sábado, 20 de junio de 2015

Colombibos, un Bóvido del Pleistoceno (¿?) de Colombia



Es costumbre en nuestro Blog  alternar noticias de hallazgos paleontológicos recientes y a su vez rescatar artículos que ya tienen varios años de haberse publicado, y que hacen parte de ese desconocido tesoro paleontológico de nuestro país,  en esta ocasión rescatamos un artículo de 1960 que nos habla del hallazgo y descripción de un Bóvido del pleistoceno de la sabana de Bogotá, descrito por el Biólogo colombiano Jorge Hernández Camacho y por el paleontólogo catalán Jaume de Porta i Vernet,  pero antes de hablar sobre la especie hallada en Colombia, vamos a hacer una rápida introducción para saber más acerca de esta importante familia de mamíferos.
Reproducción del ecosistema pleistocénico en el que vivió el antepasado del ganado doméstico, Bos primigenius primigenius o Uro europeo. Autora: Margaret Maitland Howard. Colecciones del UCL Art Museum

Origen y distribución de la familia Bovidae
Los bóvidos son una familia de mamíferos artiodáctilos, (ungulados cuyas extremidades terminan en un número par de dedos)  que incluyen animales tan conocidos como los toros, los antílopes, las ovejas, las cabras y los bisontes, siendo el grupo más diverso de ungulados vivos. 
La familia Bovidae se encuentra distribuida principalmente en el viejo mundo aunque  podemos encontrar algunas especies en Norteamérica. Son animales totalmente herbívoros, sociales y gregarios que forman manadas de varias decenas de individuos lideradas normalmente por un macho.  Sus miembros presentan cuernos  sobre sus cabezas, y los miembros más grandes de la familia Bovidae pueden llegar a pesar cerca de una tonelada. Solemos encontrarlos habitando praderas, monte bajo, desiertos, bosques, pantanos e incluso la tundra ártica.
La evolución de la familia de los bóvidos está caracterizada por migraciones globales, radiaciones adaptativas y extinciones en masa que en su conjunto moldearon  la compleja historia evolutiva del grupo,  configurada además por una amplia variedad de mecanismos y fenómenos naturales que  dieron origen a los 49 géneros existentes y a las 143 especies conocidas, la mayoría de las cuales son endémicas del continente africano.
El registro fósil parece indicar que los primeros bóvidos se originaron durante el Oligoceno en Asia, y  que probablemente llegaron al continente africano a principios del Mioceno, esta radiación temprana y la división continental entre África y Eurasia es la responsable de la temprana diversificación entre los Boodontia que incluyen los Bovinae de origen Euroasiático y los Aegodontia que continuaron su evolución en el continente africano e incluye todas las demás familias de bóvidos. Es importante anotar que durante el Mioceno superior se registra una enorme diversificación de la familia Bovidae y que está estrechamente relacionada con la aparición de las grandes sabanas africanas.
En Europa el bóvido más antiguo procede de rocas del Mioceno medio y muestra un origen asiático.
La compleja sistemática de esta familia ha sufrido numerosos cambios debido a la controversia que genera entre los investigadores las relaciones entre los distintos géneros fósiles debido sobre todo a la gran diversificación que alcanzó la familia durante el Mioceno y a las numerosas convergencias observadas entre los diferentes representantes de la familia.
La Subfamilia Bovinae
Los bovinos representan la rama más precoz de los bóvidos, el registro fósil sugiere que surgió en Asia siendo los fósiles más antiguos de hace alrededor de 18,5  millones de años llegando a Europa y África en la transición Mioceno – Plioceno.

Distribución del hábitat de Bos primigenius. Autor: Christophe Cagé, 2007.

Es importante mencionar la trascendencia que ha  tenido la subfamilia de los bovinos en la historia del hombre  gracias a la domesticación de muchas de sus especies, entre las que merece mención especial Bos primigenius también conocido uro euroasiático, un bovino extinto de gran tamaño nativo de Asia central que se extendió por India, Oriente medio, Asia, África y Europa y cuyas subespecies (B. primigenius primigenius o uro europeo, B. primigenius africanus o uro africano y B. primigenius namadicus o uro indio),  dieron origen  al actual Bos taurus o ganado doméstico actual. La última sub-especie que sobrevivió fue la europea registrándose la muerte del  último ejemplar en un bosque polaco en 1627.

Pintura rupestre del paleolítico que representa un Uro europeo (B. primigenius primigenius). Cueva de Lascaux, Francia


Pintura rupestre del paleolítico superior donde se aprecia un Bisonte. Cueva de Altamira, España

Migración a Norteamérica
Durante la última glaciación la elevada concentración de hielo en los continentes contribuyó al descenso en el  nivel del mar, lo que propicio el levantamiento de puentes terrestres como el conocido como “Puente de Beringia”, que permitió durante cortos periodos de tiempo geológico que la masa continental asiática (Siberia) quedara unida a la parte norteamericana (Alaska) permitiendo el intercambio de especies en ambas direcciones.  Una de las especies que se cree realizó esta migración fue precisamente el ser humano, ya que una de las teorías sobre el poblamiento del continente americano  nos dice que es en esta época cuando el Homo sapiens atravesó Beringia para llegar al Nuevo Mundo, quizás persiguiendo las grandes manadas de que cruzaban el puente temporal que unía ambos continentes. 

Mapa donde se representa la migración del Bisonte desde Asia central hasta América central durante el Pleistoceno a través del puente de Beringia. Tomado de “Evidencias directas e indirectas sobre la probable coexistencia de bisontes y el ser humano en Centroamérica durante el Holoceno” pág. 56

Varias especies de bóvidos, especialmente caprinos y bovinos migran también de Asia central a Norte América y una de las especies que migra alcanzando un rotundo éxito en Norte América es el bisonte, con gran variedad de especies fósiles descritas, entre las que encontramos al pleistocénico Bisonte priscus o bisonte estepario que ha sido hallado también en Asia central y Europa, (del que se asume dio origen al actual bisonte europeo a comienzos del Holoceno).
Otras especies de bisontes que evolucionaron en Norte América comprenden B. latifrons, B. occidentalis y B. antiquus cuyos fósiles han sido hallados en América central, más concretamente  al norte de Nicaragua, confirmando la gran distribución que alcanzó el grupo especialmente durante el Rancholabreano (NALMA), pero es precisamente esa distribución la que luego nos hace preguntarnos porque otras especies como los caballos se difundieron en el Pleistoceno desde el norte hacia el sur de América y especies como los bisontes no lo consiguieron. 

Ubicación de los hallazgos más australes (1,2 y 3) y posibles referencias de Bison (5 y 6) en el continente americano. Tomado de de “Evidencias directas e indirectas sobre la probable coexistencia de bisontes y el ser humano en Centroamérica durante el Holoceno” pág. 54

Sin embargo existen reportes aislados de la presencia de bóvidos en Sudamérica, representados por los dudosos géneros Platatherium de Argentina y Colombibos de Colombia, aunque como remarca Hoffsteter en 1968, parece improbable la presencia de bóvidos en Suramérica debido al hecho que son animales fundamentalmente sociales que viven en grandes manadas y este comportamiento no concuerda con los pocos y aislados restos encontrados.
Colombibos atactodontus, el bóvido del pleistoceno (¿?) de Colombia
En 1958 se entregan al entonces Museo Geológico Nacional unos restos que incluyen un maxilar derecho incompleto atribuido a un bóvido indeterminado, junto con restos de Haplomastodon que incluyen un molar, una cabeza de fémur y el extremo distal de la tibia.

Diferentes vistas de la rama mandibular de Colombibos. Tomada de “Un nuevo Bóvido pleistocénico de Colombia: Colombibos atactodontus”. Pág. 48

El maxilar fue estudiado por los investigadores  Jorge Hernández Camacho y  Porta i Vernet en 1960 y describen los restos de un bóvido de gran talla similar al género Bos y que fue bautizado Colombibos atactodontus,
La comparación entre los restos evidencian que el grado de fosilización del maxilar de Colombibos atactodontus, es menor que en los restos de Haplomastodon, si a esto además le sumamos el hecho que se desconocen las condiciones y el lugar exacto del hallazgo, hacen improbable que se asocien ambos géneros al mismo nivel estratigráfico, aunque se sabe con certeza que proceden de cercanías de la localidad boyacense de Soatá donde se han reportado gran cantidad de hallazgos de fauna pleistocénica que incluyen chigüiros, cánidos, ciervos y mastodontes.
La presencia de restos de bovinos indica la presencia de una vegetación tipo sabana o de bosque ralo  poco poblado que permitiría a las manadas moverse sin dificultad. Es posible que este escenario se formara en un periodo interglaciar o post glaciar,  aunque  como lo mencionábamos antes, al no conocerse la procedencia exacta de los restos, no es posible determinar con exactitud la antigüedad de los restos aunque para Hernández Camacho & J. Porta no hay ninguna duda que Colombibos corresponde al pleistoceno superior.
La principal diferencia que encontraron los investigadores para diferenciar Colombibos del género Bos está basada en un molar que en Colombibos se identifica como premolar (P4) pero que podría ser el equivalente al diente de leche DP4 de Bos.
Solo nuevos hallazgos o una nueva revisión de dicho material despejaría  las dudas para saber si realmente Colombibos es una nueva especie de Bóvido del Pleistoceno o si como deja entrever Hoffsteter es un ejemplar del género Bos de edad más reciente.

Referencias:
Hernández Camacho & J. Porta 1960. Un nuevo Bóvido pleistocénico de Colombia: Colombibos atactodontus. Bol. Geol., Bucaramanga, n9 5, p. 41.52, 1 lam.

R.Hoffstetter  1971. “Los Vertebrados Cenozoicos de Colombia. Yacimientos, faunas, problemas planteados”. Geol. Colombiana 8:37-62.
Guillermo E. Alvarado, Spencer G. Lucas & Luis Gómez 2008. Evidencias directas e indirectas sobre la probable coexistencia de bisontes y el ser humano en Centroamérica durante el Holoceno. Revista geológica de América Central, ISSN 0256-7024, Nº. 39, 2008, págs. 53-64

Roberto Díaz Sibaja  2013. Los Rumiantes (Ruminantia: Bovidae y Cervidae) del Pleistoceno (Rancholabreano) de dos sitios del centro-occidente de México. Tésis Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Facultad de Biología. Pp 1 -138

Wilson, M.C., L.V. Hills, y B. Shapiro 2008. Late Pleistocene northward-dispersing Bison antiquus from the Bighill Creek Formation, Gallelli. Gravel Pit, Alberta, Canada, and the fate of Bison occidentalis. Canadian Journal of Earth Sciences (7 edition) 45: 827–859

Web:

Wikipedia

Página Web “The sixth Extinction” http://www.petermaas.nl/extinct/speciesinfo/aurochs.htm
   

Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.





jueves, 4 de junio de 2015

Chigüiros fósiles de gran tamaño en la alta Guajira colombiana



En la siguiente entrada reproducimos un artículo publicado por la Agencia de Noticias de la Universidad Nacional de Colombia, con relación a los estudios y descubrimientos que se están llevando a cabo en Castilletes, norte de la península de la Guajira y de los cuales hemos venido informando en entradas anteriores.

Chiguiros y tapires de hace menos de 20 millones de años

Fósiles de chigüiros de más de tres millones de años, tapires y osos perezosos gigantes forman parte de la variedad de restos hallados en la península de La Guajira, que dan cuenta del bosque que debió existir hace no menos de 20 millones de años, en lo que ahora es desierto.
Un equipo de investigadores de la U.N. trabaja con el Instituto Smithsonian para rescatar los rastros de la naturaleza perdida.
De las más de nueve millones de hectáreas de bosques secos que llegaron a cubrir el territorio nacional, hoy solo queda el 8 %, lo que ubica a este ecosistema entre los más amenazados del país. Precisamente, uno de estos bosques predominaba en la Alta Guajira, donde hoy el paisaje está dominado por el desierto.
Una de las especies que habitó este lugar y que más llamó la atención dentro de los fósiles de mamíferos hallados, fue un chigüiro de aproximadamente 3,2 millones de años, que se convirtió en el primer registro de un fósil de esta edad en el país y en el más cercano al istmo de Panamá.
“Perteneció a un género extinto caracterizado por su gran tamaño, mucho mayor al de los actuales. Las diferencias más grandes radican en la dentadura y en algunos rasgos del cráneo, que permiten establecer que estamos tratando con una nueva especie”, afirma María Camila Vallejo, bióloga de la U.N. que hizo parte de la investigación.
Es importante tener en cuenta que, en la actualidad, en el país existen dos especies de chigüiros: el Hydrochoerus hydrochaeris, con distribución en los Llanos Orientales y el Amazonas, y el Hydrochoerus isthmius, que habita al norte de Colombia, Panamá y Venezuela. No obstante, hoy en la Alta Guajira colombiana no se encuentra ninguna de estas dos.
La aparición de esta nueva especie permite comprender cómo este grupo de roedores de gran tamaño se ha distribuido a través del tiempo, desde sus orígenes en Argentina, hace aproximadamente 11 millones de años.
La privilegiada posición geográfica de nuestro país, unido al istmo de Panamá, lo ha convertido en uno de los principales corredores de animales y plantas a través del tiempo geológico. Así, se puede pensar en Colombia como puerta de entrada y salida, un punto casi obligado para muchas especies que migraron de Norteamérica a Suramérica y viceversa.

Sedimentos acumulados
La Guajira alberga una secuencia muy espesa de sedimentos acumulados a lo largo de millones de años, lo cual abre la posibilidad de estudiar el cambio de esta zona, según los animales que vivían allí y las condiciones que debía tener este ambiente para soportar la vida de diferentes especies a lo largo del tiempo geológico.
Así lo explica Gustavo Ballen, estudiante de la Maestría en Biología de la Universidad Nacional, quien realizó su tesis sobre los hallazgos ictiológicos en Castilletes y hoy hace parte del equipo que investiga los restos, junto con otros egresados de la Institución.
Por ser una zona desértica, la roca se encuentra erosionada, debido al viento, al agua y a los cambios de temperatura. Allí, poco a poco, empezaron a aparecer restos de vertebrados muy grandes que llamaron la atención de los investigadores, por lo cual los han venido desenterrando.
Dentro de las especies halladas, se destacan los astrapoterios, ejemplares parecidos a los tapires, pero con dientes exteriores. También se encontraron gliptodontes, enormes mamíferos similares al armadillo; purussaurus, caimanes que podían llegar a medir hasta 13 metros de longitud; y perezosos gigantes.
También se hallaron restos de marsupiales —como las chuchas o zarigüellas—, ratones, aves serpientes y organismos similares a los venados.

Río caudaloso guajiro
Para que estos animales pudieran habitar allí, La Guajira ha tenido que cambiar mucho en estos 20 millones de años.
El biólogo Ballen indica que tenían que existir afluentes muy parecidos al Orinoco, aunque no de la misma magnitud. “Si bien había influencia marina, la presencia de agua dulce permitía la permanencia de ciertos animales, lo cual abre una gran incógnita: ¿por qué La Guajira actualmente no tiene ningún drenaje que permita la salida de un río grande?”.
Hay que tener en cuenta que este punto se encuentra en la mitad de dos drenajes: el lago Maracaibo y el río Magdalena, y que los peces de agua dulce que se han encontrado son de grupos que en la actualidad solo habitan en el Orinoco.
“Hay que pasar la Serranía de Mérida, en Venezuela, y la Serranía de Perijá, en Colombia, para llegar. Eso demuestra que tuvo que existir un río grande saliendo al Caribe por ese lado, no necesariamente el Orinoco, pero podría tratarse de un pedazo del drenaje Orinoco-Amazonas”, sostiene el experto.
Según los hallazgos, este ecosistema podría equivaler a bosques secos como los que se encuentran en el norte de Colombia, en la cuenca baja del Magdalena e incluso en la misma Guajira, al sur del departamento.
A pesar de que no hay respuestas con respecto a la modificación tan radical que experimentó la región, es probable que dicho fenómeno haya tenido que ver con el cambio climático de la época.
Para los investigadores, la desaparición de este bosque significaría que el clima cambió drásticamente en los últimos tres millones de años.

Referencias:

Chiguiros y tapires de hace menos de 20 millones de años. Fuente: Agencia de Noticias de la Universidad Nacional | 29 de mayo de 2015 (http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/ndetalle/article/chigueiros-y-tapires-habitaron-la-alta-guajira-hace-menos-de-20-millones-de-anos.html) [Última consulta 04.06.2015]




Cartel informativo de la conferencia llevada a cabo por la investigadora Maria Camilo Vallejo-Pareja el pasado mes de febrero en la Universidad de los Andes con relación a los hallazgos de Chigüiros fósiles en el norte de la península de La Guajira.
 






La Guajira pudo haber sido un inmenso bosque

Un equipo de investigadores halló rastros de especies que habitaban cuerpos de agua y bosques.

Fósiles de chigüiros de más de tres millones de años, tapires y osos perezosos gigantes forman parte de los restos hallados en la península de La Guajira por investigadores de la Universidad Nacional y el Instituto Smithsonian (sede Panamá), quienes se dieron a la tarea de rescatar los rastros de naturaleza perdida en medio del paisaje desértico.

Los hallazgos aportan pistas del tipo de bosque que debió existir hace no menos de 20 millones de años en esta zona del país.

Una de las especies que habitó este lugar, y que más llamó la atención entre los fósiles encontrados, fue un chigüiro de aproximadamente 3,2 millones de años, que se convirtió en el primer registro de un vestigio de esta edad en nuestro país y en el más cercano al istmo de Panamá.

“Perteneció a un género extinto caracterizado por su gran tamaño, mucho mayor al de los actuales. Las diferencias radican en la dentadura y en algunos rasgos del cráneo”, explica María Camila Vallejo, bióloga que participó en la investigación.
Esta zona del país tiene una enorme cantidad de sedimentos acumulados que les permitieron a los investigadores estudiar los cambios, según las condiciones que debía tener el ambiente para soportar la vida de las especies.
A pesar de que no hay respuestas sobre el cambio que experimentó la región, es probable que dicho fenómeno haya estado relacionado con el cambio climático de la época.

“Tuvimos bosques en La Guajira y luego vinieron las glaciaciones. No supimos qué pasó, pero somos conscientes de que eso afectó profundamente el paisaje en Suramérica. Después vino una época más cálida, la del Holoceno, cuando esta parte quedó desértica”, explica Vallejo.

El chigüiro, considerado el roedor más grande, siempre ha estado relacionado con ríos o lagos. Por lo tanto, según los investigadores, hallarlo en esta zona del país indica que existieron corrientes de agua que desaparecieron en una desertificación progresiva.

Esto se comprobó con el hallazgo de una gran cantidad de invertebrados como moluscos, equinodermos, cangrejos, al igual que vertebrados como tiburones y rayas que datan de 5 millones de años aproximadamente y solo podrían encontrarse en cuerpos de agua grandes y constantes.

“Si bien había influencia marina –dice–, la presencia de agua dulce permitía la permanencia de ciertos animales, lo cual abre una gran incógnita: ¿por qué hoy La Guajira no tiene ningún drenaje que permita la salida de un río grande?”, explica Gustavo Ballén, estudiante de la maestría en Biología de la Universidad Nacional

Entre las especies halladas también están los astrapoterios, ejemplares parecidos a los tapires pero con dientes exteriores, al igual que gliptodontes (enormes mamíferos similares al armadillo); Purussaurus, caimanes que llegaron a medir hasta 13 metros de longitud, y perezosos gigantes.

La investigación también encontró otros fósiles de mamíferos pertenecientes al género Artiodactyla (grupo de vacas, camellos y pecarís) y pampaterios (litopternos y notoungulados), herbívoros de gran tamaño que eran endémicos de Suramérica y están extintos.

Aunque es muy difícil imaginar que en medio de la desertificación de La Guajira hayan existido fuentes de agua, varias especies de plantas y grupos de animales hallados comprueban que la península sí las tuvo.

Los investigadores no ponen en duda que aún hay mucho por explorar. Por ahora, muchos de los fósiles hallados serán llevados a la Universidad del Norte (Barranquilla). Dentro de la investigación, también vale la pena resaltar el papel de universidades extranjeras como las de la Florida, Cornell, Zúrich, Alberta y Rochester.

Referencias:

La Guajira pudo haber sido un inmenso bosque. Fuente:Periódico El Tiempo 30 de junio de 2015 (http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/ciencia/econtraron-fosiles-en-la-guajira/16023082) [Última consulta 01.07.2015]

Comentario Final:
Solo quería aclarar y siempre bajo mi opinión  personal en relación al artículo de la Universidad Nacional, que hubiera sido más correcto obviar la palabra “tapir” del título del artículo, ya que como el mismo artículo menciona, el descubrimiento realmente hace referencia a astrapoterios, mamíferos meridiungulados suramericanos de los que suele decirse eran de aspecto similar a los tapires, sobre todo porque al igual que estos, sus restos craneales parecen indicar que tenían una corta probóscide, pero que salvo esta  ¿convergencia evolutiva?  ambas especies no estaban emparentadas.
La falta de rigor a la hora de escribir este tipo de información puede crear confusión al lector

Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.



 

Reciente descubrimiento de un cráneo muy completo del gavial Gryposuchus colombianus en La Tatacoa ⚒

En el desierto de La Tatacoa, Huila, se descubrió el cráneo casi completo y parte del postcráneo de un gavial, un cocodrilo de hocico alarga...