domingo, 13 de septiembre de 2020

Entrevista a Catalina Pimiento, una de nuestras investigadoras más reconocidas a nivel mundial por su trabajo sobre tiburones fósiles,

 La colombiana que le sigue las pistas al megalodón

 


 Catalina Pimiento es reconocida mundialmente por investigar al más grande de los tiburones.

 La prestigiosa revista 'Scientific Reports' publicó esta semana un estudio que arroja nuevas luces sobre una de las especies de peces más fascinantes y enigmáticas que han habitado en los océanos de la Tierra: el megalodón, el tiburón más grande de los que se tienen registros y una criatura que habría sido depredadora del temido tiburón blanco de la actualidad.

 Conocido con el nombre científico de 'Otodus megalodon' —término en el que la segunda palabra significa ‘diente gigante’—, medía hasta 16 metros de largo, cuatro veces más que el ‘gran blanco’, pesaba 50 toneladas, y su mordida alcanzaría doce toneladas de presión, lejos de cualquier otro depredador de la actualidad.

 Según el nuevo informe, que dio detalles sobre las dimensiones completas del megalodón, su aleta dorsal pudo tener una altura de hasta 1,60 metros.

 Entre los autores del estudio está el nombre de una científica colombiana considerada una de las principales autoridades en la investigación de esta especie, cuyos primeros registros fósiles fueron piezas dentales encontradas en Europa en el siglo XVI y que, al tener el tamaño de una mano humana adulta, se pensó que eran lenguas de dragones.

 Ella es Catalina Pimiento. Oriunda de Bogotá, su interés por la biología marina nació cuando tenía 15 años y su papá le regaló una suscripción a la revista 'National Geographic'. En la carátula del primer ejemplar que llegó a su casa, y que aún conserva, aparecía un tiburón blanco.

 “La revista hablaba sobre cómo estos animales enfrentaban una gran vulnerabilidad y de la necesidad de protegerlos por su importancia para los ecosistemas marinos. En ese momento tuve claro que quería estudiar biología, porque quería salvar a los tiburones de la extinción”, recuerda Pimiento, quien lidera un grupo de investigación en el Museo de Paleontología de la Universidad de Zúrich (Suiza) y otro en la Universidad de Swansea (Gales, Reino Unido).

 

En el 2001, Pimiento entró a estudiar biología en la Universidad Javeriana, donde empezó a hacer sus primeras aproximaciones a los escualos. Al graduarse, tuvo una pasantía haciendo censos del tiburón ballena en Isla Contoy, en el Caribe mexicano. Tenía 20 años y vivía el mejor momento de su vida, nadando a diario con tiburones ballena por cuatro meses.

 

“Eso me sirvió para reafirmar mi pasión por los tiburones”, cuenta Pimiento, quien al finalizar ese trabajo se fue a hacer una nueva pasantía en el Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales, en Panamá, donde fue asistente de investigación en el laboratorio marino del instituto.




 Al mismo tiempo, el reconocido paleontólogo Carlos Jaramillo lideraba las excavaciones paleontológicas en el canal de Panamá. Cada vez que encontraba dientes de tiburones, se los pasaba a Pimiento para que los identificara. “Empezaron a conocerme como ‘la persona de los tiburones’”, recuerda.

 Aunque pensaba que su maestría la haría sobre alguna especie viva, empezó a obsesionarse con el desaparecido megalodón, al que pertenecían muchas de las piezas encontradas en las excavaciones. “Yo dije: voy a estudiar esta especie. ¿Por qué? Porque era gigante y voraz. Eso ya era suficiente para mí. Además, es una especie extinta, y yo había aprendido que la extinción de los tiburones trae consecuencias catastróficas en los ecosistemas marinos”, dice.

 “¿Qué pasó cuando se extinguió este tiburón gigante?”, se preguntaba.

 Pimiento, entonces, viajó a la Universidad de la Florida a hacer su maestría y doctorado sobre megalodones junto a Bruce Macfadden, autoridad mundial en paleontología de vertebrados.


 Descifrando al coloso del mar

 Para ese momento, la obsesión de Pimiento con el gran megalodón no tenía vuelta atrás. “Necesitaba entender cuándo, cómo y por qué desapareció este animal”, afirma, y agrega que algunos de sus colegas le dijeron que basar su pregunta de investigación en la causa de extinción de una especie era mala idea porque estos procesos eran complejos de descifrar. Sin embargo, no se desmotivó.

 

“Con mi primer ‘paper’ sobre megalodón decubrí que los dientes encontrados en Panamá eran más pequeños que los del resto del mundo. Mi hipótesis fue que esto se debía a que eran de especímenes bebés, un detalle relevante, pues muchas especies de tiburones tienen áreas de crianza donde las hembras dejan a los recién nacidos para protegerlos de depredadores. La conclusión fue que, en efecto, Panamá era una zona de crianza”, afirma.

 Esta investigación despertó el interés de los medios de comunicación y sirvió como la primera pieza de un rompecabezas que Pimiento estaba decidida a armar: “Ya sabíamos algo de sus hábitos reproductivos, ahora, debíamos descubrir cuándo, cómo y por qué se extinguieron estos colosos”.

 En 2014, un canal de televisión emitió un documental falso en el que sugerían que el megalodón estaba vivo. Pimiento aprovechó la oportunidad para investigar las edades del registro fósil de esta especie en un estudio en el que propusieron que el momento aproximado de la extinción del ‘gran pez’ fue hace 2,6 millones de años.

 “Ahora teníamos el cuándo, seguían el por qué y el cómo de la extinción. Muchas hipótesis afirmaban que el megalodón era una especie de aguas cálidas que no soportó el enfriamiento del océano. Pero esto no era posible, porque el análisis de su distribución demostró que habitaron casi todos los rincones del planeta, tolerando temperaturas altas y bajas”, señala Pimiento.

 Otra hipótesis era que el megalodón se extinguió porque creció demasiado, siguiendo una regla biológica que dice que a medida que evolucionan, las especies aumentan de tamaño, lo cual trae inconvenientes como que ocupen más espacio y necesiten mayor densidad de población para sobrevivir.

 “Los grandes animales tienen requerimientos energéticos mayores, y les es difícil conseguir suficiente alimento. Pero los datos mostraban que el megalodón conservó su tamaño desde que apareció hasta que se extinguió”, dice.

 En cambio Pimiento notó que el descenso en la población de megalodones coincidió con la aparición de especies competidoras, como ballenas orcas y tiburones blancos, con las que empezaron a disputarse el alimento: mamíferos como focas y cetáceos pequeños. “Propusimos que la causa de la extinción fue biótica, por competición o falta de presas suficientes para todos”, dice Pimiento.

 

Gigantes en riesgo

 Al terminar su doctorado, Pimiento obtuvo una posición posdoctoral en la Universidad de Zúrich, donde empezó a investigar las catastróficas implicaciones que puede tener para los ecosistemas la desaparición de grandes depredadores.

 “Para entender el panorama debía saber lo que pasaba con las otras especies -dice-. Descubrí que durante el Plioceno, entre 5 y 2,6 millones de años, no solo se extinguió el megalodón sino el 36 por ciento de los grandes animales marinos, incluyendo un perezoso acuático, tortugas, pingüinos, delfines y ballenas. Creemos que se debió a cambios drásticos y rápidos en el nivel del mar, que resultaron en pérdidas abruptas de hábitat y biodiversidad, algo que, propusimos como una de las principales causas de la extinción de la megafauna marina”.

 Pimiento ha realizado investigaciones desde el Museo de Historia Natural de Berlín, la Universidad de Zúrich y la Universidad de Swansea. Además, ha ganado becas como la Marie Curie, la Humboldt y, más recientemente, una beca Prima, del gobierno Suizo.

Hoy, Pimiento estudia el gigantismo en tiburones actuales, como el tiburón ballena.

 Explica que este, a diferencia del megalodón no está en riesgo de desaparecer por falta de alimento. En cambio, enfrenta otra amenaza relacionada con su dieta, basada en plancton: los microplásticos que inundan los océanos.

 Uno de los más recientes trabajos de Pimiento hace una proyección sobre la megafauna marina en peligro de desaparecer en los próximos cien años. Incluye las que cuentan con algún grado de vulnerabilidad, y hace un llamado a priorizar a las más importantes para mantener el funcionamiento de los ecosistemas marinos.

 “Los tiburones son especies fundamentales, pero están entre las más amenazadas. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para salvarlos”, sostiene.

 

Referencias:

Nicolás Bustamante. La colombiana que le sigue las pistas al megalodón. Fuente: El Tiempo 13.09.2020  (https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/megalodon-la-colombiana-que-le-sigue-las-pistas-al-tiburon-mas-grande-que-ha-existido 537402?utm_medium=Social&utm_source=Facebook&fbclid=IwAR3KhC9yampZqd8auu6QZVXB0fzUeCqY5OR1NL8Z23mSJ7atotPFAYNiGyI#Echobox=1600011198) [Última consulta 13.09.2020].


Para más información por favor consulte: Cooper, J.A., Pimiento, C., Ferrón, H.G. et al. Body dimensions of the extinct giant shark Otodus megalodon: a 2D reconstruction. Sci Rep 10, 14596 (2020). https://doi.org/10.1038/s41598-020-71387-y


Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.










 

 

sábado, 25 de julio de 2020

Después de 4 años de su descubrimiento, el SGC se hace cargo del rescate paleontológico en cueva de Santander

 Servicio Geológico Colombiano rescata valioso hallazgo paleontológico en caverna de Santander


Antes de iniciar el aislamiento preventivo obligatorio por Covid-19, los Servicios Geológicos de Colombia (SGC) y Brasil (CPRM) realizaron el reconocimiento, evaluación y definición del estado del yacimiento paleontológico ubicado en una caverna del departamento de
  Santander.



 El proyecto fue desarrollado por el Grupo del Museo Geológico e Investigaciones Asociadas, de la Dirección de Geociencias Básicas del SGC, con el asesoramiento de la geóloga y espeleóloga, Mylëne Berbert-Born, y el paleontólogo, Rafael Costa Da Silva, expertos del Servicio Geológico de Brasil.



 Aplicando las técnicas y protocolos adecuados para este tipo de sistemas subterráneos, los científicos se sumergieron en la caverna para mapear y registrar los fósiles, definir los criterios de colecta, rescatar el material paleontológico más vulnerable y realizar una prospección paleontológica y espeleológica.

 


En total se rescataron 350 piezas (entre huesos completos y fragmentos, algunos de ellos articulados) que le permitirán a los investigadores identificar claramente las especies a las que pertenecen.

 


Con la recolección de este importante patrimonio, los expertos podrán, adicionalmente, hacer interpretaciones del contexto en el que fueron depositados y adquirir nuevo conocimiento acerca de la fauna de la época, en esa zona del país.

 

 Referencias:

Servicio Geológico Colombiano rescata valioso hallazgo paleontológico en caverna de Santander. Fuente: SGC   24.07.2020 (https://www2.sgc.gov.co/Noticias/Paginas/SGC-rescata-valioso-hallazgo-paleontologico-en-caverna-de-Santander.aspx?fbclid=IwAR3zLq64z2_9Le7rcwjlkDg0KbbUN5C3g9R8i8I1CJM1xdsIxjQBLrGANEm) [Última consulta 24.07.2020].

 

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jueves, 18 de junio de 2020

Primer registro de reptiles voladores en Colombia

A propósito del primer registro de reptiles voladores en Colombia compartimos un par de artículos de los periódicos El Espectador y el Tiempo sobre esta importante noticia para la Paleontología colombiana.

Colombia tuvo reptiles voladores hace 135 millones de años

Un reciente descubrimiento del paleontólogo colombiano Edwin Cadena, confirmó que en Colombia existieron reptiles alados hace millones de años.

Sebastian Ganso  pixabay


Hace 135 millones de años, los cielos de Colombia eran navegados por reptiles alados. Así lo confirma un hallazgo del paleontólogo Edwin Cadena, quien descubrió los primeros fósiles de un pterosaurio en el país.

El descubrimiento tuvo lugar en Zapatoca, Santander, un lugar al que el investigador se refiere como “un mar de fósiles”. Allí, el paleontólogo e investigador de la Universidad del Rosario encontró entre los restos fósiles, partes de una mandíbula y de algunas extremidades de un reptil volador.

“Los pterosaurios fueron los primeros vertebrados en volar. Lo lograron varios millones de años antes que las aves o murciélagos actuales, surcando los cielos del tiempo de los dinosaurios”, explicó Cadena.

Aunque en Suramérica se han encontrado otros restos fósiles de reptiles voladores el investigador resaltó que “nunca se había descubierto este grupo de reptiles voladores fósiles en el país”. “Por décadas paleontólogos colombianos habían intentado encontrar los primeros fósiles de este extinto grupo de voladores en nuestro país y su perseverancia tuvo finalmente recompensa”, agregó.

La investigación fue publicada en la revista Cretaceous Research, en cooperación con científicos británicos de las universidades de Leicester y Portsmouth. Este descubrimiento es una contribución al conocimiento de la paleobiodiversidad del país y una muestra de que aún hay mucho por explorar y conocer en el campo de la Paleontología en Colombia.

 Referencias:

Colombia tuvo reptiles voladores hace 135 millones de años. Fuente: El Espectador  07.07.2020 (https://www.elespectador.com/ciencia/colombia-tuvo-reptiles-voladores-hace-135-millones-de-anos-article/) [Última consulta 07.07.2020].

 

Así encontraron el primer pterosaurio en Colombia



El paleontólogo Edwin Cadena descubrió, en Zapatoca (Santander), los fósiles de un reptil alado.

Hace 150 millones de años, cuando la tierra era dominada por los imponentes dinosaurios, los cielos tenían un solo dueño alado. Eran los pterosaurios, los primeros vertebrados voladores.

Aunque no son del mismo grupo que los dinosaurios (por razones que serán explicadas más adelante), su imagen es habitual entre las reconstrucciones de escenarios prehistóricos en museos, libros y películas.

Los pterosaurios, que podían alcanzar los 8 metros de largo y, sin embargo, pesar tan solo 250 kilogramos, son para los científicos seres tan fascinantes como esquivos. Sus registros fósiles, pertenecientes a la era Mesozoica, son supremamente apetecidos por los paleontólogos, quienes los buscan para desentrañar la evolución de animales como las aves.

El Reino Unido y China son dos de los países con más registros fósiles de pterosaurios. En Latinoamérica, Brasil es el que cuenta con el mayor número de fósiles de este grupo. Sin embargo, en otras naciones como Colombia, en las que se han descubierto fósiles de animales prehistóricos, los pterosaurios eran un sueño para los paleontólogos, hasta ahora.

Sección transversal de la mandíbula del pterosaurio, en la que se detalla su bajo grosor


En los próximos días será publicado, en la revista científica Cretaceous Research, un estudio que describe el registro del primer pterosaurio en territorio colombiano, un hallazgo que hizo, en enero del 2017, en el municipio de Zapatoca, Santander, el investigador de la Universidad del Rosario Edwin Cadena.

Cadena estaba haciendo excavaciones en búsqueda de fósiles de tortugas prehistóricas, su principal objeto de estudio, en un yacimiento que conocía bien, pues en él ya había hecho importantes hallazgos que ha publicado en revistas científicas.

Pero ese día de enero, Cadena encontró una pieza que no pudo identificar porque no se parecía en nada a las estructuras morfológicas de las tortugas u otro de los vertebrados fósiles encontrados antes en Zapatoca..

“Era un día bastante soleado y llevaba ya varias horas caminando sin encontrar nada que me sorprendiera; sin embargo, en el camino de regreso a casa se me ocurrió tomar un sendero unos pocos metros arriba del que solía tomar y fue cuando avisté los fragmentos fósiles”, cuenta Cadena, quien recolectó las piezas para estudiarlas en su laboratorio en la Universidad del Rosario y descifrar a qué misterioso animal pertenecían aquellos huesos.

El vuelo del pterosaurio

Viajar al pasado para identificar a estas criaturas no es un trabajo fácil ni rápido: primero, se deben tomar tantos datos como sea posible en campo. Se hacen mediciones, se toman fotos de la roca en las que están los fósiles y se hacen análisis geoquímicos del terreno. Luego, los investigadores llevan las muestras colectadas al laboratorio, donde, con precisión quirúrgica y con sustancias químicas como ácidos, separan la roca de los huesos.

En ese momento comienza el estudio detallado de los fósiles, principalmente comparándolos con otros que ya se conocen para entender a qué página del libro de la evolución pertenecen. Cadena pudo constatar que entre las piezas había fragmentos del radio y de las falanges, así como una porción de la mandíbula de un pterosaurio inédito en Colombia.

La mandíbula completa hallada por los científicos en Zapatoca


De acuerdo con el científico, esta última pieza óseas es clave, pues con ella los paleontólogos pueden conocer datos como su tamaño o el tipo de dientes que tenía.

“Establecimos la identidad del pterosaurio gracias a unas fracturas naturales que tenía el hueso y que nos permitieron ver su parte interna. Notamos que los huesos tenían unos espacios huecos, una característica que se conoce como neumaticidad ósea y que fue una adaptación de estos reptiles voladores para alivianar su peso y poder emprender el vuelo”, explica Cadena.

Posteriormente, el investigador comparó las piezas con otras descritas en la literatura científica y con especímenes más completos para intentar descifrar a qué especie o, por lo menos, a qué familia taxonómica pertenecía. Pudo establecer que el pterosaurio hallado pertenece a la superfamilia de los ornithoqueiroideos.

Cadena contactó a los paleontólogos británicos David Unwin y David Martill (coautores del artículo que será publicado).

“Empezamos a intercambiar información y definimos que aunque no teníamos todo el esqueleto era un hallazgo sin precedentes por su edad de 135 millones de años de antigüedad, mucho más viejo que los pterosaurios de Brasil”, dice Cadena.

“Aunque son fragmentarios, los nuevos fósiles descubiertos por Edwin son muy significativos. Los pterosaurios, los reptiles voladores de la era Mesozoica, son extremadamente raros. Sus huesos son muy delicados y solo se conservan en circunstancias excepcionales. Hay un par de localidades en Brasil y una en Argentina que han arrojado algunos especímenes espectaculares, pero muchos de los ejemplares de Brasil probablemente fueron destruidos en el incendio del museo de Río, en 2018", indica Martill.

Según el científico, no se habían encontrado pterosaurios en Colombia o países como Ecuador o Surinam.

"Solamente contábamos con uno o dos de Chile, Venezuela y Perú..., así que puedes ver que son increíblemente raros”, añade.

Y continúa: “El material de Edwin en realidad está bien conservado, dado que es fragmentario y sugiere que puede haber más por descubrir. Si hay más, el sitio podría resultar tan emocionante como los de Santana do Cariri, en Brasil. Una cosa que hace que los fósiles sean muy importantes, aunque sean fragmentarios, es que provienen de una parte del período Cretácico llamada Valanginia, donde los pterosaurios de todo el mundo son casi desconocidos. Entonces llenan un vacío en el registro fósil”.

Las pesquisas también llevaron a los científicos a percatarse de que, en la década de los 50, el paleontólogo estadounidense Jason Macgregor encontró en Cundinamarca una pieza ósea de un pterosaurio. No obstante, el fósil fue llevado al museo de la Universidad de California en Berkeley sin ser descrito. La pieza sigue allí.

Una vida dedicada a los fósiles

Cadena asegura que su descubrimiento tiene un valor que trasciende lo científico, pues fue hecho en su lugar de origen. “Yo nací en Zapatoca y crecí viendo fósiles. Desde pequeño me aficioné por ellos, y esta experiencia fue determinante para que decidiera convertirme en paleontólogo”, cuenta.

De su infancia, Cadena recuerda cómo su interés por los fósiles le costaba constantes llamados de atención de su mamá: “Me regañaba porque decía que ya no había espacio en la casa para tantas rocas y que estas lo llenaban todo de polvo”, recuerda.

Para perseguir su sueño, Cadena primero estudió geología en la Universidad Industrial de Santander y, después de trabajar en el Instituto Smithsonian en Panamá, se fue a hacer una maestría en paleontología en la Universidad de la Florida y un doctorado en la misma disciplina en la Universidad Estatal de Carolina del Norte.

Desde el 2018 es profesor de la Universidad del Rosario, institución en la cual adelanta investigaciones en paleontología molecular. Estudios que le permitieron volver a su tierra natal para ver a fondo esos organismos extintos que le apasionan.

“Hace millones de años, Colombia estaba sumergida bajo el mar, y Zapatoca, y todo Santander, eran como el Caribe, una zona de transición entre mar y playa. Estos lugares eran escogidos por animales como tortugas y cocodrilos para poner huevos y alimentarse, y por los grandes depredadores, como los pterosaurios, para alimentarse de ellos”, dice.

“Eran criaturas fascinantes: no solo fueron los primeros en conquistar el aire, sino que tienen una historia evolutiva particular, pues mientras los más antiguos eran pequeños y tenían muchos dientes, a medida que pasó el tiempo y se fueron dispersando por todo el planeta aumentaron su tamaño y perdieron los dientes. Algunos desarrollaron crestas en el cráneo, otros, unas espinas largas”, afirma Cadena.

Cadena agrega que si bien estaban cerca en la escala evolutiva y compartieron el hábitat con dinosaurios, los pterosaurios eran un grupo diferente. Las principales diferencias estaban en la mencionada baja densidad ósea de los pterosaurios, en un orificio que estos tenían en la pelvis y en una suerte de cresta en el húmero que tenían los dinosaurios, pero no los reptiles voladores.

“Son seres icónicos y reconocidos. Muchos crecimos viéndolos en libros, películas y dibujos animados. Hasta hay un pokemon pterosaurio. Es emocionante haber logrado este hallazgo perseguido por décadas, y pensar que nuestro pterosaurio será incluido en los libros de historia. Pero lo que más me motiva es pensar que los niños se van a emocionar de saber que estos animales volaron por nuestros cielos”, apunta.

 

Referencias:

Nicolás Bustamante Hernández. Así encontraron el primer pterosaurio en Colombia. Fuente: El Tiempo 08.07.2020 (https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/fosil-de-primer-pterosaurio-en-colombia-fue-hallado-en-santander-515020?fbclid=IwAR3WLeVm1B4J7A2jrAzA8gciS6_ZvWY6n_JMawryulIKnC1Vof5ZX5J1D7I) [Última consulta 08.07.2020].

  

Para más información por favor consulte: Cadena, E.-A., et al. (2020). "Lower Cretaceous pterosaurs from Colombia." Cretaceous Research: 104526.


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jueves, 27 de febrero de 2020

Mesoclemmys vanegasorum, nueva tortuga fósil del Mioceno de la Venta


Hallan fósil de tortuga de 13 millones de años en el desierto de la Tatacoa

El descubrimiento permitirá conocer más sobre la tortuga carranchina o montañera que habita en la Costa Atlántica.

En uno de los destinos turísticos más representativos del Huila, el desierto de La Tatacoa, fue hallado un fósil de tortuga, de 13 millones de años, que da luces sobre la historia evolutiva de la tortuga carranchina o montañera, que habita en la costa Atlántica colombiana.


El paleontólogo Edwin Cadena, investigador de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario, afirmó que “este descubrimiento fósil aporta un granito de arena a la educación en conservación y a los planes para que la tortuga carranchina siga viviendo en la costa Caribe por miles o millones de años más”.
El fósil es considerado patrimonio geológico y paleontológico del Huila y en particular la zona del desierto de la Tatacoa. Este es un hallazgo paleontológico importante que se suma al reciente publicado hace una semana de Stupendemys geographicus una de las tortugas más grandes en la historia de la Tierra y que le ha dado la vuelta al mundo.

Hasta hoy en día, la manera como esta tortuga llegó a habitar la Costa Caribe de Colombia y por cuánto tiempo ha habitado nuestro país, era un completo misterio.

“Aunque esta especie ha recibido gran atención y ha sido objeto de importantes investigaciones en los últimos años, y varias instituciones están haciendo esfuerzos en aras de poder preservarla”, precisó el paleontólogo.
Y es que mediante el fósil se podrá conocer sobre la tortuga carranchina, especie en peligro de extinción. Según Cadena, este descubrimiento fósil, no solo contribuye a entender la diversidad de tortugas a lo largo del tiempo en Colombia, sino que ofrece una oportunidad para fortalecer los planes de conservación de las especies actuales en peligro de extinción.

La nueva especie fósil, denominada Mesoclemmys vanegasorum, indica que parientes antiguos de la tortuga carranchina y otras del mismo grupo han habitado Colombia por cerca de 13 millones de años y que, en tan solo unas pocas décadas, la actividad humana de deforestación y consumo de huevos en las zonas donde habitan, podrían acabar con todo este legado histórico para siempre.

El primer fósil del género Mesoclemmys en toda Sudamérica fue descrito por el paleontólogo Edwin Cadena, investigador de la Universidad del Rosario, en cooperación con colaboradores del Museo de Historia Natural La Tatacoa, el Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales y la Universidad del California.


Referencias:

Yamileth Diaz Peña. Hallan fósil de tortuga de 13 millones de años en el desierto de la Tatacoa. Fuente: RCN Radio 26.02.2019 (https://www.rcnradio.com/estilo-de-vida/medio-ambiente/hallan-fosil-de-tortuga-de-13-millones-de-anos-en-el-desierto-de-la) [Última consulta 26.02.2020].



Tras la historia de una de las tortugas con mayor riesgo de extinción

En el norte de Colombia, particularmente en los departamentos de Bolívar, Córdoba, Magdalena, Sucre, Atlántico y Cesar, habita una de las tortugas con el más alto riesgo de extinción en Colombia. Conocida como la tortuga carranchina o tortuga montañera y denominada científicamente como Mesoclemmys dahli, es una tortuga relativamente pequeña que se encuentra en bosques y pequeños cuerpos de agua.

El paleontólogo Edwin Cadena, investigador de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario, encontró en el desierto de la Tatacoa, en el departamento del Huila, un fósil de tortuga que da luces sobre la historia evolutiva en millones de años del grupo al cual pertenece la tortuga carranchina y de cómo posiblemente se constituyó su actual distribución geográfica.



Aunque esta especie ha recibido gran atención y ha sido objeto de importantes investigaciones en los últimos años, y varias instituciones están haciendo esfuerzos en harás de poder preservarla, hasta hoy en día el cómo esta tortuga llegó a habitar la costa Caribe de Colombia y por cuánto tiempo esta especie y sus parientes cercanos han habitado nuestro país era un completo misterio, explica el paleontólogo.

Edwin Cadena, investigador de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario Tortuga carranchina, especie en peligro de extinción Según Cadena, este descubrimiento fósil no solo contribuye a entender la diversidad de tortugas a lo largo del tiempo en Colombia, sino que ofrece una oportunidad para fortalecer los planes de conservación de las especies actuales en peligro de extinción.

La nueva especie fósil denominada Mesoclemmys vanegasorum indica que parientes antiguos de la tortuga carranchina y otras tortugas del mismo grupo han habitado Colombia por cerca de 13 millones de años y que en tan solo unas pocas décadas la actividad humana de deforestación y consumo de huevos en las zonas donde habitan podrían acabar con todo este legado histórico para siempre.

“Este descubrimiento fósil aporta un granito de arena a la educación en conservación y a los planes para que la tortuga carranchina siga viviendo en la costa Caribe por miles o millones de años más”, dice el investigador de la Universidad del Rosario.

Patrimonio geológico y paleontológico

Para el departamento del Huila, y en particular la zona del desierto de la Tatatoca, este es también un hallazgo paleontológico importante que se suma al reciente publicado hace una semana de Stupendemys geographicus una de las tortugas más grandes en la historia de la Tierra y que le ha dado la vuelta al mundo.
Estas investigaciones fortalecen el interés y motivación de la comunidad de esta zona por la preservación y difusión del patrimonio geológico y paleontológico del Huila, una iniciativa que la Universidad del Rosario y sus aliados están apoyando y que hace parte de su plan de regionalización, agrega Cadena.

El primer fósil del género Mesoclemmys en toda Suramérica fue descrito por el paleontólogo Edwin Cadena, investigador de la Universidad del Rosario, en cooperación con colaboradores del Museo de Historia Natural La Tatacoa, el Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales y la Universidad de California. Este hallazgo será publicado por la próxima semana en la revista Journal of Vertebrate Paleontology.


Referencias:

Tras la historia de una de las tortugas con mayor riesgo de extinción. Fuente: El Nuevo Siglo 27.02.2019 (https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/02-2020-tras-la-historia-de-una-de-las-tortugas-con-mayor-riesgo-de-extincion) [Última consulta 27.02.2020].



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lunes, 24 de febrero de 2020

Registro de dientes de condrictios (tiburones) en rocas del Cretácico de Yaguará, Huila

Hallaron dientes fósiles de tiburones del Cretácico en Yaguará, Huila



Los tiburones en el registro fósil de Colombia son poco conocidos. El presente estudio se desarrolló en la Formación Loma Gorda, de la cual se extrajeron y analizaron 21 ejemplares dentarios fósiles, algunos de estos fragmentados y otros completos, de esta especie prehistórica.

En capas de fosforitas y lodolitas calcáreas grises de la Formación Loma Gorda, en cercanías de la cabecera municipal de Yaguará en el departamento del Huila, se encontraron dientes fósiles de condrictios; estos fueron extraídos de la roca por medios mecánicos, para ser comparados con las especies encontradas en la bibliografía e identificarlos. Las especies halladas fueron: Ptychodus mortoni (orden Hybodontiformes), Squalicorax falcatus y Cretodus crassidens (orden Lamniformes).

Este hallazgo constituye el primer registro de estas especies en el territorio colombiano; lo que permite extender su distribución paleogeográfica en la región norte de Suramérica, que hasta ahora estaba limitada a África, Europa, Asia y Norteamérica, a excepción del Ptychodus mortoni que ha sido descrito antes en Venezuela.

Las muestras fueron recolectadas en la Quebrada Montañitas, en el municipio de Yaguará. Según el estudio, a lo largo de esta quebrada aflora la Formación Loma Gorda, la cual se encuentra infrayacida por la Formación Hondita y suprayacida por el Grupo Olini,sobre esta se encuentra la Formación La Tabla siendo la última formación del Cretácico en la zona. La Formación Loma Gorda está compuesta por una serie de capas de lodolitas grises, con niveles de fosforitas, y depósitos marinos de edad (Turoniano – Santoniano inferior).

Materiales y métodos

En el estudio adelantado por la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia, se recolectaron aproximadamente 2 kilogramos de roca de una capa de fosforitas por métodos mecánicos. El punto de extracción se georreferenció por medio de un GPS Garmin Oregón 200. Posteriormente se transportaron al laboratorio de estudios paleontológicos de la Universidad de Caldas. Se utilizó para la extracción mecánica de los restos fósiles y un percutor neumático conectado a un compresor Devalt.

También, se logró extraer de la roca 21 dientes de condrictios seleccionando 9 dientes por su alto grado de preservación.

Especies encontradas

1. Hybodontiformes

1.1 Ptychodus mortoni

Clase Chondrichthyes [22]

Orden: Hybodontiformes

Familia: Ptychodontidae [23]

Género: Ptychodus [1]

Ptychodus mortoni [25]

 

2.2 Lamniformes

2.2 Cretodus crassidens

Clase: Chondrichthyes [22]

Orden: Lamniformes [6]

Familia: Cretoxyrhinidae [17]

Género: Cretodus [30]

Cretodus crassidens [16]

 

 Referencias:

Jenifer Osorio. Hallaron dientes fósiles de tiburones del Cretácico en Yaguará, Huila. Fuente: OndaOpita  24.02.2020  (http://www.ondaopita.com/?p=14754&fbclid=IwAR031szCsoiX7T3zwjbrWIEQX9cqf6Fh2eS5HbIIP0D45g2rA6PwkcF8U4E) [Última consulta 24.02.2020].

 

Para más información por favor consulte:  Niño-Garcia, A. and P. A. M.-V. Juan Diego Parra-Mosqura (2019). "Registro de dientes de condrictios del Cretácico superior en fosforitas de la formación loma gorda."Boletín de Ciencias de la Tierra 46: 27-32.


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lunes, 17 de febrero de 2020

Descubiertos en Colombia restos de la tortuga gigante Stupendemys


Tras las pistas en Colombia de las tortugas más grandes del planeta

Paleontólogos de Colombia y Venezuela hallaron en el desierto de la Tatacoa y en Urumaco (Venezuela) los fósiles de una enorme tortuga que vivió hace 13 millones de años. Encontraron el caparazón más grande que se conoce.

Hace 13 millones de años, Colombia era un territorio muy distinto al que hoy conocemos. La parte norte y oriental, que hoy colinda con Venezuela, distaba mucho de ese terreno escarpado que se ha convertido en una compleja travesía para viajeros y migrantes. Las cordilleras aún no existían y los grandes ríos que hoy atraviesan parte de nuestro país todavía no llevaban caudalosas corrientes cargadas de escombros. En vez de esa escabrosa geografía, había un complejo sistema de ríos y humedales llamado Pebas que se extendía desde el Huila hasta buena parte de Venezuela. La comparación no suele ser frecuente entre los paleontólogos, pero era un lugar más parecido a lo que es hoy el Amazonas. Una especie de pantano con bosques enormes que crecían bajo una temperatura entre los 23 y 35 grados Celsius, los ingredientes perfectos para que enormes criaturas viajaran por donde los humanos decidimos levantar bloques de cemento.

El paleontólogo Edwin Cadena junto a la parte superior del caparazón de la “Stupendemys geographicus”. / Rodolfo Sánchez

Desde mediados del siglo XX, las pistas de qué era lo que había en Colombia en esa época, que la ciencia decidió llamar Mioceno, han empezado a recopilarse con más frecuencia. Los hallazgos le han dado la vuelta al mundo y aún continúan siendo un motivo de orgullo entre paleontólogos. La Titanoboa cerrejonensis, de hace 55 millones de años, es uno de ellos. Gracias a sus fósiles, que reposaban en el área de lo que hoy es el Cerrejón, quedó registrada como la serpiente más grande del planeta. El Callichimaera perplexa, un cangrejo cuyos ojos eran tan grandes como un balón, simbolizó el encuentro con una enigmática criatura de hace 90 millones de años que, en palabras del biólogo Javier Duque, quien la descubrió, representó “una rama completamente nueva en el árbol de la vida”. Ahora, un nuevo espécimen acaba de entrar en esta lista de animales que parecen sacados de la ficción. ¿Su nombre? Stupendemys geographicus, una tortuga tan grande como un automóvil familiar.

Edwin Cadena suena emocionado cuando habla del artículo que esta semana replicaron varios medios internacionales. En compañía de otros ocho autores publicó en la revista Science Advances los resultados de una investigación en la que se había sumergido por seis años y que desembocó en el hallazgo del caparazón más grande que se ha encontrado de una tortuga. Lo hicieron en un pueblo llamado Urumaco, en el norte de Venezuela. En La Venta, en el desierto de la Tatacoa, también encontraron registros fósiles y algo inesperado: una mandíbula en perfecto estado.

“Son unos registros fascinantes que nos dicen mucho acerca de esta especie. Aunque sus fósiles fueron descritos por primera vez en 1976, no sabíamos casi nada sobre ella”, cuenta. Su historia era un enigma que él, junto a paleontólogos venezolanos, han empezado a resolver.

Urumaco, Venezuela, donde fue encontrado el caparazón más grande de la tortuga. Edwin Cadena

“Se trata de un hallazgo muy valioso para la paleontología. Hasta el momento, esta tortuga solo se conocía fragmentariamente, y tener una forma completa de uno de estos organismos nos ayuda a entender muchos aspectos de la evolución de las especies”, señala Marcela Gómez, geóloga y doctora en Paleontología de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, hoy a cargo del Museo del Servicio Geológico Colombiano.
Cadena también es geólogo. Estudió en la Universidad Industrial de Santander e hizo su doctorado en geociencias en la Universidad Estatal de Carolina del Norte (Estados Unidos). Desde que empezó a explorar los alrededores de Zapatoca (Santander), donde nació, quiso entender el mundo a través de los fósiles. A los 20 años, cuando encontró el de una tortuga de 135 millones de años, empezó a explorar un área que poco interés había causado entre sus colegas: las tortugas del norte de Suramérica.

“No había casi nada y tuve la fortuna de estar en Nueva York con Eugene Gaffney, el paleontólogo que más ha estudiado sobre tortugas fósiles. ¿Cómo han evolucionado esos reptiles? ¿Hace cuánto habitan nuestro territorio? ¿Por qué nadie se había interesado en ellos?”. La lista de interrogantes sin resolver era extensa y él empezó a buscar respuestas.

Hoy, muchas dudas aún no han sido resueltas, pero los nuevos fósiles de la Stupendemys geographicus son claves en un enorme rompecabezas. Sus piezas sugieren varias cosas. Una de ellas es, a los ojos de los paleontólogos, reveladora: los machos de la especie tenían unos enormes cuernos en su caparazón de 2,86 metros, que les permitían defenderse de otras criaturas monstruosas, como enormes cocodrilos, que navegaban a lo largo de Colombia y Venezuela. También había notungulados, unos mamíferos parientes de los marsupiales, y esparasodontes, los principales depredadores antes de que llegaran los grandes felinos.
“Es posible que esos cuernos también sirvieran como armas en las monumentales batallas entre machos. Tenemos, incluso, evidencia de la marca que pudo haber dejado uno de esos cuernos en un caparazón”, dice Cadena.



Los resultados publicados en el artículo de Science Advances, titulado “The anatomy, paleobiology, and evolutionary relationships of the largest extinct side-necked turtle”, también muestran que la dieta de la tortuga distaba mucho de las que hoy tienen sus parientes. Cangrejos y pequeños animales hacían parte del alimento de esa criatura de cerca de 1.100 kilogramos.
Pero, más allá de los detalles de su investigación, Cadena cree que el trabajo revela asuntos más profundos. “Lo que logramos muestra cómo, a pesar de las dificultades y diferencias que tienen ambos países, la ciencia no tiene fronteras. Hoy, buena parte de los investigadores venezolanos viven en Zúrich, Suiza”.
También cree que esta es la muestra de una nueva etapa para la paleontología colombiana. El país, intuye, apenas se ha explorado en un 10 o 15 % y es posible que en los próximos años el número de publicaciones relacionadas con fósiles crezca de manera exponencial. “Poco a poco”, asegura Catalina Suárez, Ph.D. en paleontología de la Universidad de La Plata y funcionaria del Servicio Geológico Colombiano, “se ha empezado a formar un grupo de paleontólogos que están explorado territorios que antes no habían sido estudiados”.

“Estamos comprendiendo un pedazo del planeta del que antes sabíamos muy poco”, dice Marcela Gómez. “Había pocos registros para esta región de Suramérica. La paleontología está floreciendo y van a tener noticias como estas con mucha más frecuencia”.


Referencias:

Sergio Silva. Tras las pistas en Colombia de las tortugas más grandes del planeta. Fuente: Periódico El Espectador 15.02.2019 (https://www.elespectador.com/noticias/ciencia/tras-las-pistas-en-colombia-de-las-tortugas-mas-grandes-del-planeta-articulo-904745?fbclid=IwAR0u9DzDb5uFvOYWljW1XMzzAyCyBeH44-8bdKgpJgWT3SSISbGH8V_nB-4) [Última consulta 17.02.2020].



Conversación telefónica con el paleontólogo Edwin Cadena, autor principal del estudio sobre los nuevos hallazgos de la tortuga gigante Stupendemys dentro de la sección “Una llamada con…”





Tortuga más grande del planeta vivió en Colombia, Brasil y Venezuela

Fósiles hallados corresponden a la extinta 'Stupendemys Geographicus'.

Nuevos especímenes de la tortuga extinta Stupendemys Geographicus, descrita en 1970, revelan que fue 100 veces más pesada que sus parientes y tuvo un caparazón de tres metros y con cuernos.

Cortesía Universidad de Zúrich. Arte Jaime Chirinos

"El caparazón de algunos individuos de Stupendemys alcanzó casi tres metros, lo que lo convirtió en una de las tortugas más grandes, si no la más grande que haya existido", explica Marcelo Sánchez, director del Instituto y Museo Paleontológico de la Universidad de Zurich y líder del estudio. En la investigación también participó Edwin Cadena, profesor de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario.
La tortuga tenía un peso corporal estimado de 1.145 kilos, casi 100 veces la de su pariente vivo más cercano, la tortuga de cabeza grande del río Amazonas. En algunos individuos, el caparazón completo mostró una característica peculiar e inesperada: cuernos.

"Los dos tipos de caparazones indican que existieron dos sexos de Stupendemys. Los machos tenían caparazón con cuernos y las hembras, caparazón sin cuernos", concluye Sánchez.
Según el paleobiólogo, esta es la primera vez que se informa de dimorfismo sexual en forma de caparazones con cuernos para cualquiera de las pleurodiras, uno de los dos grupos principales de tortugas en todo el mundo.

A pesar de su enorme tamaño, la tortuga tenía enemigos naturales. En muchas áreas, la aparición de Stupendemys coincide con Purussaurus, los caimanes más grandes. Probablemente fue un depredador de la tortuga gigante, dado no solo su tamaño y preferencias dietéticas, sino también lo inferido por las marcas de mordedura y los huesos perforados en los caparazones fósiles de Stupendemys.



Como los científicos también descubrieron las mandíbulas y otras partes del esqueleto de Stupendemys, pudieron revisar a fondo las relaciones evolutivas de esta especie dentro del árbol de la vida de las tortugas.
"Según estudios de la anatomía de las tortugas, ahora sabemos que algunas tortugas vivas de la región amazónica son los parientes vivos más cercanos", dice Sánchez.

Además, los nuevos descubrimientos y la investigación de fósiles existentes de Brasil, Colombia y Venezuela indican una distribución geográfica mucho más amplia de Stupendemys de lo que se suponía anteriormente. El animal vivía en toda la parte norte de América del Sur.


Referencias:

Tortuga más grande del planeta vivió en Colombia, Brasil y Venezuela. Fuente: Periódico El Tiempo / Europa Press 13.02.2019 (https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/tortuga-mas-grande-del-mundo-vivio-en-colombia-venezuela-y-brasil-461716?fbclid=IwAR2C3sbLoTybeNZVLWj0rtEiVsHBfBAPtoEWFAwhXmLjGVZM_sMv6aCxBSw) [Última consulta 17.02.2020].





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