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miércoles, 29 de enero de 2025

Reciente descubrimiento de un cráneo muy completo del gavial Gryposuchus colombianus en La Tatacoa ⚒


En el desierto de La Tatacoa, Huila, se descubrió el cráneo casi completo y parte del postcráneo de un gavial, un cocodrilo de hocico alargado que habitó la región hace más de 13 millones de años. Este hallazgo, liderado por el Museo de Historia Natural de La Tatacoa y su director Andrés Felipe Vanegas, confirma que la zona tuvo un ecosistema exuberante similar a la Amazonía actual. Aunque no es el primer fósil de gavial encontrado en la región, sí es el más grande registrado en Colombia. El fósil está en proceso de estudio y podría aportar información clave sobre la evolución de estos reptiles y el ambiente del pasado.

A continuación la noticia publicada por el periódico La Nación:


Nuevo hallazgo paleontológico pone a La Tatacoa en el mapa mundial



En el desierto de La Tatacoa, ubicado en el municipio de Villavieja, Huila, se ha realizado un hallazgo paleontológico que podría reescribir una parte importante de la historia de la vida en el continente suramericano. Se trata del cráneo de un gavial, una especie de cocodrilo que habitó la tierra hace más de 13 millones de años. Andrés Felipe Vanegas, director del Museo de Historia Natural de La Tatacoa, compartió con LA NACIÓN los detalles sobre este importante hallazgo. Esta es la historia.

El hallazgo de un fósil de una especie que habitó el desierto de La Tatacoa hace 13 millones de años ha vuelto a colocar en el panorama mundial a los hermanos Andrés Felipe y Rubén Vanegas. Desde niños, lo que para ellos era su zona de juegos se convirtió en un verdadero tesoro paleontológico, llevándolos a fundar el Museo de Historia Natural de La Tatacoa en La Victoria, una vereda ubicada a 17 kilómetros del casco urbano del municipio de Villavieja, en el norte del departamento del Huila.

Andrés Felipe Vanegas, director del museo y creador de la Fundación Vigías del Patrimonio Paleontológico de La Tatacoa, lidera un grupo de jóvenes de la región que, desde su infancia, trabajan por la protección, conservación y divulgación de los fósiles encontrados en esta zona de Colombia.

Sobre los nuevos descubrimientos, que incluyen este importante fósil, Andrés Felipe comentó: “Este evento ha sido liderado por el Museo de Historia Natural de La Tatacoa, una institución creada a partir del sueño y el esfuerzo de la comunidad local, guiada por la pasión que nos acompaña desde niños”.

Aunque no cuenta con un título de paleontólogo, Andrés Felipe se considera un experto empírico en la materia. “He trabajado en esta zona prácticamente toda mi vida”, afirmó. Su dedicación incansable ha sido clave para conservar y divulgar los secretos que este enigmático desierto guarda bajo sus arenas.


Foto comparativa del tamaño del fósil con el cuerpo de su descubridor/ Foto: Suministrada.


 
Un descubrimiento que desafía la imaginación

Antes de referirse al reciente hallazgo, el director del Museo de Historia Natural de La Tatacoa destacó que este desierto es reconocido a nivel mundial por los numerosos yacimientos fósiles descubiertos a lo largo de más de cien años.

“Lo que hemos descubierto confirma que el desierto era un lugar totalmente diferente a lo que vemos hoy en día. Nos imaginamos un paisaje muy similar al que existe actualmente entre la Amazonía y la Orinoquía colombianas, con ríos, lagos, selvas y pantanos donde habitaban numerosas especies”, señaló.

El reciente descubrimiento consiste en el cráneo casi completo y parte del postcráneo de un gavial, un cocodrilo caracterizado por su hocico estrecho y alargado, especialmente adaptado para cazar peces y otras presas pequeñas. “Lo especial de este hallazgo es que estos reptiles aún existen, aunque su presencia está muy restringida a regiones de Asia, como el río Ganges en la India”, explicó el director.

Sin embargo, en Suramérica y en Colombia, estas especies desaparecieron hace millones de años. “Habitaron esta región hace más de 13 millones de años, cuando lo que hoy conocemos como el árido desierto de La Tatacoa era un ecosistema exuberante compuesto por ríos, lagos, pantanos y selvas, muy similar al paisaje actual de la Amazonía y la Orinoquía”, añadió.

El director destacó que este hallazgo es uno de los más importantes en la historia del desierto, ya que se trata del gavial más grande encontrado en Colombia. La pieza, que se encuentra en proceso de preparación y estudio en el laboratorio del museo, considerado uno de los más completos del país, podría aportar información crucial sobre la evolución de estos reptiles y las condiciones ecológicas del pasado.

Aunque no es el primer gavial descubierto en La Tatacoa, sí es el más grande hasta ahora. “Encontramos su cráneo completo y parte de su postcráneo, lo que nos permitirá obtener información valiosa. El fósil ya está en el Museo de Historia Natural de La Tatacoa, donde será estudiado y preparado en nuestro laboratorio”, concluyó el director.


El fósil fue trasladado al Laboratorio del Museo para su preparación. / Foto: Suministrada.



De un juego de infancia a un legado científico

El fundador del museo recordó con nostalgia sus primeros pasos en la paleontología, cuando, a los 11 años de edad, descubrió lo que en ese entonces pensaba que eran simples piedras durante una salida escolar al área de “Cusco”, un sitio turístico de La Tatacoa. “Con el tiempo aprendí que eran fósiles, y desde entonces no he dejado de buscar, estudiar y proteger este patrimonio”, afirmó.

Este amor por los fósiles lo compartió con su hermano y con otros niños de la comunidad. Juntos comenzaron a soñar con la creación de un museo que preservara y divulgara la riqueza paleontológica de la región.

Hoy, ese sueño es una realidad. El Museo de Historia Natural de La Tatacoa alberga entre 4.000 y 6.000 especímenes fósiles de una diversidad impresionante de especies, lo que lo posiciona como una de las colecciones paleontológicas más importantes de Colombia.

Este proyecto ha sido posible gracias al apoyo de universidades como Los Andes, El Rosario y la Surcolombiana, además de instituciones internacionales como el Instituto Smithsonian de Panamá.

Desafíos para un futuro sostenible

Aprovechando el interés generado por el reciente hallazgo, LA NACIÓN consultó al director del Museo de Historia Natural de La Tatacoa, Andrés Vanegas, sobre el estado actual del museo y sus proyecciones a futuro.

A pesar de su importancia, el museo enfrenta grandes desafíos para consolidarse como un centro autosostenible. Uno de los principales obstáculos es la infraestructura vial de acceso. “Actualmente, las carreteras hacia La Victoria, donde se encuentra el museo, son destapadas y carecen de puentes adecuados. Esto dificulta la llegada de visitantes, especialmente durante las temporadas de lluvia”, explicó Andrés Vanegas. Esta situación afecta de manera significativa la economía local, que en los últimos años ha comenzado a depender del turismo.

“El pasado enero de 2024 recibimos alrededor de 1.000 visitantes, pero este mes apenas hemos alcanzado entre 400 y 500. Necesitamos soluciones urgentes para garantizar el crecimiento del turismo y permitir que el museo pueda continuar con su labor investigativa y educativa”, enfatizó el director.

A pesar de estas dificultades, la comunidad ha comenzado a diversificar sus actividades económicas mediante la creación de posadas, restaurantes y otros servicios turísticos, buscando aprovechar el potencial que ofrece la creciente visibilidad del museo y el desierto de La Tatacoa.


Fachada del Museo de historia de la Tatacoa en la Victoria, Villavieja. / Foto: Suministrada.



Un legado para las futuras generaciones

El museo ha impulsado la creación de un grupo de vigías del patrimonio, conformado por niños, adolescentes y jóvenes de la región, quienes se están preparando para convertirse en el relevo generacional en la conservación y estudio del patrimonio paleontológico. “Queremos que estos niños y jóvenes sean los futuros paleontólogos de Colombia. Estamos buscando alianzas con universidades nacionales e internacionales para que puedan continuar sus estudios y especializarse en esta área”, afirmó el director del museo.

Proyección nacional e internacional

El museo tiene como objetivo transformarse en un Centro de Ciencias que no solo se enfoque en la paleontología, sino que también abarque otras disciplinas científicas. Además, se está trabajando en el desarrollo de exposiciones itinerantes que permitan llevar los fósiles de La Tatacoa a diferentes regiones de Colombia, con el propósito de que más personas puedan conocer y valorar este invaluable patrimonio, destacó Andrés Vanegas.

El director del museo hizo un llamado especial a los jóvenes para que se interesen por la ciencia y la cultura. “Los fósiles no son solo piedras; son la clave para entender nuestro pasado y proyectar nuestro futuro. Proteger este patrimonio es proteger nuestra identidad y la biodiversidad del planeta”, afirmó.

Asimismo, extendió una invitación a todos los colombianos a visitar el museo y unirse a los esfuerzos por conservar y promover este invaluable legado.

El desierto de La Tatacoa, con sus misterios y maravillas, continúa demostrando que es un tesoro no solo para Colombia, sino para el mundo entero. Su historia y los descubrimientos que alberga son un recordatorio de la importancia de preservar nuestro patrimonio natural y cultural para las generaciones futuras.


En lo que va corrido de enero han visitado el museo 500 personas, el 50% que el mismo periodo del año 2024. / Foto: Suministrada.




Referencias:

Hernán Guillermo Galindo M. Nuevo hallazgo paleontológico pone a La Tatacoa en el mapa mundial. Fuente: La Nación 19.01.2025. (https://www.lanacion.com.co/nuevo-hallazgo-paleontologico-pone-a-la-tatacoa-en-el-mapa-mundial/) [Última consulta 29.01.2025].



Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.




lunes, 4 de noviembre de 2024

Primer Registro de un «Ave del Terror» en Colombia: Un Superdepredador de hace 13 Millones de años ⚒


Se registra por primera vez la presencia de «aves de terror» (Phorusrhacidae) en el Mioceno Medio de Colombia. El hallazgo consiste en un fragmento distal de un tibiotarso izquierdo encontrado en el Desierto de la Tatacoa. Además de ser el primer fororrácido registrado en el norte de Suramérica, los investigadores estiman que podría tratarse del ave del terror más grande encontrada hasta el momento en base al ancho distal del tibiotarso, el cual presenta también cuatro marcas de mordedura, posiblemente causadas por otro gran depredador, algo que se confirmará en un próximo estudio.

Este descubrimiento aporta nueva información sobre la presencia de estos grandes depredadores en el trópico de América del Sur. El fósil fue hallado por César Perdomo hace 20 años, este campesino de la zona ha recolectado fósiles desde su infancia y ahora colabora con paleontólogos para preservar y mostrar sus hallazgos en el museo La Tormenta, creado con su propio esfuerzo y dedicación.


A continuación la noticia publicada por el New York Times:
 

Un ave del terror en un desierto colombiano

César Perdomo, ganadero y cazador de fósiles en el desierto de la Tatacoa, en Colombia, con un fósil de ave del terror. Hasta su hallazgo, poco se sabía sobre cómo estos carnívoros se extendieron por América hace millones de años.
Credit...

 
En Colombia, un ganadero recolector de fósiles ha encontrado un gigantesco asesino no volador de hace 13 millones de años, un ejemplar que ayuda a completar la historia evolutiva de la región.

El pequeño museo paleontológico de César Perdomo, La Tormenta, es una obra en construcción. Es una estructura de cemento desnudo construida sobre una plataforma azotada por el viento en el desierto de la Tatacoa, que ofrece una vista panorámica de cañones escarpados y poco profundos tallados en roca lutita blanda.

En el interior del museo, los fósiles están distribuidos en mesas y estanterías. El resto de la colección de Perdomo está en cajas apiladas hasta el techo; una silla de montar cuelga desordenadamente sobre un caparazón de tortuga fósil estacionado en el suelo. También hay un restaurante y varias cabañas rústicas, pero pueden pasar semanas sin ningún huésped.

Perdomo, de 44 años, es un veterano ganadero que, como mucha gente de esta región, ha coleccionado fósiles toda su vida. El desierto de la Tatacoa alberga ricos yacimientos de fósiles de hace unos 13 millones de años, el apogeo de la época del Mioceno medio.

Los dinosaurios no avianos llevaban mucho tiempo muertos y Sudamérica era un continente insular que aún no estaba conectado a Norteamérica. Allí vivían mamíferos con pezuñas de gran tamaño, como los toxodontes, parientes lejanos de los rinocerontes y tapires actuales; cocodrilos altos que caminaban sobre la tierra; criaturas con armaduras gruesas llamadas gliptodontes; y aves gigantes no voladoras conocidas como aves del terror, con poderosas patas y picos desgarradores.

Fue una época única en la historia geológica en la que las aves disfrutaron de un glorioso papel como grandes depredadores. En los registros fósiles se han identificado unas 20 especies de aves del terror. Las más pequeñas no eran más grandes que un perro, mientras que otras alcanzaban los tres metros de altura. Algunas cazaban emboscando a sus presas, mientras que otras las perseguían hasta cansarlas.

Se han encontrado fósiles de aves del terror en el cono sur de Sudamérica, sobre todo en Argentina, y también en Florida y Texas. Sin embargo, a pesar de un siglo de intensas exploraciones por parte de los paleontólogos, nunca se habían encontrado en medio de esas zonas. Sus movimientos y paradero eran un misterio hasta que Perdomo decidió construir La Tormenta.

‘Rocas’ y dientes de toxodontes

Perdomo con una herramienta que se usa para excavar fósiles. Aprendió sus técnicas de paleontólogos japoneses y estadounidenses que estuvieron de visita en las décadas de 1980 y 1990.



Cuando era un niño en el desierto y ya pastoreaba sus propias cabras, Perdomo acompañó a dos expediciones de investigación de larga duración dirigidas por la Universidad de Kioto, en Japón, y por la Universidad de Duke, en Carolina del Norte. Durante las décadas de 1980 y 1990, Perdomo ayudó a los científicos en sus visitas anuales y, a su vez, aprendió sus técnicas de excavación y conservación. Guardaba bajo la cama su creciente colección de antiguos escudos de tortuga y dientes curvados de toxodonte. De vez en cuando, su madre tiraba sus “rocas”.
 
A mediados de la década de 1990, los paleontólogos extranjeros se retiraron de Colombia, temerosos del empeoramiento de la actividad guerrillera y paramilitar en la región. Perdomo dijo que se había entusiasmado por la posibilidad de que “como ellos se fueron, que yo cuando ellos volvieran tenía que tener material para mostrarles”. “Pero nunca volvieron”, dijo Perdomo refiriéndose a los investigadores. “Porque pues yo guardo la esperanza que volviera alguien”.
 
Perdomo siguió recolectando, solo, sin libros ni referencias que le sirvieran de guía, apenas los recuerdos de las expediciones. Ya adulto, criaba vacas y abejas que producían una miel del desierto oscura y deliciosa. Buscaba fósiles por las tardes, cuando amainaba el calor. Sus técnicas se hicieron más refinadas y sus hallazgos más intrigantes, aunque la mayoría permanecieron bajo su cama.
Con el tiempo, los paleontólogos profesionales regresaron, pero esta vez eran colombianos. En 2010, Andrés Link, de la Universidad de Los Andes en Bogotá, empezó a venir con colegas y estudiantes, y a recaudar fondos para diferentes proyectos. Unos años después conoció y se hizo amigo de Perdomo. “No podía creer que aquí estuviera este tipo, que a los 8 ó 9 años anduvo por ahí con las expediciones de Kyoto y Duke”, recordó Link. “Pero él sabía dónde estaban los fósiles”.


Santiago Perdomo, un ranchero joven y un pariente de César Perdomo. Los niños de la región a menudo comienzan a trabajar con sus propios animales a los 8 o 9 años.

Andrés Link, paleontólogo, y Perdomo excavan un gliptodonte —una criatura parecida a un armadillo— durante la noche.


 En 2015, el desierto de la Tatacoa sufrió una sequía catastrófica que mató a más de 10.000 vacas. La dolorosa experiencia de ver cómo se marchitaba y moría su rebaño hizo que Perdomo buscara otras formas de sustento. Y mientras tanto, se estaba produciendo un renacimiento paleontológico local.
Dos hermanos cazadores de fósiles habían abierto un pequeño pero sofisticado museo de historia natural en La Victoria, una ciudad en el extremo norte del desierto. En la ciudad de Villavieja, al sur, un museo municipal estaba renovando sus exposiciones de fósiles para hacerlas más científicas y atractivas.
 
Link y Perdomo decidieron organizar, catalogar y exponer la creciente colección de Perdomo, abriéndola a los científicos y a cualquiera que quisiera verla. Después de la pandemia de COVID-19, empezaron a construir La Tormenta. Menos de un año después, una tormenta azotó y se llevó por delante la estructura del museo, “como en El mago de Oz”, recordó Link. Los fósiles quedaron empapados, pero se pudieron salvar.
Volvieron a empezar, esta vez con materiales más resistentes. El museo aún no estaba terminado el pasado noviembre, cuando Rodolfo Salas, especialista en cocodrilos de Perú, vino con Link a ver los huesos de Perdomo.
“César y yo estábamos sentados allí”, recordó Link, cuando un espécimen grueso, de unos ocho centímetros, llamó la atención del investigador visitante. No era de un mamífero, aseguró Salas a sus anfitriones, ni tampoco de un reptil. El fósil, que Perdomo había recogido 15 años antes mientras reparaba una valla, era el tibiotarso, o hueso de la parte superior de la pata, de un ave. Un ave enorme y poderosa.
 
Un superdepredador

El desierto de la Tatacoa alberga yacimientos ricos en fósiles conocidos por los paleontólogos como los depósitos de La Venta


 El desierto de la Tatacoa está flanqueado por dos cordilleras andinas, la Central y la Oriental. Durante el Mioceno medio, la región era un paisaje húmedo de bosques, pantanos y ríos. Cuando los Andes empezaron a emerger hace 10 millones de años, los ríos se cortaron y la región se secó. Los sedimentos que fluían de las montañas en ascenso crearon unas condiciones excepcionales para los fósiles.
Los yacimientos fósiles, conocidos por los paleontólogos como yacimientos de La Venta, ofrecen una rara instantánea de la vida en Sudamérica antes de que los animales de este mundo antes aislado se encontraran con los de Norteamérica en lo que los científicos llaman el Gran Intercambio Biótico Americano. Este tuvo lugar hace unos cinco millones de años, cuando los animales empezaron a desplazarse en ambas direcciones a través del istmo de Panamá, completamente formado. Las aves del terror resistieron varios millones de años más antes de extinguirse, probablemente superadas en la competencia por recursos por los grandes felinos y los cánidos.
 
Cuando Link llamó por primera vez en relación con el espécimen de Perdomo, Federico Degrange, paleontólogo del organismo científico argentino CONICET y quien es la autoridad mundial en aves del terror, no necesitó ir a Colombia para saber que estaba ante algo extraordinario.
A partir de las imágenes tridimensionales que envió Link, Degrange determinó que el fósil procedía de un ave al menos un 10 por ciento mayor que las dos mayores especies de aves cursoras, o corredoras, del terror conocidas hasta la fecha: Titanis walleri, de Norteamérica, y Kelenken guillermoi, de la Patagonia.

Degrange no estaba seguro de si se trataba de un Titanis o un Kelenken extragrande, o si era una especie nueva, aunque sospechaba que era nueva. Sorprendentemente, el hueso de la pata también tenía marcas de una mordedura de cocodrilo. No estaba claro si el ave terrorífica había muerto en combate o si el cocodrilo se había topado con sus restos.


El concepto artístico de Phorusrhacidae, la familia mejor conocida como las aves del terror.Credit...H. S. Druetta

Una reconstrucción de Titanis Walleri está expuesta en el Museo de Historia Natural de Florida. Los fósiles de aves del terror se han descubierto en el Cono Sur y en Florida y Texas. Pero hasta ahora, no se habían encontrado entre esas dos regiones.Credit...Millard H. Sharp/Science Source

 
El hallazgo ofrece una nueva perspectiva sobre el ecosistema de La Venta, dijo Degrange, que es el autor principal, junto con Link y Perdomo, de un nuevo artículo que describe el fósil, publicado en la revista Papers in Paleontology.

Perdomo mostrando la parte de la pierna análoga a la del fósil del ave del terror.


 “Era un superdepredador”, dijo Degrange. “Prefería las zonas abiertas. Antes de este descubrimiento, la mayoría de los restos de La Venta indicaban que se trataba de un entorno de bosque tropical. Esto sugiere que se trataba de una mezcla de zonas abiertas, arbustos y bosques”, algo muy parecido a lo que ocurría en el sur de Argentina durante el Mioceno medio.
Siobhan Cooke, paleontóloga de la Universidad Johns Hopkins que también es autora del trabajo, dijo que el hallazgo “confirma que las aves del terror formaron parte de la comunidad faunística de La Venta durante algún tiempo, no algo pasajero”. Los fósiles hallados en Texas y Florida, en otras palabras, “no eran aves de la Patagonia que decidieron caminar 8000 kilómetros hacia el norte”.
El enorme tamaño de esta ave “también nos habla de los niveles tróficos” —o la cadena alimentaria— “presentes en La Venta, y de las presiones selectivas que permitirían un tamaño corporal cada vez mayor”, dijo Cooke.
 
Thomas LaBarge, investigador de la Universidad de Indiana Bloomington que no participó en este trabajo, publicó recientemente un estudio sobre la evolución del tamaño en las aves del terror. Utilizando medidas de todos los fósiles que pudo identificar, trató de discernir qué factores habían contribuido a sus enormes proporciones.
La expansión de las praderas abiertas durante el Mioceno medio se considera desde hace tiempo uno de esos factores, junto con la ausencia de grandes mamíferos depredadores. Sin embargo, LaBarge descubrió que no fue solo el entorno y las oportunidades lo que llevó a las aves del terror a convertirse en gigantes, sino también la competencia con otras aves del terror.
“El tamaño corporal controlaba la diversidad de las aves en términos de cuántas especies podían coexistir y qué funciones desempeñaban”, dijo. Dos especies de aves del terror de tamaño similar con el mismo estilo de caza “no podían coexistir durante más de un par de millones de años. Una u otra se extinguiría”.
Para empezar, los fósiles de aves del terror son raros. Encontrar uno tan grande, en un yacimiento en el que nunca se habían registrado, “es increíblemente importante para comprender cómo evolucionaron y se extendieron las aves del terror por América”, afirmó LaBarge.
 
Rumores sobre un cráneo

Vértebras fósiles de cocodrilianos extintos en La Tormenta. Una vez que se etiquete y catalogue, Link y Perdomo esperan que la colección se convierta en un recurso de investigación.


Vértebras fósiles de cocodrilianos extintos en La Tormenta. Una vez que se etiquete y catalogue, Link y Perdomo esperan que la colección se convierta en un recurso de investigación.


 Durante toda una semana de junio, los estudiantes y colegas de Link, procedentes de Bogotá, trabajaron para catalogar los fósiles de Perdomo. Pasaban las tardes encorvados sobre largas mesas en el museo a medio terminar, clasificando y etiquetando mientras ahuyentaban las avispas de sus caras sudorosas.

Mientras los estudiantes se afanaban, Link fue a coger una caja de plástico de entre las pilas. Sacó el fósil de ave del terror, que parecía una nudosa pata de pavo cortada por la mitad. Las hendiduras de la antigua mordedura de cocodrilo parecían dos limpios agujeros perforados.
Después de que su fósil fuera identificado como ave del terror a finales del año pasado, Perdomo recordó algo de su infancia: había visto el cráneo fósil de lo que ahora comprendía que era un ave del terror. Uno de sus primos segundos, con la ayuda de un sacerdote local, lo había desenterrado y llevado al museo de Villavieja.
Perdomo dijo que, teniendo él seis años de edad, era difícil que supiera lo que era el fósil. Pero era evidente que se trataba de algún tipo de ave. El cráneo, con su formidable pico curvado, había permanecido durante meses o quizá más tiempo, sin protección, sobre las mesas abiertas del museo. Y entonces desapareció.
 
Los paleontólogos profesionales confiaban en la memoria de Perdomo; habían confiado en ella durante años para orientar sus búsquedas. “Si César dice que vio un pico, es que lo vio”, dijo Cooke, que ha trabajado en el campo con Perdomo y Link.
 
Muchos antiguos habitantes del desierto recuerdan las expediciones de las universidades Duke y Kyoto con sentimientos encontrados. Los paleontólogos extranjeros habían contratado a los rancheros como ayudantes, pero no habían compartido mucha información con ellos. Se habían llevado fósiles valiosos. El equipo japonés incluso había levantado un espécimen muy grande del suelo con un helicóptero, un incidente tan notorio que los músicos locales escribieron una canción folclórica sobre él.
 
Pero el cráneo del pájaro del terror no pudieron llevárselo los equipos extranjeros, concluyó Link, “porque de ser así, habrían publicado algo”. Entonces, ¿qué pasó con él?
 
Un tormento para toda la vida

Abelardo Soto, primo segundo de Perdomo, describe la criatura prehistórica cuyo cráneo encontró hace más de 40 años. Tenía alas como de cuero y alimentaba a sus crías en los despeñaderos.



Abelardo Soto, primo segundo de Perdomo, vive solo en una granja donde el desierto se encuentra con las estribaciones de las montañas.
Perdomo hizo la recomendación de visitar a su primo, pero advirtió que intentaría esquivar el tema del fósil desaparecido porque la historia le avergonzaba. Y, en efecto, Soto parecía más interesado en pasear por su propiedad con una lima atada a un cordel y colgándola sobre el suelo. Estaba adivinando la presencia de enterramientos indígenas, explicó. “Mira, aquí hay uno”, dijo mientras la lima se balanceaba.
 
Tras insistirle, Soto reconoció haber recogido el cráneo a finales de la década de 1970 o principios de 1980 con su amigo, el sacerdote Jesús Antonio Munar. Lo donaron al museo de Villavieja, un proyecto que él y Munar iniciaron juntos. “Fuimos donando fósiles”, dijo Soto. “Esos fósiles se pusieron en mesitas. Ya después con el asunto de Munar”.
 
Resultó que el sacerdote cazador de fósiles era un militante político que acumulaba armas, guardaba una mini-Uzi en su coche y oficiaba misa con una pistola. Finalmente fue encarcelado por sus actividades. “Después que el cura se fue lo saquearon completico. Todo se lo robaron”, dijo Soto.
oto pasó a describir la criatura prehistórica cuyo cráneo había encontrado. Tenía enormes alas coriáceas, dijo, y alimentaba a sus crías en los acantilados. Al cabo de un rato, quedó claro que Soto creía haber encontrado un pterodáctilo.

Link, a la derecha, Perdomo, al centro, y unos paleontólogos trabajan para desenterrar un fósil de gliptodonte

Piezas pequeñas del gliptodonte en espera de una inspección y etiquetado

Osteodermos, o estructuras óseas de piel, fósiles de la coraza del gliptodonte.


 Parecía inútil intentar averiguar qué había ocurrido con el cráneo del pájaro del terror. Los fósiles, incluso los menos conocidos, se perdían o robaban constantemente. Y en la década de 1980 en Colombia, con gente como Munar desbocada, nadie prestaba atención. Link y Perdomo estaban de acuerdo en que bien podía ser que estuviera bajo la cama de algún ranchero.
Antes de que acabara la semana, Perdomo, Link y sus colegas habían excavado un hermoso gliptodonte fósil casi intacto en un rancho cercano. Parte de su coraza había sobresalido de un arroyo, y los propietarios del rancho lo habían cubierto con la mitad de un bidón de plástico para evitar que sus vacas lo pisaran.
 
Cualquiera que quisiera ver o trabajar con este fósil, o el del pájaro del terror, tendría que venir a La Tormenta, señaló Link, no como en los viejos tiempos, cuando los fósiles buenos salían del país.
Pronto Link y sus estudiantes regresarían a Bogotá, y Perdomo se quedaría solo con sus fósiles. En las noches calurosas, salía al museo y dormía junto a ellos, apenas como cuando era niño. “Así de loco está”, dijo Link con admiración. Y añadió: “Pregúntele por qué llama al museo La Tormenta”.
Perdomo sonrió. No se refería a la violenta tormenta que se llevó el primer edificio, explicó. Se trataba de su relación de toda la vida con los fósiles que le rodeaban.
 
“¿Cómo que está aquí?”, dijo. “¿Cómo que lo estoy lastimando? ¿Cómo lo saco? ¿Cómo lo identifico? Que eso es un tormento para uno”.


De niño, Perdomo dormía con sus fósiles. De adulto, dijo, a veces sigue haciéndolo.






Referencias:

Jennie Erin Smith. Un ave del terror en un desierto colombiano. Fuente: CNN en Español 04.11.2024. (https://www.nytimes.com/es/2024/11/04/espanol/ciencia-y-tecnologia/ave-del-terror-colombia-fosiles.html) [Última consulta 06.11.2024].


Fotografías por Federico Rios.


Para más información por favor consulte:

Degrange, F.J., Cooke, S.B., Ortiz-Pabon, L.G., Pelegrin, J.S., Perdomo, C.A., Salas-Gismondi, R. and Link, A. (2024), A gigantic new terror bird (Cariamiformes, Phorusrhacidae) from Middle Miocene tropical environments of La Venta in northern South America. Pap Palaeontol, 10: e1601. https://doi.org/10.1002/spp2.1601



Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.












jueves, 15 de junio de 2023

Una expedición para conmemorar un siglo de investigación en La Tatacoa



Cerca de 60 investigadores de diversas instituciones, incluyendo universidades como EAFIT, Del Rosario, Michigan, Cambridge, Zurich, y el Museo de Chicago, llevaron a cabo una expedición al desierto de La Tatacoa para conmemorar un siglo de investigación paleontológica en este lugar. La región es conocida por su abundancia de fósiles, algunos con hasta 13 millones de años de antigüedad. Durante la expedición, se plantearon nuevas preguntas e hipótesis relacionadas con la riqueza paleontológica de la zona. El documental sobre la expedición será presentado en las próximas semanas. La comunidad local también participó en actividades que mostraron su creciente interés en comprender la historia preservada en su entorno. La expedición abordó diversos temas, desde el tipo de bosque en La Tatacoa hasta la evolución de la fauna debido a las variaciones climáticas. Entre los participantes se encuentra Diana Karen Pérez Lara, estudiante de doctorado en Ciencias de la Tierra de EAFIT, quien investiga maderas fósiles en La Tatacoa para obtener información sobre el clima hace 13 millones de años. Diego Armando Urueña Carrillo, el primer paleontólogo profesional de Villavieja en los últimos 100 años, expresó la importancia de la paleontología en la comunidad y su crecimiento a través de proyectos como el Museo de Historia Natural de La Tatacoa, que actualmente alberga más de 1.700 piezas fósiles.

A continuación la noticia publicada por la Universidad EAFIT:


"Sobre la expedición, que se hizo entre el 15 y 22 de mayo, se realizó un documental que será presentado en las próximas semanas. Este es el tráiler:



• Cerca de 60 investigadores de las universidades EAFIT, Del Rosario, Michigan, Cambridge, Zurich, el Museo de Chicago y el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, entre otras entidades, viajaron al desierto para conmemorar un siglo de investigación paleontológica en este lugar.

• La región de La Tatacoa es reconocida por su abundancia de fósiles, algunos con una antigüedad de hasta 13 millones de años. En la expedición surgieron nuevas preguntas e hipótesis relacionadas con la riqueza paleontológica de la zona.

​Un suelo árido, cientos de rocas y un cielo estrellado podrían ser la impresión inicial de un turista al contemplar el desierto de La Tatacoa. A pesar de eso, al adentrarse en la tierra con una lupa en mano, el panorama comienza a transformarse. Un grupo de alrededor de 60 expertos y estudiantes en diferentes ramas de la paleontología se embarcaron en un viaje a este lugar en busca de fósiles, con un motivo especial: celebrar el centenario de investigación en este importante yacimiento tropical.

Carlos Jaramillo, geólogo y científico asociado al Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, fue el organizador de este encuentro que reunió a investigadores de EAFIT, la Universidad del Rosario, la Universidad de Michigan, la Universidad de Cambridge, la Universidad de Zurich, el Museo de Chicago, entre otras instituciones y medios de comunicación. La expedición incluyó en su agenda actividades destinadas a la participación de la comunidad local, que muestran cada vez más interés y curiosidad por comprender la historia que se encuentra preservada en el paisaje que la rodea.


En 2019, Andrés Cárdenas Rozo, profesor de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de la EAFIT, participó en otra expedición con estudiantes de paleontología para elaborar un mapa hidrológico de la región. Con esta nueva inmersión, quiere responder otros interrogantes, por ejemplo, ¿cuál tipo de bosque existía en La Tatacoa? y ¿cómo ha evolucionado la fauna a raíz de las variaciones climáticas?, temas relevantes en la actualidad, dado los cambios de temperatura que experimenta el planeta.

En el caso de Camila Martínez Aguillón, profesora de Sistemas Naturales y Sostenibilidad en el programa de Biología de EAFIT, su interés se centra en la paleobotánica, no obstante, destaca que este encuentro “fue casi como un congreso que nos permitió compartir nuestras ideas y pensar en posibilidades de colaboración. También, fue un espacio para que los estudiantes conocieran a estos expertos y se les abrieran panoramas académicos. Fue muy emotivo que las personas de la comunidad se acercaran a conocernos, ver qué estábamos haciendo y aprender más sobre paleontología”.

¿Qué información pueden aportar los fósiles vegetales? Diana Karen Pérez Lara, estudiante del doctorado en Ciencias de la Tierra de EAFIT, llegó desde México para trabajar con la asesoría de la profesora Camila. Su tema de investigación son las maderas fósiles (también llamados xilópalos) de La Tatacoa, que pueden proporcionar información sobre el clima que existía hace 13 millones de años en este ecosistema.

Durante la expedición, Diana Karen recolectó alrededor de 80 muestras en diferentes puntos del desierto. Hasta ahora, ha identificado una especie predominante de leguminosa, lo cual es un hecho poco común en un bosque convencional. También, encontró una especie que se desarrolla cerca de ríos, lo que plantea la hipótesis de si existió en La Tatacoa un bosque húmedo y diverso.

Estas y otras preguntas surgieron en el viaje, así como la reafirmación de la pasión por la paleontología. Diego Armando Urueña Carrillo es un joven que nació en la zona norte de La Tatacoa. Un día conoció esta ciencia gracias a un semillero de investigación, pero fue su dedicación y habilidad lo que le permitió obtener el apoyo de personas que gestionaron una beca en EAFIT para estudiar Geología. Su sueño se hizo realidad a principios de este año, convirtiéndolo así en el primer paleontólogo profesional del municipio de Villavieja en los últimos 100 años.

“Cuando las personas se dan cuenta de que este proyecto crece y que un joven de la comunidad puede ir a estudiar, entienden la importancia que tiene. El Museo de Historia Natural de la Tatacoa y todos los procesos han generado una apropiación y una concientización en la comunidad de la importancia de la paleontología en el desierto de La Tatacoa”, expresa Diego.


Museo de Historia Natural de la Tatacoa

En la vereda La Victoria, ubicada en el municipio de Villavieja, se encuentra el Museo de Historia Natural de La Tatacoa, un proyecto que surgió gracias al impulso de los hermanos Andrés y Rubén Vanegas. Desde temprana edad, comenzaron a recolectar fósiles, guardando las muestras en su propia casa, con la meta de algún día tener un museo que permitiera su conservación.

Con el apoyo de diversas instituciones, como el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, EAFIT, Universidad del Rosario, Parque Explora, Universidad del Norte, Instituto Humboldt, entre otras, el museo se hizo realidad. En la actualidad, alberga más de 1.700 piezas fósiles de diferentes especímenes, entre las cuales se identifican mamíferos, reptiles, peces, aves y madera petrificada".



Referencias:

Alejandro Gómez Valencia. Una expedición para conmemorar un siglo de investigación en La Tatacoa. Fuente: EAFIT 15.06.2023. (https://www.eafit.edu.co/noticias/agenciadenoticias/2023/Una-expedicion-para-conmemorar-un-siglo-de-investigacion-en-La-Tatacoa) [Última consulta 21.11.2023].



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martes, 4 de enero de 2022

Hallan en Colombia nuevas pistas de las tortugas más grandes que hubo en la Tierra

 En el desierto de la Tatacoa (Huila) paleontólogos encontraron los fósiles de la “Stupendemys geographica”, una especie de tortuga gigante que vivió hace unos 13 millones de años. Se trata de una nueva pieza que ayuda a comprender mejor el rompecabezas de la biodiversidad pasada de Colombia.

Fósil de tortuga “Stupendemys geographica", hallado en el desierto de la Tatacoa, Huila.


Hace cerca de dos décadas Edwin Cadena encontró el fósil de una tortuga en el municipio de Zapatoca, en Santander. Cuenta que, aunque ya había decidido que quería entender el mundo a través de los restos de animales que vivieron hace millones de años, muy poco sabía de esos reptiles con caparazón. Sus colegas paleontólogos tampoco habían mostrado mucho interés por estudiar los que habitaron el norte de Suramérica. “Pero, dice, empecé a fascinarme en ese momento en Zapatoca cuando encontré esa concha de un animal que vivió hace 135 millones de años”.

La especie la bautizó Notoemys zapatocaensis y resultó ser el registro más antiguo de una tortuga en esta porción de continente. Desde entonces, Cadena, geólogo de la Universidad Industrial de Santander y PhD en paleontología de la Universidad Estatal de Carolina del Norte (Estados Unidos), ha dedicado sus últimos años a buscar más pistas de las tortugas que alguna vez vivieron en lo que hoy conocemos como Colombia.

La última la encontró en el desierto de la Tatacoa, en Huila. Su hallazgo, que acaba de ser publicado en la revista de acceso abierto Heliyon (que forma parte de la “familia” de revistas de Cell Press), es una pieza más para comprender la que es, hasta el momento, la tortuga más grande de agua dulce conocida en el planeta: la Stupendemys geographica

Edwin Cadena durante la excavación en el desierto de la Tatacoa


Sobre este espécimen ya se sabían algunas cosas. Hace justo un año, Cadena, junto con otro equipo de científicos, había descrito el caparazón más grande de una tortuga de agua dulce que se ha encontrado. También pertenecía a la Stupendemys geographica y fue hallado en Urumaco, un pueblo al norte de Venezuela. Aunque los primeros fósiles de esta especie fueron descritos en 1976, lo cierto, afirma Cadena, es que hasta ese instante los paleontólogos no sabían casi nada sobre ella. Había una larga lista de enigmas por resolver.

Una de las incógnitas tenía que ver con la manera en que crecía esta especie gigante que vivía, entonces, en un paisaje muy diferente de lo que hoy es Colombia: las cordilleras apenas se estaban formando y los ríos Magdalena y Cauca aún no atravesaban cientos de kilómetros de tierra. En vez de eso, había un complejo sistema de ríos y humedales más parecido a los Llanos Orientales. Lo llamaron “Pebas” y se extendía desde Huila hasta buena parte de Venezuela, Brasil y Perú.

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 Huila fue el lugar donde Cadena, en compañía de varios colegas, encontraron el nuevo fósil de la Stupendemys geographica. Para ser precisos, lo hallaron en el desierto de la Tatacoa, en la formación La Victoria, como llaman los geólogos a esas capas de roca. El primer avistamiento lo hicieron en 2018 junto a los paleontólogos Andrés Link, Siobhán B. Cooke y Melissa Tallman (de la Universidad de los Andes, Johns Hopkins University y Grand Valley State University, respectivamente). Al año siguiente volvieron para iniciar el proceso de excavación.

Tras estar poco más de tres días bajo el inclemente sol huilense, trasladaron el fósil en un tractor al Museo de Historia Natural la Tatacoa, que resguarda Andrés Felipe Vanegas, otro de los autores del artículo publicado en Heliyon. Después vino otra etapa difícil: armar el caparazón de la tortuga que, entonces, parecía más un complejo rompecabezas.

“Lo valioso esta vez es que el fósil que encontramos pertenece a un ejemplar juvenil, porque hasta el momento solo teníamos pistas de individuos adultos. Esto es importante, porque nos ayuda a entender cómo era ese proceso de crecimiento”, cuenta Cadena, también profesor del programa en Ciencias del Sistema Tierra de la Universidad del Rosario. “Además, es la primera vez que encontramos tanto el caparazón como el cráneo de la Stupendemys geographica”.

Hay otro punto que también es importante en esta publicación. En ella sus autores demuestran que durante el Mioceno, el nombre oficial de aquella época remota, hubo otra especie gigante de tortuga que compartió el mismo ecosistema: la Caninemys tridentata. Es posible que una de ellas viviera en la base de ese extenso sistema de lagos que se extendía hasta Venezuela y la otra habitara más en la superficie.

Es la primera vez que se encuentra tanto el caparazón como el cráneo de la "Stupendemys geographica".

Pero, además de ayudarnos a comprender cómo era este territorio hace millones de años, cuando hubo una conexión entre Colombia, Brasil, Venezuela y Perú, en el que también habitaron caimanes gigantes, para Cadena dar con estos fósiles en el desierto de la Tatacoa representa otro par de hechos invaluables. El primero es que ayuda a promover el turismo científico en Huila, un proceso que han impulsado varios investigadores y en el que participan las comunidades.

El otro tiene que ver con el gran momento que vive la paleontología colombiana. Como dice, si hace unas décadas era una sorpresa publicar un descubrimiento cada 10 o 15 años en el país, hoy todos los años se están haciendo anuncios fascinantes liderados por científicos colombianos. Hace solo dos meses, por poner un ejemplo, el mundo conoció el primer cangrejo de la época de los dinosaurios preservado en ámbar. Los resultados, que aparecieron en Science Advances, se robaron varias portadas de medios. Al frente estuvo Javier Luque, otro paleontólogo colombiano.


Referencias:

Sergio Silva Numa. Hallan en Colombia nuevas pistas de las tortugas más grandes que hubo en la Tierra. Fuente: El Espectador 31.12.2021.  (https://www.elespectador.com/ambiente/blog-el-rio/nueva-pista-en-colombia-sobre-las-tortugas-mas-grandes-que-habitaron-el-planeta/)  [Última consulta 04.01.2021].

 Para más información por favor consulte: Cadena, E.-A., Link, A., Cooke, S. B., Stroik, L. K., Vanegas, A. F., & Tallman, M. (2021). New insights on the anatomy and ontogeny of the largest extinct freshwater turtles. Heliyon, 7(12), e08591. https://doi.org/10.1016/j.heliyon.2021.e08591


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viernes, 9 de octubre de 2020

Nuevo perezoso gigante Magdalenabradys sorprende a la ciencia

 

Estos descubrimientos ponen en relieve la alta diversidad de especies de la formación Urumaco que data de hace 8 millones de años, entre ellas destacan cocodrilos y perezosos. / CORTESÍA IVIC


Un nuevo género y especie de perezoso gigante de la familia Mylodontidae (Xenarthra), del Mioceno Tardío del norte de América del Sur, sorprende a la ciencia. Este es el resultado de la revisión de los fósiles encontrados en 1972 en la formación de Urumaco, estado Falcón, en Venezuela; y Villa Vieja, en Colombia; por los paleontólogos expertos en perezosos: Ascanio Rincón, jefe del Laboratorio de Paleontología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC); y Gregory McDonald, del Bureau of Land Managements, EE. UU.

El hallazgo se produjo luego de un exhaustivo análisis filogenético; es decir, las relaciones evolutivas de las distintas especies de la familia Mylodontidae a las cuales pertenecen una serie de perezosos extintos que vivieron del Oligoceno Tardío hasta el Pleistoceno y que forman parte del Xenarthra, orden compuesto por perezosos gigantes, perezosos arborícolas, osos hormigueros y armadillos.

 

Ascanio Rincón explicó que presentaron una revisión de los perezosos Mylodontidae descritos de la formación Urumaco, Venezuela, y la formación Villa Vieja de Colombia, y reexaminaron sus relaciones filogenéticas con Pseudoprepotherium, otro género de perezosos extinto del Mioceno Tardío de la formación río La Yuca en el estado Portuguesa, descrito en 1934.

 

Con base en el análisis realizado, proponen una serie de cambios taxonómicos, considerando que Pseudoprepotherium confusum es lo suficientemente diferente del tipo de Pseudoprepotherium venezuelanum, por lo que merece ser asignado a un género distinto.

“Un taxón aparte, las diferencias morfológicas de la curvatura del fémur, la morfología del extremo más proximal y más distal, así como la parte media, nos dieron los indicios de que se trataba de un género diferente, por lo que lo bautizamos Magdalenabradys (el perezoso del río Magdalena), un género nuevo para la ciencia”, detalló el investigador venezolano.

Se mantiene el epíteto específico Magdalenabradys confusum para el material hallado en Colombia, y eligieron un nuevo nombre para la nueva especie venezolana, que denominaron Magdalenabradys kolossiaia; es decir, el colosal perezoso del río Magdalena, que vivió en Urumaco.

“Para llegar a esta conclusión cuando se hizo el análisis filogenético de todas esas especies que estaban asociadas de la familia Mylodontidae de Colombia, Urumaco, Carora y Guanare, obtuvimos como resultado que el material de Colombia se asociaba a los fémures de Bolivarterium urumaquensis que se habían descrito para Urumaco, lo cual comprendía un taxón aparte”, explicó.

Estos descubrimientos ponen en relieve la alta diversidad de especies de la formación Urumaco que data de hace 8 millones de años, entre ellas destacan cocodrilos y perezosos.

“Es importante continuar el estudio sistemático de los fósiles de esta formación. Es una de las cosas más importantes que nos está mostrando estos últimos hallazgos y que debemos tener un panorama de todos los fósiles que nos rodean en el gran marco de la evolución del norte de América del Sur”.


Referencias:

Nuevo perezoso gigante Magdalenabradys sorprende a la cienciaFuente: El Sol de Margarita 08.10.2020. (https://elsoldemargarita.com.ve/movil/post/id:233617)  [Última consulta 01.11.2022].

 

Para más información por favor consulte: Rincón, A. D., & McDonald, H. G. (2020). Reexamination of the Relationship of Pseudoprepotherium hoffstetter, 1961, to the Mylodont Ground Sloths (Xenarthra) from the Miocene of Northern South America. Revista Geológica de América Central (63).


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jueves, 27 de febrero de 2020

Mesoclemmys vanegasorum, nueva tortuga fósil del Mioceno de la Venta


Hallan fósil de tortuga de 13 millones de años en el desierto de la Tatacoa

El descubrimiento permitirá conocer más sobre la tortuga carranchina o montañera que habita en la Costa Atlántica.

En uno de los destinos turísticos más representativos del Huila, el desierto de La Tatacoa, fue hallado un fósil de tortuga, de 13 millones de años, que da luces sobre la historia evolutiva de la tortuga carranchina o montañera, que habita en la costa Atlántica colombiana.


El paleontólogo Edwin Cadena, investigador de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario, afirmó que “este descubrimiento fósil aporta un granito de arena a la educación en conservación y a los planes para que la tortuga carranchina siga viviendo en la costa Caribe por miles o millones de años más”.
El fósil es considerado patrimonio geológico y paleontológico del Huila y en particular la zona del desierto de la Tatacoa. Este es un hallazgo paleontológico importante que se suma al reciente publicado hace una semana de Stupendemys geographicus una de las tortugas más grandes en la historia de la Tierra y que le ha dado la vuelta al mundo.

Hasta hoy en día, la manera como esta tortuga llegó a habitar la Costa Caribe de Colombia y por cuánto tiempo ha habitado nuestro país, era un completo misterio.

“Aunque esta especie ha recibido gran atención y ha sido objeto de importantes investigaciones en los últimos años, y varias instituciones están haciendo esfuerzos en aras de poder preservarla”, precisó el paleontólogo.
Y es que mediante el fósil se podrá conocer sobre la tortuga carranchina, especie en peligro de extinción. Según Cadena, este descubrimiento fósil, no solo contribuye a entender la diversidad de tortugas a lo largo del tiempo en Colombia, sino que ofrece una oportunidad para fortalecer los planes de conservación de las especies actuales en peligro de extinción.

La nueva especie fósil, denominada Mesoclemmys vanegasorum, indica que parientes antiguos de la tortuga carranchina y otras del mismo grupo han habitado Colombia por cerca de 13 millones de años y que, en tan solo unas pocas décadas, la actividad humana de deforestación y consumo de huevos en las zonas donde habitan, podrían acabar con todo este legado histórico para siempre.

El primer fósil del género Mesoclemmys en toda Sudamérica fue descrito por el paleontólogo Edwin Cadena, investigador de la Universidad del Rosario, en cooperación con colaboradores del Museo de Historia Natural La Tatacoa, el Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales y la Universidad del California.


Referencias:

Yamileth Diaz Peña. Hallan fósil de tortuga de 13 millones de años en el desierto de la Tatacoa. Fuente: RCN Radio 26.02.2019 (https://www.rcnradio.com/estilo-de-vida/medio-ambiente/hallan-fosil-de-tortuga-de-13-millones-de-anos-en-el-desierto-de-la) [Última consulta 26.02.2020].



Tras la historia de una de las tortugas con mayor riesgo de extinción

En el norte de Colombia, particularmente en los departamentos de Bolívar, Córdoba, Magdalena, Sucre, Atlántico y Cesar, habita una de las tortugas con el más alto riesgo de extinción en Colombia. Conocida como la tortuga carranchina o tortuga montañera y denominada científicamente como Mesoclemmys dahli, es una tortuga relativamente pequeña que se encuentra en bosques y pequeños cuerpos de agua.

El paleontólogo Edwin Cadena, investigador de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario, encontró en el desierto de la Tatacoa, en el departamento del Huila, un fósil de tortuga que da luces sobre la historia evolutiva en millones de años del grupo al cual pertenece la tortuga carranchina y de cómo posiblemente se constituyó su actual distribución geográfica.



Aunque esta especie ha recibido gran atención y ha sido objeto de importantes investigaciones en los últimos años, y varias instituciones están haciendo esfuerzos en harás de poder preservarla, hasta hoy en día el cómo esta tortuga llegó a habitar la costa Caribe de Colombia y por cuánto tiempo esta especie y sus parientes cercanos han habitado nuestro país era un completo misterio, explica el paleontólogo.

Edwin Cadena, investigador de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario Tortuga carranchina, especie en peligro de extinción Según Cadena, este descubrimiento fósil no solo contribuye a entender la diversidad de tortugas a lo largo del tiempo en Colombia, sino que ofrece una oportunidad para fortalecer los planes de conservación de las especies actuales en peligro de extinción.

La nueva especie fósil denominada Mesoclemmys vanegasorum indica que parientes antiguos de la tortuga carranchina y otras tortugas del mismo grupo han habitado Colombia por cerca de 13 millones de años y que en tan solo unas pocas décadas la actividad humana de deforestación y consumo de huevos en las zonas donde habitan podrían acabar con todo este legado histórico para siempre.

“Este descubrimiento fósil aporta un granito de arena a la educación en conservación y a los planes para que la tortuga carranchina siga viviendo en la costa Caribe por miles o millones de años más”, dice el investigador de la Universidad del Rosario.

Patrimonio geológico y paleontológico

Para el departamento del Huila, y en particular la zona del desierto de la Tatatoca, este es también un hallazgo paleontológico importante que se suma al reciente publicado hace una semana de Stupendemys geographicus una de las tortugas más grandes en la historia de la Tierra y que le ha dado la vuelta al mundo.
Estas investigaciones fortalecen el interés y motivación de la comunidad de esta zona por la preservación y difusión del patrimonio geológico y paleontológico del Huila, una iniciativa que la Universidad del Rosario y sus aliados están apoyando y que hace parte de su plan de regionalización, agrega Cadena.

El primer fósil del género Mesoclemmys en toda Suramérica fue descrito por el paleontólogo Edwin Cadena, investigador de la Universidad del Rosario, en cooperación con colaboradores del Museo de Historia Natural La Tatacoa, el Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales y la Universidad de California. Este hallazgo será publicado por la próxima semana en la revista Journal of Vertebrate Paleontology.


Referencias:

Tras la historia de una de las tortugas con mayor riesgo de extinción. Fuente: El Nuevo Siglo 27.02.2019 (https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/02-2020-tras-la-historia-de-una-de-las-tortugas-con-mayor-riesgo-de-extincion) [Última consulta 27.02.2020].



Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.








Reciente descubrimiento de un cráneo muy completo del gavial Gryposuchus colombianus en La Tatacoa ⚒

En el desierto de La Tatacoa, Huila, se descubrió el cráneo casi completo y parte del postcráneo de un gavial, un cocodrilo de hocico alarga...