martes, 24 de noviembre de 2020

Hallazgos de fauna pleistocénica en el Valle del río Cauca

 Amplían colección de mamíferos fósiles en el Valle



 Bóvidos (parientes de las vacas), proboscídeos (grupos de elefantes) y caballos autóctonos de Sudamérica que forman parte de esta colección fueron caracterizados por un equipo de expertos en desarrollo de una expedición para conocer el pasado fósil del Valle del Cauca.

 Los resultados se presentaron en el Primer Congreso Colombiano de Paleontología, organizado por el Museo Paleontológico de Villa de Leyva de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá.

 El biólogo Juan Sebastián Escobar Flórez, profesor de la Universidad Icesi y estudiante de la Maestría en Biodiversidad Tropical de la Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro (UniRío), habló del importante trabajo paleontológico del que formó parte.

 Esta investigación se enfocó en la última porción del tiempo geológico: el Cuaternario, que abarca desde hace 2,6 millones de años hasta la actualidad y se caracteriza por ser el periodo en el que ocurrieron ciclos glaciales (el planeta se congelaba y descongelaba constantemente).

 


Con este tiempo definido, el trabajo se dividió en dos partes: en la primera se hizo una revisión y caracterización de una colección previamente conocida gracias a Carlos Jaramillo, uno de los paleontólogos más importantes de Colombia. En la segunda se hizo una expedición en los sitios de origen de la colección para buscar más piezas, la cual fue apoyada por la National Geographic Society.

 

Un viaje de 4.000 años

 Dentro de la colección revisada se encontró que las piezas más abundantes pertenecen a un bóvido, lo que generó gran expectativa pues este hallazgo es bastante raro. Después de una revisión detallada se encontró que ese bóvido es un tipo de ganado vacuno del que actualmente se conoce, pero del 1.600 aproximadamente, cuando ingresó a Colombia traído por los españoles.

 


Posteriormente se encontró un grupo de caballos autóctono de Sudamérica: el Equus neogeus, una especie muy distinta a la que se conoce hoy y que se extinguió hace más o menos 4.000 años –por influencia del hombre, cambios climáticos y otros factores–, como los otros mamíferos que forman parte de esta colección.

 También hay un proboscídeo: el Notiomastodon platensis, un grupo de elefantes que vivió en Sudamérica, muy famoso, y que la gente suele llamar coloquialmente como mastodontes. También hay un perezoso gigante llamado Eremotherium laurillardi.

 Por último, entre los nuevos hallazgos se encontraron venados; tayasuidos, que son el grupo al que pertenecen los tatabros y los pecarís (cerdos salvajes); unos zorros; una zarigüeya (chucha) y un carnívoro, los cuales están a la espera de que se identifique su especie.

 La mayoría de estas especies se originaron en Norteamérica y llegaron a Sudamérica durante un proceso conocido como el Gran Intercambio Biótico Americano (GABI). Tener estos fósiles permite entender mucho mejor cómo llegaron, se establecieron y prosperaron estos grupos en una zona tan diferente a Norteamérica.

 Además, este tipo de estudios paleontológicos también da unas ideas de cómo ha cambiado el Valle del Cauca en menos de 5.000 años, porque estos organismos estaban adaptados a zonas abiertas y de sabana, ecosistemas que hoy no tiene el departamento.

 En palabras del biólogo Escobar, “es un hallazgo importante para el entendimiento paleoambiental del Valle del Cauca en la última glaciación”.

 

Historia escondida en el fondo del río

 


Este estudio fue un trabajo en equipo que se llevó a cabo con la colaboración de expertos de diferentes lugares, como Gheny Krigsfield, odontólogo e investigador asociado a la Universidad Icesi y el paleontólogo Jorge Moreno Bernal –de la Universidad del Norte–, quien realizó la revisión del estado del material (marcar y catalogar piezas).

 Después se hizo una revisión taxonómica para determinar a qué grupos de especies pertenecían las piezas revisadas, trabajo adelantado por dos paleontólogos expertos en megafauna del Cuaternario: Leonardo dos Santos Ávila y Dimila Mothe, investigadores de UniRío. El biólogo Escobar apoyó tanto la catalogación como la revisión taxonómica.

 El trabajo de campo para explorar nuevo material se realizó en el lecho (parte profunda) del río Cauca, en Yumbo y cerca al peaje que va de este municipio hacia Rosas (Cauca).

 


Allí los investigadores se sirvieron de la maquinaria que usan los habitantes de las dos localidades, con la cual normalmente sacan arena del río para construir. Mientras ellos dragaban el río, los expertos esperaban para observar si salía alguna pieza paleontológica.

 Este proyecto buscó explotar y destacar el potencial paleontológico que tiene el Valle del Cauca, pues en el departamento se trabaja muy poco en este campo.

 

 Referencias:

Amplían colección de mamíferos fósiles en el Valle. Fuente: Agencia de Noticias UN - Unimedios.  24.11.2020  (http://agenciadenoticias.unal.edu.co/detalle/article/amplian-coleccion-de-mamiferos-fosiles-en-el valle.html?fbclid=IwAR2Hs4oXBfixJ_FFEFbndvnVJOEh1y8Tz5Sj_mBTX94GiwuUnqkNcdLHMvQ) [Última consulta 24.11.2020].

Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.





miércoles, 4 de noviembre de 2020

Acregoliath, un pez gigante de hace 13 millones de años

 El enigmático pez gigante de Suramérica: ACREGOLIATH

El hallazgo en el desierto de la Tatacoa de escamas del Acregoliath rancii, un pez que se pensaba que solo había habitado la cuenca amazónica, se une al cuerpo de evidencia que apunta a que en el Mioceno (que se extendió entre hace 23 y 5 millones de años) no se había levantado totalmente la cordillera oriental y el norte del continente era un gran pantano.



En la paleontología, algunos descubrimientos se hacen en el campo, y otros, como el de Jorge W. Moreno Bernal, estudiante del Doctorado en Ciencias del Mar de Uninorte, se hacen dentro de los museos. En 2014, buscando fósiles de cocodrilos entre las colecciones del museo de paleontología de la Universidad de Berkeley, encontró unas escamas particulares sin identificar provenientes del desierto de la Tatacoa. Inmediatamente se puso en contacto con Gustavo Ballen, especialista en peces, quien actualmente se encuentra haciendo su doctorado en la Universidad de Sao Paulo, y juntos comenzaron la investigación que derivó en el artículo New records of the enigmatic neotropical fossil fish Acregoliath rancii (teleostei incertae sedis) from the Middle Miocene Honda Group of Colombia, que fue publicado en Ameghiniana, la revista de la asociación argentina de paleontología.

En la publicación se describe por primera vez las escamas fósiles del Acregoliath rancii encontradas en una expedición por el país organizada por el Servicio Geológico Colombiano y la Universidad de Berkeley en la década de 1940. José Royo y Gómez, y Ruben Stirton, dos de los pioneros de la paleontología nacional, estuvieron en el desierto de la Tatacoa, en Huila, y recolectaron la muestra, que permaneció guardada sin identificar por cerca de 60 años.

Moreno Bernal y Ballen compararon estas escamas con las halladas en la cuenca amazónica brasileña en la década del 80. El pez fue descrito por primera vez por la doctora Martha Richter, quien le dio el nombre a la especie. Acre, por el estado en el que hallaron las escamas, goliath, por su gran tamaño; y rancii, una palabra latinizada que significa “de Ranci”, en honor al científico brasileño, Alceu Rancy, quien colectó la muestra.

En Brasil, Ballen trabajó en el estudio de anatomía comparada. Las escamas halladas en el desierto de la Tatacoa son diferentes en su forma a las de la cuenca amazónica y son más antiguas, tienen alrededor de 13,5 millones de años. No obstante, Ballen, doctor del Museo de Zoología de la Universidad de São Paulo, pudo determinar que son distintas debido a que las escamas de la Tatacoa pertenecían a un área cercana a la cabeza del pez, como ocurre en otras especies, como los peces pulmonados, que viven en Australia y África, o el pirarucú, que aún se encuentra en aguas del Amazonas.



 

“El pez fue descrito por primera vez por la doctora Martha Richter, quien le dio el nombre a la especie. Acre, por el estado en el que hallaron las escamas, goliath, por su gran tamaño; y rancii, una palabra latinizada que significa “de Ranci”, en honor al científico brasileño, Alceu Rancy, quien colectó la muestra.”

 

  1) El fósil hallado en el desierto de la Tatacoa que estaba en las colecciones del Museo de Paleontología de la Universidad de Berkeley, que representa una escama de pez casi completa.

2) El mismo fósil de escama de pez, mostrando como se acomodaba en el cuerpo con respecto a las escamas contiguas. El borde de las otras escamas se representa con líneas punteadas.

3) Otro fósil proveniente del Museo de Paleontología de la Universidad de Berkeley, que representa un fragmento del mismo tipo de escama.

En este pirarucú, depositado en el Museo de Zoología de la Universidad de Sao Paulo. se muestra que las escamas del mismo pez tienen forma diferente, de acuerdo con el lugar del cuerpo en el que están. Las escamas que están más cerca a la cabeza (número cuatro) tienen una forma más similar al fósil descrito en el estudio.

 Esto que indica que las diferencias entre la escama del desierto de la Tatacoa, y la escama encontrada en Brasil se deben a que provienen de diferentes regiones del cuerpo. La escama fósil de la Tatacoa probablemente estaba más cerca de la cabeza.

Del Acregoliath rancii solo se conocen sus escamas grandes y adornadas, diferentes a las de la mayoría de los peces vivientes. De sus demás características —qué comía, cuáles eran sus preferencias de ambiente, a qué peces de la actualidad está relacionado— no se sabe nada. No obstante, que haya estado en Colombia tiene implicaciones importantes.

 “El hallazgo refuerza la idea de que el Magdalena alguna vez estuvo conectado con los ríos que conforman la Amazonía, y, por ende, la cordillera oriental no estaba totalmente levantada como la conocemos hoy en día”, dijo Ballen. Moreno Bernal complementó que, en gran parte del Mioceno, que inició hace 23 millones de años, la Amazonía era muy diferente a la de hoy. En lugar de un río que corría hacia el oriente, al océano Atlántico, había un pantanal muy grande que conectaba las cuencas de los ríos Magdalena, Amazonas y Orinoco.



 El consenso científico apunta a que en el Mioceno las condiciones en el norte de Sudamérica comienzan a cambiar y a hacer la transición a lo que es hoy, con cadenas de montañas que separan las cuencas hidrográficas. Sin embargo, hay diferentes teorías de cuándo exactamente ocurrió esto. Una parte de la comunidad científica dice que el cambio fue entre 7 y 5 millones de años atrás.

 Pero, de acuerdo con Ballen y Moreno Bernal, su hallazgo es consistente a otro modelo que indica que ocurrió hacia el final del Mioceno, entre 11 y 13 millones de años atrás. En este tiempo, las faunas de peces quedaron separadas por las cordilleras. En cuencas como la del río Magdalena algunas especies peces se extinguen y aparecen otras endémicas, mientras que en el Orinoco y el Amazonas permanece una fauna más similar a la del Mioceno.

 No obstante, aún hay mucho por aprender en Sudamérica en cuanto a la historia de sus peces de agua dulce, especialmente antes del Mioceno. Entre esos está el Acregoliath rancii, que es una pieza más del rompecabezas para entender lo que ocurre en la tierra desde hace millones de años hasta hoy.


“El hallazgo refuerza la idea de que el Magdalena alguna vez estuvo conectado con los ríos que conforman la Amazonía, y, por ende, la cordillera oriental no estaba totalmente levantada como la conocemos hoy en día”, dijo Ballen.”


Referencias:

Leonardo Carvajalino. El enigmático pez gigante de Suramérica: ACREGOLIATH. Fuente: Grupo Prensa - UNINORTE  (https://www.uninorte.edu.co/web/intellecta/el-enigmatico-pez-giggante-de-suramerica-acregoliath?fbclid=IwAR393wqO4VDOiqc--x903fcReDLujlzhTijidJn87mR-L-2vHr-PIpFYeyQ)  [Última consulta 04.11.2020].

 

Para más información por favor consulte: Ballen, G. A. and J. W. Moreno-Bernal (2019). "New records of the enigmatic neotropical fossil fish acregoliath rancii (teleostei incertae sedis) from the middle miocene honda group of Colombia." Ameghiniana.

 

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martes, 3 de noviembre de 2020

Nuevo estudio explica el porqué de la disparidad migratoria entre los taxones de Norte y Sur América durante el Gran Intercambio Biótico Americano.

 Explican las migraciones desiguales entre los mamíferos de América

 Juan Carrillo estudió el ‘gran intercambio biótico’, cuando animales cruzaron el itsmo de Panamá

 La llama, uno de los mamíferos más emblemáticos de Suramérica, principalmente de la región andina de Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Chile y Argentina, no es tan autóctona como comúnmente se piensa. De hecho, su origen se encuentra a varios kilómetros de ahí, en territorio norteamericano.

 


Este es un hecho que los biólogos conocen bien gracias al estudio del denominado Gran Intercambio Americano, un proceso que se caracterizó por masivas migraciones de grandes mamíferos entre América del Norte y del Sur cuando el Istmo de Panamá surgió en medio del océano como un puente que unió estas dos masas de tierra.

 Durante el Gran Intercambio, junto con la llama, llegaron al sur desde el norte otros animales, como cusumbos, venados, tapires, ciervos, osos, lobos, jaguares, pumas y caninos. Al mismo tiempo, desde el sur se desplazaron hacia el norte especies propias de este hemisferio como los megaterios (conocidos popularmente como perezosos gigantes), el gliptodonte (un ancestro de gran tamaño de los armadillos actuales), zarigüeyas y micos.

 Pero, contrario a lo que se podría pensar, este intercambio, que ocurrió durante varios millones de años, no fue equitativo. El resultado final fue que mientras una gran cantidad de especies colonizaron el sur, un número considerablemente menor hizo lo propio en el sentido opuesto.

 La desproporción es tal que, mientras en Suramérica el 45 por ciento de las especies de mamíferos tiene ancestros del norte, en la mayor parte de Norteamérica, solo el 10 por ciento de las especies tienen ancestros del sur.

 Desde que este desequilibrio fue reconocido, hace más de 40 años, los paleontólogos han tratado infructuosamente de descifrar las razones a partir de los registros fósiles de las especies en ambos continentes. Y, ahora, finalmente, la investigación de un colombiano podría tener una respuesta satisfactoria.

 Él es Juan David Carrillo, biólogo de la Universidad Nacional de Colombia con una maestría y doctorado en paleontología de la Universidad de Zúrich, en Suiza. Carrillo, quien está afiliado al Museo de Historia Natural de París, y colaboradores, analizaron más de 20 mil registros fósiles de los últimos 23 millones de años, tanto en América del Norte como del Sur.

 Carrillo clasificó los fósiles de acuerdo con su ubicación geográfica y, usando métodos estadísticos, encontró que el desequilibrio biótico durante el Gran Intercambio pudo tener su origen en un episodio de extinción que tuvo lugar en las latitudes más australes, en la zona que hoy conocemos como la Pampa y la Patagonia. Esta extinción habría llevado a que una cantidad menor de animales pudiera desplazarse hacia el norte.

 “Encontramos que, en el Plioceno, entre 5 y 2,5 millones de años, ocurrió una alta extinción de mamíferos en Suramérica, que redujo la cantidad de especies nativas y por lo tanto las que podían migrar hacia Norteamérica. Esta extinción probablemente ocurrió en el sur del continente ya que la mayoría de los fósiles provienen de latitudes altas, y no de los trópicos”, dice Carrillo y agrega que la causa de esa extensión es aún desconocida.

 Pensamos que pudo haber sido una combinación de factores, pues en el sur del continente este periodo se caracterizó porque las temperaturas empezaban a ser más bajas y el clima más seco, y el paisaje de pasto de las pampas empezaba a extenderse, por lo que muchas especies pudieron no adaptarse a estos cambios”, indica el científico.

 

“Es posible que los carnívoros que llegaron del norte fueran depredadores más efectivos, contribuyendo a la extinción de animales suramericanos”

 Otro factor que pudo influir fue el hecho de que muchos de los mamíferos depredadores originarios del norte, como los tigres dientes de sable y los caninos, tenían cerebros más grandes y dientes carnívoros más desarrollados, que les ayudaron a depredar especies suramericanas.

 “Antes del intercambio, los depredadores en Suramérica eran marsupiales, un grupo de animales que incluye las zarigüeyas, mientras que en Norteamérica los animales carnívoros pertenecían al grupo de gatos, perros y osos. Es posible que los carnívoros que llegaron del norte fueran depredadores más efectivos, contribuyendo a la extinción de animales suramericanos”, asegura Carrillo.

 El paleontólogo, cuya investigación fue publicada recientemente en la revista Proceeings of the National Academy of Sciences, agrega que otra posibilidad es que los animales de Norteamérica hayan traído nuevos parásitos y enfermedades.

 De acuerdo con Carrillo, el siguiente paso de la investigación será tratar de entender mejor las razones de la extinción, así como investigar detalles de cómo ocurrió el intercambio, principalmente en los trópicos, de dónde se conocen menos fósiles, pero hay una gran biodiversidad.

 “Es importante seguir encontrando y describiendo los fósiles en los países latinoamericanos, incluyendo a Colombia, porque es la única manera de entender cómo estos eventos del pasado lejano influyeron en la biodiversidad que vemos en el presente", apunta.

 

Referencias:

Nicolás Bustamante. Explican las migraciones desiguales entre los mamíferos de América. Fuente: EL TIEMPO. 03.11.2020  (https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/explican-las-migraciones-desiguales-entre-los-mamiferos-de-america-546326?cid=SOC_PRP_POS-MAR_ET_FACEBOOK&fbclid=IwAR1-PSHk5D1esqDpdopPyuZXuceO7MFUd-P7DNL8BJmvqMv9qrZ9ILqtzv0) [Última consulta 03.11.2020].

 

Para más información por favor consulte: Carrillo, J. D., et al. (2020). "Disproportionate extinction of South American mammals drove the asymmetry of the Great American Biotic Interchange." Proceedings of the National Academy of Sciences PNAS: 1-7.

 

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miércoles, 21 de octubre de 2020

Importante descubrimiento de delfines de río en el Mioceno de La Venta, Colombia

 El sorprendente delfín que nadó en la Tatacoa hace millones de años

 Un pequeño hueso del oído da detalles de este habitante de los ríos prehistóricos de Colombia

 Un pequeño pedazo de roca, amorfa y llena de orificios, y aparentemente insignificante, encontrado en el desierto de la Tatacoa (Huila), acaba de convertirse, gracias al trabajo de un grupo de paleontólogos, en una pieza fundamental para la reconstrucción del rompecabezas evolutivo de los mamíferos de Sudamérica, más específicamente de aquellos que surcaron los ríos y lagos del continente.

 

Imagen del fósil del hueso de oído del delfín hallado en la Tatacoa.


Se trata de un hueso fosilizado del oído de un delfín que vivió en territorio colombiano durante el periodo conocido como Mioceno medio, entre 12 y 13 millones de años atrás. Dicho hueso tiene la particularidad de que perteneció a un cetáceo de agua dulce, lo que lo hace un descubrimiento sin precedentes en el país.

 Estos fósiles fueron estudiados durante una gran expedición paleontológica a la Tatacoa a comienzos de 2019 por un grupo internacional de científicos. Esta zona es reconocida mundialmente gracias a su riqueza fósil, que documenta muy bien el Mioceno medio con gran cantidad de ejemplares de mamíferos terrestres, cocodrilos y aves que solo vivieron en esta parte del mundo.

 


El equipo de investigadores estaba conformado, por primera vez, por científicos latinoamericanos de países como Colombia, Venezuela y Perú, quienes estaban liderados por el científico colombiano Carlos Jaramillo, del Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales.

 

Junto con los Vigías del Patrimonio Paleontológico de la Tatacoa, extrajeron varias toneladas de rocas del desierto entre las que había montones de fragmentos óseos de todos los tamaños, algunas grandes de varios cientos de kilogramos y otros muy pequeños, que resultaban muy reveladores para los científicos. Entre ellos, estaba el diminuto hueso de delfín, de unos dos centímetros de largo.

 


En una clara señal de la creciente colaboración paleológica entre países latinoamericanos, Jaramillo le encargó al peruano Aldo Benites-Palomino, del Museo de Investigaciones Paleontológico de Zúrich (Suiza) y quien hasta el momento se había especializado en cetáceos de mar abierto, que estudiara la muestra para intentar descifrar a qué especie pertenecía.

 

Un raro especimen del agua dulce

 


Benites explica que, aunque la región de la Tatacoa hoy está en medio de un árido desierto, durante el Mioceno medio estaba ocupada por bosques y ríos que confluían en un enorme lago conocido como Pebas, que comprendía buena parte del centro del país y desembocaba en el Caribe. Este lago era rico en biodiversidad y en él habitaban toda clase de criaturas acuáticas ya extintas.

 

“Sabíamos que este hueso, denominado periótico, es muy importante para los cetáceos, pues ellos dependen de sus oídos para poder navegar en las aguas, por lo cual, gracias a este fósil, podríamos obtener mucha información. Con seguridad, se trataba de un mamífero acuático que vivió en el lago Pebas”, asegura Benites, y agrega que el primer paso para intentar descifrar cómo era el animal al que pertenecía fue comparar su anatomía con parientes vivos, como los delfines de agua dulce de la actualidad.

 


“Nos dimos cuenta de que no se parecía en nada a lo que conocemos, principalmente en la familia 'Iniidae', a la que pertenecen los delfines rosados de la Amazonia. También notamos que tampoco era como los fósiles de delfines publicados en Perú en 2013”, señala Benites.

 El paleontólogo agrega que, para su sorpresa, y gracias a los análisis filogenéticos, descubrieron que el pariente más cercano a este animal extinto es el delfín actual del Río Ganges, en la India: “la primera pregunta que nos hicimos fue ‘qué hace en medio de Colombia un delfín de hace trece millones de años y cuyos parientes están al otro lado del mundo”, asegura Benites-Palomino.

 De acuerdo con el científico, pese a lo exótico del hallazgo, en la prehistoria, estos animales eran muy comunes; por ejemplo, hay registros de muchas especies en las costas de Perú, que aumentan año a año. Pero se sabe muy poco de ellos.

 

“Nos dimos cuenta de que no se parecía en nada a lo que conocemos, principalmente en la familia 'Iniidae', a la que pertenecen los delfines rosados de la Amazonia”

  “Lo poco que conocemos de los delfines de río extintos es gracias a las especies vivas. Por ejemplo, especies actuales como el Rosado, el de la Plata, el del Ganges, y el recientemente extinto del Río Amarillo (en China), tienen la cabeza redonda y hocicos muy largos, con muchos dientes, que les sirven para capturar toda clase de alimentos. En el caso de sus parientes fósiles, ellos competían por quién tenía la cara más larga, y nos hemos encontrado algunos con hocicos de hasta dos metros de largo”, dice.

 Otra característica es que, además, como los ríos son muy oscuros debido a la turbulencia de los sedimentos, son animales con ojos poco desarrollados, una carencia que han compensado con oídos muy buenos”, dice.

 

Más preguntas que respuestas

 La investigación de Benites fue publicada recientemente en el 'Journal of Vertebrate Paleontology', y fue llevada a cabo en conjunto con los investigadores Gabriel Aguirre Fernández, Jorge W. Moreno Bernal, Andrés Vanegas y Carlos Jaramillo. Ellos coinciden en que este trabajo deja más preguntas que respuestas.

 “Lo que tenemos son huesos muy fragmentarios, que no nos dejan clasificar al delfín como una especie nueva. Algunas de las preguntas que intentaremos resolver ahora son por qué estos animales decidieron mudarse del agua salada al agua dulce, por qué ahora solo se encuentran en la India, qué hizo que llegaran a América y por qué se extinguieron (una posibilidad que contemplan es que fueran presas del 'Purussaurus', el caimán más grande que ha existido y que convivió con ellos temporal y espacialmente), dice.

 Para poder responder a estas preguntas, los científicos seguirán explorando el desierto de la  la Tatacoa en busca de más pistas sobre los habitantes del que fuera una vez un fértil lago.

 

Referencias:

Nicolás Bustamante. El sorprendente delfín que nadó en la Tatacoa hace millones de años. Fuente: EL TIEMPO.  21.10.2020  (https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/el-delfin-prehistorico-que-nado-en-la-tatacoa-hace-millones-de-anos-historia-colombia-542505) [Última consulta 21.10.2020].


Para más información por favor consulte: Benites-Palomino, A., et al. (2020). "Miocene Freshwater Dolphins from La Venta, Huila, Colombia Suggest Independent Invasions of Riverine Environments in Tropical South America." Journal of Vertebrate Paleontology: e1812078.


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jueves, 24 de septiembre de 2020

Mastodonte descubierto en una mina artesanal en Risaralda

 El mastodonte de Irra: la historia de los restos fósiles que encontraron en Risaralda

Además de los huesos del enorme animal, también se hallaron maderas y semillas. Puede ser el principio de un importante hallazgo arqueológico que tiene, al menos, 10.000 años de antigüedad.

 

El hallazgo de un mastodonte en una mina de Irra, corregimiento de Quinchía, en Risaralda. - Foto: Cortesía CARDER

Hace un poco más de dos semanas, Fernando Alberto Tabarquino Melchor y otros mineros artesanales se toparon con un material extraño en el estrecho socavón donde estaban buscando pedazos de oro. Ellos, acostumbrados a sacar piedras grandes y cafés de casi un metro de diámetro, se encontraron de pronto con una veta de un material diferente: una especie de sedimento negro, muy húmedo, donde había muchas piedras pequeñas.

 El socavón queda en la vereda Mápura, en Irra, municipio de Quinchía, Risaralda. Irra es un caserío que queda a una hora y media de Pereira, al borde de la doble calzada entre el eje cafetero y Medellín, donde se vive del campo y de la minería artesanal. Sin embargo, el lugar donde está el descubrimiento es prácticamente un monte encajonado en el cañón de una quebrada que desemboca en el río Cauca. “Era muy extraño”, dijo Tabarquino cuando le preguntaron los funcionarios oficiales que fueron a verificar el hallazgo. “Nosotros sacamos ese material y seguimos excavando, hasta que un día se derrumbó un poquito. No fue demasiado, pero eso destapó un huesito”.

 

Uno de los huesos de mastodonte en el socavón. - Foto: Cortesía CARDER

Los mineros estaban inquietos. No se explicaban por qué a 20 metros hacia adentro de la montaña y a unos ocho metros por debajo de la superficie estaba apareciendo un esqueleto. Algunos dijeron que era una vaca, otros dijeron que podían ser restos humanos, pero cuando encontraron huesos tan grandes que, definitivamente, no podían ser de ningún animal conocido, alguien se animó a decir: “Esto debe ser prehistórico”.

 La historia la cuenta Julio César Gómez, el director de la CARDER, la Corporación Autónoma Regional de Risaralda. Él, desde Pereira, se enteró de que técnicos de control y vigilancia de la corporación habían reportado en Quinchía una finca donde había una mina artesanal de donde había restos fósiles. La situación era urgente: por eso decidió madrugar el martes pasado para ir con una comitiva de más de 10 personas para verificar la situación.

 

Funcionarios de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda y de la UTP en el sitio del hallazgo. - Foto: Cortesía CARDER


La minería artesanal es parte de la supervivencia económica de la región: “No utilizan aparatos ni químicos, solo azadones y palustres”, dice Gómez. Sin embargo, cuando el dueño de la finca se enteró de la visita de la autoridad ambiental, quedó asustado. Es una persona de la zona que vivía de la ganadería y que había sido desplazado por el frente 47 de las Farc, acababa de volver y les había permitido a los mineros hacer el socavón con la condición de que solo hicieran minería artesanal, sin mayores herramientas más que unas palas y unos baldes. “Si cuando vaya yo no encuentro nada ilegal, me concentro en el tema paleontológico”, le dijo Gómez. Y lo único raro que encontraron, fueron los huesos.

 

"Todo esto es apenas la punta del iceberg. Lo primero es definir la antigüedad, porque, así como puede ser de hace 10.000 años, también puede ser de 50.000 o de 100.000."

 Carlos López es antropólogo de la Universidad Nacional, tiene un doctorado en la Temple University de Filadelfia y actualmente es el director del Laboratorio de Ecología Histórica y Patrimonio Cultural de la Universidad Tecnológica de Pereira. Además, es un experto en arqueología. Por eso, cuando le propusieron integrar el grupo que iría a Irra para comprobar el hallazgo, se emocionó. Cuenta que con solo ver una foto supo que se trataba de restos de un animal gigantesco que se extinguió hace 10.000 años. “Es un proboscidio, un megamamífero emparentado con el elefante actual”, explica. “Los conocemos como mastodontes, podían pesar más de tres toneladas y se diferencian de los mamuts porque este tiene los colmillos más rectos, pero más o menos de un metro de largo”.

 


López explica que estos animales no vivieron en la época de los dinosaurios, como muchos creen, sino mucho después. Sin embargo, para él esto hace que todo sea aún más emocionante: ir a ver el sitio donde habían sido hallados estos restos era una oportunidad única: la extinción de estos animales coincidió con el poblamiento de América, así que esos restos pueden ayudar a entender cómo eran los paisajes y las condiciones de los primeros humanos que llegaron al continente.

 

La comitiva partió de Pereira a las 5:30 de la mañana del martes. Cuando llegaron a la finca en Irra tuvieron que andar un camino a pie y cruzar a pie un precario puente de guadua, hasta que una persona los llevó a un beneficiadero de café abandonado. Allí, sobre unas esteras, había unos 10 huesos gigantescos, además de varios fragmentos y huesos más pequeños.

 Pero el verdadero hallazgo estaba todavía más lejos: cuando López entró casi gateando en el túnel minero, entendió que esa tierra negra y húmeda donde estaban los huesos era toda una fotografía de hace miles de años. Con la ayuda de una linterna, además de los huesos del mastodonte que continuaban enterrados –incluyendo un colmillo de más de un metro de largo–, pudo ver semillas, troncos de madera e incluso pedazos de carbón. “Toda esa humedad ha permanecido intacta todos estos 10.000 años, incluso más”, dice López. “Lo interesante de todo esto es que permite reconstruir los climas del pasado”.

 

El colmillo del Mastodonte en el socavón. - Foto: Cortesía CARDER


Para López, además, la manera como se conserva ese bloque en medio de las piedras típicas de la zona, le permite lanzar teorías: posiblemente, por las dinámicas propias de la zona cafetera, se puede pensar que estos animales –que solían andar en manada y buscar espacios abiertos, al igual que los elefantes actuales– podían estar en un pequeño valle de la zona, cuando una avalancha o un deslave los sepultó. “Pudo ser algo similar a lo que se vivió en Mocoa, la capital del Putumayo, en el 2017”, explica. “Todo esto es apenas la punta del iceberg. Lo primero es definir la antigüedad, porque, así como puede ser de hace 10.000 años, también puede ser de 50.000 o de 100.000”.

 

"Sería interesante un parque arqueológico o paleontológico en un lugar tan golpeado por la violencia y con una vocación de oro. Es una alternativa turística, de interés, pero toca aliarse con la academia y con otros actores para lograrlo."

 No es común encontrar este tipo de restos en el eje cafetero. En Colombia, los hallazgos de megamamíferos siempre se han dado en espacios abiertos y llanos, donde se supone que sería normal encontrar al antepasado de un elefante: Humboldt reportó hallazgos en el siglo XIX, pero también hay referencias en la costa atlántica, cerca de Cartagena; en el municipio de Toro, en el Valle del Cauca, y en Tibitó, en la sabana de Bogotá, donde en los años setenta Thomas van der Hammen y Gonzalo Correal hallaron restos calcinados de mastodontes junto con herramientas de piedra, que los llevaron a pensar que los primeros pobladores, en lo que hoy es Colombia, cazaron y comieron este tipo de animales. Para López, hallar restos de un mastodonte en medio de los escarpados cañones del río Cauca, puede además ayudar a entender posibles rutas de colonización de estos animales o plantear posibles causas de su extinción.

 

Los restos del mastodonte que fueron extraídos de la mina. - Foto: Cortesía CARDER


Lo que falta, sin embargo, es una odisea casi tan grande como las piedras que tuvieron que mover los mineros para hallar al mastodonte de Irra. La mina fue clausurada y los mineros entendieron la importancia que podía llegar a tener: “La vida sigue, pero es algo muy bonito haber encontrado eso”, dice Tabarquino. Sin embargo, los mineros también están preocupados porque les toca buscar otra fuente de sustento.

 “Sería interesante un parque arqueológico o paleontológico en un lugar tan golpeado por la violencia y con una vocación de oro”, explica Julio César Gómez, el director de la CARDER. “Es una alternativa turística, de interés, pero toca aliarse con la academia y con otros actores para lograrlo”.

 

"Estos proyectos están en el rango de los miles de millones de pesos, pero son proyectos a largo plazo en los que se puede avanzar por fases. De ahí la necesidad de asegurar recursos para proteger el sitio y otros para poderlos investigar."

 López, por su parte, explica que los responsables de dar las pautas para continuar la investigación son el Servicio Geológico Colombiano y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia. Ellos son los que deciden quién puede investigar el hallazgo.

 Sin embargo, una vez exista el permiso para investigar, se necesitan recursos. Solo revisar los huesos hallados requiere de un especialista en paleontología y de estudios de carbono 14, que se realizan en laboratorios de otros países y dan una datación histórica con una precisión de 20 años. También se necesitarían especialistas en paleobotánica, geología y arqueología, sin contar con la complejidad de la excavación. “Estos proyectos están en el rango de los miles de millones de pesos, pero son proyectos a largo plazo en los que se puede avanzar por fases”, dice López. “De ahí la necesidad de asegurar recursos para proteger el sitio y otros para poderlos investigar”.

 Mientras eso sucede, el mastodonte de Irra continúa enterrado. Y la información que puede revelar sobre la prehistoria de Colombia, seguirá esperando entre el lodo de un estrecho socavón encerrado en un cañón del río Cauca.

 

 Referencias:

El mastodonte de Irra: la historia de los restos fósiles que encontraron en Risaralda. Fuente: SEMANA. 24.09.2020  (https://www.semana.com/nacion/articulo/el-mastodonte-de-irra-la-historia-de-los-restos-fosiles-que-encontraron-en-risaralda/202018/) [Última consulta 24.09.2020].

 

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viernes, 18 de septiembre de 2020

Nuevo estudio sobre el verdadero tamaño del Megalodón con la participación de la paleontóloga colombiana Catalina Pimiento

 Revelan el verdadero tamaño del impresionante megalodón

 Científicos estudiaron las dimensiones del cuerpo, incluidas las aletas, del tiburón prehistórico.

 Existe una terrible fascinación por determinar el tamaño de los tiburones más grandes, pero esto puede ser difícil para las formas fósiles donde los dientes son a menudo todo lo que queda.

 Hoy en día, el tiburón vivo más temible es el 'gran blanco', de más de seis metros de largo, y que muerde con una fuerza de dos toneladas.

 Su pariente fósil, el gran tiburón dentado Megalodón, estrella de varias películas de Hollywood, vivió desde hace 23 hasta alrededor de tres millones de años, medía más del doble de largo que un 'gran blanco' y tenía una fuerza de mordida de más de diez toneladas.

 Los fósiles del Megalodón son en su mayoría enormes dientes de corte triangulares más grandes que una mano humana.

 Jack Cooper, quien acaba de completar la Maestría en Paleobiología en la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Bristol, y sus colegas de Bristol y Swansea utilizaron una serie de métodos matemáticos para precisar el tamaño y las proporciones de este monstruo, haciendo comparaciones cercanas con un diversidad de parientes vivos con similitudes ecológicas y fisiológicas con Megalodon.

 Sus hallazgos se publican en la revista Scientific Reports.

 

Comparación del tamarao de una aleta de megalodón con un adulto de 1,60 metros

Cooper explica en un comunicado que "estudiar al animal completo es difícil, considerando que lo único que tenemos son muchos dientes aislados".

 Anteriormente, el tiburón fósil, conocido formalmente como Otodus megalodon, solo se comparaba con el Gran Blanco. Jack y sus colegas, por primera vez, ampliaron este análisis para incluir cinco tiburones modernos.

 La paleontóloga Catalina Pimiento, quien también participó en el estudio, dijo: "El megalodón no es un antepasado directo del Gran Blanco, pero está igualmente relacionado con otros tiburones macropredadores como el Makos, el tiburón salmón y el tiburón marrajo sardinero, así como el Gran blanco. Recopilamos medidas detalladas de los cinco para hacer predicciones sobre el megalodón".

 

Reconstrucción de las dimensiones de un megalodón durante las diferentes etapas de su vida

Por su parte, el profesor Mike Benton agregó: "Antes de que pudiéramos hacer algo, tuvimos que probar si estos cinco tiburones modernos cambiaban de proporciones a medida que crecían. Si, por ejemplo, hubieran sido como humanos, donde los bebés tienen la cabeza grande y las piernas cortas, habríamos tenido algunas dificultades para proyectar las proporciones adultas de un tiburón extinto tan grande. Pero nos sorprendió y alivió descubrir que, de hecho, las crías de todos estos tiburones depredadores modernos comienzan como pequeños adultos y no cambian en proporción a medida que crecen".

 Jack Cooper dijo: "Esto significa que simplemente podríamos tomar las curvas de crecimiento de las cinco formas modernas y proyectar la forma general a medida que se hacen cada vez más grandes, hasta una longitud corporal de 16 metros".

 Dimensiones

 Los resultados sugieren que un Otodus megalodon de 16 metros de largo probablemente tenía una cabeza redonda de 4,65 metros de largo, una aleta dorsal de aproximadamente 1,62 metros de alto y una cola de alrededor de 3,85 metros de alto.

 Esto significa que un humano adulto podría pararse sobre la espalda de este tiburón y tendría aproximadamente la misma altura que la aleta dorsal.

 La reconstrucción del tamaño de las partes del cuerpo de Megalodon representa un paso fundamental hacia una mejor comprensión de la fisiología de este gigante y los factores intrínsecos que pueden haberlo hecho propenso a la extinción.

 

Referencias:

 Nicolás Bustamante. Revelan el verdadero tamaño del impresionante megalodón. Fuente: El Tiempo 18.09.2020 (https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/megalodon-revelan-el-verdadero-tamano-del-impresionante-megalodon-prehistorico-536399) [Última consulta 18.09.2020]. - EUROPA PRESS

 

Para más información por favor consulte: Cooper, J.A., Pimiento, C., Ferrón, H.G. et al. Body dimensions of the extinct giant shark Otodus megalodon: a 2D reconstruction. Sci Rep 10, 14596 (2020). https://doi.org/10.1038/s41598-020-71387-y


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