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sábado, 8 de junio de 2024

El Guardián de los Fósiles de Socha; custodiando un yacimiento del Paleoceno de Colombia ⚒


Byron Benítez es un artista plástico que por más de 25 años se ha dedicado a buscar fósiles (y custodiarlos) en Socha, Boyacá. Sus hallazgos han sido cruciales para paleontólogos como Edwin Cadena, quien investigó los restos fósiles descubiertos por Benítez. Uno de los hallazgos más importantes incluye fragmentos de tortugas gigantes, de aproximadamente 1.5 metros de largo del Paleoceno y Eoceno, lo que indica una amplia conectividad biogeográfica en el norte de Sudamérica hace 57 millones de años.

Benítez vive en una casa-museo llena de fósiles y arte precolombino, heredada de su padre, también artista y aficionado a la paleontología. Sueña con fundar un museo y un parque temático para exhibir sus hallazgos y esculturas de especies fósiles. Además, Benítez ha contribuido significativamente al campo del paleoarte, ilustrando y reconstruyendo detalladamente los fósiles que encuentra. Su trabajo, en colaboración con paleontólogos, busca preservar y comunicar la rica historia de la región.


A continuación la noticia publicada en la Web Mongabay:



La historia del pintor que descubrió fósiles de tortugas gigantes en Colombia


La Cabrerita, sitio en donde se encontraron los fósiles de tortuga. Byron Benitez camina en el fondo. Foto: Edwin Cadena

  • Byron Benítez, pintor y escultor originario del municipio de Socha, ha sido uno de los mayores descubridores de fósiles en el noroeste del departamento de Boyacá, en Colombia.
  • Uno de sus hallazgos más recientes han sido los fósiles de tortugas gigantes que vivieron hace 57 millones de años. Su trabajo ayudó a paleontólogos de la Universidad del Rosario a reconstruir el pasado acuático del norte de Sudamérica.

Byron Benítez ha pasado más de la mitad de su vida escudriñando los cerros del municipio de Socha. Con su bicicleta, cada mañana recorre las veredas del noroeste del departamento de Boyacá, en Colombia, para indagar entre las piedras, en búsqueda de lo que él llama “tesoros”. De profesión es artista plástico, pero desde hace más de 25 años se ha dedicado al rastreo de fósiles que comprueban la existencia de grandes cocodrilos, serpientes, peces y mamíferos que, millones de años atrás, habitaron la zona. “Lo más impactante, que lo mueve a uno, es encontrar algo”, dice el pintor y escultor, y agrega que “uno muchas veces hace recorridos días enteros y no encuentra absolutamente nada, pero en el momento en que hay algo importante, es un sentimiento extraordinario, totalmente único”. 

Paisaje general de los lugares en donde se encontraron los fósiles, en el inicio del Cañon del Río Chicamocha en Socha, Colombia. Foto: Edwin Cadena


Uno de los hallazgos más recientes de Benítez fue investigado por Edwin Cadena, paleontólogo y profesor de la Universidad del Rosario. Unos once años atrás, en el 2013, el pintor encontró fragmentos fósiles, de entre dos y tres centímetros, expuestos por la erosión y las lluvias en la superficie de la localidad de La Cabrerita, en el municipio de Socha. Esas pequeñas pistas lo impulsaron a continuar explorando más arriba . Así dirigió a los paleontólogos hasta encontrar los restos de al menos cuatro tortugas gigantes, de cerca de metro y medio de largo. Su estudio permitió conocer mejor la conectividad entre los ambientes acuáticos del norte de Sudamérica, durante el Paleoceno y el Eoceno, hace unos 57 millones de años. Los resultados del descubrimiento se publicaron en abril del 2024 en la revista de la Asociación Paleontológica Argentina PeAPA. 

Fósil de uno de los caparazones de tortuga Puentemys mushaisaensis, exhibido en el Museo de los Andes de Socha. Foto: Edwin Cadena


Se trata de las tortugas Puentemys mushaisaensis, que anteriormente sólo se habían encontrado en las rocas de la mina de carbón El Cerrejón, en el departamento de La Guajira. ¿Cómo es que estas tortugas aparecieron en Socha, a más de 500 kilómetros al sur de aquel sitio? De acuerdo con la publicación liderada por Cadena, el hallazgo indica una distribución biogeográfica más amplia de la herpetofauna del Paleoceno en el norte de América del Sur, posiblemente facilitada por una topografía baja y la conectividad de ecosistemas a través de un corredor faunístico que facilitó la migración de estos vertebrados. “La única forma para que una tortuga acuática de 1.5 metros logre desplazarse, es que haya conectividad de los ambientes. Estas tortugas no podían escalar montañas y bajar nuevamente al otro lugar; eso nos habla de la conectividad de los ambientes del norte de Sudamérica, en ese momento, con un sistema conectado principalmente por lagos o ríos grandes”, explica Cadena. 

Reconstrucción de como lucía el norte de Sudamérica, lo que hoy es Colombia, hace 57 millones de años. Muestra montañas bajas y un sistema de lagos que generaba un corrector faunístico entre algunas partes, al norte Cerrejón y al centro Socha. Ilustración: Juan Giraldo.


La primera impresión de Edwin Cadena, quien ha hecho trabajo paleontológico por más de dos décadas no sólo en Colombia, sino en Panamá, Ecuador y Venezuela, fue que los fósiles de tortuga que había encontrado Byron Benítez estaban demasiado bien conservados. Incluso más que los que él mismo había descubierto y descrito años atrás en la mina de carbón El Cerrejón. Luego, le llamó particularmente la atención la similitud que tenían las formas de los caparazones y los huesos entre uno y otro hallazgo. “Pero a diferencia de los fósiles de El Cerrejón, la preservación de los fósiles en Socha es exquisita. Aspectos como las suturas —como llamamos en paleontología a la conexión entre un huesito y otro—, se veían perfectas. Las marcas que dejan los escudos de queratina, que ya no están, pero que quedan sobre el hueso, estaban muy bien preservadas”, describe Cadena. 


Vista del caparazón (parte de arriba) de uno de los especímenes de Puentemys mushaisaensis, encontrados en Socha. Foto: Edwin Cadena


Así empezó el trabajo entre el pintor y el paleontólogo. Juntos volvieron a las localidades donde Benítez había colectado los fósiles, pues era importante saber exactamente de qué rocas venían. “Necesitábamos saber los contextos estratigráficos —es decir, qué capa de roca está arriba y qué capa está abajo—, porque eso nos da una idea de los ambientes y de la posible edad. Ahí empieza todo el trabajo que se plasma en esta publicación que recientemente hicimos”, agrega Cadena. 


Convivir con fósiles 

La casa en la que Byron Benítez vive con su familia, en Socha, se ha ido convirtiendo en un museo donde sus habitantes conviven diariamente con fósiles y momias. Esa casa grande y de estilo colonial perteneció a su padre Antonio María Benitez, quien la convirtió en una especie de anticuario —describe el pintor—, con sus primeros hallazgos precolombinos guardados dentro de baúles y armarios. El padre de Benítez también fue artista plástico y aficionado a la Paleontología, uno de los pioneros del arte primitivista en el país, por lo que queda claro de dónde heredó sus pasiones e intereses. 

Byron Benítez y una reconstrucción prehistórica con especies faunísticas del periodo Paleogeno, halladas en Socha, Boyacá. Foto: Byron Benítez


No fue sino hasta 1969, con motivo de la conmemoración del Sesquicentenario de la Independencia de Colombia, que Benítez padre logró ampliar algunas habitaciones para convertirlas en tres salones, equipados con algunas vitrinas para organizar de manera más eficiente las colecciones y así poder mostrarlas al público, en el que hoy se conoce como el Museo de los Andes de Socha. Su hijo —ahora de 56 años— se ha encargado de mantener y perfeccionar lo que él dispuso.

Byron Benítez junto a la escultura de un mastodonte, dentro del Museo de Los Andes de Socha, Boyacá. Foto: Byron Benítez


 “Mis hijas ya se acostumbraron a vivir de esta manera: a cinco metros de la cama tenemos la momia de un niño y, a dos metros al lado, las tortugas que se hallaron”, ríe Byron Benítez. “De pronto, la gente piensa que siempre está abierta al público, pero depende de la disponibilidad que uno tenga. Cuando llegan visitas, nos toca guardar muchas cosas, porque tenemos hasta el televisor junto a las cosas precolombinas. Así es como compartimos el museo con nuestra casa de familia”. 

Proceso de reconstrucción de la especie de la especie Crocodyliforme, hallada en Socha, Boyacá. Foto: Byron Benítez


Aunque la casa-museo ha logrado mantener sus colecciones con altos estándares en cuanto a cápsulas de protección, iluminación y etiquetas museológicas, el gran sueño de Benítez es fundar un museo y un parque temático en donde pueda exhibir tanto las colecciones existentes, como una serie de esculturas representativas de cada fósil encontrado en Socha. El espacio físico ya existe, lo que necesita es conseguir el dinero para empezar a construir la infraestructura. “Ya tengo la primera pieza para el parque: un cocodrilo que empecé a construir”, dice Benítez con emoción. Quiero reconstruir en escultura todas esas especies encontradas en el municipio y, por qué no, del departamento. No tenemos una iniciativa así en el país; se ha hecho de manera muy comercial, pero un parque con sustento científico sería el sueño”. 

Byron Benítez junto a una escultura de la especie Crocodyliforme, en el lugar donde se proyecta crear un parque temático en el municipio de Socha, Boyacá. Foto: Byron Benítez


Las tortugas gigantes de Socha 

Bothremydidae fue uno de los grupos de tortugas de cuello lateral más diversos y extendidos durante el Cretácico y parte del Paleógeno. De acuerdo con la investigación, en América del Sur, el registro Paleógeno de los bothremididos se limita a Puentemys mushaisaensis, ubicada po primera vez en la Formación Cerrejón del Paleoceno medio–tardío, en Colombia; Inaechelys pernambucensis del Paleoceno de Brasil; y Motelomama olssoni del Eoceno temprano en Perú. “Los caparazones que hemos encontrado en Socha son de aproximadamente 1.5 metros, teniendo en cuenta que la tortuga más grande que vive hoy en día en Sudamérica alcanza los 80 centímetros. Es decir, es el doble del tamaño de algunas de las tortugas que habitan actualmente en el río Amazonas o en el Orinoco. Pero no sólo se trata del tamaño, sino que también es un grupo extinto y que fue muy diverso durante el Cretácico, justo después de la extinción de los dinosaurios. Su particularidad es la circularidad de su caparazón, parece casi un círculo, y eso la hace única en el proceso evolutivo de las tortugas”, explica Edwin Cadena. 

Dimensiones de los fósiles de tortugas gigantes. Imagen: Cortesía de Universidad del Rosario


Las muestras fósiles que se recolectaron para hacer el estudio, a lo largo de una década, fueron al menos 58 e incluyen caparazones casi completos y huesos aislados. El estudio describe que, en el caso de los huesos aislados, para establecer cuántos de ellos representan individuos únicos, consideraron el tamaño y la singularidad del hueso en el caparazón. Es decir, en el caparazón sólo hay un hueso nucal, que sólo puede corresponder a un único individuo. Aunque puede surgir cierta incertidumbre con otros huesos, los especialistas confían en haber logrado la identificación de al menos 21 individuos en diversas etapas de vida, incluidas crías, juveniles y adultos. 

Especímenes de Puentemys mushaisaensis, encontrados en Socha. Figura: Wider paleogeographical distribution of Bothremydid turtles in northern South America during the Paleocene–Eocene, Cadena et al.


Benítez se encargó de preparar los ejemplares, utilizando una pluma de aire comprimido para limpiarlos. Para los caparazones casi completos utilizó yeso para rellenar los espacios faltantes. Finalmente, colocó estructuras metálicas en algunos de los fósiles con fines de exposición. “Ha hecho un trabajo muy delicado”, afirma Edwin Cadena sobre el trabajo de Byron Benítez. “A veces encontramos gente a la que le gustan los fósiles, pero terminan dañándolos por su falta de conocimiento. Pero no es el caso de Benítez: con su lado artístico, aferrado a la apreciación de los fósiles, ha logrado un proceso de curación, de limpieza y de armado excelentes”, sostiene el experto. 

Vista del plastrón (pecho de la tortuga) de uno de los especímenes de Puentemys mushaisaensis, encontrados en Socha. Boyacá. Foto: Edwin Cadena


 Y no sólo eso. Benítez ha jugado un papel crucial en la reconstrucción de los fósiles a través del paleoarte, la disciplina que une al arte con la ciencia para ilustrar animales prehistóricos y los hábitats en los que vivieron antes de su extinción. “Lo hago tomando los fósiles de mayor interés. Se va haciendo un dibujo hiperrealista, para tomar cada detalle de la textura y la forma. Luego se ilustra el paisaje, adhiriendo otras especies que van apareciendo. La pintura te da la facilidad de corregir lo que se necesite”, explica Benítez. 

Reconstrucción prehistórica con especies faunísticas del periodo Paleogeno, halladas en Socha, Boyacá. Las tortugas gigantes aparecen en la zona inferior izquierda. Foto: Byron Benítez


La carrera de Benítez, desde que recuerda, ha sido desesperada y contra el tiempo. En el sitio donde se dedicó por décadas a explorar fósiles, también existió una gran industria dedicada al acopio de carbón. “Yo quería recuperar lo más que pudiera, antes de que terminara la destrucción grandísima en ese lugar. Por las mañanas, salía y me olvidaba del resto. Si encontraba algo, tenía que actuar cuanto antes, porque el lugar estaba expuesto a que llegara una retroexcavadora y acabara con todo. Tocaba actuar a contrarreloj. En este momento, todo está prácticamente destruido; sólo quedan algunos fragmentos, porque la zona con mayor potencial ya no existe”, se lamenta Benítez. 

Rocas en donde aparecieron los fósiles en la zona de Socha, Boyacá. Foto: Edwin Cadena


 Para él y para Edwin Cadena, es importante reconstruir el pasado. Hablarle a la gente de lo que fue la Tierra hace millones de años, también explica lo que es la Tierra en nuestros días. “Siempre hemos soñado con viajar en el tiempo”, concluye Edwin Cadena. “Los fósiles son eso, una máquina para viajar en el tiempo, porque a través de ellos —como en este caso—, podemos irnos 57 millones de años atrás y tratar de entender cómo lucía un entorno, cómo era lo que hoy es Colombia. Eso es lo más fascinante: conocer la maravillosa historia de la vida en la Tierra”.

Byron Benítez durante el proceso de elaboración de una escultura de Carnotauro. Foto: Byron Benítez


Referencias:

Astrid Arellano. La historia del pintor que descubrió fósiles de tortugas gigantes en Colombia. Fuente: Web Mongabay 07.06.2024. (https://es.mongabay.com/2024/06/pintor-descubrio-fosiles-tortugas-gigantes-colombia/?fbclid=IwZXh0bgNhZW0CMTEAAR3jeNbXdAqqZZ-mwCqgWY9P1Pq5qpIgdc7jFpb7FVhkKWbcfu9bDEngnoA_aem_a3AmvYIAGFbceHzVlCzFkA) [Última consulta 30.06.2024].




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jueves, 7 de diciembre de 2023

Plantas o tortugas fósiles?

Fósiles previamente identificados como vegetales de la especie "Sphenophyllum colombianum" procedentes de la Fm. Paja han sido han sido reidentificados como caparazones de tortugas marinas recién nacidas. Este hallazgo es inusual y excepcional ya que los caparazones de las tortugas jóvenes son generalmente blandos y no se suelen fosilizar, el hallazgo marca además el primer informe de caparazones de tortugas recién nacidas en el Aptiano (Cretácico temprano) del noroeste de América del Sur y proporcionan evidencia de la preservación excepcional del Lagerstätte de reptiles marinos de Ricaurte Alto.

A continuación la noticia publicada por Europa PRESS:


Fósil atribuido a una planta es una tortuga bebé apodada Pokémon  

El fósil que originalmente se interpretó como una planta pero que ahora los investigadores han descubierto es el interior del caparazón de una tortuga bebé



Investigadores han reexaminado un fósil vegetal hallado hace décadas en Colombia y se han dado cuenta de que no se trataba de una planta sino de una tortuga bebé fosilizada.

Destacan que es un hallazgo poco frecuente, ya que los caparazones de las tortugas jóvenes son blandos y no suelen fosilizarse bien. Ha sido apodada Pokémon en honor a uno qu es mitad tortuga, mitad planta.

Entre las décadas de 1950 y 1970, un sacerdote colombiano llamado Padre Gustavo Huertas recolectó rocas y fósiles cerca de un pueblo llamado Villa de Levya. Dos de los especímenes que encontró eran pequeñas rocas redondas con líneas que parecían hojas y las clasificó como un tipo de planta fósil.

Ahora, en un nuevo estudio, publicado en la revista 'Palaeontologia Electronica', los investigadores que volvieron a examinar estos fósiles "vegetales" han descubierto que no eran plantas sino los restos fosilizados de tortuguitas.

"Fue realmente sorprendente encontrar estos fósiles", afirma Héctor Palma-Castro, estudiante de paleobotánica de la Universidad Nacional de Colombia.

Las 'plantas' en cuestión habían sido descritas por Huertas en 2003 como 'Sphenophyllum colombianum'. Los fósiles proceden de rocas del Cretácico Temprano, hace entre 132 y 113 millones de años, durante la era de los dinosaurios.

Los fósiles de 'Sphenophyllum colombianum' fueron sorprendentes en esta época y lugar, ya que los demás miembros conocidos del género Sphenophyllum se extinguieron hace más de 100 millones de años. Las plantas despertaron el interés de Fabiany Herrera, conservador adjunto de plantas fósiles de Negaunee en el Museo Field de Chicago (Estados Unidos), y de su estudiante, Palma-Castro.

"Fuimos a la colección de fósiles de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá y empezamos a ver las plantas, y en cuanto las fotografiamos pensamos: 'esto es raro'", recuerda Herrera, que ha estado recolectando plantas del Cretácico Temprano del noroeste de Sudamérica, una zona del mundo con pocos trabajos paleobotánicos.

A primera vista, los fósiles, de unos 5 centímetros de diámetro, parecían nódulos redondeados que contenían hojas conservadas de la planta 'Sphenophyllum', pero Herrera y Palma-Castro se dieron cuenta de que había algo que no encajaba.

"Pasamos días buscando plantas fósiles en armarios de madera. Cuando por fin encontramos este fósil, descifrar la forma y el margen de la hoja resultó todo un reto", explica Palma-Castro.

"Cuando lo observas con detalle, las líneas que se ven en los fósiles no parecen las venas de una planta; estaba seguro de que lo más probable es que fuera hueso", añade Herrera. Así que se puso en contacto con un antiguo colega suyo, Edwin-Alberto Cadena.

Recuerda que cuando le enviaron las fotos pensó: "Esto parece sin duda un caparazón, la parte superior ósea de la concha de una tortuga -- explica Cadena, paleontólogo especializado en tortugas y otros vertebrados de la Universidad del Rosario de Bogotá--. Dije: 'Bueno, esto es extraordinario, porque no sólo se trata de una tortuga, sino que además es un espécimen recién nacido, es muy, muy pequeño'".

Cadena y su estudiante, Diego Cómbita-Romero, de la Universidad Nacional de Colombia, examinaron más a fondo los especímenes, comparándolos con los caparazones de tortugas fósiles y modernas.

"Cuando vimos el espécimen por primera vez me quedé asombrado, porque al fósil le faltaban las marcas típicas de la parte exterior del caparazón de una tortuga --dice Cómbita-Romero--. Era un poco cóncavo, como un cuenco. En ese momento nos dimos cuenta de que la parte visible del fósil era el otro lado del caparazón, estábamos viendo la parte del caparazón que está dentro de la tortuga".

Los detalles de los huesos de la tortuga ayudaron a los investigadores a calcular la edad que tenía al morir. "El ritmo de crecimiento y el tamaño de las tortugas varían", explica Cómbita-Romero, por lo que el equipo se fijó en características como el grosor del caparazón y los puntos en los que las costillas se unían formando un hueso sólido.

"Se trata de una característica poco común en las crías, pero observada en los juveniles --añade--. Toda esta información sugiere que la tortuga probablemente murió con un caparazón ligeramente desarrollado, de entre 0 y 1 año de edad, en una fase posterior a la eclosión". "En realidad es muy raro encontrar crías de tortugas fósiles en general --reconoce Cadena--.

Cuando las tortugas son muy jóvenes, los huesos de sus caparazones son muy finos, por lo que pueden destruirse fácilmente". Los investigadores afirman que la rareza de las crías de tortuga fosilizadas hace que su descubrimiento sea importante. "Estas tortugas eran probablemente parientes de otras especies del Cretácico que medían hasta cuatro metros de largo, pero no sabemos mucho sobre cómo crecieron realmente hasta alcanzar tamaños tan gigantescos", explica Cadena. A pesar de todo, los investigadores no culpan al Padre Huertas de su error porque los caparazones conservados se parecen realmente a muchas plantas fósiles. Pero los elementos que Huertas creía que eran hojas y tallos son, en realidad, costillas y vértebras modificadas que forman el caparazón de una tortuga. Cómbita-Romero y Palma-Castro apodaron a los especímenes 'Turtwig', en honor a un Pokémon mitad tortuga, mitad planta.

"En el universo Pokémon te encuentras con el concepto de combinar dos o más elementos, como animales, máquinas, plantas, etc. Así que, cuando tienes un fósil clasificado inicialmente como planta que resulta ser una cría de tortuga, inmediatamente te vienen a la mente unos cuantos Pokémon. En este caso, Turtwig, una cría de tortuga con una hoja pegada a la cabeza", dice Palma-Castro. En paleontología siempre se pone a prueba la imaginación y la capacidad de asombro --prosigue--. Descubrimientos como éste son realmente especiales porque no sólo amplían nuestros conocimientos sobre el pasado, sino que abren una ventana a las diversas posibilidades de lo que podemos descubrir".

Los científicos también señalan la importancia de estos fósiles en el esquema más amplio de la paleontología colombiana. "Resolvimos un pequeño misterio paleobotánico, pero lo más importante es que este estudio muestra la necesidad de reestudiar las colecciones históricas en Colombia. El Cretáceo temprano es una época crítica en la evolución de las plantas terrestres, en particular para las plantas con flores y las gimnospermas. Nuestro trabajo futuro es descubrir los bosques que crecieron en esta parte del mundo", afirma Herrera.


Referencias:

Fósil atribuido a una planta es una tortuga bebé apodada Pokémon Fuente: Europa Press 07.12.2023. (https://www.europapress.es/ciencia/ruinas-y-fosiles/noticia-fosil-atribuido-planta-tortuga-bebe-apodada-pokemon-20231207181859.html) [Última consulta 07.12.2023].


Para más información por favor consulte: Palma-Castro, Héctor D., Cómbita-Romero, Diego A., Cadena, Edwin-Alberto, Carvalho, Mónica R., and Herrera, Fabiany. 2023. An Early Cretaceous Sphenophyllum or a hatchling turtle? Palaeontologia Electronica, 26(3):a50. https://doi.org/10.26879/1306 palaeo-electronica.org/content/2023/4017-fossil-plant-or-turtle


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martes, 11 de julio de 2023

Hallan en Santander fósiles de tortugas marinas que ayudan a entender su evolución en la Tierra


Científicos, liderados por el paleontólogo Edwin Cadena, descubrieron fósiles de tortugas marinas en Zapatoca, Santander, que datan de aproximadamente 135 millones de años. El hallazgo revela que estas tortugas marinas adquirieron tempranamente el gigantismo como característica evolutiva, con un tamaño inicial cercano a dos metros de largo. El estudio, próximo a publicarse en la revista Zoological Journal of Linnean Society, incluye el análisis de huesos de extremidades y restos del caparazón. Además, se exploran las condiciones ecológicas, evidenciando marcas de cortes hechos por dientes de tiburones en los huesos, sugiriendo posibles ataques. Estos fósiles contribuyen a comprender los antiguos ecosistemas y las dinámicas ecológicas que influyeron en la evolución de estas tortugas marinas extintas, conocidas como Protostegidae. Este descubrimiento se suma a otros realizados por Cadena y su equipo en distintas zonas de Colombia, aportando valiosa información sobre la vida prehistórica en la región.

A continuación la noticia publicada por Vanguardia:


"Científicos hallaron en Zapatoca, Santander, los fósiles de tortugas marinas que habitaron en esta zona de Colombia hace aproximadamente 135 millones de años.

El paleontólogo Edwin Cadena, profesor de la Universidad del Rosario y oriundo de Zapatoca, Santander, junto a un estudiante de geología de la Universidad Nacional de Colombia, Diego Combita, hallaron fósiles de tortugas marinas que ayudan a entender la evolución de estos animales.

“Lo que muestran los fósiles de Zapatoca es que el gigantismo en este grupo de tortugas fue una característica adquirida tempranamente en su proceso evolutivo y no algo que surgió a través del tiempo. El tamaño inicial de estas tortugas fue cercano a dos metros de largo, algo bastante grande para cualquier tortuga de su época”.

Le puede interesar: Así es como este santandereano se ha convertido en uno de los mejores paleontólogos de Colombia

El estudio de los fósiles, que será publicado en la revista internacional Zoological Journal of Linnean Society, presenta el análisis de varios huesos de las extremidades y restos fósiles del caparazón.

La investigación, cuenta Cadena, también explora las condiciones ecológicas y demuestra que estas tortugas marinas extintas tenían que enfrentar posibles ataques realizados por tiburones, como se evidencia en marcas de cortes hechas por los dientes de estos en la superficie de los huesos de las tortugas.



“Los fósiles de tortugas marinas de Zapatoca contribuyen a la comprensión de los ecosistemas antiguos y las posibles dinámicas ecológicas y ambientales que dieron forma a la evolución de estas magníficas criaturas. Las tortugas marinas que habitaban este antiguo mar constituían un grupo hermano, pero a su vez distinto de las tortugas marinas actuales, conocido como Protostegidae”, indica Cadena, geólogo de la UIS y director del programa en Ciencias del Sistema Tierra de la Universidad del Rosario.

Este hallazgo se suma a otros realizados por este santandereano y su equipo en dos zonas de Colombia. En el ‘mar de fósiles’, como le llama Cadena a Zapatoca, fueron encontrados por el científico partes de una mandíbula y de algunas extremidades de los primeros reptiles voladores de Colombia, conocidos como pterosaurios y también un fósil de tiburón de dientes planos en Santander, que constituyó el primer registro en su grupo en América.

También descubrió, con apoyo de Rubén Darío Vanegas, del Museo de Historia Natural de La Tatacoa, es el registro más antiguo en el país del género de la tortuga Podocnemis o tortuga de río como se conoce comúnmente, especie que actualmente está en peligro de extinción.

“A medida que nuestra comprensión de la vida prehistórica continúa aumentando, estudios como este desempeñan un papel crucial en descubrir los secretos de los antiguos habitantes de nuestro planeta y sus notables adaptaciones”, indicó el paleontólogo”.


Referencias:

Daniela Puentes. Hallan en Santander fósiles de tortugas marinas que ayudan a entender su evolución en la Tierra. Fuente: Vanguardia 11.07.2023. (https://www.vanguardia.com/mundo/ciencia/hallan-en-santander-fosiles-de-tortugas-marinas-que-ayudan-a-entender-su-evolucion-en-la-tierra-HC6994009?fbclid=IwAR2tpXmFgyZgHTSIwYC3eoPA05IuuWWO46yW_2epz9Q6M_2SHg5F8XYVWlw) [Última consulta 21.11.2023].



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viernes, 3 de marzo de 2023

Descubren en Villavieja fósil de tortuga de 13 millones de años

El paleontólogo colombiano Edwin Cadena, junto con Rubén Darío Vanegas del Museo de Historia Natural de La Tatacoa, descubrió un fósil de tortuga acuática en el desierto de La Tatacoa. Publicado en Geodiversitas, este hallazgo representa el registro más antiguo en Colombia del género Podocnemis, una especie de tortuga de río en peligro de extinción. Bautizada como Podocnemis tatacoensis, la tortuga habitó el país hace 13 millones de años durante el Mioceno Medio. El fósil muestra características únicas, lo que sugiere una especie diferente a las tortugas actuales del mismo género. Este descubrimiento contribuye al conocimiento de la evolución y biodiversidad paleontológica en Colombia, destacando la importancia de La Tatacoa como epicentro de investigaciones paleontológicas. El hallazgo también tiene implicaciones para la conciencia de conservación, subrayando la historia milenaria de estas tortugas en el país y la necesidad de proteger su hábitat. El Museo de Historia Natural La Tatacoa exhibe el fósil, consolidando la región como un punto focal para el turismo paleontológico. Este proyecto, respaldado por MinCiencias Colombia y la Universidad del Rosario, busca desarrollar el turismo paleontológico en el desierto, una región fosilífera destacada en América del Sur.

A continuación el artículo periodístico publicado en La Nación:



"El descubrimiento lo hizo el paleontólogo colombiano Edwin Cadena, profesor de la Universidad del Rosario, en el desierto de La Tatacoa. El hallazgo fue publicado recientemente en la revista científica internacional Geodiversitas. Este es el registro más antiguo en el país del género de la tortuga Podocnemis o tortuga de río como se conoce comúnmente, especie que actualmente está en peligro de extinción.

El paleontólogo colombiano Edwin Cadena, profesor de la Universidad del Rosario, junto con Rubén Darío Vanegas, del Museo de Historia Natural de La Tatacoa, en el municipio de Villavieja, descubrieron un fósil de la tortuga acuática y establecieron que es el registro más antiguo del género Podocnemis hasta ahora conocido en el país, hallazgo que fue publicado recientemente en la revista científica internacional Geodiversitas.

“De acuerdo con nuestra investigación del fósil, esta especie de tortuga habitó el territorio nacional hace 13 millones de años, durante una época geológica llamada el Mioceno Medio”, dijo Edwin Cadena, al explicar que la nueva especie fue bautizada Podocnemis tatacoensis, en honor a la zona donde fue encontrada, el desierto de La Tatacoa, en el norte del Huila.

 Para el paleontólogo colombiano, “algo interesante de este fósil es la presencia de unos forámenes o pequeños orificios en la unión entre la parte dorsal del caparazón y el plastrón o peto, que permiten identificarlo como perteneciente al género Podocnemis”.

“El fósil encontrado, en comparación con las tortugas de su mismo género que actualmente viven en el país, presenta algunas diferencias en la forma y número de los huesos, llamados neurales, y en los escudos queratinizados que los recubrían. Por ello es que, podemos definir que se trató de una especie diferente a las que existen actualmente”, comentó el profesor del programa en Ciencias del Sistema Tierra de la Universidad del Rosario.

Así fue como se descubrió el espécimen. Hace 13 millones de años, Villavieja era un sistema de ríos e incluso lagos pequeños y en estos ecosistemas era que habitaba la tortuga


La evolución

“Hasta ahora, la historia evolutiva de las tortugas Podocnemis que habitan en el río Magdalena y los ríos de la Amazonía y Orinoquía de Colombia es controversial, pues datos moleculares indican que han estado morando por varios millones de años esta zona del norte de Suramérica”, dijo el paleontólogo.

“Sin embargo, validar esta hipótesis con fósiles es un desafío debido a la ausencia de especímenes completos. Aquí es donde Podocnemis tatacoensis marca una diferencia por su excelente preservación que permite validar que al menos este grupo de tortugas ha habitado nuestro país durante los últimos 13 millones de años”, resaltó el investigador.

Para el profesor Cadena este es un hallazgo que permite aportar un pequeño grano de arena a los planes de conservación y preservación de las tortugas actuales.

“Es difícil crear conciencia de preservación en las comunidades y pobladores cercanos a los ambientes donde estas tortugas viven si desconocemos su historia. Saber que estas tortugas han habitado nuestro país por millones de años y que en tan solo unas décadas podríamos acabar con todo este largo viaje evolutivo que han tenido, es sin duda una razón para repensar antes de cazarlas o destruir sus ecosistemas”, señaló.

Reconstrucción del espécimen. Desde que se escribió el artículo científico y la investigación fue aceptada en revista científica internacional Geodiversitas trascurrió cerca de un año. Y pasó por procesos de revisión por parte de otros investigadores


Aportes de la paleontología

Edwin Cadena considera que este descubrimiento permite reconstruir el pasado de las especies que han habitado nuestro país, además de consolidar el conocimiento sobre la paleobiodiversidad de un lugar como Colombia, que se destaca a nivel mundial por el gran número de especies actuales que tiene en diferentes grupos como aves y reptiles.

 

“Para la Paleontología de Colombia y del Departamento del Huila, muestra la gran riqueza en términos de patrimonio paleontológico con que cuenta el país y esta región. También, a diferencia de otras naciones donde encontrar una nueva especie fósil es algo ya no tan común, aquí en Colombia es algo que está en crecimiento, en parte porque no teníamos un gran grupo de paleontólogos nacionales con actividad fuerte en investigación, o porque hay muchas zonas de nuestro país aún por explorar en cuanto a su registro fósil”, consideró.

Este fósil descubierto se encuentra en exhibición en el Museo de Historia Natural La Tatacoa, ubicado en el Centro Poblado La Victoria, en la parte norte del Desierto de La Tatacoa.

Fósil de la tortuga acuática descubierta en Colombia. Es el registro más antiguo de esta especie hasta ahora conocido en el país.



Historia del hallazgo

Desde allí, Rubén Darío Vanegas contó que el hallazgo fue en una salida de campo en julio del año 2020, hacia la zona denominada por los vigías como Tatacoita, esto como parte de un proyecto de foto trampeo para el avistamiento de las especies que habitan el bosque seco tropical.

“Junto a Andrés, Diego y Sergio llegamos a la zona que ya conocíamos por poseer fósiles, así que luego de instalar las cámaras nos dirigimos a prospectar y ver qué podían descubrir, siempre que vamos a campo se lleva esa ilusión de encontrar algo importante, completo, raro o nuevas especies, pero no siempre suele pasar. Como el lugar es grande Andres, Diego y Sergio se van en una dirección y yo me quedo en una pequeña cárcava atraído por restos de peces y un enorme diente de Purussaurus, es allí donde en seguida veo unos fragmentos de un caparazón de tortuga color café claro disgregados por efecto del agua que estaba erosionando la roca. Me llamó la atención una parte que tenía un grosor y forma diferente, algo que no había visto en tantos años buscando fósiles”.

Luego de la excavación recopilando todas las piezas, tenía 2 colores uno oscuro y otro claro, y de constatar que estaba casi toda tanto caparazón como plastrón, pensó en armarla. Le contó a sus compañeros del hallazgo. Tomaron los datos necesarios y en 3 bolsitas llevaron los fragmentos al Museo, para intentar ensamblarlos en el laboratorio. “Después de unos meses de trabajo, un poco de anatomía comparada con caparazones de tortugas actuales para ver donde encajaba cada pieza me di cuenta de que faltaban unos fragmentos así que regresamos al lugar y con un tamizaje descubrí piezas”.

Luego de finalizar la preparación, la colección del museo tenía un espécimen pequeño y completo para exhibición futura. Pero, resultó que en una ocasión les visitó el paleontólogo Edwin Cadena, “estábamos revisando otra tortuga que se descubrió con cráneo la cual estamos estudiando y esperamos pronto darla a conocer, le enseñamos la tortuga ya lista y nos dijo ‘esta no la tenía en el radar’ y empezó a realizar las mediciones, toma de datos y fotografías para su posterior análisis, y pues no pasó mucho tiempo para que Edwin nos envíara un correo confirmándonos que habíamos hallado una nueva especie”.

Podocnemis tatacoensis.


Epicentro de investigación

De acuerdo con Rubén Darío Vanegas, La Tatacoa se ha venido convirtiendo en uno de los epicentros en la investigación paleontológica, con los recientes descubrimientos. Hace poco lograron publicar un delfín de río que habitó la Tatacoa hace millones de años, 2 especies de tortugas gigantes, una nueva especie de tortuga relacionada con una que habita Colombia en la costa caribe, hormigueros, estudios geológicos, entre otros.

“Esta nueva investigación nos permite fortalecer el conocimiento e interpretación que tenemos de este yacimiento, es por eso que descubrir nuevos organismos nos ayuda a completar páginas en ese libro sobre la historia de nuestro país que los científicos estamos tratando de contar para así contribuir a la preservación de la biodiversidad”.

Destacó que en todos estos años de apropiación social del conocimiento que ha venido adelantando el Museo de Historia Natural la Tatacoa, región de influencia del desierto, las comunidades sienten alto grado de pertenecía e interés hacia este tipo de hallazgos y posteriores estudios, puesto que están dando reconocimiento a la zona y pone en el ojo del turismo a estos lugares a veces olvidados.

Ha sido tan importante el trabajo realizado por el equipo del museo, que muchos de los agricultores dueños de la mayoría de los terrenos cuando ven o descubren algo en sus fincas de inmediato pasan al museo a reportarlos, enseñan fotografías, deponen tiempo para revisión, ello en aras de que sean extraídos de forma correcta y estudiados, con el fin de saber qué era eso que ellos descubrieron. Luego esperan con ansias la exhibición de estos fósiles, para llevar a sus familiares y amigos y contarles lo descubierto en sus fincas.

En Villavieja se está realizando algo que sus terruños han denominado Turismo paleontológico en el desierto de la Tatacoa, Colombia. Este es un proyecto financiado por MinCiencias Colombia junto a la Universidad del Rosario y el Museo de Historia Natural la Tatacoa, para desarrollar el turismo paleontológico en el desierto, una de las regiones fosilíferas más importantes del norte de América del Sur".

hallazgo de una tortuga con el paleontólogo Edwin Cadena.




Rubén Darío Vanegas en campo realizando una excavación.


Referencias:

Caterin Manchola. Descubren en Villavieja fósil de tortuga de 13 millones de años.Fuente: La Nación 03.03.2023 (https://www.lanacion.com.co/descubren-en-villavieja-fosil-de-tortuga-de-13-millones-de-anos/?fbclid=IwAR18AiudemQX3bXPbQgmBeeVAEdCt_7xJO4jCWW8pGDm2XU2f7Hg9IJpbHk) [Última consulta 14.09.2023].


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martes, 4 de enero de 2022

Hallan en Colombia nuevas pistas de las tortugas más grandes que hubo en la Tierra

 En el desierto de la Tatacoa (Huila) paleontólogos encontraron los fósiles de la “Stupendemys geographica”, una especie de tortuga gigante que vivió hace unos 13 millones de años. Se trata de una nueva pieza que ayuda a comprender mejor el rompecabezas de la biodiversidad pasada de Colombia.

Fósil de tortuga “Stupendemys geographica", hallado en el desierto de la Tatacoa, Huila.


Hace cerca de dos décadas Edwin Cadena encontró el fósil de una tortuga en el municipio de Zapatoca, en Santander. Cuenta que, aunque ya había decidido que quería entender el mundo a través de los restos de animales que vivieron hace millones de años, muy poco sabía de esos reptiles con caparazón. Sus colegas paleontólogos tampoco habían mostrado mucho interés por estudiar los que habitaron el norte de Suramérica. “Pero, dice, empecé a fascinarme en ese momento en Zapatoca cuando encontré esa concha de un animal que vivió hace 135 millones de años”.

La especie la bautizó Notoemys zapatocaensis y resultó ser el registro más antiguo de una tortuga en esta porción de continente. Desde entonces, Cadena, geólogo de la Universidad Industrial de Santander y PhD en paleontología de la Universidad Estatal de Carolina del Norte (Estados Unidos), ha dedicado sus últimos años a buscar más pistas de las tortugas que alguna vez vivieron en lo que hoy conocemos como Colombia.

La última la encontró en el desierto de la Tatacoa, en Huila. Su hallazgo, que acaba de ser publicado en la revista de acceso abierto Heliyon (que forma parte de la “familia” de revistas de Cell Press), es una pieza más para comprender la que es, hasta el momento, la tortuga más grande de agua dulce conocida en el planeta: la Stupendemys geographica

Edwin Cadena durante la excavación en el desierto de la Tatacoa


Sobre este espécimen ya se sabían algunas cosas. Hace justo un año, Cadena, junto con otro equipo de científicos, había descrito el caparazón más grande de una tortuga de agua dulce que se ha encontrado. También pertenecía a la Stupendemys geographica y fue hallado en Urumaco, un pueblo al norte de Venezuela. Aunque los primeros fósiles de esta especie fueron descritos en 1976, lo cierto, afirma Cadena, es que hasta ese instante los paleontólogos no sabían casi nada sobre ella. Había una larga lista de enigmas por resolver.

Una de las incógnitas tenía que ver con la manera en que crecía esta especie gigante que vivía, entonces, en un paisaje muy diferente de lo que hoy es Colombia: las cordilleras apenas se estaban formando y los ríos Magdalena y Cauca aún no atravesaban cientos de kilómetros de tierra. En vez de eso, había un complejo sistema de ríos y humedales más parecido a los Llanos Orientales. Lo llamaron “Pebas” y se extendía desde Huila hasta buena parte de Venezuela, Brasil y Perú.

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 Huila fue el lugar donde Cadena, en compañía de varios colegas, encontraron el nuevo fósil de la Stupendemys geographica. Para ser precisos, lo hallaron en el desierto de la Tatacoa, en la formación La Victoria, como llaman los geólogos a esas capas de roca. El primer avistamiento lo hicieron en 2018 junto a los paleontólogos Andrés Link, Siobhán B. Cooke y Melissa Tallman (de la Universidad de los Andes, Johns Hopkins University y Grand Valley State University, respectivamente). Al año siguiente volvieron para iniciar el proceso de excavación.

Tras estar poco más de tres días bajo el inclemente sol huilense, trasladaron el fósil en un tractor al Museo de Historia Natural la Tatacoa, que resguarda Andrés Felipe Vanegas, otro de los autores del artículo publicado en Heliyon. Después vino otra etapa difícil: armar el caparazón de la tortuga que, entonces, parecía más un complejo rompecabezas.

“Lo valioso esta vez es que el fósil que encontramos pertenece a un ejemplar juvenil, porque hasta el momento solo teníamos pistas de individuos adultos. Esto es importante, porque nos ayuda a entender cómo era ese proceso de crecimiento”, cuenta Cadena, también profesor del programa en Ciencias del Sistema Tierra de la Universidad del Rosario. “Además, es la primera vez que encontramos tanto el caparazón como el cráneo de la Stupendemys geographica”.

Hay otro punto que también es importante en esta publicación. En ella sus autores demuestran que durante el Mioceno, el nombre oficial de aquella época remota, hubo otra especie gigante de tortuga que compartió el mismo ecosistema: la Caninemys tridentata. Es posible que una de ellas viviera en la base de ese extenso sistema de lagos que se extendía hasta Venezuela y la otra habitara más en la superficie.

Es la primera vez que se encuentra tanto el caparazón como el cráneo de la "Stupendemys geographica".

Pero, además de ayudarnos a comprender cómo era este territorio hace millones de años, cuando hubo una conexión entre Colombia, Brasil, Venezuela y Perú, en el que también habitaron caimanes gigantes, para Cadena dar con estos fósiles en el desierto de la Tatacoa representa otro par de hechos invaluables. El primero es que ayuda a promover el turismo científico en Huila, un proceso que han impulsado varios investigadores y en el que participan las comunidades.

El otro tiene que ver con el gran momento que vive la paleontología colombiana. Como dice, si hace unas décadas era una sorpresa publicar un descubrimiento cada 10 o 15 años en el país, hoy todos los años se están haciendo anuncios fascinantes liderados por científicos colombianos. Hace solo dos meses, por poner un ejemplo, el mundo conoció el primer cangrejo de la época de los dinosaurios preservado en ámbar. Los resultados, que aparecieron en Science Advances, se robaron varias portadas de medios. Al frente estuvo Javier Luque, otro paleontólogo colombiano.


Referencias:

Sergio Silva Numa. Hallan en Colombia nuevas pistas de las tortugas más grandes que hubo en la Tierra. Fuente: El Espectador 31.12.2021.  (https://www.elespectador.com/ambiente/blog-el-rio/nueva-pista-en-colombia-sobre-las-tortugas-mas-grandes-que-habitaron-el-planeta/)  [Última consulta 04.01.2021].

 Para más información por favor consulte: Cadena, E.-A., Link, A., Cooke, S. B., Stroik, L. K., Vanegas, A. F., & Tallman, M. (2021). New insights on the anatomy and ontogeny of the largest extinct freshwater turtles. Heliyon, 7(12), e08591. https://doi.org/10.1016/j.heliyon.2021.e08591


Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.





jueves, 27 de febrero de 2020

Mesoclemmys vanegasorum, nueva tortuga fósil del Mioceno de la Venta


Hallan fósil de tortuga de 13 millones de años en el desierto de la Tatacoa

El descubrimiento permitirá conocer más sobre la tortuga carranchina o montañera que habita en la Costa Atlántica.

En uno de los destinos turísticos más representativos del Huila, el desierto de La Tatacoa, fue hallado un fósil de tortuga, de 13 millones de años, que da luces sobre la historia evolutiva de la tortuga carranchina o montañera, que habita en la costa Atlántica colombiana.


El paleontólogo Edwin Cadena, investigador de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario, afirmó que “este descubrimiento fósil aporta un granito de arena a la educación en conservación y a los planes para que la tortuga carranchina siga viviendo en la costa Caribe por miles o millones de años más”.
El fósil es considerado patrimonio geológico y paleontológico del Huila y en particular la zona del desierto de la Tatacoa. Este es un hallazgo paleontológico importante que se suma al reciente publicado hace una semana de Stupendemys geographicus una de las tortugas más grandes en la historia de la Tierra y que le ha dado la vuelta al mundo.

Hasta hoy en día, la manera como esta tortuga llegó a habitar la Costa Caribe de Colombia y por cuánto tiempo ha habitado nuestro país, era un completo misterio.

“Aunque esta especie ha recibido gran atención y ha sido objeto de importantes investigaciones en los últimos años, y varias instituciones están haciendo esfuerzos en aras de poder preservarla”, precisó el paleontólogo.
Y es que mediante el fósil se podrá conocer sobre la tortuga carranchina, especie en peligro de extinción. Según Cadena, este descubrimiento fósil, no solo contribuye a entender la diversidad de tortugas a lo largo del tiempo en Colombia, sino que ofrece una oportunidad para fortalecer los planes de conservación de las especies actuales en peligro de extinción.

La nueva especie fósil, denominada Mesoclemmys vanegasorum, indica que parientes antiguos de la tortuga carranchina y otras del mismo grupo han habitado Colombia por cerca de 13 millones de años y que, en tan solo unas pocas décadas, la actividad humana de deforestación y consumo de huevos en las zonas donde habitan, podrían acabar con todo este legado histórico para siempre.

El primer fósil del género Mesoclemmys en toda Sudamérica fue descrito por el paleontólogo Edwin Cadena, investigador de la Universidad del Rosario, en cooperación con colaboradores del Museo de Historia Natural La Tatacoa, el Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales y la Universidad del California.


Referencias:

Yamileth Diaz Peña. Hallan fósil de tortuga de 13 millones de años en el desierto de la Tatacoa. Fuente: RCN Radio 26.02.2019 (https://www.rcnradio.com/estilo-de-vida/medio-ambiente/hallan-fosil-de-tortuga-de-13-millones-de-anos-en-el-desierto-de-la) [Última consulta 26.02.2020].



Tras la historia de una de las tortugas con mayor riesgo de extinción

En el norte de Colombia, particularmente en los departamentos de Bolívar, Córdoba, Magdalena, Sucre, Atlántico y Cesar, habita una de las tortugas con el más alto riesgo de extinción en Colombia. Conocida como la tortuga carranchina o tortuga montañera y denominada científicamente como Mesoclemmys dahli, es una tortuga relativamente pequeña que se encuentra en bosques y pequeños cuerpos de agua.

El paleontólogo Edwin Cadena, investigador de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario, encontró en el desierto de la Tatacoa, en el departamento del Huila, un fósil de tortuga que da luces sobre la historia evolutiva en millones de años del grupo al cual pertenece la tortuga carranchina y de cómo posiblemente se constituyó su actual distribución geográfica.



Aunque esta especie ha recibido gran atención y ha sido objeto de importantes investigaciones en los últimos años, y varias instituciones están haciendo esfuerzos en harás de poder preservarla, hasta hoy en día el cómo esta tortuga llegó a habitar la costa Caribe de Colombia y por cuánto tiempo esta especie y sus parientes cercanos han habitado nuestro país era un completo misterio, explica el paleontólogo.

Edwin Cadena, investigador de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario Tortuga carranchina, especie en peligro de extinción Según Cadena, este descubrimiento fósil no solo contribuye a entender la diversidad de tortugas a lo largo del tiempo en Colombia, sino que ofrece una oportunidad para fortalecer los planes de conservación de las especies actuales en peligro de extinción.

La nueva especie fósil denominada Mesoclemmys vanegasorum indica que parientes antiguos de la tortuga carranchina y otras tortugas del mismo grupo han habitado Colombia por cerca de 13 millones de años y que en tan solo unas pocas décadas la actividad humana de deforestación y consumo de huevos en las zonas donde habitan podrían acabar con todo este legado histórico para siempre.

“Este descubrimiento fósil aporta un granito de arena a la educación en conservación y a los planes para que la tortuga carranchina siga viviendo en la costa Caribe por miles o millones de años más”, dice el investigador de la Universidad del Rosario.

Patrimonio geológico y paleontológico

Para el departamento del Huila, y en particular la zona del desierto de la Tatatoca, este es también un hallazgo paleontológico importante que se suma al reciente publicado hace una semana de Stupendemys geographicus una de las tortugas más grandes en la historia de la Tierra y que le ha dado la vuelta al mundo.
Estas investigaciones fortalecen el interés y motivación de la comunidad de esta zona por la preservación y difusión del patrimonio geológico y paleontológico del Huila, una iniciativa que la Universidad del Rosario y sus aliados están apoyando y que hace parte de su plan de regionalización, agrega Cadena.

El primer fósil del género Mesoclemmys en toda Suramérica fue descrito por el paleontólogo Edwin Cadena, investigador de la Universidad del Rosario, en cooperación con colaboradores del Museo de Historia Natural La Tatacoa, el Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales y la Universidad de California. Este hallazgo será publicado por la próxima semana en la revista Journal of Vertebrate Paleontology.


Referencias:

Tras la historia de una de las tortugas con mayor riesgo de extinción. Fuente: El Nuevo Siglo 27.02.2019 (https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/02-2020-tras-la-historia-de-una-de-las-tortugas-con-mayor-riesgo-de-extincion) [Última consulta 27.02.2020].



Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.








Reciente descubrimiento de un cráneo muy completo del gavial Gryposuchus colombianus en La Tatacoa ⚒

En el desierto de La Tatacoa, Huila, se descubrió el cráneo casi completo y parte del postcráneo de un gavial, un cocodrilo de hocico alarga...