viernes, 29 de marzo de 2019

El megaterio que aguarda a ser excavado en una cueva en Santander

Ampliación de la noticia sobre el descubrimiento de mamíferos fósiles en la caverna La Tronera en el departamento de Santander realizado en 2016.

Encuentran fósil de megaterio en la caverna La Tronera de Santander



El hallazgo fue realizado por un grupo de expertos que se encuentra explorando las cavernas del país.
Un grupo de espeleólogos colombianos que se aventuró a explorar la caverna La Tronera, ubicada cerca del municipio de El Peñón, Santander, no imaginó que en su interior y a cientos de metros de profundidad hallarían un fósil de hace miles de años.

Los exploradores, liderados por Juan Carlos Higuera, presidente de la Sociedad Colombiana de Espeleología, encontraron los restos de un megaterio.

El megaterio, que habitó Colombia hace miles de años, pesaba varias toneladas y podía medir más de 6 metros.




Referencias:

Elías Barrantes. Encuentran fósil de megaterio en la caverna La Tronera de Santander. Fuente: Noticias RCN 01.02.2019 (https://noticias.canalrcn.com/nacional-regiones-oriente/encuentran-fosil-megaterio-caverna-tronera-santander?fbclid=IwAR1_GExwCL3LL7oJe3cY54CoEQ8mmgtMJVq4eai1UZOvi5ru2wv1AU6q2k4) [Última consulta 29.03.2019].




El cementerio fósil del gran perezoso

El periodista Nicolás Bustamante sostiene uno de los fósiles encontrados en la Tronera. Foto: Juan Carlos Higuera


Un yacimiento paleontológico podría ofrecer pistas para entender la evolución de la fauna de país.
En el año 2011, una expedición de la Sociedad Colombiana de Espeleología se internó en una caverna del municipio de El Peñón (Santander), en el centro del país, en busca de los misterios que pudieran esconderse allí. Lo que encontraron podría convertirse en una pieza fundamental para entender el origen de la fauna que, en la actualidad, habita en nuestro territorio.

El objetivo de la última expedición de Colombia Subterránea –el especial periodístico de EL TIEMPO que durante los últimos meses recorrió algunas de las cuevas más sorprendentes del país– fue recoger los pasos de aquellos expedicionarios para evidenciar cómo, pese a la importancia de su hallazgo, después de todo este tiempo no se han tomado las medidas necesarias para estudiarlo en detalle. Se trata de los huesos fosilizados de lo que, según indica información preliminar, sería un perezoso extinto de gran tamaño, mamíferos que se extinguieron hace aproximadamente 8 mil años.

La expedición comienza muy temprano, en la cabecera municipal de El Peñón. La mañana está fría y húmeda, pues llovió durante toda la noche. Desde allí nos desplazamos en carro hasta la finca de un campesino, quien, junto con algunos compañeros, nos ayudará a cargar nuestros equipos hasta la caverna, localizada a una hora y media de caminata.

Nuestras piernas se hunden casi hasta la rodilla con cada paso que damos entre la vegetación que, por cuenta de las fuertes lluvias de las últimas semanas, se ha convertido en un terreno fangoso. El sol está casi en su cénit cuando llegamos a la boca de la caverna, cubierta por un denso matorral. Atravesamos la espesa red de chamizos y vemos, por primera vez, la entrada a la caverna La Tronera.

El orificio es una de las estructuras naturales más impresionantes que he visto. La mejor manera de describirlo es haciendo un símil con un gigantesco embudo de roca escarpada, en el que el cono superior mide por lo menos 60 metros de diámetro y la parte más angosta se interna, empinada, en las entrañas de la Tierra. Justo en el punto medio, en una zona resguardada de la lluvia y alejada de la humedad de la cueva, ubicaremos nuestro campamento antes de ir en busca del antiguo perezoso.



El corazón del mundo

Es casi la una de la tarde cuando decidimos separarnos: Manuel Alzate, nuestro videógrafo irá junto con Juan Carlos Higuera –director de la Sociedad Colombiana de Espeleología y miembro de la excursión que en el 2011 halló el cementerio– por el exterior de la caverna hacia la parte más alta de la colina; buscarán una claraboya que apunta, tras una caída de 160 metros, al interior de la caverna. Higuera descenderá haciendo rapel por este precipicio, al que, por su forma, las comunidades de la zona han bautizado ‘el Corazón del Mundo’. El objetivo es obtener una imagen única para el documental que publicaremos en eltiempo.com.
Mientras, el español Jorge Esteve, profesor del departamento de geociencias de la Universidad de los Andes, doctor en paleontología y nuestro respaldo científico, y yo, haremos la inmersión a pie, iniciando desde la boca de la caverna. La galería que contiene los fósiles se encuentra a 750 metros en el interior de la Tierra, según la cartografía de la Tronera elaborada por Higuera, quien incluyó a esta gruta en su libro 'Cavernas de Colombia', de Villegas Editores.

La operación de Higuera y Alzate, que debía tardar una hora, se toma casi cinco, pues para poder hacer su descenso con total seguridad, el espeleólogo tuvo que despejar todos los obstáculos que pudieran enredarse en su cuerda. Finalmente y en medio de un rayo de luz hizo su descenso. Lejos, como una diminuta araña que se desliza por su red, se le ve bajando hasta nuestro encuentro. Cuando por fin volvemos a estar reunidos todos los miembros de la expedición, consumimos algunas provisiones antes de continuar hacia nuestro destino. Ha caído la noche y los últimos rayos de luz que bajaban por el Corazón del Mundo se han ido. Ahora, solo nos quedan nuestras linternas y la limitada iluminación que nos podrán proporcionar mientras duren sus baterías. Sin percatarnos son las casi las 10 de la noche.

El trayecto al interior de la caverna es especialmente difícil y está conformado por piedras lisas y afiladas, sobre las que resulta peligroso apoyarnos. De súbito escuchamos el ruido impetuoso del agua. La corriente pasa después de un pequeño pasadizo en el suelo frente a nosotros. Lo que vemos nos roba el aliento: un brioso río, cuyas aguas de color ocre corren en medio de las tinieblas hacia lo desconocido: “no entraremos ahí”, pensamos Esteve y yo, presas del miedo. Higuera, quien conoce perfectamente el camino, nos tranquiliza: “confíen en mí”.



El cementerio fósil

Higuera y yo somos los primeros en lanzarnos al agua helada. Nuestra intención es reconocer el terreno antes de que Alzate y Esteve se nos unan. Nos metemos por un recoveco en el que el río subterráneo está en calma y casi no se mueve. Empezamos a caminar por un túnel en el que el agua nos da hasta la cintura. En algunos tramos debemos pasar por estrechuras en las que la cabeza casi toca el techo de la caverna.
Tras recorrer unos 250 metros, llegamos a una ‘playa’ con una pared en el fondo. Higuera es el primero en subir; pone unas chapas en el muro y nos lanza una cuerda. Escalamos. En medio de la tierra blanda y gredosa sobresalen decenas de huesos fosilizados, algunos de color blanco y los otros más amarillos. Los hay de todos los tamaños y formas, incluidas algunas piezas dentales. El paleontólogo Esteve afirma que estamos ante un auténtico cementerio fósil.



“A simple vista y sin tener que llevar a cabo análisis muy profundos, notamos que no hay fósiles de un solo animal, sino de varios. Hay piezas grandes que, posiblemente, pertenezcan a organismos de gran tamaño como los perezoso extintos, pero también pudimos ver algunas vértebras y dientes que pueden ser de pequeños depredadores”, explicaría a la mañana siguiente y en nuestro campamento, Esteve. De acuerdo con el científico, el estudio de estos fósiles es muy importante para conocer las transformaciones en la fauna de los últimos 250 mil años, las cuales están relacionadas con el cambio climático, así como para entender más acerca de los cambios de la biodiversidad entre América del Norte y del Sur. A la pregunta del millón, que es cómo pudieron estos fósiles llegar hasta ese encerrado lugar, Esteve lanza algunas hipótesis:
“El estudio que se encarga de responder esta pregunta es la tafonomía, que analizaría cómo los fósiles se enterraron y cómo fue su proceso de fosilización; los restos en cavernas muchas veces fueron llevados hasta ahí por depredadores, los cuales utilizan estos lugares, conocidos como cubiles, para alimentarse. Sin embargo, yo no creo que este sea el caso, pues como vimos, la galería está en el fondo de una sima (cavidad) bastante vertical, por lo que es posible que estos animales estuvieran caminando por la superficie, se despeñaran y murieran al caer por esta trampa natural. Luego, la erosión y el transporte del agua los ha ido moviendo, que es la razón por la cual los huesos estarían desperdigados”, señala.

Esteve nos cuenta algunos datos sobre los antiguos perezosos: “se trata de animales bastante enigmáticos. Podían medir hasta cinco metros de altura y eran capaces de ponerse en dos patas. Vivieron en América del Sur hasta hace unos ocho mil años, cuando se extinguieron, por dos posibles causas: el cambio climático o la acción del hombre, que por esas épocas ya era muy activo. Aparte de esto, no se sabe con certeza si eran meramente herbívoros, si cazaban presas pequeñas o eran carroñeros, como algunos osos actuales”, dice el experto. El científico agrega que gracias a estos animales de gran tamaño es que tenemos frutas exquisitas como los aguacates, que tienen semillas grandes que solo podían ser dispersadas por ellos, quienes las comían y luego las depositaban en sus heces en lugares lejanos.



Si bien en el 2017 el Servicio Geológico Colombiano llevó a cabo una expedición en la Tronera y encontró que, efectivamente, los fósiles pertenecen a un perezoso de gran tamaño y a otros mamíferos ya extintos de los géneros 'Hydrochoerus y Tremarctos' (cercanos a los capibaras y osos andinos actuales, respectivamente), Esteve cree que estudiar más a fondo este yacimiento podría ayudar a desentrañar otros misterios sobre estos intrigantes animales. Por eso hace un llamado de atención sobre la urgencia de hacer una excavación en la Tronera:
“Habría que hacer esfuerzos desde distintas instituciones públicas y privadas para estudiar y conservar esta caverna y todas las que hay por esta zona. Aunque es un lugar con un acceso muy difícil, no sería la primera vez que se hace una excavación en una caverna. Es cuestión de esfuerzo y compromiso. Pese a que el lugar es muy húmedo, los restos están bien conservados, así que creo que pueden se sacados. Si esto no ocurre en un corto plazo, la madre naturaleza no se detendrá, el agua seguirá fluyendo y es posible que estos fósiles desaparezcan y se destruyan”, apunta Esteve.














Referencias:

Nicolás Bustamante. El cementerio fósil del gran perezoso. Fuente: Periódico El Tiempo 18.06.2019 (https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/yacimiento-paleontologico-en-la-caverna-la-tronera-santander-375890?fbclid=IwAR2Cgr2RkeBDEji7tz5x372gHFOq3f7K-LcXkAuh8_00tbmt6RXbl5GaLE0) [Última consulta 19.06.2019].



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viernes, 15 de marzo de 2019

Un coleccionista en el desierto de la Tatacoa

La Tormenta es el museo construido por César Perdomo en este territorio huilense. El lugar, que alberga 5.000 piezas de fósiles de peces, reptiles, mamíferos, aves y plantas, guarda la historia de esta región, que solía ser un sistema de humedales hace 15 millones de años.

Como niños en tienda de dulces se sintieron los investigadores que visitaron la colección del Museo La Tormenta de César Perdomo, en pleno centro del desierto. Este hombre alberga alrededor de 5.000 fósiles. Fotografías: Felipe Villegas. Instituto Humboldt


Crecemos con una tendencia natural para coleccionar. Es común que los niños reúnan piedras, conchitas marinas, hojas o juguetes. En algunas personas esta tendencia permanece muy marcada con el pasar de los años. César Perdomo es una de ellas y su increíble colección de fósiles así lo demuestra. Tarros de todos los tamaños, cajas y vitrinas sin vidrio almacenan cientos de dientes, vértebras, costillas, placas y demás restos fósiles.



El desierto de La Tatacoa no es en realidad un desierto, y de hecho, hace 15 millones de años era un sistema de humedales lleno de caimanes gigantes, tortugas y peces. Hoy es más común encontrar cabras y personas en un paisaje seco y altamente transformado. Y si se mira al suelo, o se busca con cuidado, verás los restos fósiles de reptiles, mamíferos y peces extintos.




El Museo La Tormenta se encuentra ubicado en el extremo sur de lo que se conoce como el anillo turístico del desierto La Tatacoa. Aunque desde hace poco se encuentra ubicado allí, justo a la vista de quienes pasan en su travesía en bicicleta, moto o auto, este museo existe desde hace décadas en la mente de César Perdomo. Desde muy niño, César imaginó tener un lugar para albergar los fósiles que iba encontrando cerca de su casa en el desierto. Hoy, su museo alberga no solo una gran cantidad de fósiles sino la historia de lo que ha sido la paleontología en la Tatacoa, a través de la memoria familiar.




César Perdomo tiene 38 años y hace 28 recoge fósiles en el desierto La Tatacoa. Recuerda que encontró su primer fósil una tarde recogiendo las ovejas un día de diciembre, lo guardó sin saber aún que era una vértebra de cocodrilo. Ésta sería tan solo la primera de las tantas que almacena en su casa. Esa curiosidad que lo llevó a recoger eso que parecía una roca con forma rara, ha permanecido en él todos estos años y todos los días sale a caminar el desierto para buscar fósiles y, tal vez, encontrar algo nuevo o diferente que lo sorprenda.




César estima que su colección ya supera las 5000 piezas. Esa cantidad no solo habla de los casi 30 años de colecta empírica sino de la gran diversidad y abundancia de fósiles que se encuentran en el desierto de La Tatacoa. César es custodio de fósiles de peces, reptiles, mamíferos, aves y plantas.




César guarda celosamente este caparazón de tortuga bajo su cama desde hace 15 años. Lo extrajo él mismo con ayuda de pica, pala y unos palos para subirlo al campero que tenía por esa época. Es un caparazón completo y muy bien preservado que lo llena de orgullo. César es un colector innato con habilidades para encontrar y cuidar estos tesoros que dan cuenta del pasado en Colombia. Como él mismo dice, “esto es un trabajo de loco, pero con buena imaginación”.




Andrés Vanegas y César Perdomo tienen mucho en común. Ambos son habitantes del desierto y apasionados por los fósiles. Desde niños cada uno, por su cuenta, soñó con hacer un museo, y hoy,  poco a poco, ven cómo este anhelo se va consolidando. Andrés es el director del Museo de Historia Natural La Tatacoa en La Victoria y César lidera el Museo La Tormenta. Sus esfuerzos son complementarios y muestran cómo la curiosidad por entender el mundo no discrimina lugares geográficos.




En enero de 2019, un grupo de geólogos y paleontólogos visitó La Tatacoa. Al enterarse de la colección de Perdomo, los científicos lo visitaron y, como niños en tienda de dulces, sacaron los fósiles de los tarros, los observaron y los separaron en un esfuerzo por ayudar a César a organizar su colección.




Investigadores del Instituto Smithsonian, Universidad del Norte, Universidad de Zurich, Universidad Fluminense y Museo de Urumaco se sorprendieron con la colección del Museo La Tormenta. No esperaban encontrar algo así en la mitad del desierto, fósiles de tan alto valor paleontológico ya colectados. Un próximo paso será registrar la memoria histórica de décadas de colección e interacción con paleontólogos nacionales e internacionales que han visitado el lugar a través de los años. La curación de los especímenes del Museo es también una tarea pendiente que se realizará de la mano de expertos.




Al ver estas piezas, Rodolfo Sánchez seguramente recuerda su propia historia. Desde muy pequeño colecta fósiles, y esos que guardó por años, hacen parte ahora de la colección del Museo de Urumaco en Venezuela, lugar donde trabaja. Para César Perdomo es muy importante que vengan a visitarlo investigadores “Uno se va animando, dos cabezas es mejor. Esto no es un negocio, yo no lo hago con ambición, lo hago por la historia, eso es patrimonio”.




Referencias:

Luz Helena Oviedo. Un coleccionista en el desierto de la Tatacoa. Fuente: Periódico El Espectador 14.03.2019 (https://www.elespectador.com/noticias/ciencia/un-coleccionista-en-el-desierto-de-la-tatacoa-articulo-844799?fbclid=IwAR13BO3ZFkLvYKfI_jF7Kn6RY3OG9sN7Y9JH7l55vDtPGBM3Jaoypk-2uCI) [Última consulta 15.03.2019].


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martes, 29 de enero de 2019

Describen los restos más completos hallados hasta el momento del ictiosaurio Platypterygius Sachicarum


Ictiosaurio más completo de Colombia fue hallado en Villa de Leyva

El fósil se encuentra en el laboratorio desde donde ya se puede observar, mientras le adecuan un lugar privilegiado en el Centro de Investigación.



En el 2014 en la vereda El Roble se localizó un fósil de aproximadamente 4 metros. Desde la fecha un grupo de investigadores empezaron los estudios respectivos para dar hoy la gran noticia en el mundo Paleontológico.

"Este es un Ictiosaurio, este es un reptil marino, ya que acá en Villa de Leyva hace 130 millones de años había un mar", señaló Mary Luz Parra, gerente del Centro de Investigaciones Paleontológicas de Villa de Leyva.

La composición del fósil a diferencia de los ya encontrados en el mundo lo destacan, convirtiéndose en uno de los más completos hasta la fecha.

"Este viene hacer el más completo que se ha encontrado de esta especie y tiene, pues parte de su cráneo que antes no se había estudiado y también tiene su aleta fusionada", agregó la gerente del Centro de Investigación Paleontológico de Villa de Leyva.

Los estudios, además, resaltan la patología presentada en las vértebras del reptil marino.
"Nunca antes en acá en Colombia se habían estudiado patologías y pues en este gracias a un congreso que se hizo latinoamericano de Paleontología acá en Villa de Leyva, se data de que este Ictiosaurio tiene fusionadas unas de sus vertebras", dijo Mary Luz Parra.



Solo tres días de exhibición lleva este fósil del periodo cretácico y ya se convierte en una de las principales atracciones en la región.

"Es el único en la especie porque ya teníamos antes una parte del cráneo del Platypterygius Sachicarum, ahora tenemos el ejemplar completo", resaltó la funcionaria.

El fósil se encuentra en el laboratorio desde donde ya se puede observar, mientras le adecúan un lugar privilegiado en el Centro de Investigación.


 Referencias:

Jair Niño. Ictiosaurio más completo de Colombia fue hallado en Villa de Leyva. Fuente: Blu Radio 18.04.2019 (https://www.bluradio.com/regionales/ictiosaurio-mas-completo-de-colombia-fue-hallado-en-villa-de-leyva-211958-ie430?fbclid=IwAR1tsU58kgNjLcEjD6v9BxJtITbzWb_cmRWtTl2W75WHL1weXGXWrUuzoyw) [Última consulta 12.07.2019].


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Expedición de científicos colombianos al desierto de La Tatacoa, Enero de 2019


Desierto de La Tatacoa, bajo la lupa de científicos colombianos

Al desierto de La Tatacoa (Huila) han llegado científicos de la paleontología desde hace más de 100 años, atraídos por la cantidad de restos fósiles que sin mucho esfuerzo se encuentran en los 330 kilómetros cuadrados que componen la segunda zona más árida del país, que aunque le llaman desierto su ecosistema es un bosque seco tropical.

Dentro de los hallazgos en campo se destaca un cocodrilo fósil.

En el municipio de Villavieja, que tiene la jurisdicción sobre la zona en cuestión, más exactamente en la vereda La Victoria se escucha a los habitantes hablar de la vez que vinieron los japoneses y los fósiles que se llevaron. Parece una parte importante de la historia del lugar, y sí que lo es. Gracias a la viveza de estos científicos asiáticos, que recolectaron y compraron a tutiplén restos fósiles que nunca más regresarían al país, la comunidad se percató de que algo valían las piedras que reposaban en sus casas como adornos o cachivaches curiosos. Poco a poco entendieron que el valor no es económico, y tiene más que ver con la herencia que reciben de esta tierra que habitan.

El 7 de enero de este año, un grupo de científicos, en su mayoría colombianos, arribó al lugar para empezar a cambiar esa estadística actual que indica que los extranjeros saben más de las especies que habitaron esta zona —que hace entre 16 y 13 millones de años era un bosque húmedo tropical que albergaba las condiciones propicias para múltiples especies de flora y fauna— que los propios colombianos.

¿Por qué tardaron tanto en llegar? El geólogo Carlos Jaramillo, investigador del Smithsonian Institute of Tropical Research y quien lidera el equipo de casi 50 personas que conforman la expedición, dice sin tapujos que por mucho tiempo fue un lugar desconocido para ellos, del que casi no se tenía referencia en la academia nacional, pero ahora el país cuenta con una masa crítica de profesionales que están haciendo ciencia de categoría internacional en este campo, por lo que se dan las circunstancias idóneas para investigar a profundidad el lugar.

“Este sitio es increíble en términos de su riqueza paleontológica y que las rocas están expuestas: podemos seguir una misma capa por kilómetros. Es un sitio único en Colombia. No hay nada ni siquiera cercano, de esa magnitud, en todo el trópico, ni en Asia, África o Sur América. Es una oportunidad única para entender cómo funciona el trópico, sus bosques y cómo han cambiado como respuesta a grandes cambios en el clima”, explica Jaramillo, profesor honorario de Uninorte.

Dentro de la delegación de científicos cuatro de estos son de Uninorte: Jaime Escobar, ingeniero ambiental doctor en Ecología Paleoclima, quien se encarga de estudiar muestras de paleosuelo y análisis isotópicos de los fósiles con miras a entender el clima del periodo en que habitaron las especies encontradas y su dieta; Camilo Montes, geólogo estructural que en la expedición se encargó de dirigir la cartografía, el mapa geológico, que le sirve a los demás investigadores para guiar la búsqueda de fósiles e identificar periodos de tiempo; Aldo Rincón, paleontólogo experto en mamíferos fósiles, uno de los mejores colectores en campo, que en esta ocasión se enfocó en buscar patas de ungulados (mamíferos con pezuñas) que podrían estar relacionados con los caballos actuales, pues durante mucho tiempo se ha pensado que los mamíferos ungulados que habitaron en Sur América en el pasado no tienen relación con los caballos que más tarde trajeron los europeos al continente; y Jorge Moreno, estudiante del doctorado de Ciencias del Mar, especialista en cocodrilos fósiles, quien se encargó de recolectar una especie de cocodrilo parecido al gavial actual de India.



A ellos se sumaron cuatro estudiantes del programa de Geología, quienes trabajaron mano a mano con expertos de gran trayectoria en este campo profesional. Estefanía Gómez, de quinto semestre, recuerda que al principio sentía temor por estar al lado de profesionales tan reconocidos, pero luego aprovechó todas las oportunidades para aprender al máximo. Encontró fósiles de dientes de peces y vertebras de serpientes, vivió de cerca las caminatas interminables que se requieren para hacer una cartografía, o experimentó la labor minuciosa que exige extraer un fósil sin dañarlo y conservar su contexto. Cosas que le ayudaron a confirmar el amor por la carrera que eligió estudiar hace dos años.

Todos saben que este apenas es el principio de años de investigación en laboratorio, de horas incesantes de búsqueda en la literatura científica para clasificar correctamente las piezas encontradas en las dos semanas que estuvieron en campo, a temperaturas que alcanzaban los casi 40º —pero que se sienten por lo menos a 60—.

En ese tiempo encontraron pistas para las preguntas generales que guiaron el trabajo, como identificar el momento en que se formó la cordillera oriental y lo que esto influyó en el cambio de las condiciones del ecosistema al cerrar la conexión que existía con el Amazonas; entender cómo y cuándo se formó el río Magdalena, que nace cerca de la zona; o cómo afectó el calentamiento global que se presentó hace entre 16 y 13 millones de años, que presentaba condiciones ambientales similares a las que se proyectan para dentro de unos 100 años.

Todas las investigaciones que se desarrollen se harán con la participación activa de los Vigías del Patrimonio de La Victoria, un grupo de jóvenes de la vereda que casi a diario recolecta fósiles y que, en parte, fueron los culpables de que esta expedición se llevara a cabo.

“Han sido compañeros de lo que estamos haciendo. Y es la primera vez que los fósiles que se colectan no se sacan de la región; se van a quedar aquí en la colección del museo de Historia Natural de la Tatacoa. Espero que haya investigación aquí por lo menos por los próximos 200 años, porque el material así lo amerita”, dice Jaramillo, y destaca lo que ocurre con los vigías como un ejemplo único de cómo la comunidad se puede apropiar de su herencia natural.


Referencias:

Jesús Anturi. Desierto de La Tatacoa, bajo la lupa de científicos colombianos. Grupo Prensa - UniNorte 29.01.2019 (https://www.uninorte.edu.co/web/grupo-prensa/noticia?articleId=14113862&groupId=73923&fbclid=IwAR1GUTNXHq0ZBBGtlGbg4ZrhZhXqNUN2HKzNwyghJmDzJurcCI165OgHkSI) [Última consulta 29.01.2019].



El sitio más rico en fósiles del trópico

En este proyecto participa el grupo de investigación en Geociencias - GEO4, y el Instituto de Desarrollo Sostenible.

La primera gran expedición de geólogos y paleontólogos colombianos comenzó el periplo investigativo en un lugar que por más de 100 años ha sido referente mundial para la búsqueda de especies que habitaron el planeta hace entre 16 y 10 millones de años.

Al desierto de La Tatacoa, en Huila, han llegado geólogos y paleontólogos , desde hace más de 100 años, atraídos principalmente por la cantidad de restos fósiles que sin mucho esfuerzo se encuentran en los 330 kilómetros cuadrados que componen la segunda zona más árida de Colombia, que, aunque le llaman desierto, su ecosistema es realmente un bosque seco tropical. Decimos que “sin mucho esfuerzo” porque eso repiten los científicos constantemente, pero es solo llegar al lugar y darse cuenta de que el asunto, a ojos no entrenados, se parece más a encontrar un cabello en un campo de fútbol.

En el municipio de Villavieja, más exactamente en la vereda La Victoria, se escucha a los habitantes hablar de la vez que vinieron los norteamericanos y los japoneses y de los fósiles que se llevaron y que ahora hacen parte de colecciones en museos fuera del país. Gracias a las expediciones de estos científicos extranjeros, que recolectaron a tutiplén restos fósiles que los habitantes del lugar solían conservar en sus propiedades, la comunidad se percató de que algo valían las rocas y huesos fosilizados que reposaban en sus casas como adornos o cachivaches curiosos. Poco a poco entendieron que el valor no es económico, sino con la herencia que reciben de la tierra que llaman hogar.

Científicos colombianos apenas empezaron a explorar la zona a profundidad. Y este año, en el mes de enero, se conformó la primera gran expedición nacional que apunta a cambiar la estadística que indica que los extranjeros saben más de las especies que habitaron esta zona —hace entre 16 y 10 millones de años era un bosque húmedo tropical que albergaba las condiciones propicias para múltiples especies de flora y fauna— que los propios colombianos.

El geólogo Carlos Jaramillo, investigador del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) y profesor honorario de Uninorte, y quien lideró el equipo de casi 50 personas que conformaron esta primera gran exploración, lo llama el bautizo de las expediciones en el sitio más rico de fósiles del trópico.

“Este sitio es increíble en términos de su riqueza paleontológica y porque las rocas están expuestas: podemos seguir una misma capa por kilómetros. Es un sitio único en Colombia. No hay nada ni siquiera cercano, de esa magnitud, en todo el trópico, ni en Asia, África o Sur América. Es una oportunidad única para entender cómo funciona el trópico, sus bosques y cómo han cambiado como respuesta a grandes cambios en el clima”, explica Jaramillo, profesor honorario de Uninorte.

Pero la región es un referente científico a nivel global y ya era hora de que llegaran colombianos a escribir su nombre al lado del conocimiento que las huellas del lugar aporten para entender cómo era la vida en el planeta durante el mioceno (período de tiempo geológico que va entre 23 y 5 millones de años atrás). De acuerdo con Jaramillo, es tal la importancia de La Venta que la escala de edades de mamíferos suramericanos que se usa a nivel mundial tiene una época bautizada con su nombre: Laventense.

Así que cuando Andrés Vanegas, un joven nacido en La Victoria aficionado a recolectar fósiles y que a pulso ha levantado el Museo Vigías del Patrimonio La Victoria, le escribió un correo para invitarlo a que conociera la colección de casi 1600 especímenes fósiles, Jaramillo vio que era una oportunidad ideal para reactivar la investigación en la zona. Sobre todo ahora que el país ha entrado en una época de menos violencia en el campo y cuenta con una masa crítica de profesionales en el área que están haciendo ciencia de categoría internacional. Y, como si fuera poco, vio que todo esto podía hacerse en cooperación con la comunidad.
El equipo de investigadores que hicieron parte de esta primera gran expedición estuvo conformado por cuatro grupos de paleontólogos, responsables de la búsqueda de fósiles, y uno de geólogos, cuya tarea fue hacer el mapa geológico de la zona. La salida fue apoyada por el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, la Universidad del Norte, la Universidad Eafit y la Universidad del Rosario, y contó con la participación activa del grupo de jóvenes que conforman el colectivo Vigías del Patrimonio Paleontológico La Tatacoa.

Dentro de la delegación, cuatro científicos son de Uninorte. Uno de ellos, Jaime Escobar, ingeniero ambiental doctor en Ecología Paleoclima y profesor de Ingeniería Civil, quien estudia muestras de paleosuelo y análisis isotópicos de los fósiles con miras a entender el clima del periodo en que habitaron las especies encontradas y su dieta, señala que las preguntas científicas que motivan la investigación tienen que ver con entender los cambios geológicos que ha sufrido el lugar en el tiempo. Los geólogos mantienen la hipótesis de que el lugar cambió tan drásticamente (se presume que lo que ahora parece un desierto antes era un ambiente más selvático parecido al Amazonas o a una sabana con bosques galería) cuando se levantó la cordillera oriental, que cambió el rumbo de los afluentes y se separaron los dos ambientes.

“Este periodo de tiempo que vamos a analizar cae en el registro climático y geológico de la Tierra en un periodo que es muy similar a lo que se espera que vamos a tener más o menos dentro de 100 años con el calentamiento global que estamos viviendo. Entender y conocer cómo era la reacción de los ecosistemas a este clima en particular nos va a ayudar a conocer o estar preparados para lo que creemos que podemos tener en menos de 100 años”, agrega Escobar. Estas conclusiones las podrá extraer a través de estudios geoquímicos, particularmente de isótopos estables, los cuales toma de las muestras que levantan los geólogos y paleontólogos, y de algunos nódulos de carbonato de calcio de paleosuelos.

Aldo Rincón revisa uno de los fósiles de ungulados


Un lugar lleno de cocodrilos

En Colombia aún existen seis especies de crocodilianos (cocodrilos, caimanes, babillas y sus parientes): dos de estas se encuentran en las regiones Caribe, Andina y Pacífica; otras cuatro en la Amazonía y la Orinoquía. En el mundo hay 23 especies de este tipo de animales. El paleontólogo Jorge Moreno Bernal, estudiante del doctorado en Ciencias del Mar de Uninorte y especialista en cocodrilos fósiles, destaca que en el desierto de La Tatacoa se han encontrado fósiles de hasta ocho especies diferentes del grupo de los crocodilianos. “Eso quiere decir que en esta región coexistían al mismo tiempo ocho especies de cocodrilos. Eso es algo que no entendemos muy bien, porque no entendemos cómo hacían, por decirlo así, para caber juntos ecológicamente en la misma área, ¿cómo hacían para coexistir sin competir por el alimento y por el espacio?, ¿qué ocurría en esa época para que hubiera tantas especies al mismo tiempo”.

La zona es uno de los lugares más importantes para fósiles de este grupo en en Sur América. En los años 40, cuando vinieron científicos estadounidenses de la Universidad de California se llevaron crocodilianos fósiles que ahora están en el Museo de Paleontología de esa institución. Y en 1965, el paleontólogo Wann Langston, Jr. publicó el artículo Fossil crocodilians from Colombia and the Cenozoic History of the Crocodylia in South America, en donde más del 90 % de las especies descritas provienen del área.

“La Tatacoa es un área de referencia para la historia de los crocodilianos en Suramérica. Todo el que quiera conocer esta historia tiene que pasar por acá o leer sobre lo que se ha encontrado acá. Los hallazgos de crocodilianos son de los más abundantes que existen”, dice Moreno. Los vigías del patrimonio, esos jóvenes locales que desde 2016 vienen trabajando para formalizar los hallazgos que han realizado durante años los habitantes de la región, se han encontrado con cosas nuevas para investigadores como Moreno o que han ayudado a completar información.

Durante la expedición, Moreno encontró varias partes del esqueleto de un crocodiliano del grupo de los Gavialoídeos, caracterizados por tener hocicos muy largos y estrechos. El único gavialoídeo que vive en la actualidad, el Gavial de la India, es una especie que solo se encuentra en la India y en Nepal. De acuerdo con Moreno, lo más parecido a esta especie asiática, en términos de morfología y parentesco, se han encontrado en Sur América. “Este cocodrilo que estamos excavando aquí es una de las formas que más se parece a la especie asiática. Eso es algo que estamos tratando de entender, si en realidad las características que comparten son el producto de una adaptación similar a un medio de vida similar y no tiene nada que ver con su parentesco, o si en realidad estas formas están emparentadas”.

Como parte de su investigación que prepara como tesis doctoral, Moreno también comparará estos hallazgos con los restos encontrados, en la Alta Guajira, de otra especie de crocodiliano gavialoideo, que hace parte de la colección del Museo Mapuka de Uninorte. Ambos son especímenes bastante completos para su estudio, lo que ayuda a determinar relaciones de parentesco dentro del árbol genealógico del grupo.

Por el momento sabe que el gavial de la Alta Guajira es más antiguo y que vivió en ambientes marinos (fueron encontrados rodeados de conchas, ostras, y caracoles, en depósitos que se formaron bajo el mar). Se sospecha que el origen de estos animales está en África, de donde habrían migrado atravesando el océano Atlántico hasta el caribe. Las hipótesis sobre su extinción están asociadas a cambios profundos en la hidrología del norte de Suramérica, y a los cambios climáticos ocurridos durante los últimos siete millones de años.

Durante la expedición, los paleontólogos encontraron fósiles de un gavialoideo


Los caballos en Suramérica

Cierto es que los caballos actuales que viven en Suramérica llegaron con los europeos. Pero los caballos son especies que están al final de una larga lista evolutiva, y en su filogenia están los mamíferos ungulados (que tienen pezuñas). De este tipo de animales sí se han encontrado restos fósiles en el continente, pero por más de 100 años los científicos no han podido concluir si estos ungulados tienen relación con los caballos actuales. Debe ser porque los restos más importantes que se han encontrado son fragmentos de mandíbulas.
Aldo Rincón, doctor en Paleontología, especializado en mamíferos fósiles del Caribe y profesor de Geología de Uninorte, piensa que sí pueden estar relacionados, pero tiene claro que si quiere acabar con la incertidumbre científica debe encontrar partes del cuerpo que aclaren el asunto. En esta expedición su interés se centró en buscar patas o manos de los ungulados para descubrir convergencias con los caballos. “El hallazgo más importante es la morfología de las paticas. Esto nos va a permitir explorar cuáles son los posibles orígenes de este grupo”, dice, mientras agarra uno de los fósiles de extremidades que ha encontrado en la expedición durante sus recorridos diarios por La Tatacoa.

La especie que define este grupo de mamíferos ungulados es más joven que el periodo a estudiar en La Tatacoa; de hecho, en Colombia no se conocen restos de proteroteridos. Así que la fecha del fósil será decisiva para definir convergencias con los caballos, es decir, aunque no estén relacionados genéticamente desarrollaron morfologías parecidas. Rincón ahora tiene una pequeña ventaja: unas paticas de las que espera extraer respuestas más definitivas.

La guía en el camino

En 330 kilómetros cuadrados no se puede andar a ciegas. Los paleontólogos trazan sus rutas basados en toda la información que pueden recoger del sitio, tanto en la literatura, como en lo que cuentan los habitantes. También necesitan un mapa geológico que les permita identificar sitios de interés basados en el tipo de roca que hay. Camilo Montes, geólogo estructural de la expedición y profesor de Uninorte, lideró el trabajo de cartografía, que se hizo con la máxima precisión posible y de la forma en que se hacía a la antigua: caminando la zona.

Montes estima que en las dos semanas que estuvieron en La Tatacoa, él y su equipo, conformado principalmente por estudiantes de geología de las universidades participantes, lograron cubrir un área de 100 kilómetros cuadrados, que se logró caminando entre 17 y 20 kilómetros diarios, subiendo y bajando cerros. Para la tarea llevaban solamente un mapa de papel, lápiz y una brújula análoga, con lo cual marcan los diferentes tipos de rocas por los colores. Una técnica que ya ha caído en desuso, luego de que las imágenes satelitales o los GPS hicieran más cómodo el trabajo. A pesar de la tecnología, Montes asegura que la cartografía les da mucha más calidad.

“Un mapa geológico se hace para saber cómo es la estructura de la corteza en un sitio determinado. En este caso, les dice a los otros investigadores cuál es la localización geológica de los hallazgos paleontológicos. Por ejemplo, si encuentran un fósil de cocodrilo en un punto determinado, nosotros podemos decir en qué parte de la secuencia está ese hallazgo, si está cerca de la base, si está en la mitad, si está en el techo de toda la secuencia”, agrega Montes.

Con pocos días en el lugar, los científicos tienen seguridad de que en La Tatacoa hay material para hacer investigación durante, por los menos, otros 200 años. Este es un sitio único que seguramente ayudará a conocer mejor la historia de la biodiversidad colombiana, en particular aquella que habitó el territorio nacional hace unos 10 millones de años.

Desde hace 100 años, científicos de muchas partes del mundo han explorado esta área. Ahora por primera vez, lo hace un grupo de colombianos


Custodios del patrimonio

El Museo de Historia Natural La Tatacoa es una realidad en progreso. Tiene ya su propia sede que lo conforman, por ahora, un cuarto donde almacena la colección de fósiles y un salón destinado para laboratorio y exhibición, y en este momento se adelanta la construcción de un segundo espacio que albergará una exhibición para el público. De las características del museo tal vez los vigías no hagan mucho alarde aún, pero con orgullo repiten que su colección tiene más de 1600 especímenes, y han identificado alrededor de 10 especies nuevas para La Tatacoa.

“Dentro de esos hay una tortuga de un género que todavía sobrevive, la mesoclemmys, que actualmente la llaman tortuga carranchina. Esa tortuga será la primera especie que lleve nuestro apellido como homenaje al trabajo que hemos desarrollado”, sostiene Andrés y recuerda que además tienen armadillos, perezosos, osos hormigueros, restos de delfines de río y una gran cantidad de fósiles muy completos.

En La Venta, Andrés ha formado un grupo de jóvenes que son los Vigías del Patrimonio, quienes aprendieron a colectar, sistematizar y preservar los especímenes fósiles, ofrecen charlas y visitas a turistas, colegios y universidades. Así se ha logrado vincular a la comunidad con el trabajo científico y se ha promovido la consciencia de conservar el patrimonio natural que rodea a los habitantes, hasta el punto que ahora cada vez que alguien va a realizar un trabajo en sus tierras y detecta un resto fósil, recurre al grupo de vigías para que estos se encarguen de retirarlo con los cuidados necesarios.


Referencias:

Jesús Anturi. El sitio más rico en fósiles del trópico. Revista Intellecta 04 - UniNorte 01.2019 (https://www.uninorte.edu.co/web/intellecta/el-sitio-mas-rico-en-fosiles-del-tropico) [Última consulta 14.09.2019].



Científicos a la reconquista del desierto de la Tatacoa

Más de 50 investigadores de diferentes instituciones y países, en compañía de jóvenes y líderes locales, llevaron a cabo una expedición para recolectar fósiles y analizar la geología de uno de los lugares paleontológicos más emblemáticos de Colombia y del continente: el desierto de la Tatacoa. Fotos: Felipe Villegas / Instituto Humboldt. Textos: Luz Helena Oviedo (Instituto Smithsonian) y Felipe Villegas.


A pesar de la gran producción científica que existe sobre los fósiles de La Tatacoa, la comunidad local y el país han tenido poco contacto con este conocimiento. A partir de ahora, varias universidades del país, museos e institutos de investigación como el Smithsonian y el Instituto Humboldt se unen para contar estas historias y así contribuir al objetivo de los Vigías del Patrimonio Paleontológico La Tatacoa de valorar el patrimonio paleontológico.

Por primera vez se revela ante ojos humanos el diente fósil de un gavial extinto. Esta especie de cocodrilo vivió hace unos 11.8 a 13.5 millones de años en los humedales que existían donde hoy se ubica el Desierto de La Tatacoa. 

El desierto de La Tatacoa, en el Huila, es un lugar que ha sido explorado durante los últimos 100 años por paleontólogos de diferentes partes del mundo. Por primera vez, un grupo conformado por investigadores, estudiantes y voluntarios, en su mayoría colombianos, explora localidades en el norte del desierto, muy cerca al centro poblado La Victoria. Entre sus rocas, La Tatacoa ofrece mucho más que paisajes y noches estrelladas.

A veces son necesarias varias manos para excavar fósiles. Mientras los martillos remueven una capa de tierra, las brochas limpian suavemente el sedimento justo encima de los restos. Así mismo, reconstruir la historia de nuestros ecosistemas requiere de diversas disciplinas e instituciones: Jorge Moreno realiza su tesis doctoral sobre cocodrilos fósiles en la Universidad del Norte, mientras David Cardona estudia Biología en la Universidad del Rosario. Javier Luque, de la Universidad de Yale, es experto en cangrejos fósiles, y Jaime Escobar, profesor de la Universidad del Norte, busca entender la historia ambiental y climática de las cuencas tropicales. Por su parte, Carlos Ortiz es estudiante de Geología en esta última Universidad. 

Un fósil es el resto o rastro de un organismo que vivió en el pasado, pensar en su historia requiere entender el conjunto de eventos sucesivos acumulados por millones de años. En La Tatacoa encontramos mandíbulas como la que se ve en la foto, caparazones, costillas, hojas e incluso excrementos fosilizados. En ocasiones solo una parte muy pequeña del fósil se encuentra expuesta por lo que es necesario remover el sedimento que lo cubre, un proceso delicado que requiere práctica y paciencia.

El sol inclemente de La Tatacoa cae sobre Mónica Carvalho del Instituto Smithsonian, Laura Mora de la Universidad Eafit y Catalina Suárez del Museo de La Plata mientras utilizan vendas de yeso para proteger y extraer el fósil de un caimán gigante conocido como Purusauro. El calor del mediodía secará rápidamente las vendas y permitirá darle vuelta a la muestra para cubrir el otro lado. Más adelante, el yeso y el sedimento serán removidos en el laboratorio y así estudiar el fósil detenidamente.

Para estudiar un fósil se necesita observar cuidadosamente todas sus estructuras y detalles. En el laboratorio inicia el proceso de preparación en donde se limpia el sedimento que traen los fósiles y así, asegurar su preservación a través del tiempo. Fredy Parra, del Centro de Investigaciones Paleontológicas de Villa de Leyva, visita el Museo de Historia Natural La Tatacoa en La Victoria para ayudar con este proceso y enseñar estas técnicas a los voluntarios locales.

La temperatura promedio del desierto es 30. En estas condiciones es mejor iniciar la jornada lo más temprano posible para evitar la intensidad del sol. Así, desde las 5:30 a.m., con brújula en mano y libretas de campo abiertas, un equipo de geólogos reciben el día mientras analizan el territorio desde lo alto con la intención de construir y completar un mapa detallado de la geología de La Tatacoa.

Por el laboratorio de Carlos Jaramillo, investigador del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, han pasado 210 estudiantes desde el 2002. Esa masa crítica actual de paleontólogos y geólogos colombianos es la que hoy fortalece el estudio y conocimiento de la historia del país a partir de sus rocas y fósiles.

Capitolino González, poblador de La Victoria, fue el primero en encontrar parte del cráneo de este gavial que luego entregó a Andrés Vanegas, ya conocido en el lugar por proteger los fósiles de la región. Más adelante, los Vigías del Patrimonio Paleontológico La Tatacoa, el grupo de voluntarios locales liderado por Andrés, encontró la mandíbula inferior del cocodrilo. Hoy, el fósil está disponible para su estudio en el museo local.

Jorge Moreno, candidato doctoral de la Universidad del Norte, y David Cardona, estudiante de Biología de la Universidad del Rosario, le madrugaron al calor para ir en busca de más huesos del gavial. Con el paso de la mañana desenterraron dientes, costillas y vértebras que serán útiles para describir cómo era este gigante que podía alcanzar los 6 metros de longitud.

Rodolfo Sánchez, del Museo de Urumaco en Venezuela, colecta fósiles desde muy pequeño. Mientras está en campo, se aleja silenciosamente del grupo y camina con los ojos fijos en el suelo. Después de un rato regresa a compartir su hallazgo, casi siempre, un fósil valioso y novedoso. Hugo Cortés, voluntario y habitante del desierto, ayuda en la búsqueda mientras observa y aprende en la distancia.

En el Museo de Historia Natural La Tatacoa, en La Victoria, reposan estos dientes de cocodrilo, así como los demás fósiles colectados por investigadores de diferentes universidades del país, que trabajan en asocio con los Vigías del Patrimonio Paleontológico La Tatacoa. Los fósiles colectados en el desierto, se quedan en el desierto.

En las zonas tropicales la mayoría del territorio está cubierto por vegetación. Lugares desérticos como La Tatacoa son ideales para aprender sobre geología, paleontología y evolución. Daniel Raad y Carlos Ortiz, estudiantes de la Universidad del Norte en Barranquilla, llegaron hasta aquí para conocer este laboratorio al aire libre e interactuar con mentes experimentadas como las del geólogo Camilo Montes (centro).

 Para Carlos Jaramillo esta expedición es una muestra de la unión de la Colombia rural y urbana, dos caras del mismo país con historias y realidades diferentes. Seguramente este encuentro despertará la inspiración de los jóvenes y desencadenará colaboraciones para que la investigación sea una de las bases del crecimiento que necesita Colombia.


Referencias:

Científicos a la reconquista del desierto de la Tatacoa. Fuente: Periódico el Espectador  25.01.2019 (https://www.elespectador.com/noticias/ciencia/cientificos-la-reconquista-del-desierto-de-la-tatacoa-galeria-836078?fbclid=IwAR1z4OFCCQGJ_pxNfd2cBjZ-Ml-jfVJO7opemL6K_cU6EqV0qa0RE8CPr3U) [Última consulta 27.01.2019].



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Reciente descubrimiento de un cráneo muy completo del gavial Gryposuchus colombianus en La Tatacoa ⚒

En el desierto de La Tatacoa, Huila, se descubrió el cráneo casi completo y parte del postcráneo de un gavial, un cocodrilo de hocico alarga...