13.02.2019 (https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/tortuga-mas-grande-del-mundo-vivio-en-colombia-venezuela-y-brasil-461716?fbclid=IwAR2C3sbLoTybeNZVLWj0rtEiVsHBfBAPtoEWFAwhXmLjGVZM_sMv6aCxBSw) [Última consulta 17.02.2020].





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domingo, 8 de diciembre de 2019

El paleontólogo Carlos Jaramillo, entre los personajes del año 2019


Carlos Jaramillo, el poder de la curiosidad

Con fósiles rescatados durante la excavación del Canal de Panamá, en el desierto de la Tatacoa, el norte de Colombia, entre otros lugares, este científico está revolucionando la paleontología del continente.
En enero de este año el investigador Carlos Jaramillo Muñoz, del Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales, les puso una cita a los mejores paleontólogos de Colombia y algunos internacionales en la mitad del desierto de la Tatacoa. Unos 50 de ellos respondieron al llamado del jefe de la tribu, aunque eso implicaba robarles días a sus vacaciones oficiales y cambiar la comodidad de las casas y la compañía de las familias por madrugadas, trasnochadas, picaduras de mosquitos, camas incómodas y un calor infernal.

A pesar de que las exploraciones científicas en busca de fósiles se remontan a 1926, una gran parte de esta cuenca el departamento de Huila sigue inexplorada. Carlos calcula que de los más de 30.000 fósiles que podrían llegar a descubrirse, el conteo va apenas por los 1.000. Ahora que él ha lanzado la provocación y coordina expediciones a esta zona, tal vez la tarea pospuesta se complete y de ahí emerja un conocimiento más profundo de la biodiversidad que existió en este rincón del continente hace más de 10 millones de años.

Carlos Jaramillo es geólogo de la U. Nacional, especializado en la U. de Missouri y la U. de Florida. En la actualidad es investigador permanente del Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales. / Felipe Villegas

Hay muchas razones para nombrar al geólogo Carlos Jaramillo como uno de los personajes del año de El Espectador. Como investigador del Instituto Smithsonian publicó 18 investigaciones este año en revistas de primer nivel, un alto ritmo de producción científica que mantiene desde hace varios años. 
En esas publicaciones está plasmada una parte de los hallazgos de las excavaciones que comandó durante la ampliación del Canal de Panamá y están permitiendo entender el flujo de especies y la conformación de ecosistemas del continente americano hace millones de años. (Lea una entrevista con Carlos Jaramillo: “Cuando el planeta se calienta la biodiversidad en el trópico aumenta”).

En septiembre, Carlos ganó el Premio Alejandro Ángel Escobar en la categoría de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales por liderar un grupo de 20 investigadores e ilustradores que elaboraron el libro Hace tiempo. Un viaje paleontológico ilustrado por Colombia. Se trata de un trabajo que, como resaltó el jurado, resume la historia de la vida en nuestro territorio y que es innovador en su formato infográfico y en la forma de presentar la información a través de ilustraciones y textos sintéticos y explicativos”.
Pero las razones para nombrar a Carlos como uno de los personajes del año las conocen mejor que nadie sus colegas y discípulos.
“Diría que entender la complejidad es tal vez lo que más lo caracteriza y lo particular de él”, dice Natalia Hoyos, directora del Departamento de Historia y Ciencias Sociales de la Uninorte.

Jaime Escobar, investigador de la Uninorte, dice que para Carlos “no existen preguntas o proyectos imposibles. Es además un enamorado de la educación y de la entrega del conocimiento aprendido a nuevas generaciones”.

Brigitte Baptiste, rectora de la Universidad EAN, lo califica como un “científico riguroso hasta los tuétanos e infinitamente generoso con su conocimiento, pese a su escepticismo por el futuro de la humanidad”.
Edwin Cadena, de la U. del Rosario, tampoco ahorra elogios: “Maestro, fuente de inspiración y científico excepcional que transformó la forma de entender el origen y la evolución de la vida en el norte de Suramérica”.

Fabiany Herrera, del Jardín Botánico de Chicago, cree que Carlos “revolucionó la paleontología en Colombia y su legado enriquecerá muchas generaciones de geólogos y biólogos en el país y en toda Latinoamérica”.
En cada puerta que uno toca preguntando por Carlos solo encuentra admiración y agradecimiento. Luz Helena Oviedo, quien lo acompaña en las tareas de divulgación científica desde el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, dice que “Carlos te hace estallar la cabeza. Inspira con sus preguntas, los retos que propone, el ejemplo, su pasión por la ciencia, sus recomendaciones de libros y películas, y el interés en cada uno de los que trabajamos y aprendemos con él. Es el mejor conversador”.

Mónica Carvalho, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales lo describe como un "científico brillante que inspira futuras generaciones de colombianos a apreciar la historia geológica y paleontológica del país".

Manuel Páez, de la U. de Houston, lo describió como “un maestro en el sentido más noble y estricto de la palabra”, y para Camila Martínez, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, “es un modelo a seguir porque a través de la motivación y el apoyo que les ha dado a cientos de estudiantes ha logrado promover todo un campo científico de alto nivel en un lugar como Colombia”.

En el desierto de la Tatacoa también hay palabras de admiración para Carlos. Andrés Vanegas, del municipio La Victoria y quien con la ayuda de Carlos creó el Museo de Historia Natural La Tatacoa, dice que fue él quien “hizo realidad nuestro sueño de hacer ciencia desde nuestra casa. Carlos nos ha enseñado que la ciencia está a nuestro alcance”.


Referencias:

Pablo Correa. Carlos Jaramillo, el poder de la curiosidad. Fuente: Periódico El Espectador 07.12.2019 (https://www.elespectador.com/noticias/ciencia/carlos-jaramillo-el-poder-de-la-curiosidad-articulo-894740?fbclid=IwAR1MdDJEf1vudvXZw-rdgodoWxpUm6Mnj6enNCl-ousXLDyd6V52zOSh24Q) [Última consulta 08.12.2019].


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sábado, 1 de septiembre de 2018

Presencia de Dinosaurios en el Jurásico de Colombia



En el XVI Congreso Colombiano de Geología celebrado en la ciudad de Santa Marta el pasado año, el Dr. Mario Moreno Sánchez, geólogo de la Universidad de Caldas, junto a otros investigadores, reportaron el hallazgo de posibles restos de dinosaurios en cercanías del municipio de Aipe en el departamento del Huila.

Vértebra de posible dinosaurio hallada en rocas jurásicas de la Formación Saldaña. Fotografía cortesía Mario Moreno Sánchez.

El reconocimiento de la zona permitió recuperar restos parciales de vértebras y fragmentos óseos de lo que parecen ser posibles dinosaurios. Los restos se hallaron en capas rojas de la Formación Saldaña de edad jurásica; desafortunadamente los fósiles son pequeños fragmentos con tamaños que no sobrepasan los 2 cm., lo que no permite una descripción más detallada de las especies a las que pertenecieron.

Fragmento óseo de posible dinosaurio hallado en rocas jurásicas de la Formación Saldaña. Fotografía cortesía Mario Moreno Sánchez.

Los restos fósiles corresponden a huesos largos (un posible fémur), y tres vertebras pequeñas aún unidas en la matriz rocosa, las vértebras se encontraron dentro de un nódulo calcáreo, mientras los otros huesos se hallaron dispersos en un área de no más de 1 m². Los huesos estaban separados entre sí y podrían corresponder a distintos animales, que por su tamaño, podrían pertenecer a ejemplares juveniles o a restos de una nidada.

Los niveles donde se hallaron los fósiles corresponden a lodolitas tobáceas rojas ubicadas en inmediaciones del municipio huilense de Aipe.

Vértebras de posible dinosaurio halladas en rocas jurásicas de la Formación Saldaña. Fotografía cortesía Mario Moreno Sánchez.

Las facies(*) asociadas a los restos, indican que los mismos se preservaron en una llanura de inundación y en un ambiente dominantemente seco. Las tobas indican caída persistente de ceniza volcánica sobre los depósitos fluviales.

(*) Conjunto de rocas sedimentarias o metamórficas con características determinadas que ayudan a reconocer los ambientes sedimentarios o metamórficos en los que se formó la roca

El dinosaurio terópodo Tachiraptor admirabilis, del Jurásico inferior de Venezuela, ataca al dinosaurio ornitópodo herbívoro Laquintasaura venezuelae. Créditos © Maurilio Oliveira

El Jurásico de Colombia es un periodo geológico poco estudiado en comparación con otros periodos como el Cretácico o el Cenozoico, por lo que nuestro conocimiento sobre los reptiles jurásicos en Colombia es prácticamente desconocido a excepción de algunos estudios como los de Langston y Durham que en 1955 describieron una vértebra de un dinosaurio saurópodo hallada en afloramientos rocosos de la Formación La Quinta de edad Jurásica en el municipio de La Paz, departamento del Cesar y que fue recolectada para la UCMP por Durham J.W. y Colley, B.B. en 1943 cuando la petrolera Tropical Oil Company realizaba excavaciones en la zona. Debemos mencionar en este punto que también en la formación la Quinta, pero en el lado venezolano, se han descrito dos nuevas especies de dinosaurios del Jurásico inferior; el ornitisquio Laquintasaura venezuelae de solo un  metro de largo y solo 25 cm altura y el pequeño terópodo Tachiraptor admirabilis de 1,5 m de longitud.

Por lo tanto, este sería el segundo hallazgo de dinosaurios en rocas de edad Jurásica en Colombia después del reportado por Langston y Durham.

Reconstrucción de Padillasaurus leivaensis indicando la posición de las vértebras que permitieron su descripción y su comparación en tamaño con el de una persona adulta.


Otros descubrimientos de dinosaurios en Colombia corresponden al primer dinosaurio descrito para nuestro país, el saurópodo Padillasaurus leivaensis del Cretácico inferior (Barremiense) de Villa de Leyva. De la misma región provienen las dos cabezas femorales halladas en la loma La Carolina en el año 2005 y que presumiblemente pertenecen a un dinosaurio saurópodo del Cretácico inferior.


Vista lateral izquierda de la secuencia articulada de las dos vértebras sacras posteriores (S4 y S5) y las primeras ocho vértebras caudales (C1-C8). Tomado de Carballido J., Pol D., Parra Mary L., Etayo-Serna F., Páramo M. Padilla S. (2015). A new Early Cretaceous brachiosaurid (Dinosauria, Neosauropoda) from northwestern Gondwana (Villa de Leiva, Colombia), Journal of Vertebrate Paleontology, 35 Página 4.

Cabezas femorales halladas en Villa de Leyva en el año 2005 y que presumiblemente pertenecen a un dinosaurio saurópodo sin identificar del Cretácico inferior. 

En la localidad de Ortega, Tolima se reportó el hallazgo de dientes de terópodos en afloramientos del Cretácico superior que se identificaron como pertenecientes a Abelisáuridos y Dromeosáuridos (encontrados también en el sur y centro de Suramérica, Madagascar, el norte de África y la India);  otro diente de terópodo fue reportado en rocas del Cretácico inferior de la Formación Moine, Cretácico Inferior de la Alta Guajira y también se han reportado dientes de terópodos cretácicos en capas de la Formación Guaduala (parte central de la Cordillera Oriental).

Diferentes ángulos de los dos dientes provenientes del Cretácico superior de la localidad Ortega (Tolima) identificados como Abelisáuridos. Modificado de Ezcurra Martín D. “Theropod remains from the uppermost Cretaceous of Colombia and their implications for the palaeozoogeography of western Gondwana”. Cretaceous Research; Volume 30, Issue 5, October 2009)

Diente de 4 cm de longitud de un posible terópodo del Cretácico inferior de la Formación Moina, alta Guajira. Fotografía cortesía Mario Moreno-Sánchez.

Además, numerosas huellas provenientes de la Formación Arcabuco (Jurásico superior - Cretácico inferior), cerca de Chiquiza, Boyacá, nos indican que terópodos, saurópodos y ornitópodos caminaron por esas antiguas tierras en lo que seguramente era la orilla del canal de un antiguo río.



Recreación del paisaje para el techo de la Formación Arcabuco; en la escena se representa el paso de un terópodo que deja un rastro de pisadas sobre arenas con rizaduras a la orilla de un curso fluvial (reconstrucción: Mario Moreno S.) Modificada de Moreno Sánchez M., Gómez Cruz A., Gómez Tapias J. “Reporte de huellas de dinosaurios en el santuario de fauna y flora de Iguaque, en cercanías de Chíquiza (Boyacá, Colombia)”. Boletín de geología Vol. 33 Nº2, 2011

Icnita de dinosaurio ornitópodo hallada en cercanías de Chíquiza (Boyacá). Modificada de Moreno Sánchez M., Gómez Cruz A., Gómez Tapias J. “Reporte de huellas de dinosaurios en el santuario de fauna y flora de Iguaque, en cercanías de Chíquiza (Boyacá, Colombia)”. Boletín de geología Vol. 33 Nº2, julio – diciembre de 2011.

Icnita tridáctila de terópodo proveniente de la formación Alpujarra (Cretácico Superior del Valle Superior del Magdalena). Fotografía cortesía Mario Moreno Sánchez.


Afortunadamente el interés por la Paleontología en Colombia ha ido creciendo en los últimos años lo que ha significado que se realicen más estudios y se descubran nuevos yacimientos. Las nuevas investigaciones poco a poco van arrojando resultados y más descubrimientos están por venir. Permanecer atentos al Blog y las redes sociales para mantenerse informados

Referencias;

Barrett, Paul M.; Butler, Richard J.; Mundil, Roland; Scheyer, Torsten M.; Irmis, Randall B.; Sánchez-Villagra, Marcelo R. (6 de agosto de 2014). «A palaeoequatorial ornithischian and new constraints on early dinosaur diversification». Proceedings of the Royal Society B (Royal Society) 281 (1791): 1-7

Buffetaut, E. (2000). "A forgotten episode in the history of dinosaur: Carl Degenhardt´s report on the first discovery of fossil footprints in South America (Colombia, 1839)." Société géologique de France 171(1): 137-140.

Carballido J., Pol D., Parra Mary L., Etayo-Serna F., Páramo M. Padilla S. (2015). A new Early Cretaceous brachiosaurid (Dinosauria, Neosauropoda) from northwestern Gondwana (Villa de Leiva, Colombia), Journal of Vertebrate Paleontology, 35(5).

Ezcurra Martín D. “Theropod remains from the uppermost Cretaceous of Colombia and their implications for the palaeozoogeography of western Gondwana”. Cretaceous Research; Volume 30, Issue 5, October 2009, Pages 1339–1344

Langer Max C., Rincón Ascanio D., Jahandar Ramezani, Andrés Solórzano and Oliver W. M. Rauhut (2014). «New dinosaur (Theropoda, stem-Averostra) from the earliest Jurassic of the La Quinta formation, Venezuelan Andes». Royal Society Open Science 1

Langston, W. J. (1953). "Cretaceous terrestrial vertebrates from Colombia, South America." Bulletin of the Geological Society of America 64(12): 1519.

Langston, W. J. and W. J. Durham (1955). "A sauropod dinosaur from Colombia." Journal of Paleontology 29(6): 1047-1051.

Lemus-Restrepo, A., Moreno-Sánchez, M., Gómez-Cruz A. de J. (2017). Restos de posibles dinosaurios Jurásicos en el norte del departamento del Huila. XVI Congreso Colombiano de Geología. P. 411-413

Mojica, J. and C. Macía (1988). "Nota preliminar sobre la ocurrencia de improntas de vertebrados (Batrachopus sp.) en sedimentitas de la formación Saldaña, región de Prado-Dolores, valle superior del Magdalena, Colombia." Geología colombiana 16: 89-94.

Moreno -Sánchez, M., C. A. Gómez, et al. (2011). "Reporte de huellas de dinosaurios en el santuario de fauna y flora de Iguaque, en cercanías de Chíquiza (Boyacá, Colombia)." Boletín de Geología UIS 33(2): 107-118.

Olsen P. and Padian K., (1986). The Beginning of the Age of Dinosaurs, Faunal Change Across the Triassic-Jurassic Boundary. Cambridge University Press, New York, p. 259-273.



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Reciente descubrimiento de un cráneo muy completo del gavial Gryposuchus colombianus en La Tatacoa ⚒

En el desierto de La Tatacoa, Huila, se descubrió el cráneo casi completo y parte del postcráneo de un gavial, un cocodrilo de hocico alarga...