miércoles, 24 de mayo de 2023

Excrementos prehistóricos revelan olas de extinción en Colombia


Investigadores de la Universidad del Norte, liderados por la profesora colombiana Dunia H. Urrego, realizaron un estudio en la cordillera Oriental de Colombia, utilizando muestras de sedimentos del pantano de Monquetiva. Utilizando una sonda de perforación rusa, extrajeron muestras de sedimentos hasta cuatro metros de profundidad. El análisis de carbono 14 reveló que los sedimentos tenían hasta 40,000 años de antigüedad. Se centraron en microfósiles, como polen, carbono fosilizado de incendios pasados y esporas de hongos coprófilos presentes en heces de herbívoros. El estudio encontró evidencia de dos olas de extinción de megafauna en la cordillera Oriental de Colombia, ocurridas hace 23,000 y 11,000 años. La desaparición de microfósiles asociados con la megafauna indica la extinción de estos grandes animales. Además, el estudio examinó el impacto en el ecosistema, mostrando cambios en la composición de la vegetación y un aumento en especies comestibles y leñosas después de la extinción de la megafauna. Estos hallazgos proporcionan información sobre la historia de los ecosistemas colombianos y destacan la importancia de especies clave en la preservación del equilibrio ambiental.

A continuación la noticia publicada por El País:


Polen y esporas de heces fosilizadas: las pistas de la extinción de megafauna en Colombia

Este proceso se dio hace entre 23.000 y 11.000 años en la cordillera Oriental, según un estudio de científicos colombianos y británicos publicado en ‘Quaternary Research’

La doctora Dunia Urrego durante una expedición científica



Hace más de 20.000 años, por los Andes colombianos se paseaban armadillos del tamaño de un Volkswagen y osos perezosos que podían alcanzar hasta los seis metros de alto. Pero al igual que sucedió con mucha de la megafauna mundial de esa época, ya no hay rastro de ellos: están extintos. Qué los llevó a desaparecer es una pregunta que aún trasnocha y enfrenta a muchos científicos. En Colombia, esto se suma a que nunca se ha sabido con certeza cuándo dejaron de recorrer el país los pasos de esos gigantes.

“En general, hay indicios de que a finales de la edad de hielo [hace entre 20.000 y 10.000 años] muchas especies de gran tamaño, con un peso mayor a 50 kilos, dejaron de existir”, cuenta la doctora Dunia H. Urrego, colombiana egresada de la Universidad de Colombia y actualmente profesora de la Universidad de Exeter en el Reino Unido. “Sin embargo, en Suramérica, donde la información es escasa, la pregunta sigue muy abierta, porque además hay fósiles de megafauna que datan de épocas más recientes, de hace 6.000 y 8.000 años”, agrega.

Con la curiosidad de conocer qué había sucedido en pasados ecosistemas colombianos, a Urrego y su equipo —en el que también se encuentran el estudiante britanico Felix Pym, y los investigadores colombianos Ismael García Espinoza y Juan Felipe Franco Gaviria— se les presentó la oportunidad de despejar varias de estas dudas cuando visitaron Monquentiva, a unos 60 kilómetros de la ciudad de Bogotá, en la cordillera Oriental. Estaban allí como parte de un proyecto britanico del programa ColombiaBio, pero cuando vieron que había un pantano —el de Monquetiva— decidieron cavar muy profundo para conocer lo que los sedimentos podían contar.

Dos científicos exploran los sedimentos en busca de muestras fosilizadas



Los científicos usaron un equipo conocido como sonda de perforación rusa. Básicamente es un tubo de cinco centímetros de diámetro que metieron hasta a cuatro metros de profundidad sacando una especie de “salchicha” de sedimentos. Para que las muestras no se dañen, no pueden tener contacto con el oxígeno. El pantano de Monquetiva les garantizaba esa condición. “Así que empezamos a excavar y a extraer esa columna de sedimentos”, dice la experta desde Reino Unido.



Una parte de esa “salchicha” viajó a la Universidad Queen’s de Belfast, en Reino Unido. Allí, un equipo le hizo un análisis de carbono 14 para informarles que los sedimentos tenían hasta 40.000 años de antigüedad. Se trataba de un tesoro de información. Luego, con otro pedazo que llevaron a la Universidad de Exeter, tomaron muestras de cada dos centímetros de la columna de sedimentos para saber si su composición cambiaba. Se concentraron en filtrar lo que llaman microfósiles: granos de polen, carbono fosilizado de pasados incendios y esporas de hongos coprófilos, los que crecen en las heces de herbívoros.

Los microfósiles hablaron casi por ellos mismos: les dijeron que, en Colombia, en la cordillera Oriental, la extinción de megafauna se había dado en dos olas. Una, hace 23.000 años. “En las muestras que datan de esa época, puestas al microscopio, había una reducción de hongos muy notable”, asegura Urrego. Después, se recupera algo el conteo y, hace 11.000 años, desaparecen por completo. “No volvemos a encontrar los microfósiles asociados con la megafauna en las muestras. Sabemos entonces que alrededor de ese tiempo también dejaron de existir esos grandes animales porque habrían desaparecido también sus heces”, agrega.

Vista de la flora y los terrenos en los que se ha llevado a cabo la investigación



Pero más allá del momento en que se perdieron estos animales, a Urrego y su equipo también les interesó conocer qué pasa con un ecosistema cuando se pierden especies clave, que por su tamaño e interacciones son arquitectas de ese entorno. A través de los otros microfósiles – el carbón y el polen – obtuvieron datos sobre la composición del Páramo y la actividad de incendios naturales. “Esto nos permitió concluir que, tras la extinción de la megafauna, la vegetación cambió en su composición: hubo un incremento de especies comestibles y leñosas, volviendo a los hábitats más propensos a los incendios.


“Esto nos deja ver un poco qué podría suceder si se pierden especies como, por ejemplo, el ojo de anteojos, que ha estado en peligro de extinción”, argumenta la doctora Urrego sobre el estudio publicado en la revista científica Quaternary Research. “Es un indicador de nuestro futuro sin grandes especies”.



Referencias:

María Mónica Monsalve.Tras el rastro de los mastodontes, especies que habitaron y desaparecieron. Fuente: El País 24.05.2023. (https://elpais.com/america-colombia/actualidad/2023-05-24/polen-y-esporas-de-heces-fosilizadas-las-pistas-de-la-extincion-de-megafauna-en-colombia.html) [Última consulta 21.11.2023].



Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.






lunes, 24 de abril de 2023

Dos nuevas especies fósiles reescriben la historia de las solanáceas

Un equipo de botánicos y paleontólogos, bajo la dirección de investigadoras del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV-CONICET-UNC) y de la Universidad de Colorado Boulder (CU Boulder), ha realizado la descripción de dos especies fósiles que podrían tener un impacto significativo en nuestra comprensión de la geografía y la evolución temporal de la familia de las solanáceas, una familia de plantas herbáceas que incluye el tomate, la berenjena, la patata y los pimientos de todos tipos y colores.

A continuación la noticia publicada por el CONICET

Fósiles olvidados de Colombia y Estados Unidos puede reescribir parte de la historia evolutiva de las plantas

Botánicas/os y paleontólogas/os, dirigidos por investigadoras del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV-CONICET-UNC) y de la Universidad de Colorado Boulder (CU Boulder), han descripto dos especies fósiles que puede reescribir la geografía y la línea de tiempo evolutiva de la familia de las plantas de tomate.

Los hallazgos del equipo, publicados el mes pasado en la revista New Phytologist, muestran que la tribu del ají (Capsiceae) dentro de la familia solanáceas, es mucho más antigua y estaba mucho más extendida de lo que se pensaba hasta ahora. Los científicos creían anteriormente que los ajíes evolucionaron en América del Sur hace como máximo 15 millones de años, pero la nueva investigación adelanta esa fecha hasta hace al menos 50 millones de años, y sugiere que los ajíes estaban presentes en América del Norte en ese momento.

Rocío Deanna, investigadora asistente del IMBIV, y Abel Campos, estudiante de pregrado de CU Boulder, no planeaban reescribir la historia cuando se encontraron una tarde en el Museo de Historia Natural de Boulder en 2021. Sin embargo, entre un grupo de especímenes en sus colecciones, recopilados de la Formación Green River, un tesoro geológico en el noroeste de Colorado y el suroeste de Wyoming, Rocío detectó un rasgo específico y muy evidente de solanáceas en un fósil: pequeños dientes por debajo del extremo de un cáliz fructífero.

Dra. Rocío Deanna



Después de que descubrieron este fósil en las colecciones de CU Boulder, Rocío y Abel, coautor del estudio, encontraron dos especímenes más de la tribu del chile en las colecciones del Museo de Historia Natural de CU Boulder y el Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver.

Estos fósiles de ají de la época geológica del Eoceno (hace 33,9 a 56 millones de años) coinciden con la línea de tiempo de otro fósil de solanáceas encontrado en la Formación Esmeraldas en Colombia, lo que revela que la familia ya estaba distribuida en toda América desde hace 50 millones de años.

Fósil de Lycianthoides calycina, especie que pertenece a la tribu Capsiceae de los ajíes picantes


Una historia de evolución de frutas y fósiles

La familia de los tomates o solanáceas (Solanaceae) comprenden 3.000 especies y casi 100 géneros diferentes, incluidos los chiles. Hoy en día, Colorado es el hogar de muy pocas solanáceas nativas y no presenta ajíes. Este nuevo descubrimiento sugiere que plantas de la familia de las solanáceas pudieron haber existido en América del Norte hace 40 a 50 millones de años, y desde entonces han desaparecido en gran medida.

El ají crecía durante el Eoceno, una época geológica que duró desde hace unos 56 a 34 millones de años, cuando los continentes se estaban desplazando hacia sus posiciones actuales. Durante este tiempo templado en la historia de la Tierra, los niveles de dióxido de carbono oscilaron entre 700 y 900 partes por millón (el doble del nivel actual) y, por ejemplo, las palmeras crecieron hasta Alaska. Debido a que había poco o nada de hielo en la Tierra, el nivel del mar era hasta 150 metros más alto de lo que es hoy.

La comunidad científica de Solanaceae consideraba que los orígenes de los ajíes comenzaron en América del Sur hace aproximadamente 10 a 15 millones de años, donde luego se dispersaron por tierra y agua a otros continentes. Los nuevos hallazgos, sin embargo, indican que ya estaban en América del Norte a principios del Eoceno, 50 millones de años atrás.

Pero, ¿Cómo llegaron estos ajíes por primera vez a América del Norte? Los expertos han hipotetizado que las aves frugívoras (que se alimentan de frutos), que existieron hace 60 millones de años, pueden haber dispersado semillas y frutos alrededor del mundo pegadas a sus plumas o en el barro de sus patas. Pero estas aves también tenían que alimentarse durante sus viajes, por lo que las bayas carnosas o los ajíes eran el alimento perfecto. Las aves pueden haber dispersado ajíes de un continente a otro, pero estos ajíes también pueden haber sido cruciales para el éxito de esas mismas aves, al brindar el alimento que permitiera la colonización de nuevos ambientes.


Referencias:

Alberto Díaz Añel. Fósiles olvidados de Colombia y Estados Unidos puede reescribir parte de la historia evolutiva de las plantas. Fuente: Agencia CONICET 24.04.2023. (https://imbiv.conicet.unc.edu.ar/fosiles-olvidados-de-colombia-y-estados-unidos-puede-reescribir-parte-de-la-historia-evolutiva-de-las-plantas/) [Última consulta 31.03.2024].


Para más información por favor consulte: Deanna, R., Martínez, C., Manchester, S., Wilf, P., Campos, A., Knapp, S., Chiarini, F.E., Barboza, G.E., Bernardello, G., Sauquet, H., Dean, E., Orejuela, A. and Smith, S.D. (2023), Fossil berries reveal global radiation of the nightshade family by the early Cenozoic. New Phytol, 238: 2685-2697. https://doi.org/10.1111/nph.18904

 

Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.




domingo, 16 de abril de 2023

La prehistoria del Atlántico tiene su lugar en La Peña

 

El Embalse del Guájaro, en el sur del Atlántico colombiano, alberga el Museo Paleontológico de La Peña (MUPAPA), que resguarda más de tres mil piezas fósiles, incluyendo restos de megaterios, mastodontes, gonfotéridos y esmilodontes. Estos fósiles, de hasta 145 millones de años de antigüedad, han sido hallados durante más de dos décadas por campesinos locales y forman una valiosa colección paleontológica. Luis Arjona, docente y guardián del museo, lidera el proyecto, pero el MUPAPA enfrenta desafíos, como el desbordamiento del embalse en 2022, que dañó la infraestructura. A pesar de la falta de recursos y apoyo gubernamental, la Fundación Ciencias Naturales y la comunidad local se esfuerzan por preservar este patrimonio paleontológico. Estudiantes universitarios y líderes comunitarios también participan en la concienciación sobre la importancia de estas piezas fósiles. Aunque el MUPAPA enfrenta dificultades, sigue siendo una entidad única en la región que contribuye al conocimiento científico y al enriquecimiento cultural.

A continuación el artículo publicado por El Heraldo:


El Museo Paleontológico de La Peña conserva 3.000 piezas fósiles.  Mastodontes y gliptodontes, fueron especies que habitaron en el sur del departamento.


"Considerado un cuerpo de agua vital para las comunidades que lo rodean, el Embalse del Guájaro se impone en la geografía del sur del Atlántico extendiéndose entre los municipios de Sabanalarga, Luruaco, Repelón y Manatí. El lugar es el hogar de plantas y animales silvestres como lagartos de monte, iguanas y aves cantadoras, entre otras especies.


A lo largo del tiempo, la Tierra ha transcurrido por distintos periodos geológicos que han provocado incontables cambios que van desde la creación de nuevos ecosistemas, hasta la extinción de diversos animales y plantas.

El territorio atlanticense no fue la excepción de tales acontecimientos históricos. En el corregimiento de La Peña, jurisdicción del municipio de Sabanalarga, se encuentra una importante colección paleontológica valiosa por su contenido histórico y antropológico.

Fósil del cráneo y de la piel de un cocodrilo. Jennifer Blanco


El MUPAPA

Con más de tres mil piezas en su acervo, el Museo Paleontológico de La Peña (Mupapa), le hace frente a salvaguardar restos fósiles de distintos periodos geológicos como el Cretácico, iniciando hace 145 millones de años; el Mioceno Medio, llevándose a cabo hace 23 millones de años y el periodo Cuaternario, desarrollándose hace 2 millones de años aproximadamente.

El museo conserva además semillas fosilizadas y una importante colección de figuras de arcilla realizadas por comunidades indígenas Mokaná, ofreciendo importantes indicios de las prácticas y costumbres de esta tribu que se asentó en el Atlántico.

Restos fósiles marinos encontrados en inmediaciones al Embalse del Guajaro. Jennifer Blanco


Entre la invaluable colección, se encuentran restos fósiles de megaterios (Osos perezosos gigantes), mastodontes y Gonfotéridos (parientes de los elefantes), gliptodontes (parientes gigantes de los armadillos) y esmilodontes (conocido como tigre diente de sable), todos pertenecientes a la época de la megafauna.



Los fósiles que posee MUPAPA han sido hallazgos fortuitos desde hace más de veinte años por parte de campesinos locales que en medio de su trabajo de siembra, recolección, pesca y demás, han ido encontrando estas invaluables piezas y entregados a museo para su conservación.

Al final del malecón del embalse en el sector de la Peña, una imponente roca sobresale ante el paisaje. Se trata de un fósil de hace más de cinco mil años que ha sido testigo de numerosos acontecimientos. Sin embargo, desconocedores del valor histórico grafitearon el emblemático monumento natural.

Fósil gigante ubicado al finalizar el malecón de La Peña en el Embalse del Guájaro. Jennifer Blanco


El guardián del MUPAPA

El docente de Ciencias Sociales de la Institución Técnica Educativa de La Peña, Luis Arjona, ha sido el guardián que durante más de veinte años ha estado al frente del proyecto. Sus estudios e investigaciones de la mano de la comunidad y estudiantes que forma, han contribuido al enriquecimiento de la información con la que cuenta MUPAPA.

Luis Arjona, director del MUPAPA, exhibiendo un fósil de una semilla. Jennifer Blanco


“Esta es la única entidad que ofrece en el Caribe colombiano exposiciones paleontológicas de restos fósiles pertenecientes al periodo cuaternario y cretácico”, expresó Arjona.

El director del museo afirma que: “El Atlántico debe apropiarse de todo el trabajo científico que se ha realizado en este lugar desde la composición de los bosques secos tropicales hasta la gran flora y fauna”.

El temor más grande de este guardián es no saber quién continuará con el arduo trabajo que ha realizado durante más de dos décadas.

Arjona realizando trabajos de limpieza a los fósiles de MUPAPA. Jennifer Blanco


Esfuerzos para continuar

La Fundación Ciencias Naturales ‘Funcinat’, es la entidad encargada de liderar el proyecto museológico. Niños, jóvenes y adultos pertenecientes al corregimiento, realizan un papel fundamental en la contribución que le realizan al proyecto.

Espacio afectado por la emergencia invernal. Con los escasos recursos que recibe el proyecto, están tratando de recuperar el lugar poco a poco. Jennifer Blanco


Actualmente, el museo se encuentra pasando por un penoso momento debido al desbordamiento que sufrió el Embalse del Guájaro a finales del año anterior. Esto hizo que las aguas entraran a la edificación provocando daños irreparables en la museografía. Sin embargo, las piezas fueron debidamente protegidas en el segundo piso.

El proyecto no posee recursos, tampoco cuenta con el apoyo de entidades gubernamentales y ante el abandono que padece, el docente Arjona en compañía de sus estudiantes y líderes de la comunidad, aúnan esfuerzos para que MUPAPA  no se detenga.

Con rústicas herramientas, el docente continúa con sus investigaciones para luego compartirlas con los jóvenes estudiantes del corregimiento.

Restos fósiles de árboles que existieron en el sur del departamento hace miles de años. Jennifer Blanco


Voces cercanas a MUPAPA

Entretanto, estudiantes de la Universidad del Norte acuden periódicamente al museo bajo el liderazgo Aldo Fernando Rincón, docente del Departamento de Física y Ciencias de la universidad, con el propósito de realizar trabajos de campo sobre los fósiles.

“El calor de nuestro Caribe impide que muchos fósiles se conserven. Por esta razón, la colección con la que cuenta el MUPAPA es importante por el valor histórico que posee. Nosotros ignoramos lo que está bajo nuestros pies y por eso nuestro propósito es proteger todo estos fósiles que son patrimonio paleontológico de todos los colombianos”.

El docente investigador añadió: “Desafortunadamente, muchas poblaciones como Arroyo de Piedra, Repelón y La Peña, la gente desconoce que son símbolos de organismos del pasado y queremos crear consciencia. Estamos tratando de explicarle a los pobladores lo que representan estos elementos fósiles”.

Restos fósiles de Gonfotéridos hallados en La Peña, Sabanalarga.. Jennifer Blanco


Por su parte, Domingo Ariza, líder del corregimiento, expresa que: “El MUPAPA es importante para nuestra comunidad. Somos el único corregimiento que cuenta con tantas piezas como estas. Las nuevas generaciones deben proteger estos elementos”.

Ariza añadió: "Nosotros debemos valorar más estas piezas que nos representan y nos dicen lo que ocurrió hace millones de años".

Jennifer Blanco

 

Referencias:

Aldair Zamora. La prehistoria del Atlántico tiene su lugar en La Peña. Fuente: El Heraldo 16.04.2022 (https://www.elheraldo.co/cultura/la-prehistoria-del-atlantico-tiene-su-lugar-en-la-pena-993411?fbclid=IwAR2pdjleCe2Fx9-Y3FxJZCPXBixyi0T3_dHiP4WD1h9ojGFXJubktRCIRXI) [Última consulta 13.09.2023].

Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.






viernes, 3 de marzo de 2023

Descubren en Villavieja fósil de tortuga de 13 millones de años

El paleontólogo colombiano Edwin Cadena, junto con Rubén Darío Vanegas del Museo de Historia Natural de La Tatacoa, descubrió un fósil de tortuga acuática en el desierto de La Tatacoa. Publicado en Geodiversitas, este hallazgo representa el registro más antiguo en Colombia del género Podocnemis, una especie de tortuga de río en peligro de extinción. Bautizada como Podocnemis tatacoensis, la tortuga habitó el país hace 13 millones de años durante el Mioceno Medio. El fósil muestra características únicas, lo que sugiere una especie diferente a las tortugas actuales del mismo género. Este descubrimiento contribuye al conocimiento de la evolución y biodiversidad paleontológica en Colombia, destacando la importancia de La Tatacoa como epicentro de investigaciones paleontológicas. El hallazgo también tiene implicaciones para la conciencia de conservación, subrayando la historia milenaria de estas tortugas en el país y la necesidad de proteger su hábitat. El Museo de Historia Natural La Tatacoa exhibe el fósil, consolidando la región como un punto focal para el turismo paleontológico. Este proyecto, respaldado por MinCiencias Colombia y la Universidad del Rosario, busca desarrollar el turismo paleontológico en el desierto, una región fosilífera destacada en América del Sur.

A continuación el artículo periodístico publicado en La Nación:



"El descubrimiento lo hizo el paleontólogo colombiano Edwin Cadena, profesor de la Universidad del Rosario, en el desierto de La Tatacoa. El hallazgo fue publicado recientemente en la revista científica internacional Geodiversitas. Este es el registro más antiguo en el país del género de la tortuga Podocnemis o tortuga de río como se conoce comúnmente, especie que actualmente está en peligro de extinción.

El paleontólogo colombiano Edwin Cadena, profesor de la Universidad del Rosario, junto con Rubén Darío Vanegas, del Museo de Historia Natural de La Tatacoa, en el municipio de Villavieja, descubrieron un fósil de la tortuga acuática y establecieron que es el registro más antiguo del género Podocnemis hasta ahora conocido en el país, hallazgo que fue publicado recientemente en la revista científica internacional Geodiversitas.

“De acuerdo con nuestra investigación del fósil, esta especie de tortuga habitó el territorio nacional hace 13 millones de años, durante una época geológica llamada el Mioceno Medio”, dijo Edwin Cadena, al explicar que la nueva especie fue bautizada Podocnemis tatacoensis, en honor a la zona donde fue encontrada, el desierto de La Tatacoa, en el norte del Huila.

 Para el paleontólogo colombiano, “algo interesante de este fósil es la presencia de unos forámenes o pequeños orificios en la unión entre la parte dorsal del caparazón y el plastrón o peto, que permiten identificarlo como perteneciente al género Podocnemis”.

“El fósil encontrado, en comparación con las tortugas de su mismo género que actualmente viven en el país, presenta algunas diferencias en la forma y número de los huesos, llamados neurales, y en los escudos queratinizados que los recubrían. Por ello es que, podemos definir que se trató de una especie diferente a las que existen actualmente”, comentó el profesor del programa en Ciencias del Sistema Tierra de la Universidad del Rosario.

Así fue como se descubrió el espécimen. Hace 13 millones de años, Villavieja era un sistema de ríos e incluso lagos pequeños y en estos ecosistemas era que habitaba la tortuga


La evolución

“Hasta ahora, la historia evolutiva de las tortugas Podocnemis que habitan en el río Magdalena y los ríos de la Amazonía y Orinoquía de Colombia es controversial, pues datos moleculares indican que han estado morando por varios millones de años esta zona del norte de Suramérica”, dijo el paleontólogo.

“Sin embargo, validar esta hipótesis con fósiles es un desafío debido a la ausencia de especímenes completos. Aquí es donde Podocnemis tatacoensis marca una diferencia por su excelente preservación que permite validar que al menos este grupo de tortugas ha habitado nuestro país durante los últimos 13 millones de años”, resaltó el investigador.

Para el profesor Cadena este es un hallazgo que permite aportar un pequeño grano de arena a los planes de conservación y preservación de las tortugas actuales.

“Es difícil crear conciencia de preservación en las comunidades y pobladores cercanos a los ambientes donde estas tortugas viven si desconocemos su historia. Saber que estas tortugas han habitado nuestro país por millones de años y que en tan solo unas décadas podríamos acabar con todo este largo viaje evolutivo que han tenido, es sin duda una razón para repensar antes de cazarlas o destruir sus ecosistemas”, señaló.

Reconstrucción del espécimen. Desde que se escribió el artículo científico y la investigación fue aceptada en revista científica internacional Geodiversitas trascurrió cerca de un año. Y pasó por procesos de revisión por parte de otros investigadores


Aportes de la paleontología

Edwin Cadena considera que este descubrimiento permite reconstruir el pasado de las especies que han habitado nuestro país, además de consolidar el conocimiento sobre la paleobiodiversidad de un lugar como Colombia, que se destaca a nivel mundial por el gran número de especies actuales que tiene en diferentes grupos como aves y reptiles.

 

“Para la Paleontología de Colombia y del Departamento del Huila, muestra la gran riqueza en términos de patrimonio paleontológico con que cuenta el país y esta región. También, a diferencia de otras naciones donde encontrar una nueva especie fósil es algo ya no tan común, aquí en Colombia es algo que está en crecimiento, en parte porque no teníamos un gran grupo de paleontólogos nacionales con actividad fuerte en investigación, o porque hay muchas zonas de nuestro país aún por explorar en cuanto a su registro fósil”, consideró.

Este fósil descubierto se encuentra en exhibición en el Museo de Historia Natural La Tatacoa, ubicado en el Centro Poblado La Victoria, en la parte norte del Desierto de La Tatacoa.

Fósil de la tortuga acuática descubierta en Colombia. Es el registro más antiguo de esta especie hasta ahora conocido en el país.



Historia del hallazgo

Desde allí, Rubén Darío Vanegas contó que el hallazgo fue en una salida de campo en julio del año 2020, hacia la zona denominada por los vigías como Tatacoita, esto como parte de un proyecto de foto trampeo para el avistamiento de las especies que habitan el bosque seco tropical.

“Junto a Andrés, Diego y Sergio llegamos a la zona que ya conocíamos por poseer fósiles, así que luego de instalar las cámaras nos dirigimos a prospectar y ver qué podían descubrir, siempre que vamos a campo se lleva esa ilusión de encontrar algo importante, completo, raro o nuevas especies, pero no siempre suele pasar. Como el lugar es grande Andres, Diego y Sergio se van en una dirección y yo me quedo en una pequeña cárcava atraído por restos de peces y un enorme diente de Purussaurus, es allí donde en seguida veo unos fragmentos de un caparazón de tortuga color café claro disgregados por efecto del agua que estaba erosionando la roca. Me llamó la atención una parte que tenía un grosor y forma diferente, algo que no había visto en tantos años buscando fósiles”.

Luego de la excavación recopilando todas las piezas, tenía 2 colores uno oscuro y otro claro, y de constatar que estaba casi toda tanto caparazón como plastrón, pensó en armarla. Le contó a sus compañeros del hallazgo. Tomaron los datos necesarios y en 3 bolsitas llevaron los fragmentos al Museo, para intentar ensamblarlos en el laboratorio. “Después de unos meses de trabajo, un poco de anatomía comparada con caparazones de tortugas actuales para ver donde encajaba cada pieza me di cuenta de que faltaban unos fragmentos así que regresamos al lugar y con un tamizaje descubrí piezas”.

Luego de finalizar la preparación, la colección del museo tenía un espécimen pequeño y completo para exhibición futura. Pero, resultó que en una ocasión les visitó el paleontólogo Edwin Cadena, “estábamos revisando otra tortuga que se descubrió con cráneo la cual estamos estudiando y esperamos pronto darla a conocer, le enseñamos la tortuga ya lista y nos dijo ‘esta no la tenía en el radar’ y empezó a realizar las mediciones, toma de datos y fotografías para su posterior análisis, y pues no pasó mucho tiempo para que Edwin nos envíara un correo confirmándonos que habíamos hallado una nueva especie”.

Podocnemis tatacoensis.


Epicentro de investigación

De acuerdo con Rubén Darío Vanegas, La Tatacoa se ha venido convirtiendo en uno de los epicentros en la investigación paleontológica, con los recientes descubrimientos. Hace poco lograron publicar un delfín de río que habitó la Tatacoa hace millones de años, 2 especies de tortugas gigantes, una nueva especie de tortuga relacionada con una que habita Colombia en la costa caribe, hormigueros, estudios geológicos, entre otros.

“Esta nueva investigación nos permite fortalecer el conocimiento e interpretación que tenemos de este yacimiento, es por eso que descubrir nuevos organismos nos ayuda a completar páginas en ese libro sobre la historia de nuestro país que los científicos estamos tratando de contar para así contribuir a la preservación de la biodiversidad”.

Destacó que en todos estos años de apropiación social del conocimiento que ha venido adelantando el Museo de Historia Natural la Tatacoa, región de influencia del desierto, las comunidades sienten alto grado de pertenecía e interés hacia este tipo de hallazgos y posteriores estudios, puesto que están dando reconocimiento a la zona y pone en el ojo del turismo a estos lugares a veces olvidados.

Ha sido tan importante el trabajo realizado por el equipo del museo, que muchos de los agricultores dueños de la mayoría de los terrenos cuando ven o descubren algo en sus fincas de inmediato pasan al museo a reportarlos, enseñan fotografías, deponen tiempo para revisión, ello en aras de que sean extraídos de forma correcta y estudiados, con el fin de saber qué era eso que ellos descubrieron. Luego esperan con ansias la exhibición de estos fósiles, para llevar a sus familiares y amigos y contarles lo descubierto en sus fincas.

En Villavieja se está realizando algo que sus terruños han denominado Turismo paleontológico en el desierto de la Tatacoa, Colombia. Este es un proyecto financiado por MinCiencias Colombia junto a la Universidad del Rosario y el Museo de Historia Natural la Tatacoa, para desarrollar el turismo paleontológico en el desierto, una de las regiones fosilíferas más importantes del norte de América del Sur".

hallazgo de una tortuga con el paleontólogo Edwin Cadena.




Rubén Darío Vanegas en campo realizando una excavación.


Referencias:

Caterin Manchola. Descubren en Villavieja fósil de tortuga de 13 millones de años.Fuente: La Nación 03.03.2023 (https://www.lanacion.com.co/descubren-en-villavieja-fosil-de-tortuga-de-13-millones-de-anos/?fbclid=IwAR18AiudemQX3bXPbQgmBeeVAEdCt_7xJO4jCWW8pGDm2XU2f7Hg9IJpbHk) [Última consulta 14.09.2023].


Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.








sábado, 17 de diciembre de 2022

“Perijasaurus lapaz”: así fue el descubrimiento del segundo dinosaurio hallado en Colombia


En la década de 1940, un geólogo de la Tropical Oil Company en Colombia encontró una vértebra de dinosaurio saurópodo cerca de Manaure. Este fósil, llevado a la Universidad de California Berkeley en 1955, fue recientemente estudiado por el paleontólogo Jeffrey Wilson Mantilla y su equipo. En 2018, identificaron el hueso como parte de una nueva especie de saurópodo, llamada 'Perijasaurus lapaz', que vivió hace 175 millones de años. El nombre hace referencia a la región del descubrimiento y a los acuerdos de paz de 2016 que permitieron la investigación en territorios previamente controlados por las FARC. Este hallazgo es significativo dada la escasez de evidencia de saurópodos en el norte de América y destaca la importancia de las condiciones climáticas desafiantes para la conservación de fósiles en la región.


A continuación la noticia publicada por Radio Nacional de Colombia:



"Harold Jiménez Velandia, estudiante de la Maestría en Ciencias de la Tierra de la U. de Caldas, hizo parte del grupo de investigadores que descubrieron a ‘Perijasaurus lapaz’.




A principios de 1940, cuando el mundo aún atravesaba por la Segunda Guerra Mundial, un geólogo de la Tropical Oil Company, una petrolera de Estados Unidos que había llegado a Colombia años antes, hizo un hallazgo extraño.


Mientras realizaba unos trabajos cerca de la carretera que unía a Manaure y La Paz, en lo que hoy es el departamento del Cesar, encontró un hueso que no encajaba muy bien entre lo que había visto antes. Era tan grande como la mitad de su torso y, aunque estaban muy cerca de la Serranía del Perijá, no parecía ser de ningún animal de la zona.

Para despejar las dudas prefirió llevarlo a la Universidad de California Berkeley (EE.UU.), donde lo describieron en 1955 y lo guardaron en un mueble con una etiqueta que sugería que la pieza pertenecía a un dinosaurio saurópodo, que significa patas de reptil, y que forman un extenso grupo de dinosaurios que incluía algunos de los animales más grandes que hayan existido en el mundo.

Fue solo hasta 2018 cuando el paleontólogo Jeffrey Wilson Mantilla logró la financiación de una beca Fulbright para estudiar el fósil con Aldo Rincón Burbano, profesor del Departamento de Física y Geociencias de la Universidad del Norte, en Barranquilla, y los demás científicos. Los investigadores limpiaron el hueso, le quitaron el yeso y el pegamento que le habían puesto décadas atrás y descubrieron partes de la vértebra que en principio no se parecían a ninguna otra especie.

“Pudimos visualizar mejor las delicadas láminas óseas que interconectan la columna vertebral, las articulaciones intervertebrales, las articulaciones de las costillas”, explica Mantilla en un comunicado de prensa de la Universidad del Norte.

Cuota caldense

Harold Jiménez Velandia, estudiante de la Maestría en Ciencias de la Tierra de la Universidad de Caldas, también hizo parte del grupo de investigadores que descubrieron a ‘Perijasaurus lapaz’, la segunda especie de dinosaurios que se reporta para Colombia, el primero fue ‘Padillasaurus leivaensis’, identificado en el 2015.

De acuerdo con el experto, este hallazgo se trata de una nueva especie de saurópodos, un dinosaurio de cuello largo, donde habitó este animal hace 175 millones de años. Según los investigadores, el individuo era saurópodo, una especie de dinosaurio herbívoro que no masticaba la comida, de muchas crías y pulmones como los de los pájaros actuales.

“Lo que hicimos fue una superposición con ese mapa y otro actual para ir a la localidad donde fue encontrada la vértebra. Ahí se levantó una columna estratigráfica con el fin de identificar la capa de dónde provenía la vértebra”, cuenta.

El investigador explicó que dentro del fósil todavía se conservaba sedimento y que eso les ayudó a encontrar la capa donde estaba originalmente la vertebra. “Allí encontramos restos de hojas y troncos fosilizados, lo que concuerda con un ambiente de alto potencial de preservación, es decir, donde se pueden encontrar muchos fósiles”.

Gracias a estos hallazgos, la reciente investigación fue determinante para establecer la nueva especie, que se dio por los recientes avances en tecnología 3D, además de investigaciones relacionadas con saurópodos de Suramérica que permitieron establecer características del dinosaurio colombiano.

Dinosaurio de la paz

Los investigadores puntualizaron que el nombre de este fósil denominado ‘Perijá’, en honor a la zona donde encontraron los fósiles, y ‘lapaz’, en alusión a los acuerdos de paz de 2016 que permitieron que los científicos pudieran acceder a territorios que en el pasado eran controlados por la guerrilla de las Farc.

De acuerdo con los documentos revelados, este dinosaurio vivió en un área boscosa ribereña de pocas pendientes. El grupo coincide en que no todos los días se descubre para la ciencia una nueva especie de dinosaurio, y menos en Colombia. Las intensas temperaturas y las lluvias constantes de la región han hecho que la conservación de los fósiles en buen estado sea muy difícil. De hecho, en 1943, cuando fue descubierta la gran vértebra, esta era la evidencia de un saurópodo encontrada más al norte de América, la única por fuera de la Patagonia, Argentina. Hoy en día, casi 80 años después, lo sigue siendo.




Referencias:

Vanesa Sánchez. “Perijasaurus lapaz”: así fue el descubrimiento del segundo dinosaurio hallado en Colombia.Fuente: Radio Nacional de Colombia 17.12.2022. (https://www.radionacional.co/actualidad/ciencia/dinosaurios-perijasaurus-lapaz-el-segundo-hallado-en-colombia?fbclid=IwAR0HLHvcYfGLz-JNFNnVixDEalUOf3S4dQ-7lEklQgGeLGVtJN7SM9HlW14) [Última consulta 22.11.2023].




Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.








jueves, 17 de noviembre de 2022

Ricaurte Alto en Boyacá está incluido en el patrimonio geológico de interés mundial


La región de Ricaurte Alto en Boyacá, que abarca siete municipios, ha sido incluida en la lista de patrimonio geológico de interés mundial por la Unión Internacional de Ciencias Geológicas, según el Servicio Geológico Colombiano. Esta designación se debe a la destacada riqueza fosilífera del área, que ha permanecido en excelente estado de preservación a lo largo de la historia de la Tierra. Ricaurte Alto, ubicado entre los municipios de Villa de Leyva, Ráquira, Sáchica, Sutamarchán, Santa Sofía, Gachantivá y Arcabuco, proporciona una valiosa comprensión de la historia geológica mundial. Marcela Gómez Pérez, coordinadora del Grupo Museo Geológico e Investigaciones Asociadas del Servicio Geológico Nacional, destaca este logro como significativo para Colombia y espera que inspire la valoración de otros espacios con importancia histórica y científica. La región fue objeto de estudio durante un año por académicos de las universidades de Los Andes y Rosario.

A continuación la nota publicada en Extrategia Medios:



"Esta región abarca 7 municipios del departamento boyacense fue incluido en la lista de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas.



Según el Servicio Geológico Colombiano este espacio se localiza entre los municipios de Villa de Leyva, Ráquira, Sáchica, Sutamarchán, Santa Sofía, Gachantivá y Arcabuco entró en la lista debido a su importancia para el territorio colombiano, allí resalta la riqueza fosilífera que se encuentra en excelente estado de preservación a través de la historia del planeta tierra.

La preservación en la cual se encuentra Ricaurte Alto ha permitido comprender de cierta manera la historia mundial desde la época geológica y es por esta razón que considerar este terreno como patrimonio era dentro de muchos factores una necesidad para la tierra colombiana.

Marcela Gómez Pérez, coordinadora del Grupo Museo Geológico e Investigaciones Asociadas del Servicio Geológico Nacional, comentó que este sin duda alguna es un gran logro para Colombia y espera que, gracias a este paso, varios espacios tomen la importancia que históricamente merecen.

La admiración de estos lugares debe ser valorada por todos los habitantes del territorio colombiano, pues hay intereses científicos mundiales en terrenos como el de Ricaurte Alto y es importante resaltar que hay comprensión del planeta y su historia.

Este espacio, junto con otro, fue estudiado por académicos de las universidades de Los Andes y Rosario todo un año."




Referencias:


Redacción. Ricaurte Alto en Boyacá está incluido en el patrimonio geológico de interés mundial: Extrategia Medios 17.11.2022. (https://extrategiamedios.com/ricaurte-alto-en-boyaca-esta-incluido-en-el-patrimonio-geologico-de-interes-mundial/) [Última consulta 22.11.2023].




Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.

  



jueves, 20 de octubre de 2022

Tras el rastro de los mastodontes, especies que habitaron y desaparecieron



Para información actualizada por favor visita https://titanoboaforest.com/colombia-tierra-de-mastodontes-anexo/

Investigadores de la Universidad del Norte en Barranquilla están llevando a cabo la recolección de restos fósiles en el departamento del Atlántico para elaborar un mapa que identifique las zonas donde habitaron los mastodontes (o gonfotéridos). Se han encontrado huesos de manos y patas, así como piezas dentales, que pertenecieron a especies similares a los elefantes africanos, pero de menor tamaño. Aldo Rincón, docente investigador, destaca que esta colección es única en el Caribe colombiano y que muchos fósiles han sido recolectados por campesinos por curiosidad, sin entender su importancia histórica. Los restos fósiles, incluyendo mastodontes, ballenas y cocodrilos, se encuentran en el museo Mapuka de Uninorte y en el Museo Paleontológico de La Peña en Sabanalarga. La investigación busca comprender la migración y extinción de estas especies, con el objetivo de identificar las causas, como el cambio climático o la intervención humana. La labor exploratoria involucra a estudiantes y profesionales, contribuyendo a la construcción de un mapa geológico para comprender la historia y la megafauna en el Atlántico colombiano.

A continuación la noticia publicada por Caracol Radio:


Investigadores de la Universidad del Norte trabajan en la recolección de restos fósiles para elaborar un mapa que permita identificar las zonas del Atlántico donde habitaron los mastodontes (o gonfotéridos)




Entender qué ocurrió hace miles de años en nuestro territorio, es tal vez imposible de imaginar, pero hace parte de una de las labores más interesantes que investigadores y estudiantes, lideran actualmente en Barranquilla, a partir de la recolección de restos fósiles de especies, que incluyen información muy importante acerca de aquellos organismos y el ambiente.

Huesos de manos y patas, así como piezas dentales, hacen parte de los hallazgos de campo en el departamento del Atlántico, donde se ha comprobado que habitaron especies muy similares a los elefantes africanos. Aunque con un menor tamaño, también poseían grandes colmillos que permiten diferenciarlos.

De acuerdo con Aldo Rincón, docente investigador del programa de Geología y de la maestría en Ciencias de la Tierra de la Universidad del Norte, se trata de una colección única en el Caribe, ya que no se tiene conocimiento de mega fauna en esta parte del país.

“Hay muchos fósiles que han sido recolectados por los campesinos, que van caminando y ven un molar muy atractivo, ellos tratan de tenerlo y guardarlo, sin tener en cuenta que está directamente asociado a un organismo que habitó el Caribe en el pasado y cuya tenencia se transmite de padres a hijos durante varias generaciones “, explica.

Hoy en día, las labores que adelanta con semilleros, les ha permitido recuperar estas piezas, muchas de las cuales has sido colectadas en las casas de varias familias del Atlántico, principalmente por curiosidad pero desconociendo su importancia histórica.

La colección de fósiles, de la que hacen parte también restos de ballenas, cocodrilos y otros organismos, reposa en el museo Mapuka de Uninorte y en el Museo Paleontológico de La Peña, Sabanalarga (Mupapa), a tan solo una hora y 20 minutos de Barranquilla. Según el profesor Rincón, se estima que unas 15 piezas de las 25 que estarán albergadas en la universidad, corresponden precisamente a mastodontes.

“Yo me voy con mis estudiantes y vamos a visitar a Luis Arjona, director del Mupapa, lo ayudamos con la colección y eso es importante porque le estamos dando valor agregado a esos fósiles”, explica el docente.

Con el hallazgo de los restos fósiles, empieza para los estudiantes, una titánica labor para explorar todo el pasado y la historia de cada una de las piezas que van descubriendo. Un fósil, por pequeño que sea, puede arrojar información clave que va desde la edad, hasta el género al que pertenece el mastodonte.

Estas especies fósiles, con ancestros en Norteamérica, pero con orígenes en de Asia, fueron migrando poco a poco entre continentes, según explica el docente Rincón, por lo que es vital la investigación para entender no solo cómo llegaron a esta región, sino para determinar qué ocasionó su extinción.

“Lo más importante es tratar de identificar qué fue lo que lo que disminuyó su población, es decir, lo que los llevo a su extinción. Ahí hay dos interpretaciones, una es que el cambio climático los afectó y desaparecieron después de no poder alimentarse, y la segunda es que nosotros, los humanos, usamos la ventaja asociada al cambio climático para llevarlos a su desaparición”.

De acuerdo a lo que han logrado recolectar, parte de los restos de las especies en el departamento, se han hallado en zonas como La Peña, en Sabanalarga, el municipio de Galapa, en el Canal del Dique y el Embalse El Guájaro, en jurisdicción de Repelón.

La labor exploratoria y de campo, atrae a estudiantes y profesionales, quienes desarrollan sus investigaciones a partir del trabajo con fósiles en el Atlántico. Cada aporte, hace posible la construcción de un mapa geológico, al que le apuestan desde la Universidad del Norte, para conocer no solo el pasado de cada fósil, sino también para entender la megafauna y las especies que habitaron en el Atlántico”.



Referencias:

Tras el rastro de los mastodontes, especies que habitaron y desaparecieron. Fuente: Cracol Radio 20.10.2022. (https://caracol.com.co/2022/10/20/tras-el-rastro-de-los-mastodontes-especies-que-habitaron-y-desaparecieron/?fbclid=IwAR27WU9dQpH49m627Uy0Y5ljSNB49xO-yjM5WJkCLNVDlyBM--R1J9LJQ74) [Última consulta 21.11.2023].



Todas las imágenes y fotografías aquí publicadas son propiedad de sus respectivos autores.



Reciente descubrimiento de un cráneo muy completo del gavial Gryposuchus colombianus en La Tatacoa ⚒

En el desierto de La Tatacoa, Huila, se descubrió el cráneo casi completo y parte del postcráneo de un gavial, un cocodrilo de hocico alarga...