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sábado, 22 de enero de 2022

Revelan nuevos detalles de la vida del cangrejo quimera hallado en Colombia

Restos fósiles de los ojos y cerebro de este animal permitieron reconstruir parte de su historia..

Mirar a los ojos de una criatura que existió hace 95 millones de años puede sonar como algo imposible. Pero de alguna forma eso es lo que ha hecho en los últimos años el paleontólogo colombiano Javier Luque con la Callichimaera perplexa. Un fósil de cangrejo que en el 2019 le dio la vuelta al mundo cuando fue descrito en la revista Science Advances, no solo como una especie, género o familia nueva, sino como una rama completamente desconocida en el árbol de la vida.

Un animal único y sin precedentes, considerado como el ornitorrinco de los cangrejos, que colocó una vez más a Colombia en el mapa de la paleontología mundial. El fósil fue encontrado en Pesca, un pueblo cercano a Sogamoso (en Boyacá), en medio de un gran yacimiento de fósiles marinos con preservación excepcional, un completo tesoro para los científicos en el que, por cuestiones que podrían atribuirse a la suerte, se dieron las condiciones propicias para que cientos de individuos prehistóricos se fosilizaran, conservando incluso parte de sus tejidos blandos.

Precioso cangrejo quimera fósil mostrando sus grandes ojos. Foto: Daniel Ocampo R. (Vencejo Films).


Ahora, en un nuevo estudio que se publica hoy en la revista iScience, Luque, quien hace parte del Departamento de Biología Orgánica y Evolutiva de la Universidad de Harvard, junto a investigadores de Yale revelan nuevos detalles de cómo fue la vida de la Callichimaera perplexa y describen por qué sus ojos inusualmente grandes sugieren que este extraño cangrejo era un depredador nadador muy visual.

Y es que identificar qué lugar ocupaba este animal en el árbol de la vida era tan solo uno de los primeros pasos que los investigadores estaban dando hacia desentrañar los misterios detrás del particular animal, que rondó en la Tierra cuando por ella aún caminaban los dinosaurios.

“Una vez tuvimos claridad de la posición de la quimera en el árbol de la vida, una vez pudimos saber cómo se relacionaba con otros animales, venían muchas más preguntas como, por ejemplo, qué hacía para vivir, cómo lo hacía, en dónde vivía, si eran bebés o adultos, por qué es tan rara, por qué es una quimera, por qué es el ornitorrinco del mundo de los cangrejos, de dónde viene esa forma tan única”, explica Luque, quien asegura que todas esas preguntas, y la posibilidad para intentar darles respuesta, parten de una gran ventaja que se les presentó como paleontólogos, al contar con unos 70 ejemplares de este individuo para analizar.

La gran cantidad de fósiles de Callichimaera perplexa hallados en Boyacá representan una gran ventaja para los investigadores.. Foto: Daniel Ocampo R. (Vencejo Films).


Una oportunidad única en el mundo de los fósiles, que suelen llegar a manos de los investigadores de uno en uno —como el particular cangrejo en ámbar del sudeste asiático que fue descrito por Luque el año pasado, que es un ejemplar único en el mundo hasta el momento—, e incluso solo por partes.

“Con la quimera tenemos 70 ejemplares, una población de animales que nos permite decir cosas que de otra forma no podríamos, comparar los pequeños con los grandes, ver el rango de crecimiento entre jóvenes y adultos, o analizar lo que llamamos dimorfismo sexual, que son las diferentes formas que se presentan entre macho y hembra”, detalla el investigador.

Fósiles que además cuentan con una preservación excepcional de clase mundial, por lo que los científicos han encontrado algunos de ellos incluso con aparatos reproductores que han sido preservados, músculos, parte del cerebro y los grandes ojos de la Callichimaera, una de sus características más inusuales y llamativas debido a su enormidad.

¿Para verte mejor?

“Es como si un humano tuviera ojos del tamaño de balones de futbol, si llegáramos a tener unos ojos tan grandes quiere decir que las ventajas de poseerlos están por encima de las desventajas”

 “Una de las cosas que más nos llamó la atención, aparte de la rareza de este animal, que es muy raro, son sus ojos tan grandes. Es como en el cuento de Caperucita Roja, ‘cangrejito, qué ojos tan grandes tienes, pero para qué’. Órganos de este tamaño cuestan energía y nutrientes, además son vulnerables”, aseguró Luque y continúa: “Es como si un humano tuviera ojos del tamaño de balones de fútbol, si llegáramos a tener unos ojos tan grandes quiere decir que las ventajas de poseerlos están por encima de las desventajas”.

Los cangrejos vivos suelen tener pequeños ojos compuestos ubicados al final de un largo tallo con una órbita para cubrirlos y protegerlos. La Callichimaera; sin embargo, tiene grandes ojos sin cuencas para resguardarlos. En un principio, los investigadores pensaron que era un cangrejo en la última etapa larvaria llamada megalopa, que significa precisamente ‘ojos grandes’. Sin embargo, este es un breve momento en el desarrollo del cangrejo. A medida que madura y se convierte en un joven, se espera que el cuerpo crezca más que los ojos.


Para probar si estaban ante cangrejos bebé o ya desarrollados, Luque y la primera autora de la nueva publicación, la candidata a doctora de la Universidad de Yale, Kelsey Jenkins, analizaron más de 1.000 especímenes de cangrejos vivos y extintos que representan 15 especies de estos animales en todo su árbol genealógico. Los especímenes incluían cangrejos en diferentes etapas de desarrollo y abarcaban una variedad de hábitats, ecologías y estilos de vida.

Los investigadores midieron las dimensiones de los ojos y el cuerpo de los cangrejos desde que eran bebés hasta adultos y descubrieron que, a diferencia de otras especies, la Callichimaera mantiene sus grandes ojos durante todo el desarrollo. De hecho, eran los de más rápido crecimiento de todas las especies y podían alcanzar hasta el 16 por ciento de todo su cuerpo, que es aproximadamente del tamaño de una moneda de 500 pesos.

Para ponerlo en perspectiva, Luque explica que es como si un ser humano, que cuando es bebé tiene un cuerpo más pequeño y una cabeza más grande, conservara estas proporciones al convertirse en adulto, como tener un gran bebé de un metro con ochenta, una imagen bastante extraña. “En la naturaleza ocurre ese fenómeno de crecimiento acelerado donde los animales suelen mantener una forma de bebé pero alcanzan una madurez sexual muy rápido”, apunta el investigador.

Pero ¿qué hacían con estos grandes ojos? De acuerdo con Luque, ojos grandes inmediatamente no implica que sean cazadores, “quiere decir que los usaban activamente, no vivían enterrados en el sedimento, ni en cuevas, vivían donde necesitaban usar esos ojos grandes para capturar luz y hacer imágenes del mundo que los rodea”, detalla. Por eso la siguiente incógnita a resolver fue si estaban ante un cazador o ante una presa que quiere tener los recursos para poder escapar.

El ojo de la quimera: imagen SEM del ojo compuesto de Callichimaera perplexa. Foto: Cortesía de Javier Luque (Universidad de Harvard)


La excepcional preservación de los ojos permitió a los investigadores ver este órgano en todas sus facetas. A diferencia de los humanos, tanto insectos como crustáceos tienen ojos compuestos, formados por pequeñas celdas en forma de hexágono (como un panal de abejas), sobre los que se recibe la luz que será luego procesada por el cerebro para formar imágenes. Los mismos ojos que sobrevivieron 95 millones de años en Boyacá hasta que fueron encontrados por los paleontólogos.

Así, análisis posteriores mostraron que este cangrejo quimera era un animal con una alta agudeza visual similar a las libélulas, que se encuentran entre los principales depredadores del mundo de los insectos, y al camarón mantis. Además, la preservación de los tejidos blandos internos, como los lóbulos ópticos (tejidos neurales), mostró que se parecían más a los de las abejas y otros insectos de ojos grandes que a los de los cangrejos, y estaban adaptados a una buena iluminación.

“Todo parece indicar que este animalito quimera era un gran nadador, altamente visual y predador en condiciones de luminosidad alta”, señala Luque sobre los nuevos hallazgos alrededor de su “quimera hermosa y desconcertante” —la traducción de Callichimaera perplexa— que hoy comparte con el mundo.

Reconstrucción artística de la Callichimaera perplexa: el cangrejo más extraño que jamás haya existido. —nadando tras un camarón coma Eobodotria muisca (Cumacea). Foto: Masato Hattori


Congelados en el tiempo

Para el paleontólogo colombiano, este descubrimiento es particularmente especial porque el tipo de preservación excepcional de los fósiles de la quimera recuperados en Colombia es del mismo que el de los famosos fósiles del esquisto de Burgess o Burgess Shale, en Canadá. Una formación geológica famosa por sus fósiles que son vestigios de animales invertebrados del período Cámbrico Medio (con unos 500 millones de años de antigüedad), que además fue declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Aunque existen depósitos de este tipo en otros lugares del mundo, como China, Australia o Estados Unidos, esta es una condición que no se había visto en el trópico, donde las lluvias y la exuberante vegetación que caracteriza a esta zona del mundo —y la hace tan especial en materia de biodiversidad— también se convierte en una barrera para conocer cómo fue la vida en este territorio en otros momentos.

“Cuando queremos estudiar los fósiles tenemos problemas de acceso a las rocas porque están usualmente cubiertas con suelos, arcillas o con bosques, pastos y vegetación y esto hace que las rocas se dañen, así que poder encontrar este tipo de fósiles, con ese tipo de preservación en los trópicos, nos está dando nuevas avenidas para investigar esas ventanas hacia el pasado de forma excepcional con los lentes de la biodiversidad tropical”, asegura Luque.

Javier Luque (Universidad de Yale, izquierda) y Catalina Suárez (Servicio Geológico de Colombia, centro) excavando fósiles en los Andes colombianos. Foto: Felipe Villegas (Instituto Humboldt)


Y las investigaciones con la Callichimaera son solo el comienzo, pues en Colombia se cuentan con depósitos de más de 90 millones de años con preservación excepcional de estrellas de mar, erizos que mantienen sus espinas articuladas, camarones que conservan su boca, estómago, intestino y cola, entre muchos otros especímenes que esperan por ser estudiados.

El nivel de detalle de la reconstrucción de cómo fue la vida de estos animales que permiten estos extraordinarios fósiles es tanto, que en los próximos estudios con la quimera esperan incluso ser capaces de rescatar hasta rastros de pigmentos para conocer de qué color eran realmente estos particulares animales.

 

Referencias:

Alejandra López Plazas. Revelan nuevos detalles de la vida del cangrejo quimera hallado en Colombia. Fuente: El Tiempo 21.01.2022. (https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/callichimaera-perplexa-asi-fue-la-vida-de-este-cangrejo-prehistorico-646105?fbclid=IwAR17hGhYTBFf2ynAV5wcqqXgoUjSSHJLdaFok731ZOMJcYW-Tw5M_eSEa-U)  [Última consulta 22.01.2022].

Para más información por favor consulte: Jenkins, K. M., Briggs, D. E. G., & Luque, J. (2022). The remarkable visual system of a Cretaceous crab. iScience, 25, 103579. https://doi.org/10.1016/j.isci.2021.103579 

 

Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.








jueves, 28 de noviembre de 2019

Eobodotria muisca, un camarón fósil de hace 90 millones de años


Un camarón fósil de 90 millones de años llena un vacío evolutivo

Los científicos han descubierto el fósil de cumáceo más antiguo del mundo, un pequeño crustáceo en forma del signo homónimo de puntuación, bien preservado y datado en 90 millones de años.    

La criatura llena un gran vacío evolutivo para una familia de animales marinos que ahora se encuentran en abundancia en todo el planeta, según investigadores de Yale y la Universidad de Alaska. El descubrimiento aparece en la revista Proceedings of the Royal Society B.    

El camarón fosilizado, llamado Eobodotria muisca, proviene de rocas mesozoicas en América del Sur tropical. Los investigadores encontraron fósiles excepcionalmente bien conservados que representan a más de 500 individuos de entre 6 y 8 milímetros de largo, con características que rara vez se conservan en los crustáceos fósiles: piezas bucales, intestinos, pequeños pelos y pequeños ojos compuestos.

Eobodotria muisca - Javier Luque - Archivo

"Estamos asombrados de lo similar que es Eobodotria muisca a las especies de hoy", dijo en un comunicado el paleontólogo de Yale Javier Luque, autor principal del estudio. "Hay ocho familias o grupos principales de camarones de coma (cumáceos) vivos, y ninguno de ellos tiene una ocurrencia fósil confirmada. Esto significa que no teníamos idea de cuándo evolucionaron los camarones de coma modernos, hasta ahora”.
El único registro anterior de un cumáceo de aspecto moderno es un fósil europeo de 160 millones de años, dijo Luque. Aunque ese camarón se ajusta al rango de formas de cuerpo de camarón de coma, no se puede vincular con ninguna de las principales familias modernas de camarón de coma.

Eobodotria muisca, por otro lado, pertenece a la familia Bodotriidae de cumáceos vivos, dijo Luque, extendiendo el registro fósil de esa familia de camarones en casi 100 millones de años.
La nueva especie vivió durante la mitad del período Cretácico, cuando un mar interior largo y estrecho cubría gran parte de lo que hoy son los Andes orientales y centrales de Colombia. Luque encontró los fósiles junto con los fósiles del cangrejo Callichimaera perplexa. Eobodotria muisca lleva el nombre de los nativos americanos muisca que vivían en los Andes colombianos.



Luque dijo que la similitud entre Eobodotria muisca y sus parientes modernos sugiere que las tasas de cambios anatómicos externos durante millones de años en este grupo fueron bajas en comparación con otros grupos de crustáceos encontrados en el mismo lugar. También señaló que el nuevo alijo de fósiles es el primero de su tipo en el norte de América del Sur.


Referencias:

Un camarón fósil de 90 millones de años llena un vacío evolutivo. Fuente: Europa Press 27.11.2019 (https://www.europapress.es/ciencia/ruinas-y-fosiles/noticia-camaron-fosil-90-millones-anos-llena-vacio-evolutivo-20191127171317.html?fbclid=IwAR2onj7xOf3mwZxAA-2C1m0L2u3rHEafHyeS1zZfljPZCtv27JPWBwaRAqM) [Última consulta 28.11.2019].



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sábado, 27 de abril de 2019

Callichimaera perplexa, el espectacular cangrejo fósil del Cretácico de Colombia.


El cangrejo prehistórico que arroja nuevas pistas sobre la evolución



La enigmática quimera fue hallada en Boyacá. Tiene uno ojos enormes del tamaño de balones de fútbol.
“Si lo comparáramos con los mamífero, no sería ni un roedor, ni un venado, ni un murciélago, ni un primate, ni un elefante, ni nada de lo que conocemos fósil o vivo hasta el momento en la historia. En el árbol familiar de los animales, sería una rama única, como los ornitorrincos”.

Así es como el geólogo, biólogo y paleontólogo colombiano, Javier Luque, explica la importancia que tiene su ‘bella pesadilla’, una enigmática criatura marina de la época de los dinosaurios (Cretácico medio, 95-90 millones de años atrás) que arroja nuevas pistas sobre la evolución de los cangrejos.

Cuando Luque estaba estudiando su pregrado en la Universidad Nacional, quería convertirse en un paleontólogo especialista en vertebrados, como la mayoría de las personas que sueñan con estudiar fósiles, por aquello de que los huesos y dientes de animales prehistóricos pueden ser más ‘sexys’ y curiosos.
Pero fue en una salida de campo, luego de varias horas analizando el terreno, que ya cansado de caminar y con el sol abrasando la piel, Javier se recostó sobre un afloramiento de rocas en Pesca, un pueblo cercano a Sogamoso (en Boyacá), y lanzó la pica ya desganado sin saber que bajo sus pies se encontraba uno de los descubrimientos paleontológicos más importantes del país. Lo que halló aquel diciembre del 2005 le cambió su rumbo profesional por completo.

A simple vista, el tesoro parecía ser arañas fosilizadas pero su forma era bastante extraña como para serlo. Para salir de dudas, Luque contactó a varios expertos internacionales y trató de identificar con exactitud de qué animales se trataba. Entre los cientos de fósiles que había, uno en particular llamó más la atención. Recibió el mismo mensaje de todos: ‘no es una araña, es un cangrejo, pero no sabemos cuál. Es algo que nunca hemos visto’.

“Entonces este hallazgo se convirtió en mi pesadilla, en mi frustración, porque para entender a qué grupo pertenece este fósil tenía que compararlo con los que ya existían. El problema es que no había ningún punto de anclaje, era totalmente nuevo. Se trata del animal que volcó mi pasión hacia los invertebrados (animales sin huesos), especialmente a los artrópodos y crustáceos”, le cuenta a EL TIEMPO el Ph.D en Biología Evolutiva de la Universidad de Alberta en Canadá, e Investigador Postdoctoral en la Universidad de Yale, en Estados Unidos.

“Esto desafía la visión tradicional sobre qué es un cangrejo realmente y cómo formas novedosas se originan y evolucionan. No es solo una especie, género o familia nueva, es una rama completamente nueva en el árbol de la vida. Este es, quizás, el descubrimiento paleontológico de Colombia más importante desde la Titanoboa (una serpiente)”, afirma el científico.

Javier Luque, biólogo y paleontólogo colombiano. Foto: Daniel Ocampo.


Lo que Luque halló es el primer ensamblaje de fósiles marinos con preservación excepcional en las Américas tropicales conocido hasta el momento. Es “excepcional” porque incluye cientos de pequeños crustáceos articulados, muchos de ellos con tejidos blandos o poco mineralizados como las antenas, aparatos sexuales, piezas bucales, músculos, e inclusive ojos en perfecto estado. Algo muy difícil de encontrar, especialmente en los trópicos donde la vegetación es densa y las rocas se vuelven suelo rápidamente.
Dentro de ese grupo se encontraba la ‘bella pesadilla’ (Callichimaera perplexa), un cangrejo quimera que tiene rasgos conocidos en varios grupos pero nunca antes vistos en un solo organismo: Sus largas patas en forma de remos adaptadas para nadar, enormes ojos, la forma del cuerpo similar al de las larvas y unas tenazas parecidas a unas pinzas inglesas.
Luque explica que esos ojos son tan grandes para su cuerpo “como si los humanos los tuviéramos del tamaño de un balón de fútbol”. Y, en cuanto a las patas de remo adaptadas para nadar activamente, cuenta que hay un hueco histórico en el registro fósil de casi 100 millones de años (desde el final de la Era Paleozóica hace 250 millones de años y el Cretácico medio hace 95 millones de años) que no se explica, dado que nunca se había encontrado un artrópodo marino con esa innovación evolutiva en este intervalo de tiempo geológico, hasta ahora.

“Nuestros hallazgos desafían la visión tradicional sobre qué es un cangrejo. No es solo una especie, género o familia nueva, es una rama en el árbol de la vida totalmente nueva”

El experto no sabe qué pasó en ese periodo de tiempo pero ningún otro organismo pareciera tener esta misma cualidad. “No lo sabemos porque la evolución no está escrita, es contingente, como lanzar los dados y no saber qué saldrá. Por ejemplo, supongamos que hoy desaparecieran todas las aves del mundo, ¿qué grupo entraría a reemplazarlas? Los murciélagos también vuelan, pero no nadan como los pingüinos, no corren como los avestruces y son polinizadores pero solo nocturnos. ¿Entonces cuáles vertebrados cubrirán ese bache de animales voladores? No lo sabemos”, explica Luque, “y lo mismo pasa con los artrópodos: solo a través del registro fósil podemos entender la diversidad de formas y adaptaciones a través del tiempo que han dado lugar a la diversidad que vemos hoy”.

Colombia y Estados Unidos

Hasta hace unos pocos años, los fósiles de este cangrejo solo se habían visto en Colombia; sin embargo, uno de los colegas de Luque, el Dr. Rodney Feldmann de la Universidad de Kent, le mostró otros anatómicamente idénticos hallados en Wyoming (Estados Unidos). Aunque no se puede decir que primero apareció en Colombia y luego migró a EE.UU. (porque solo hay dos puntos de referencia), “al menos sabemos que para el Cretácico medio ya estaba a más de 4.000 kilómetros de distancia, lo que significa que tuvo una distribución transoceánica”, explica el geólogo.

“¡Y hace tan solo unos días otro colega nos informó de la ocurrencia del mismo grupo de fósiles pero en África! Esta bella quimera nadadora, no más grande que una moneda, tenía una distribución global”, asegura Luque entusiasmado.
La descripción de la ‘bella pesadilla’ en Pesca, publicada en la revista Science Advance, hace parte de un proyecto interinstitucional liderado por Luque, junto con investigadores de Colombia, Canadá, México, Ucrania y Estados Unidos. Los científicos contaron con el apoyo del Servicio Geológico Colombiano (SGC), la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos del Petróleo (ACGGP), el Fondo Corrigan-Corporación Geológica ARES, el Consejo de Investigación en Ciencias Naturales e Ingeniería de Canadá (NSERC) y el Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales (STRI).

Callichimaera perplexa, el extraño fósil que obliga a repensar lo que realmente es un cangrejo. Foto: Daniel Ocampo.


Mayor descubrimiento después de la Titanoboa

Un referente para los biólogos y paleontólogos en el país siempre ha sido la gran Titanoboa, la cual ha sido considerada como la serpiente más grande del mundo y que ocupó la cima de la cadena alimenticia. Este reptil de 15 metros de largo, alrededor de 65 centímetros de ancho y que pesaba casi 1.100 kilos, habitó los ríos y pantanos hace 60 millones de años.

Sus imponentes fósiles fueron hallados en El Cerrejón (La Guajira), en rocas que fueron formadas en antiguos ríos y lagos, en hábitats similares a aquellos en los que actualmente viven las anacondas. Aún así, esta mega-serpiente pertenece a un grupo ya conocido de anacondas. Lo mismo pasa con otros nuevos hallazgos en rocas del Cretácico de Villa de Leyva y zonas próximas, como el Padillasaurus y el Sachicasaurus; imponentes animales, sí, pero todos pertenecientes a familias y grupos bien conocidos a nivel mundial.

“En pleno siglo XXI y todavía seguimos descubriendo ramas en el árbol familiar de los animales. ¡Es demasiado emocionante porque esto nos dice que hay mucho por conocer, mucho trabajo por delante, y que Colombia tiene un potencial inmenso para entender aspectos de la evolución y la paleontología que antes no conocíamos!”, explica Luque, quien además considera que “el rompecabezas de la historia lo hemos estamos armando con las piezas equivocadas, solo con las de Europa y Estados Unidos (que no tienen mucha cobertura vegetal y por eso es más fácil estudiar sus fósiles), cuando, en realidad, los trópicos –incluyendo Colombia– son la región con mayor diversidad del mundo pero de donde conocemos muy poco acerca de cómo era antes".




Referencias:

Tatiana Pardo. El cangrejo prehistórico que arroja nuevas pistas sobre la evolución. Fuente: Periódico El Tiempo 26.04.2019 (https://www.eltiempo.com/vida/medio-ambiente/el-increible-cangrejo-prehistorico-hallado-en-colombia-que-arroja-nuevas-pistas-sobre-la-evolucion-353076?fbclid=IwAR2kASy2CDWpCE3bQ3t-cfW_wEgI5LcrhtW_9Vautknq216-aXWPflwGdTc) [Última consulta 27.04.2019].



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viernes, 31 de julio de 2015

Poliquetos, “gusanos marinos” del Cretácico superior de Colombia, que incluye un nuevo registro para el Neotrópico.

Los  poliquetos (Polychaeta) son una clase de invertebrados mayoritariamente marinos conocidos comunmente como "gusanos marinos",  que pertenen al Filo Annelida ó anélidos que incluyen especies muy conocidas como las lombrices de tierra y las sanguijuelas. 

Variedad de gusanos marinos. Autor Matthias Jacob Schleiden,

Para comprender mejor a este complejo grupo de animales invertebrados, vamos a ver cuáles son las principales características de los anélidos:
Los anélidos comprenden gusanos de cuerpo alargado y segmentado en anillos que presentan un celoma “verdadero”, es decir presentan una cavidad llena de fluido en el cual se encuentran el intestino y otros órganos, hemos de anotar que esta cavidad significó un importante paso evolutivo que permitió gracias a su funcionalidad, la diversificación de los grandes grupos animales, ya que permitió que los órganos y otros sistemas del cuerpo tuvieran un mejor reparto de funciones con su consiguiente especialización.
El  cuerpo de los anélidos está dividido en tres partes diferenciadas denominadas:   prostomio (donde se encuentran ubicados los ganglios cerebrales y los  órganos sensoriales que incluyen los ojos, antenas o tentáculos,) y el peristomio (donde se encuentra la boca y todos los órganos relacionados con la captura del alimento) que forman la primera región. Después encontramos el metastomio o zona media y finalmente el pigidio  donde se encuentra el ano y que en algunas especies sedentarias, este se puede ver modificado para establecer estructuras de fijación.
Una de las particularidades de la mayoría de los anélidos es la presencia de quetas o cerdas que junto a lo segmentado de su cuerpo le permiten moverse o incluso anclarse al sustrato.
Los anélidos incluyen más de 16.700 especies que habitan en la mayoría de ambientes húmedos, sobre todo ambientes marinos aunque también hay especies terrestres. Pueden tener longitudes muy dispares que pueden ir desde un milímetro hasta los seis metros de largo, que alcanza la lombriz de tierra africana Microchaetus rapp.
La sistemática clasificación de los anélidos es muy compleja y no parece haber consenso entre los diferentes investigadores;  se reconocen las clases Oligochaeta, Hirudinea, Polychaeta y los anélidos parásitos de la clase Myzostoma.
 De los oligoquetos se reconocen unas 3.000 especies entre las que encontramos las ya citadas lombrices de tierra y muchas otras formas de agua dulce y marina aunque se conocen pocos ejemplares fósiles, siendo el más antiguo – aunque dudoso- del Ordovícico.  La Clase Hirudinea cuenta con unas 500 especies de sanguijuelas vivas y solo 2 géneros probables del Jurásico alemán, más otras formas dudosas del Silúrico europeo. Los poliquetos constituyen el grupo más numeroso ya que sus especies actuales superan las 10.000 especies y sus fósiles son conocidos desde el Cámbrico -y quizás desde el proterozoico- , y serán precisamente los poliquetos a los que estudiemos más a fondo, ya que es a esta clase a la que pertenecen los fósiles hallados en Colombia.
Clase Polychaeta
Los poliquetos (Polychaeta= muchas cerdas) tal y como lo comentábamos antes, es el mayor y también el más primitivo grupo de anélidos. Son animales acuáticos y casi exclusivamente de hábitos marinos que normalmente miden entre 5 y 10 cm adaptados a una gran variedad de ambientes, algunos son pelágicos y forman parte del plancton pero la mayoría son bentónicos, ya sea viviendo libremente sobre el sustrato o habitando el fondo de los ecosistemas acuáticos; son los anélidos mejor representados en el registro fósil (gracias principalmente a restos de mandíbulas, tubos y rastros). 

Su anatomía interna está compuesta por el tegumento, bajo el cuál hay gran cantidad de glándulas que segregan moco así como una potente musculatura que permiten su movimiento y facilitan la excavación, además de tener definidos el aparato digestivo, aparato circulatorio, respiratorio, aparato excretor y el sistema nervioso.
La mayoría de los poliquetos tienen machos y hembras separados, y efectúan su reproducción expulsando al exterior las células sexuales o gametos por lo que se produce fecundación externa.
Los poliquetos muestran dos tendencias que corresponden con dos modelos morfológicos que los distingue claramente; los sedimentívoros o filtradores que poseen movimientos limitados o inexistentes (Sedentaria) y los predadores, que tienen una gran capacidad de movilidad (Errantia); durante mucho tiempo se utilizó la terminología Errantia y Sedentaria, para diferenciarlos pero esta clasificación se encuentra obsoleta. A día de hoy no se dispone de una clasificación satisfactoria a nivel de órdenes. Actualmente se reconocen unas 87 familias vivientes de las cuales 44 carecen de registro fósil.
Los poliquetos sedentarios viven en tubos sólidos que construyen ellos mismos, dicho tubo se forma gracias a que el animal segrega una mucosa que suele endurecerse al combinarse con granos de arena, láminas de mica, espículas de esponjas y corales, trozos de conchas de foraminíferos y otros materiales del fondo marino y que fijan a objetos sumergidos o apropiándose de tubos o alojamientos de otros animales. Atraen el alimento mediante corrientes de agua que ellos mismo producen para luego filtrar el alimento y después ingerirlo.
Por el contrario los poliquetos errantes se mueven activamente excavando en el barro o la arena, escondiéndose bajo las rocas o los arrecifes de coral atacando con sus mandíbulas a sus desprevenidas presas, entre las que se encuentran bivalvos, crustáceos, esponjas, equinodermos y otros poliquetos.
Hallazgos en Colombia
La primera referencia de hallazgos de poliquetos fósiles en Colombia se da gracias al hallazgo de una Impresión fósil del tubo aglutinado de un poliqueto pteriniidae procedente de Cretácico superior de Colombia en rocas de hace 84 millones de años procedentes de la Formación Conejo en la cordillera Oriental, cerca al municipio de Toca, departamento de Boyacá, otra fauna marina hallada en estos depósitos incluyen abundantes restos de bivalvos, equinodermos, braquiópodos y crustáceos decápodos, también se reporta la presencia del ammonite Pseudoschloenbachia inconstans que indica una edad para el yacimiento ubicada en el Santoniano inferior – medio. La muestra actualmente hace parte de las colecciones del Museo Geológico Nacional Jose Royo y Gómez.

A. Un poliqueto pectinariidae actual dentro de un tubo aglutinado con abertura a la derecha, B. Tubo aglutinado del pectinariidae procedente del Cretácico superior de Colombia. Modificado de Vinn, O.; Luque,J. (2013). "First record of a pectinariid-like (Polychaeta, Annelida) agglutinated worm tube from the Late Cretaceous of Colombia". Cretaceous Research 41: pag. 108

Dicho tubo está compuesto al igual que en las especies modernas, por material biogénico, es decir material fabricado por la acción de un organismo vivo, y que comprende fragmentos de conchas probablemente de moluscos y/o crustáceos,  y por granos de arena que generalmente son de forma alargada y otros materiales no identificados pero no se detecta la presencia del organismo que lo habitó.
Es muy difícil que estos invertebrados se fosilicen sin la presencia del tubo mineral que fabrican, los mejores poliquetos conservados en el registro fósil son aquellas especies que fabrican tubos calcáreos, a diferencia de los tubos aglutinados que por lo general presentan un registro fósil más  pobre, he aquí la importancia del hallazgo realizado en nuestro país, ya que la rareza de estos hallazgos nos ayudan a comprender la evolución en la construcción de estas estructuras en los anélidos poliquetos y su poco conocido papel en los ecosistemas del pasado.
Existen un número considerable de familias de poliquetos que tienen la habilidad de incorporar sedimentos a la hora de fabricar sus tubos, entre ellas se incluyen: Sabellariidae, Sabellidae, Oweniidae, Alvinellidae, Pectinariidae, Terebellidae, Trichobranchidae, Apistobranchidae, Longostomatidae , Chaetoptoriidae, Arenicolidae, Maldanidae y Capitellidae.
El tubo del gusano marino hallado en Colombia puede ser asignado con total seguridad al Orden Terebellida y se clasifica tentativamente dentro de la familia Pteriniidae basándose en su tamaño, su morfología con respecto al aglutinamiento del tubo y el tamaño de la arena que lo compone, ausencia de organismo incrustado dentro del tubo y  la característica forma cónica del tubo, características que muestran una gran afinidad con la familia Pteriniidae.
Tal y como lo comentábamos antes, y a pesar de la utilización de minerales en la construcción de los tubos, estos rara vez se fosilizan debido a su delgadez y extrema fragilidad lo que hace que se desintegren rápidamente después de la muerte del animal, lo que limita nuestra comprensión sobre el origen y evolución de los gusanos con tubos aglutinados a través del tiempo geológico.Los reportes que se tienen de fósiles de la familia  Pteriniidae con registros de tubos aglutinados son del Pérmico, Jurásico inferior de Inglaterra,  Jurásico de Polonia y Cretácico de Omán.
El segundo hallazgo de un gusano poliqueto en nuestro  país fue publicado este mismo año y en él se describe una nueva especie de gusano marino hallado también en la Formación Conejo y que fue bautizado como Protopholoe colombiana ,  junto a él, se hallaron también macrofósiles bentónicos como el gastrópodo Rostellaria , restos de camarones, restos de decápodos indeterminados, y restos del cangrejo Cenomanocarcinus, la presencia del ammonite Paralenticeras spathi y el bivalvo Magadiceramus sugiere que dicha fauna marina es de edad Coniaciense superior. El fósil hace parte de las colecciones paleontológicas del Museo Geológico Nacional Jose Royo y Gómez.

Protopholoe colombiana. Holotipo IGM p880663 del Cretácico superior de la Formación Conejo, Boyacá, Colombia. Fotografía cortesía Javier Luque  

Se clasifica a Protopholoe colombiana dentro del Orden Phyllodocida , Suborden Aphroditiformia.  Los miembros más antiguos conocidos de este Orden  datan del Devónico de América del Norte, mientras que para los aphroditiformes el registro fósil más antiguo los sitúa en el Triásico de Francia, Italia, Madagascar y Líbano con la presencia de la especie Palaeoaphrodite, cabe anotar que en la misma localidad francesa donde se reportó el hallazgo de Palaeoaphrodite, se reportó el hallazgo de la especie Protopholoe rhodanitis, con quien Protopholoe colombiana comparte características morfológicas. 
Protopholoe rhodanitis, del Jurásico de Francia.

El fósil de Protopholoe colombiana muestra un animal de pequeño tamaño, alargado, de contorno ovalado y comprimido de apenas 9 mm de largo desde la parte anterior hasta la parte más posterior conservada y de solo 5,5 mm de ancho, cerdas incluidas. De estas posee  al menos 10 pares a cada lado. Pese al buen estado de conservación de la muestra,  su pequeño tamaño no permite determinar muchos de los caracteres necesarios para determinar a qué familia pertenece, sin embargo sus características muestran que la especie colombiana se asemeja a Palaeoaphrodite y a las especies Protopholoe.
La importancia del hallazgo radica en que es el primer hallazgo de gusanos marinos poliquetos en el Neotrópico y la segunda especie Protopholoe descubierta hasta la fecha, lo que indica la amplia distribución que tuvo el Orden durante el Mesozoico.
Importancia de la Clase Polychaeta en la actualidad
En la actualidad los poliquetos son uno de los grupos más diversos y abundantes en todos los sedimentos marinos, lo que es un claro indicador de su éxito como especie, habitando desde zonas intermareales hasta grandes profundidades, lo que hace que representen un importante papel en la cadena trófica marina sirviendo de alimento a una gran cantidad de animales marinos y sirviendo como indicadores en el monitoreo de ambientes marinos debido a su gran sensibilidad a los cambios en el medio ambiente.
En el mar Caribe existen aproximadamente 1.260 especies distribuidas en 447 géneros y 69 familias y se estima que aún faltan unas 500 – 600 especies por describir. De este total, 253 especies se han registrado para el Caribe colombiano distribuidas en 43 familias  y 138 géneros, si tenemos en cuenta que en Colombia hay muchas regiones por explorar (tanto en el Caribe como en el Océano Pacífico) que incluyen variedad de ambientes y profundidades es más que probable que el número de especies sea mucho mayor.
Agradecimientos:
Quiero dar mi más sincero agradecimiento al investigador colombiano Javier Luque del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Alberta, Canadá y co-autor de las dos publicaciones donde se describen los hallazgos de poliquetos realizados en Colombia por compartir con nosotros sus publicaciones.

Referencias.
Los Invertebrados Fósiles. Horacio h. Camacho & Mónica Longobucco. Fundación de Historia Natural Félix de Azara, 2008. Páginas 503 – 507
Vinn, O.; Luque,J. (2013). "First record of a pectinariid-like (Polychaeta, Annelida) agglutinated worm tube from the Late Cretaceous of Colombia". Cretaceous Research 41: 107–110.
Javier Luquea, Stéphane Hourdeza and Olev Vinna (2015). “A new fossil bristle worm (Annelida: Polychaeta: Aphroditiformia) from the late Cretaceous of tropical America”. Journal of Paleontology, Volume 89 , Issue 02, March 2015, pp 257-261
Diana P. Báez S. & Néstor E. Ardila. “Poliquetos (Annelida: Polychaeta) del Mar Caribe colombiano”. Biota Colombiana 4 (1) 89 - 109, 2003
Wikipedia
Fotografía Protopholoe rhodanitis https://science.mnhn.fr/institution/mnhn/collection/f/item/b48340


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