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martes, 7 de noviembre de 2023

El dinosaurio, primo del 'T-rex', que dejó sus huellas en Villa de Leyva


Investigadores descubrieron un rastro de huellas de dinosaurio en Villa de Leyva, Boyacá, durante la construcción de una carretera. El hallazgo, realizado por Mary Luz y Juan de Dios Parra Ruge en 2008, proporcionó un rastro de casi 65 metros de longitud que representan el testimonio de dinosaurios que habitaron la región hace millones de años. Aunque las huellas fueron destruidas debido a la urgencia de la obra, los moldes de látex permitieron su estudio. Estas huellas pertenecen a un dinosaurio bípedo de tamaño mediano, sugiriendo un escenario en el que caminaban a través de marismas intermareales húmedas en Villa de Leyva. Se estima que el dinosaurio caminaba de manera digitígrada y pudo variar su velocidad a través de lodo profundo, incluso triplicándola en ocasiones. Este descubrimiento es significativo en el estudio de los dinosaurios en Sudamérica y contribuye al registro de icnofósiles del Cretácico Inferior en la región. La investigación también destaca la participación de jóvenes paleontólogos en la ilustración de las huellas.

A continuación la noticia publicada por El Tiempo:


Investigadores hallaron el rastro de un desconocido dinosaurio en la construcción de una carretera.



Este dinosaurio tenía unas patas en forma tridáctila (tres dedos). FOTO: CIP


Hace millones de años, un dinosaurio, o un grupo de ellos, caminaba inadvertidamente por una zona costera en lo hoy conocemos como Villa de Leyva (Boyacá). De esa caminata, millones de años después, se conservó un rastro de casi 65 metros de longitud en los que las huellas de estos animales permanecieron como un testimonio de que en este territorio, que se ha destacado por el hallazgo de impresionantes fósiles de enormes monstruos marinos, también fue habitado por seres que incluso pertenecieron al mismo linaje que el famoso Velociraptor y el icónico Tyrannosaurus rex.

Con estas huellas se encontraron en 2008 Mary Luz y Juan de Dios Parra Ruge, miembros del Centro de Investigaciones Paleontológicas (CIP), en medio de la construcción de una carretera en ese municipio boyacense. Los científicos recibieron permiso para fotografiar, medir y producir moldes de las huellas originales para su estudio y análisis, consiguiendo así también salvar algo de esa evidencia milenaria, que lamentablemente fue destruida debido a la urgencia de la obra.

A partir de esos moldes de látex, que reposan actualmente en el CIP, investigadores de esta institución y del laboratorio de Hans Larsson en el Museo Redpath (McGill University, Canadá), publicaron recientemente un estudio en la revista de geología Facies, en la que se reportan estas marcas como el primer sitio de huellas de dinosaurios que se ha identificado en la Fomación Paja, como se le conoce al sitio geológico que representa esta región andina.
“Estudiamos más de una decena de huellas de dinosaurio que hacían parte de un largo camino lodoso. Las huellas representan el mismo dinosaurio (icnotaxón), aunque el número de individuos no se puede determinar con certeza, ya que puede oscilar entre dos y cinco, o pueden corresponder a eventos de caminatas separados”, explica la paleontóloga Dirley Cortés, estudiante de doctorado de la Universidad McGill y directora científica del CIP.

Aunque en este lugar no se encontraron los huesos fosilizados con los que muchas veces trabajan estos científicos, de este conjunto de huellas han podido rescatar varias características de cómo habrían podido ser estos desconocidos dinosaurios colombianos: “Nos dimos cuenta de que este dinosaurio posiblemente se movía en un lodo fangoso a medida que caminaba, también que variaba de velocidad y de profundidad a lo largo del sustrato, e incluso en ocasiones, ¡alcanzó a triplicar su velocidad!”, señala con sorpresa la investigadora.

Posiblemente de tamaño mediano, este dinosaurio tenía unas patas en forma tridáctila (tres dedos) en las que el del medio era el más grande y formaba el eje principal de un pie que medía unos 18 centímetros de largo y unos 17 de ancho máximo. En algunas huellas también se identificó un borde afilado en el tercer dedo que para los expertos sugiere la presencia de una garra.

Las huellas representan el mismo dinosaurio (icnotaxón), aunque el número de individuos no se puede determinar con certeza

Pese a que la identidad de este dinosaurio caminante seguirá siendo desconocida debido a que los datos disponibles no son suficientes para atribuir sus huellas a un dinosaurio en específico, los científicos lograron determinar que le pertenecían a un dinosaurio bípedo (que se sostiene en dos patas para caminar) y además pudieron obtener pistas interesantes sobre cómo se movía.

“Las huellas sugieren que caminaba de manera digitígrada, lo que quiere decir que camina sobre sus dígitos, como los avestruces; por el contrario, los humanos somos plantígrados, es decir, ponemos todo el pie en el suelo cuando caminamos”, detalla Cortés.
Las marcas de Villa de Leyva incluso le sirvieron a los paleontólogos para calcular la velocidad promedio del dinosaurio. Un cálculo que se hace tomando en cuenta la longitud de la zancada y lo que se conoce como la regla de similitud dinámica (que se refiere a cómo los animales extintos y los existentes comparten propiedades mecánicas básicas).


Las huellas hacen parte de dos caminos ininterrumpidos con al menos nueve marcas bien conservadas y tres huellas aisladas y no tan bien preservadas



“Para esto primero calculamos la altura de la cadera, que se estimó en unos 84 cm, lo que está dentro del rango de tamaño de los terópodos de tamaño pequeño a mediano. Con base en esta medida y en la longitud de la zancada, estimamos una velocidad máxima de aproximadamente 11 kilómetros por hora, lo que representa poco más que una carrera lenta para un animal de este tamaño, y apenas una cuarta parte de la velocidad máxima alcanzada por Usain Bolt en su récord de 100 metros”, asegura Cortés.

La velocidad más lenta de este animal fue aproximadamente un tercio de su velocidad máxima. Esto significa que el dinosaurio de Villa de Leyva habría sido entre los caminantes más rápidos o los corredores más lentos en el extenso conjunto de datos de otros dinosaurios bípedos conocidos en el mundo. “Como referencia respecto a otros dinosaurios de su linaje, se estima que el Tyrannosaurus rex tenía una velocidad que oscila entre 36 y 50 kilómetros por hora, y el Velociraptor entre 50 y 55 kilómetros por hora, este último uno de los dinosaurios más rápidos conocidos hasta hoy”, señala la investigadora.

Las huellas sugieren que caminaba de manera digitígrada, lo que quiere decir que camina sobre sus dígitos, como los avestruces



Las primeras huellas

Un dato que llama mucho la atención en esta investigación es la posibilidad de que algunas de las huellas de dinosaurio que se han hallado en Colombia sean uno de los primeros reportes de este tipo de trazas fósiles descubiertas en Sudamérica y unas de las primeras registradas en todo el mundo. “Incluso, unas huellas de Oiba (Santander) pudieron haberse hallado mucho antes de que la palabra ‘Dinosaurio’ fuera acuñada hacia 1841 por el naturalista inglés Richard Owen”, indica la investigadora Cortés con emoción.

Y agrega: “De hecho, es posible que los fósiles de huellas de Sudamérica hayan sido descubiertos por primera vez por sus pueblos nativos mucho antes de que los naturalistas europeos emprendieran expediciones por todo el continente. Aunque la pista de las huellas de Oiba se ha perdido, es muy probable que haya muchas otras huellas en varias regiones de Colombia esperando ser encontradas, solo tenemos que buscarlas”.

De acuerdo con los investigadores, el descubrimiento de huellas de dinosaurios en Villa de Leyva amplía el registro de este tipo de icnofósiles (como se le denomina a este tipo de marcas) para el Cretácico Inferior (entre unos 100-145 millones de años) de Sudamérica y se suma a la corta lista de registros de dinosaurios en Colombia.

“Es la primera vez que encontramos huellas de dinosaurio terópodo (que se caracterizan por sus extremidades con tres dedos funcionales y sus huesos huecos) en la Formación Paja, y sugieren un escenario en el que dinosaurios de tamaño mediano caminaron a través de marismas intermareales húmedas –o pisos de lodo– con diferentes profundidades en el sustrato en lo que hoy es Villa de Leyva”, indica Cortés.

Es posible que, en este tipo de ecosistema intermareal, a medida que los dinosaurios caminaban a través de lodo más profundo, su velocidad a menudo se reducía a medida que sus pies se hundían más profundamente hasta alcanzar sus velocidades más lentas.
El dinosaurio primero hundía sus patas en el lodo, luego abría con completo sus dígitos para encontrar estabilidad, y finalmente retraía todo el pie hacia atrás hasta dar la siguiente zancada

“El dinosaurio primero hundía sus patas en el lodo, luego abría con completo sus dígitos para encontrar estabilidad, y finalmente retraía todo el pie hacia atrás hasta dar la siguiente zancada mientras se ajustaba a las distintas profundidades del lodo. En este proceso, el fango alrededor se reacomodaba, y por esto encontramos huellas con variadas formas. El dinosaurio incluso fue capaz de triplicar su velocidad en los lodos más profundos antes de llegar a lodos menos profundos”, relata la paleontóloga.


Cabe resaltar que, aunque se han encontrado otras huellas similares, las huellas de dinosaurio de Villa de Leyva son una de las pocas que muestran variaciones lentas de velocidad a través de lodo profundo en todo el mundo. “Aunque este es sin duda, un descubrimiento fascinante y muy divertido, aún nos falta muchísimo más por descubrir. Boyacá y otros departamentos deben tener en sus muchas rocas centenares de otras huellas y fósiles”, concluye Cortés.

Los pequeños guardianes de la paleontología

Un detalle particular de esta investigación es que contó con la participación de algunos de los paleontólogos más jóvenes del país. Fueron los integrantes del club de los Pequeños Guardianes de la Paleontología, niños y niñas entre los 5 y los 14 años, los encargados de recrear cómo pudo verse el enigmático dinosaurio que dejó sus huellas en el lodo de lo que hoy es Villa de Leyva.

Ilustración del club Pequeños Guardianes de la Paleontología.


“Cuando les contamos sobre este descubrimiento, estaban tan emocionados que les propusimos hacer la ilustración de las huellas para la publicación científica. A los tres minutos ya estaban decidiendo por iniciativa propia qué parte de la ilustración les gustaría hacer”, recuerda la investigadora Cortés sobre este grupo con el que el CIP busca promover la ciencia y la divulgación científica entre los más pequeños.

El grupo de jóvenes exploradores estuvo conformado por Federico Rodríguez Cadena, Daniel Fernando Lozada Camacho, Helena Ramírez Porras, Martina Rodríguez Peñuela,Jeronimo Hernández Vargas, Felipe Ariza Camargo, Juan Esteban Ramírez Cano, Joshua Bernal Farfan, y Christopher Alejandro Salgado Medina. Además, otra pequeña, llamada Vanesa Parra, también hizo parte de la toma de datos en campo en el 2008, cuando fueron descubiertas las huellas por primera vez

La publicación de este trabajo en la revista Facies, una revista científica colombiana, es una iniciativa para seguir apostando al crecimiento de revistas científicas nacionales. Facies fue fundada en 1990 por estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia, entre los que se encuentran algunos de los paleontólogos más importantes del país, como el doctor Carlos Jaramillo, y donde los expertos colombianos esperan publicar con más frecuencia.


Referencias:

Alejandra López. El dinosaurio, primo del 'T-rex', que dejó sus huellas en Villa de Leyva. Fuente: El Tiempo 07.11.2023. (https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/encuentran-huellas-de-dinosaurio-primo-del-t-rex-en-villa-de-leyva-822707?fbclid=IwAR2AI9ggHIJXbt2XYZyk9jG0vga1nwb2coJIHAHrkg3XdIGiLMTXiF5oTEM) [Última consulta 21.11.2023].



Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.





jueves, 14 de septiembre de 2023

El misterio de las huellas en el pozo La Calavera



Alejandro Corrales, estudiante de biología y geociencias, hizo el descubrimiento de una de las huellas de dinosaurio mejor preservadas de Colombia en el pozo La Calavera, en Santa María, Boyacá, en 2017. Estas huellas, pertenecientes a dinosaurios ornitópodos llamados iguanodóntidos, son las mejor conservadas del país y proporcionaron información sobre el tamaño y la dispersión de estos animales hace aproximadamente 130 millones de años. El proceso de investigación implicó un trabajo colaborativo con científicos y expertos internacionales, así como desafíos logísticos para acceder a las huellas en una pared natural vertical. Este hallazgo destaca la posibilidad de que Colombia albergara una rica diversidad de dinosaurios en áreas no inundadas durante el período Cretácico.

A continuación la noticia publicada por la Agencia UNAL:

"La historia del descubrimiento de las huellas de dinosaurio mejor preservadas en Boyacá (Colombia).

Un día, a mediados de 2017, Alejandro Corrales, en ese entonces estudiante de biología y geociencias, hizo un descubrimiento sorprendente en el pozo La Calavera, un lugar inmerso en bosque tupido y cantos de aves en el río Batá en Santa María, Boyacá. Alejandro observó en una pared natural seis marcas de formas muy curiosas que se convertirían en las huellas de dinosaurio mejor preservadas del país.

Esta historia transporta a finales de junio de 2017, cuando Alejandro visitó Santa María, un lugar fuera de lo común en Boyacá. Este destino es excepcional, no solo porque para llegar hay que pasar 14 túneles que atraviesan la Cordillera Oriental, sino por su exuberante biodiversidad, resultado de su posición en el piedemonte llanero, constantes lluvias y cálidas temperaturas.

Durante su estancia, un guía turístico local sugirió a Alejandro visitar el famoso pozo conocido como "La Calavera", reconocido por sus aguas turquesas y popular entre los jóvenes de la región. Es interesante destacar la estrecha relación existente entre los guías turísticos de Santa María y la comunidad científica, pues numerosas universidades del país eligen este lugar para llevar a cabo programas de biología y ecología, realizando prácticas y actividades científicas en la zona. Santa María es hogar de una extraordinaria biodiversidad y esta prolongada interacción entre científicos y habitantes locales ha convertido al lugar en un destino turístico con enfoque científico y de investigación.

Al llegar al pozo La Calavera, el guía señaló seis marcas en una pared, de aproximadamente 30 centímetros cada una, que se encontraban encima del pozo. Alejandro comenta: "Inicialmente, se especulaba en la región que podrían tratarse de restos de plantas prehistóricas debido a su ubicación en una pared completamente vertical". Sin embargo, Alejandro sospechó que eran huellas de dinosaurio, a pesar de estar en una pared. Decidió capturar algunas fotos y, al regresar a Bogotá, las mostró a su compañero de clase, William Carantón, quien al verlas, estuvo de acuerdo en que se asemejaban notablemente a huellas de dinosaurio.





Coincidentemente ese semestre, Alejandro y William cursaban un curso de paleontología con el profesor Leslie Francis Noe, reconocido paleontólogo inglés vinculado a la Universidad de los Andes. Decidieron mostrarle las fotografías, en busca de su experiencia en grandes criaturas del pasado. Al ver las imágenes, Leslie las reconoció de inmediato como huellas de dinosaurio. "Cuando vi las fotos por primera vez, quedé totalmente sorprendido", señala el profesor.

En consecuencia, planificaron un viaje de regreso a Santa María para obtener más fotografías y realizar mediciones precisas. El equipo de trabajo incluía a Leslie, Alejandro, William, el geólogo José Vicente Rodríguez y la paleontóloga Marcela Gómez-Pérez. El objetivo del equipo era recopilar evidencias que permitieran determinar el tipo de dinosaurio, su tamaño y hace cuánto tiempo había vivido en lo que hoy conocemos como Boyacá.
El acceso a las huellas resultó complicado, según comenta William: "Tuvimos que adquirir neumáticos de tractomula para utilizarlos como balsas y poder llegar a las huellas, ya que se encuentran rodeadas de aguas muy profundas y no hay puntos de apoyo". Leslie agregó: "No habíamos previsto que tendríamos que nadar para cruzar un río". Finalmente, lograron capturar fotografías detalladas y realizar numerosas mediciones precisas. Alejandro expresó: "Quedamos impresionados por el excelente estado de conservación de las huellas".

Con las fotografías y mediciones en mano, el equipo se embarcó en un arduo proceso científico que implicó análisis estadísticos y una exhaustiva revisión de la literatura especializada. Después de intensas discusiones, la revisión de numerosas imágenes de huellas de dinosaurios y la consulta a expertos internacionales, comenzaron a acercarse a la identidad del dinosaurio responsable de las misteriosas marcas. En un principio, se inclinaron por la posibilidad de que pertenecieran a un dinosaurio carnívoro, debido a la apariencia de garras puntiagudas. Sin embargo, a partir de múltiples análisis, llegaron a la conclusión de que las características de forma y tamaño se asemejaban más a las huellas dejadas por un dinosaurio herbívoro.

Para determinar con mayor certeza el tipo de dinosaurio responsable, realizaron un análisis comparativo con fósiles existentes de la misma época en Brasil, Argentina, América del Norte, Europa y África. Basándose en el tipo y la edad de las rocas, llegaron a la conclusión de que las huellas correspondían a un grupo de dinosaurios que vivieron hace aproximadamente 130 millones de años llamados iguanodóntidos, al cual pertenece el famoso Iguanodon (llamado así porque sus dientes se parecen a los de la iguana). Las huellas fueron denominadas Iguanodontipus o 'marcas de Iguanodon'.

Este descubrimiento resulta sumamente interesante, ya que constituye la primera evidencia de un dinosaurio ornitópodo de gran tamaño en Colombia y, según Leslie, son las huellas de dinosaurio mejor preservadas del país. Las huellas contenían información escondida que les permitió estimar el tamaño en unos ocho metros de longitud y aproximadamente dos toneladas y media de peso. Además, representa el primer hallazgo de esta especie en América del Sur, dado a que sus parientes solo se habían encontrado previamente en territorio europeo.

Una de las conclusiones de este estudio, publicado en un libro del Servicio Geológico Colombiano en 2020, es que la especie de dinosaurio encontrado en Santa María, se dispersó gradualmente desde una región llamada Laurasia del Sur, que corresponde a lo que hoy es Europa, hasta llegar a Gondwana, la masa de tierra donde se encuentra Boyacá en la actualidad.

Según el equipo de expertos, hay varias hipótesis sobre cómo este dinosaurio llegó a Boyacá, pero la vía más probable de dispersión comenzó en Europa. En aquel tiempo, Europa y África estaban separadas por un océano llamado Tethys, mientras que África y Sudamérica formaban un solo continente. Según la hipótesis planteada, el iguanodon cruzó el océano Tethys y, una vez en África, pudo avanzar hacia Sudamérica sin necesidad de atravesar el océano Atlántico, que aún se estaba formando en esa época.



¿Por qué huellas de dinosaurio en una pared natural vertical?

Al inicio del período Cretácico, la Cordillera de los Andes no existía en su forma actual. Colombia era en gran medida una extensa llanura, similar a una mesa de billar. Gran parte del norte del país se encontraba por debajo del nivel del mar. Sin embargo, debido al choque entre las placas tectónicas Suramericana y de Nazca, gradualmente comenzó a formarse la Cordillera de los Andes. A medida que las montañas se elevaban, se generaban nuevos pisos térmicos, ríos y se creaban barreras físicas como valles y montañas, que a su vez promovían la formación de nuevas especies al aislar poblaciones.
Este dinámico proceso geológico transformó el área donde se encuentran las huellas del iguanodon en Santa María. Lo que una vez fue un terreno plano, se convirtió en una pared natural vertical.

Es interesante observar cómo los constantes movimientos del suelo han contribuido a la diversidad del paisaje colombiano. Estos cambios geológicos han permitido que Colombia se convierta en uno de los lugares más biodiversos de la Tierra, ya que la formación de montañas y la fragmentación del territorio han fomentado la evolución y la aparición de nuevas especies en diferentes regiones del país.

¿Por qué hay tan pocos rastros de dinosaurios prehistóricos en Colombia?

En Colombia se han registrado oficialmente solo dos especies de dinosaurios de gran tamaño: el Padillasaurus leivaensis de Boyacá y el Perijasaurus lapaz de Cesar. A diferencia de países como Estados Unidos y Argentina, donde se descubren constantemente fósiles de diversas especies de dinosaurios, Colombia se queda rezagada con solo dos especies conocidas (y otras más que aún no han sido formalmente descritas, incluyendo el iguanodóntido). Esta disparidad podría atribuirse al hecho de que durante el período Cretácico, gran parte del territorio colombiano se encontraba sumergido bajo el mar. Esto explica por qué se encuentra una abundancia de fósiles de reptiles marinos en lugares como Villa de Leyva, mientras que los hallazgos de dinosaurios terrestres son escasos.

Sin embargo, el descubrimiento de un Iguanodontipus en Boyacá resalta la posibilidad de que Colombia albergara en el pasado una rica diversidad de dinosaurios en las áreas que no estaban inundadas, similar a la riqueza actual de aves en el país. Las aves son consideradas descendientes directos de esos dinosaurios del pasado, lo que significa que las aves, desde el colibrí hasta el avestruz, son en realidad dinosaurios.

Dinosaurios en Bogotá

El proceso de comprender nuestro mundo a través de la ciencia requiere un amplio conocimiento y precisión, pero también una gran dosis de imaginación. Es fundamental que todas las personas, especialmente niñas, niños y jóvenes, conozcan la fascinante interacción entre el pasado geológico y climático, y la biodiversidad actual.

Con este propósito, la Universidad de los Andes, en colaboración con el Museo de Historia Natural de Nueva York, prepararon una exposición que sumergió en el mundo de los dinosaurios y grandes criaturas que alguna vez deambularon por Colombia, desde el período cretácico hasta nuestros días.

La exposición ofreció una visión científica y artística de los diversos ecosistemas en los que vivieron estos fascinantes seres. Se contó con esculturas de tamaño real que representan una amplia gama de especies, desde el icónico iguanodonte de Santa María hasta el megaterio del pleistoceno".



Referencias:

El misterio de las huellas en el pozo La Calavera. Fuente: Universidad de los Andes 14.09.2023. (Ihttps://uniandes.edu.co/es/noticias/comunidad/el-misterio-de-las-huellas-en-el-pozo-la-calavera?fbclid=IwAR1PRwqU8X_plytNT-cHds3MiBzZS90hdB1sUAg7gqvEJeEUJqDV51begp8) [Última consulta 21.11.2023].




Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.




sábado, 17 de diciembre de 2022

“Perijasaurus lapaz”: así fue el descubrimiento del segundo dinosaurio hallado en Colombia


En la década de 1940, un geólogo de la Tropical Oil Company en Colombia encontró una vértebra de dinosaurio saurópodo cerca de Manaure. Este fósil, llevado a la Universidad de California Berkeley en 1955, fue recientemente estudiado por el paleontólogo Jeffrey Wilson Mantilla y su equipo. En 2018, identificaron el hueso como parte de una nueva especie de saurópodo, llamada 'Perijasaurus lapaz', que vivió hace 175 millones de años. El nombre hace referencia a la región del descubrimiento y a los acuerdos de paz de 2016 que permitieron la investigación en territorios previamente controlados por las FARC. Este hallazgo es significativo dada la escasez de evidencia de saurópodos en el norte de América y destaca la importancia de las condiciones climáticas desafiantes para la conservación de fósiles en la región.


A continuación la noticia publicada por Radio Nacional de Colombia:



"Harold Jiménez Velandia, estudiante de la Maestría en Ciencias de la Tierra de la U. de Caldas, hizo parte del grupo de investigadores que descubrieron a ‘Perijasaurus lapaz’.




A principios de 1940, cuando el mundo aún atravesaba por la Segunda Guerra Mundial, un geólogo de la Tropical Oil Company, una petrolera de Estados Unidos que había llegado a Colombia años antes, hizo un hallazgo extraño.


Mientras realizaba unos trabajos cerca de la carretera que unía a Manaure y La Paz, en lo que hoy es el departamento del Cesar, encontró un hueso que no encajaba muy bien entre lo que había visto antes. Era tan grande como la mitad de su torso y, aunque estaban muy cerca de la Serranía del Perijá, no parecía ser de ningún animal de la zona.

Para despejar las dudas prefirió llevarlo a la Universidad de California Berkeley (EE.UU.), donde lo describieron en 1955 y lo guardaron en un mueble con una etiqueta que sugería que la pieza pertenecía a un dinosaurio saurópodo, que significa patas de reptil, y que forman un extenso grupo de dinosaurios que incluía algunos de los animales más grandes que hayan existido en el mundo.

Fue solo hasta 2018 cuando el paleontólogo Jeffrey Wilson Mantilla logró la financiación de una beca Fulbright para estudiar el fósil con Aldo Rincón Burbano, profesor del Departamento de Física y Geociencias de la Universidad del Norte, en Barranquilla, y los demás científicos. Los investigadores limpiaron el hueso, le quitaron el yeso y el pegamento que le habían puesto décadas atrás y descubrieron partes de la vértebra que en principio no se parecían a ninguna otra especie.

“Pudimos visualizar mejor las delicadas láminas óseas que interconectan la columna vertebral, las articulaciones intervertebrales, las articulaciones de las costillas”, explica Mantilla en un comunicado de prensa de la Universidad del Norte.

Cuota caldense

Harold Jiménez Velandia, estudiante de la Maestría en Ciencias de la Tierra de la Universidad de Caldas, también hizo parte del grupo de investigadores que descubrieron a ‘Perijasaurus lapaz’, la segunda especie de dinosaurios que se reporta para Colombia, el primero fue ‘Padillasaurus leivaensis’, identificado en el 2015.

De acuerdo con el experto, este hallazgo se trata de una nueva especie de saurópodos, un dinosaurio de cuello largo, donde habitó este animal hace 175 millones de años. Según los investigadores, el individuo era saurópodo, una especie de dinosaurio herbívoro que no masticaba la comida, de muchas crías y pulmones como los de los pájaros actuales.

“Lo que hicimos fue una superposición con ese mapa y otro actual para ir a la localidad donde fue encontrada la vértebra. Ahí se levantó una columna estratigráfica con el fin de identificar la capa de dónde provenía la vértebra”, cuenta.

El investigador explicó que dentro del fósil todavía se conservaba sedimento y que eso les ayudó a encontrar la capa donde estaba originalmente la vertebra. “Allí encontramos restos de hojas y troncos fosilizados, lo que concuerda con un ambiente de alto potencial de preservación, es decir, donde se pueden encontrar muchos fósiles”.

Gracias a estos hallazgos, la reciente investigación fue determinante para establecer la nueva especie, que se dio por los recientes avances en tecnología 3D, además de investigaciones relacionadas con saurópodos de Suramérica que permitieron establecer características del dinosaurio colombiano.

Dinosaurio de la paz

Los investigadores puntualizaron que el nombre de este fósil denominado ‘Perijá’, en honor a la zona donde encontraron los fósiles, y ‘lapaz’, en alusión a los acuerdos de paz de 2016 que permitieron que los científicos pudieran acceder a territorios que en el pasado eran controlados por la guerrilla de las Farc.

De acuerdo con los documentos revelados, este dinosaurio vivió en un área boscosa ribereña de pocas pendientes. El grupo coincide en que no todos los días se descubre para la ciencia una nueva especie de dinosaurio, y menos en Colombia. Las intensas temperaturas y las lluvias constantes de la región han hecho que la conservación de los fósiles en buen estado sea muy difícil. De hecho, en 1943, cuando fue descubierta la gran vértebra, esta era la evidencia de un saurópodo encontrada más al norte de América, la única por fuera de la Patagonia, Argentina. Hoy en día, casi 80 años después, lo sigue siendo.




Referencias:

Vanesa Sánchez. “Perijasaurus lapaz”: así fue el descubrimiento del segundo dinosaurio hallado en Colombia.Fuente: Radio Nacional de Colombia 17.12.2022. (https://www.radionacional.co/actualidad/ciencia/dinosaurios-perijasaurus-lapaz-el-segundo-hallado-en-colombia?fbclid=IwAR0HLHvcYfGLz-JNFNnVixDEalUOf3S4dQ-7lEklQgGeLGVtJN7SM9HlW14) [Última consulta 22.11.2023].




Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.








jueves, 11 de agosto de 2022

Nuevo dinosaurio de cuello largo ayuda a reescribir la historia evolutiva de los saurópodos en América del Sur



Un dinosaurio de tamaño mediano vivió en la Serranía del Perijá en el norte de Colombia hace aproximadamente 175 millones de años, según un nuevo estudio de un equipo internacional de investigadores publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology.

La nueva especie es un dinosaurio herbívoro de cuello largo, cuya existencia ha sido corroborada por una sola vértebra que mide aproximadamente medio metro de alto y ancho y que tiene un patrón distintivo de puntales óseos.

La nueva especie de dinosaurio ha sido denominada Perijasaurus lapaz, en reconocimiento a la región montañosa donde fue encontrada y a los acuerdos de paz firmados en 2016 que permitió a los científicos continuar con su investigación décadas después de que se encontraran los restos fósiles en 1943.

Perijasaurus es el saurópodo que se ha encontrado más al norte en América del Sur y los científicos piensan que representa una fase temprana en la evolución de estos dinosaurios en Sudamérica.

“Este nuevo género y especie en el paleotrópico nos permite entender un poco más sobre el origen de los saurópodos en el Jurásico, así como también cómo prepararon el escenario para los posteriores saurópodos del Cretácico”, dijo Aldo Rincón Burbano, profesor de la del Departamento de Física y Geociencias de la Universidad del Norte y autor principal del estudio.

El fósil fue descubierto por primera vez en 1943 durante una campaña de mapeo geológico de la Tropical Oil Company. El espécimen fue llevado a las colecciones de la Universidad de California Berkeley y fue descrito preliminarmente en 1955.

Jeff Wilson Mantilla, curador de paleontología y profesor de la Universidad de Michigan, examinó el espécimen como estudiante de posgrado en 1997 y luego desarrolló un proyecto respaldado por la Fundación Fulbright para estudiar la evolución de los saurópodos en Colombia.

Como parte de ese proyecto, el espécimen fue prestado a la U-M, donde el jefe de preparación William Sanders eliminó los pegamentos y el yeso, lo que aumentó en gran medida la visibilidad de los detalles anatómicos y redujo el peso total de la muestra.

“Después de volver a preparar el fósil, pudimos visualizar mejor las delicadas láminas óseas que interconectan las partes salientes de la vértebra: la espina neural, las articulaciones intervertebrales, las articulaciones de las costillas. La arquitectura de esas conexiones proporciona información morfológica crítica que identifica a ese individuo como una nueva especie y lo ubica dentro del árbol genealógico de los saurópodos”, dijo Wilson Mantilla.

Un modelo 3D del espécimen está alojado en el Repositorio en línea de fósiles de la Universidad de Michigan (UMORF).

Vista panorámica de la Serranía del Perijá en Colombia, donde una vértebra —encontrada en 1943— recientemente permitió a científicos internacionales identificar una nueva especie de saurópodos, el Perijasaurus lapaz. Crédito de la foto: Jeff Wilson Mantilla, Universidad de Michigan.


De la paz, un descubrimiento

Un conflicto armado desde 1964 entre las fuerzas del gobierno y las la guerrilla de las FARC y otros grupos paramilitares hicieron insegura la realización de investigaciones en la Serranía del Perijá, cerca de la frontera entre Colombia y Venezuela, hasta los acuerdos de paz de 2016.

Desde entonces, el equipo de investigación ha estado trabajando para determinar con mayor precisión dónde fue encontrado el fósil. Una imagen de satélite de la región se superpuso a un mapa dibujado a mano en 1955 que muestra la ubicación del fósil.

Otra pista fue el sedimento extraído de la propia vértebra durante el proceso de preparación que permitió al equipo determinar la capa específica de la que se extrajo el hueso. El trabajo de campo en el sitio y localidades vecinas ayudó a reconstruir el paleoambiente que habitaba el dinosaurio.

“Perijasaurus vivía en un ambiente de pendientes bajas asociado a un río y una zona boscosa. Encontramos arena fina y restos de hojas en el sedimento depositado en el área donde originalmente se encontró la vértebra, y es consistente con el sedimento dentro del arco neural de la vértebra, que solo se conservan cerca de una llanura aluvial, es decir, cerca de las laderas de un río, una zona boscosa”, dijo Daniel Raad, entonces estudiante de geología en la Universidad del Norte.

La mayoría de los descubrimientos de dinosaurios en América del Sur provienen de rocas del Período Cretácico ubicadas en Argentina y Brasil.

La presencia de dinosaurios en el norte de América del Sur es mucho más rara, particularmente durante los períodos Jurásico y Triásico, durante la radiación inicial de los dinosaurios, cuando las masas terrestres aún estaban sustancialmente interconectadas.

“Si bien el Perijasaurus está representado por una sola vértebra, esa región del esqueleto es la que brinda más información en los saurópodos, debido a una serie de láminas y otras estructuras”, dijo Martín Ezcurra, paleontólogo e investigador asociado del CONICET (Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina) y curador jefe de paleovertebrados en el Museo Argentino de Ciencias Naturales.

Los investigadores pudieron determinar las relaciones evolutivas de Perijasaurus a través de un análisis computacional centrado en los saurópodos del Jurásico temprano y medio.“Perijasaurus es parte de la radiación temprana de saurópodos, que incluye especies del sur de Sudamérica, África, Asia y Europa”, dijo Harold Jiménez Velandia, geólogo de la Universidad de Caldas.

Aldo Rincón Burbano, profesor de física y geociencias de la Universidad del Norte en Colombia recolecta muestras en la Serranía del Perijá en Colombia. Crédito de la foto: Jeff Wilson Mantilla, Universidad de Michigan.


“Lo que vemos en el Jurásico Inferior, tanto en latitudes altas como en las zonas más tropicales, es que las especies de saurópodos estaban interconectadas evolutivamente y geográficamente, algo que también se había visto con otros grupos de dinosaurios carnívoros y herbívoros”, dijo Ezcurra.

La presencia de Perijasaurus en los paleotrópicos de América del Sur, junto con su estrecha relación filogenética con especies geográficamente extendidas que habitaban latitudes bajas, sugiere que los saurópodos se diversificaron y dispersaron con bastante rapidez tras un gran evento anóxico a finales del Jurásico Inferior, cuando porciones de los océanos se quedaron sin oxígeno en grandes áreas geográficas.

Los saurópodos son los animales más grandes que han caminado sobre la tierra, algunos alcanzan longitudes estimadas de 49 metros y pesos de hasta 57 toneladas métricas. Su capacidad para soportar su peso y mover sus cuerpos de manera eficiente proviene de una serie de adaptaciones para reducir el peso y aumentar el soporte óseo.

Un sello anatómico de los saurópodos avanzados como Apatosaurus y Camarasaurus es la neumatización de la vértebras y costillas.

Esencialmente, las extensiones del sistema de sacos de aire de los pulmones se extienden hacia la columna vertebral y en realidad eliminan el hueso interno, aligerando efectivamente el esqueleto.

“Antes del Jurásico tardío, los saurópodos habían desarrollado vértebras altamente neumáticas plagadas de espacios de aire que eliminaban entre la mitad y las tres cuartas partes del peso del hueso. Perijasaurus representa un antecedente evolutivo en el que las invasiones neumáticas son mucho más simples y limitadas en extensión, eliminando menos de una cuarta parte del volumen óseo”, dijo Wilson Mantilla, quien aseguró que el equipo continuará enfocándose en las regiones de Colombia que tienen exposiciones de sedimentos jurásicos.

“Colombia se perfila como un país con gran potencial para contribuir a la paleontología del continente y del mundo”, dijo.

El Perijasaurus es almacenado permanentemente en el Museo de Paleontología de la Universidad de California en Berkeley, California. Réplicas de la vértebra están alojados en la Universidad de Michigan, la Universidad del Norte, y el Servicio Geológico de Colombia. La investigación fue financiada por la Fundación Fulbright, la Universidad del Norte, el Fondo Sam Welles y CONICET.

 

Referencias:

Ann Arbor (Adaptado del original por José Luis Rodríguez de la Universidad del Norte). Nuevo dinosaurio de cuello largo ayuda a reescribir la historia evolutiva de los saurópodos en América del Sur. Universidad de Michigan 10.08.2022. (https://espanol.umich.edu/noticias/2022/08/10/nuevo-dinosaurio-de-cuello-largo-ayuda-a-reescribir-la-historia-evolutiva-de-los-sauropodos-en-america-del-sur/?fbclid=IwAR0ZaFBkhAUDcGpGQhAQjjlFBTQ6ig0YnGlySiHRmQ-i6BEpMVArrhmbqHI)  [Última consulta 01.11.2022].

 

Para más información por favor consulte: Rincón, A. F., Raad Pájaro, D. A., Jiménez Velandia, H. F., Ezcurra, M. D., & Wilson Mantilla, J. A. (2022). A sauropod from the Lower Jurassic La Quinta formation (Dept. Cesar, Colombia) and the initial diversification of eusauropods at low latitudes. Journal of Vertebrate Paleontology, e2077112. https://doi.org/10.1080/02724634.2021.2077112            

           

Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.






sábado, 1 de septiembre de 2018

Presencia de Dinosaurios en el Jurásico de Colombia



En el XVI Congreso Colombiano de Geología celebrado en la ciudad de Santa Marta el pasado año, el Dr. Mario Moreno Sánchez, geólogo de la Universidad de Caldas, junto a otros investigadores, reportaron el hallazgo de posibles restos de dinosaurios en cercanías del municipio de Aipe en el departamento del Huila.

Vértebra de posible dinosaurio hallada en rocas jurásicas de la Formación Saldaña. Fotografía cortesía Mario Moreno Sánchez.

El reconocimiento de la zona permitió recuperar restos parciales de vértebras y fragmentos óseos de lo que parecen ser posibles dinosaurios. Los restos se hallaron en capas rojas de la Formación Saldaña de edad jurásica; desafortunadamente los fósiles son pequeños fragmentos con tamaños que no sobrepasan los 2 cm., lo que no permite una descripción más detallada de las especies a las que pertenecieron.

Fragmento óseo de posible dinosaurio hallado en rocas jurásicas de la Formación Saldaña. Fotografía cortesía Mario Moreno Sánchez.

Los restos fósiles corresponden a huesos largos (un posible fémur), y tres vertebras pequeñas aún unidas en la matriz rocosa, las vértebras se encontraron dentro de un nódulo calcáreo, mientras los otros huesos se hallaron dispersos en un área de no más de 1 m². Los huesos estaban separados entre sí y podrían corresponder a distintos animales, que por su tamaño, podrían pertenecer a ejemplares juveniles o a restos de una nidada.

Los niveles donde se hallaron los fósiles corresponden a lodolitas tobáceas rojas ubicadas en inmediaciones del municipio huilense de Aipe.

Vértebras de posible dinosaurio halladas en rocas jurásicas de la Formación Saldaña. Fotografía cortesía Mario Moreno Sánchez.

Las facies(*) asociadas a los restos, indican que los mismos se preservaron en una llanura de inundación y en un ambiente dominantemente seco. Las tobas indican caída persistente de ceniza volcánica sobre los depósitos fluviales.

(*) Conjunto de rocas sedimentarias o metamórficas con características determinadas que ayudan a reconocer los ambientes sedimentarios o metamórficos en los que se formó la roca

El dinosaurio terópodo Tachiraptor admirabilis, del Jurásico inferior de Venezuela, ataca al dinosaurio ornitópodo herbívoro Laquintasaura venezuelae. Créditos © Maurilio Oliveira

El Jurásico de Colombia es un periodo geológico poco estudiado en comparación con otros periodos como el Cretácico o el Cenozoico, por lo que nuestro conocimiento sobre los reptiles jurásicos en Colombia es prácticamente desconocido a excepción de algunos estudios como los de Langston y Durham que en 1955 describieron una vértebra de un dinosaurio saurópodo hallada en afloramientos rocosos de la Formación La Quinta de edad Jurásica en el municipio de La Paz, departamento del Cesar y que fue recolectada para la UCMP por Durham J.W. y Colley, B.B. en 1943 cuando la petrolera Tropical Oil Company realizaba excavaciones en la zona. Debemos mencionar en este punto que también en la formación la Quinta, pero en el lado venezolano, se han descrito dos nuevas especies de dinosaurios del Jurásico inferior; el ornitisquio Laquintasaura venezuelae de solo un  metro de largo y solo 25 cm altura y el pequeño terópodo Tachiraptor admirabilis de 1,5 m de longitud.

Por lo tanto, este sería el segundo hallazgo de dinosaurios en rocas de edad Jurásica en Colombia después del reportado por Langston y Durham.

Reconstrucción de Padillasaurus leivaensis indicando la posición de las vértebras que permitieron su descripción y su comparación en tamaño con el de una persona adulta.


Otros descubrimientos de dinosaurios en Colombia corresponden al primer dinosaurio descrito para nuestro país, el saurópodo Padillasaurus leivaensis del Cretácico inferior (Barremiense) de Villa de Leyva. De la misma región provienen las dos cabezas femorales halladas en la loma La Carolina en el año 2005 y que presumiblemente pertenecen a un dinosaurio saurópodo del Cretácico inferior.


Vista lateral izquierda de la secuencia articulada de las dos vértebras sacras posteriores (S4 y S5) y las primeras ocho vértebras caudales (C1-C8). Tomado de Carballido J., Pol D., Parra Mary L., Etayo-Serna F., Páramo M. Padilla S. (2015). A new Early Cretaceous brachiosaurid (Dinosauria, Neosauropoda) from northwestern Gondwana (Villa de Leiva, Colombia), Journal of Vertebrate Paleontology, 35 Página 4.

Cabezas femorales halladas en Villa de Leyva en el año 2005 y que presumiblemente pertenecen a un dinosaurio saurópodo sin identificar del Cretácico inferior. 

En la localidad de Ortega, Tolima se reportó el hallazgo de dientes de terópodos en afloramientos del Cretácico superior que se identificaron como pertenecientes a Abelisáuridos y Dromeosáuridos (encontrados también en el sur y centro de Suramérica, Madagascar, el norte de África y la India);  otro diente de terópodo fue reportado en rocas del Cretácico inferior de la Formación Moine, Cretácico Inferior de la Alta Guajira y también se han reportado dientes de terópodos cretácicos en capas de la Formación Guaduala (parte central de la Cordillera Oriental).

Diferentes ángulos de los dos dientes provenientes del Cretácico superior de la localidad Ortega (Tolima) identificados como Abelisáuridos. Modificado de Ezcurra Martín D. “Theropod remains from the uppermost Cretaceous of Colombia and their implications for the palaeozoogeography of western Gondwana”. Cretaceous Research; Volume 30, Issue 5, October 2009)

Diente de 4 cm de longitud de un posible terópodo del Cretácico inferior de la Formación Moina, alta Guajira. Fotografía cortesía Mario Moreno-Sánchez.

Además, numerosas huellas provenientes de la Formación Arcabuco (Jurásico superior - Cretácico inferior), cerca de Chiquiza, Boyacá, nos indican que terópodos, saurópodos y ornitópodos caminaron por esas antiguas tierras en lo que seguramente era la orilla del canal de un antiguo río.



Recreación del paisaje para el techo de la Formación Arcabuco; en la escena se representa el paso de un terópodo que deja un rastro de pisadas sobre arenas con rizaduras a la orilla de un curso fluvial (reconstrucción: Mario Moreno S.) Modificada de Moreno Sánchez M., Gómez Cruz A., Gómez Tapias J. “Reporte de huellas de dinosaurios en el santuario de fauna y flora de Iguaque, en cercanías de Chíquiza (Boyacá, Colombia)”. Boletín de geología Vol. 33 Nº2, 2011

Icnita de dinosaurio ornitópodo hallada en cercanías de Chíquiza (Boyacá). Modificada de Moreno Sánchez M., Gómez Cruz A., Gómez Tapias J. “Reporte de huellas de dinosaurios en el santuario de fauna y flora de Iguaque, en cercanías de Chíquiza (Boyacá, Colombia)”. Boletín de geología Vol. 33 Nº2, julio – diciembre de 2011.

Icnita tridáctila de terópodo proveniente de la formación Alpujarra (Cretácico Superior del Valle Superior del Magdalena). Fotografía cortesía Mario Moreno Sánchez.


Afortunadamente el interés por la Paleontología en Colombia ha ido creciendo en los últimos años lo que ha significado que se realicen más estudios y se descubran nuevos yacimientos. Las nuevas investigaciones poco a poco van arrojando resultados y más descubrimientos están por venir. Permanecer atentos al Blog y las redes sociales para mantenerse informados

Referencias;

Barrett, Paul M.; Butler, Richard J.; Mundil, Roland; Scheyer, Torsten M.; Irmis, Randall B.; Sánchez-Villagra, Marcelo R. (6 de agosto de 2014). «A palaeoequatorial ornithischian and new constraints on early dinosaur diversification». Proceedings of the Royal Society B (Royal Society) 281 (1791): 1-7

Buffetaut, E. (2000). "A forgotten episode in the history of dinosaur: Carl Degenhardt´s report on the first discovery of fossil footprints in South America (Colombia, 1839)." Société géologique de France 171(1): 137-140.

Carballido J., Pol D., Parra Mary L., Etayo-Serna F., Páramo M. Padilla S. (2015). A new Early Cretaceous brachiosaurid (Dinosauria, Neosauropoda) from northwestern Gondwana (Villa de Leiva, Colombia), Journal of Vertebrate Paleontology, 35(5).

Ezcurra Martín D. “Theropod remains from the uppermost Cretaceous of Colombia and their implications for the palaeozoogeography of western Gondwana”. Cretaceous Research; Volume 30, Issue 5, October 2009, Pages 1339–1344

Langer Max C., Rincón Ascanio D., Jahandar Ramezani, Andrés Solórzano and Oliver W. M. Rauhut (2014). «New dinosaur (Theropoda, stem-Averostra) from the earliest Jurassic of the La Quinta formation, Venezuelan Andes». Royal Society Open Science 1

Langston, W. J. (1953). "Cretaceous terrestrial vertebrates from Colombia, South America." Bulletin of the Geological Society of America 64(12): 1519.

Langston, W. J. and W. J. Durham (1955). "A sauropod dinosaur from Colombia." Journal of Paleontology 29(6): 1047-1051.

Lemus-Restrepo, A., Moreno-Sánchez, M., Gómez-Cruz A. de J. (2017). Restos de posibles dinosaurios Jurásicos en el norte del departamento del Huila. XVI Congreso Colombiano de Geología. P. 411-413

Mojica, J. and C. Macía (1988). "Nota preliminar sobre la ocurrencia de improntas de vertebrados (Batrachopus sp.) en sedimentitas de la formación Saldaña, región de Prado-Dolores, valle superior del Magdalena, Colombia." Geología colombiana 16: 89-94.

Moreno -Sánchez, M., C. A. Gómez, et al. (2011). "Reporte de huellas de dinosaurios en el santuario de fauna y flora de Iguaque, en cercanías de Chíquiza (Boyacá, Colombia)." Boletín de Geología UIS 33(2): 107-118.

Olsen P. and Padian K., (1986). The Beginning of the Age of Dinosaurs, Faunal Change Across the Triassic-Jurassic Boundary. Cambridge University Press, New York, p. 259-273.



Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.









Reciente descubrimiento de un cráneo muy completo del gavial Gryposuchus colombianus en La Tatacoa ⚒

En el desierto de La Tatacoa, Huila, se descubrió el cráneo casi completo y parte del postcráneo de un gavial, un cocodrilo de hocico alarga...