Existieron “tigres dientes de sable” en Colombia?


Esta es una pregunta que desde que existe este espacio se me ha hecho con más o menos frecuencia, y es que junto a dinosaurios y mamuts, los llamados “tigres dientes de sable” son de esas especies prehistóricas que fascinan al imaginario colectivo, animales que nos atraen desde niños y que gracias a documentales y películas siguen estando muy presentes a pesar de haber desaparecido de nuestro planeta hace miles de años.

Recreación del Pleistoceno de Suramérica, donde un Arctotherium , más conocido como oso de cara - corta se interesa en la presa que acaban de cazar un par de dientes de sable de la especie Smilodon populator. Créditos Velizar Simeonovski .

Y para tratar de arrojar más luces sobre el comportamiento de estos depredadores del Pleistoceno, se escribe esta entrada del Blog, aunque antes responderemos a la pregunta que da título a la entrada: Sí, en Colombia si existieron “tigres dientes de sable”, y es que la posición de nuestro país como paso obligado de las especies que emigraron de sur a norte y de norte a sur durante el conocido como Gran Intercambio Biótico Americano hace tres millones de años responde afirmativamente a esa pregunta, si bien es cierto que restos completos se resisten a ser descubiertos.
Pero, ¿que son los tigres dientes de sable?



Smilodon populator. Créditos Peter Hutzler

Se suele utilizar este término para definir de forma genérica a todos aquellos félidos de gran tamaño de la subfamilia Machairodontinae o macairodontinos que tenían como principal característica que sus dos caninos superiores (colmillos) estaban súper desarrollados, curvados hacia atrás y con bordes aserrados; esta notable diferenciación dentaria condujo a otras muchas modificaciones morfológicas del cráneo y de la mandíbula del animal, estos superdepredadores tenían la cara corta y fuerte musculatura en el cuello, la mandíbula inferior estaba modificada para poder abrir la boca ampliamente lo que le daba mejor adherencia y una distribución más uniforme a la mordida lo que provocaría heridas profundas que desangrarían a la presa.
A diferencia de los felinos actuales que tienen una mordedura más potente especialmente diseñada para matar a sus presas de un certero mordisco en la garganta , fracturando las vértebras y asfixiándolos con sus caninos especialmente adaptados para esta función, se cree que los dientes de sable empleaban la técnica del apuñalamiento en piel y carne pero no en hueso ya que podrían romperse sus afilados dientes, se piensa que debieron usarlos como puñales penetrando en la parte inferior de la garganta cercenando las arterias, pero para poder llevar a cabo esta forma de cazar, era vital que la presa estuviera inmovilizada para evitar la lucha, para ello contaban con potentes extremidades equipadas con poderosos músculos que junto a su enorme peso les permitiría inmovilizar a sus presas antes de desgarrarlas.  Al igual que algunos felinos actuales, seguramente también eran carroñeros o aprovecharían su envergadura para robar la presa a otros depredadores con los que compartía hábitat.
Debemos apuntar que el término “tigre” no es correcto ya que ambas especies no estaban cercanamente emparentadas, además el desarrollo prominente de los caninos no era una característica exclusiva de estas especies, ya que dicho atributo se dio en muchas otras especies no solo de euterios sino también en otros grupos como los metaterios, tal es el caso del esparasodonte Thylacosmilus atrox  un carnívoro marsupial del Mioceno de América del Sur, siendo este uno de los mejores ejemplos que existe de convergencia evolutiva.

El Gran Intercambio Americano y las especies de dientes de Sable que habitaron Suramérica




Recreación del Pleistoceno superior de Suramérica donde se representan una manada de mastodontes del Género Stegomastodon, el armadillo gigante Glyptodon, el félido dientes de sable Smilodon , el perezoso gigante Megatherium, el caballo Hippidion y el litopterna Macrauchenia. Créditos Mauricio Antón.

A mediados del Plioceno el surgimiento del istmo de Panamá facilitó el intercambio de especies entre las masas continentales de lo que hoy conocemos como Norteamérica y Suramérica, durante este periodo de intercambios bióticos ingresaron procedentes del norte grandes mamíferos herbívoros como mastodontes, caballos, ciervos y camellos seguidos a su vez por sus depredadores naturales: cánidos, osos y grandes gatos como felinos, panterinos y macairodontinos, familia en la que se incluye a los gatos con dientes de sable. Recordemos que para esta época ya habían desaparecido de Suramérica los grandes marsupiales depredadores como el Thylacosmilus atrox o Anachlysictis gracilis por lo que con la llegada de los grandes predadores placentarios norteamericanos se llenó el vacío ecológico dejado por estos marsupiales carnívoros.
No obstante si comparamos la diversidad de la familia Felidae en el Cenozoico tardío suramericano con la de Norteamérica y Eurasia vemos que es comparativamente baja, este hecho se debe muy seguramente a la breve historia de la familia en el subcontinente.
Dentro de los macairodontinos se distinguen dos tribus: los Machairodontini o “dientes de cimitarra” de los cuales ha sido descrita en Suramérica la especie Homotherium venezuelensis y los Smilodontini al que pertenece el Género Smilodon,  el más famoso de todos los “dientes de sable”.
Machairodontini
Orden: Carnívora
Familia: Felidae
Subfamilia: Machairodontinae
Tribu: Machairodontini
Género: Homotherium
Especie: Homotherium venezuelensis

 
Homotherium venezuelensis

Se conoce al género Homotherium como “dientes de cimitarra” debido a que sus caninos se asemejan a la famosa espada de hoja curva originaria de oriente medio. Habitó África, Eurasia y América llegando hasta Suramérica donde se descubrió la especie Homotherium venezuelensis que comparte muchas característica con su pariente europeo Homotherium latidens.
Homotherium venezuelensis fue descubierto en abril de 2007 por trabajadores de la empresa estatal de petróleos de Venezuela en un lugar conocido como Breal del Orocual, el equivalente suramericano al célebre yacimiento norteamericano de Rancho La Brea ubicado en Los Ángeles, California. Ambos yacimientos se caracterizan por estar formados por varios pozos de alquitrán donde por miles de años han quedado atrapados gran cantidad de animales y plantas que han llegado hasta nuestros días en un excelente estado de conservación, lo que los convierte en uno de los depósitos de fósiles más importantes para comprender como era la megafauna que pobló las Américas durante el Pleistoceno.


Recreación de un Mamut y un Smilodon atrapados en los pozos de alquitrán de Rancho la Brea, California. Créditos Zdenek Burian, 1941.

El hallazgo de Homotherium venezuelensis corresponde al primer registro de la tribu Machairodontini para Suramérica y aporta importantes pistas de lo que fue el Gran Intercambio Biótico de las Américas. Vivió hace 2,5 millones de años durante el Plioceno superior en lo que es la actual Venezuela. Esta especie tenia caninos como puñales de 8,5 cm de largo, más robustos en su base, planos y más cortos que los de su contemporáneo Smilodon, tenía un cráneo pequeño y un hocico corto y se estima que su peso variaba entre los 300 y los 350 kilos lo que lo convertía en un felino de gran tamaño, media 1,20 cm de alto y estaba dotado con poderosas garras que pasaban de medir 5 a 10 cm en cuestión de segundos, se supone que cazaba en manda emboscando a sus presas o persiguiéndoles en carreras rápidas pero cortas, pues por su envergadura seguramente no era un corredor de largas distancias y se cansaría rápidamente.


Réplica de Homotherium venezuelensis expuesto en el centro de exposiciones del Centro de Arte La Estancia en Caracas, Venezuela.

Los pocos restos hallados hasta la fecha de esta especie en otras regiones de Suramérica puede deberse a diversos factores como la baja densidad de población de estos comparada con los restos hallados de Smilodon que tal vez era una especie más común, cabe reseñar que en el año 2004 se describió un fragmento de hemimandíbula hallado en rocas del Pleistoceno de Uruguay que fue asignado al macairodontino Xenosmilus hodsonae , un dientes de sable hallado en rocas del Pleistoceno de La Florida, Estados Unidos, aunque muchos autores consideran que el mal estado de la muestra no permite una correcta identificación del fósil.
En los depósitos de brea venezolanos se encontraron restos de al menos 7 individuos de la especie Homotherium venezuelensis que incluyen un cráneo completo, dientes y mandíbulas parciales de estos animales que probablemente quedaron atrapados al intentar cazar a algún herbívoro de gran tamaño que ya se encontraba atrapado en la viscosa brea y de la cual tanto presa como cazador no pudieron escapar. La importancia de este yacimiento venezolano, radica en la gran cantidad de especies que contiene. A pesar que apenas está empezando a ser estudiado ya se han identificado además de los fósiles de Homotherium, restos de su primo mayor Smilodon así como de perezosos y armadillos gigantes, artiodáctilos, perisodáctilos, roedores, caballos, panteras, toxodontes, mastodontes y cánidos.




Un enorme perezoso terrestre de la especie Eremotherium protege a su cría y ahuyenta al macairodontino Homotherium venezuelensis, aunque el carnívoro con dientes de cimitarra realmente está interesado en el rebaño de Paleolama que se ve en la distancia. Créditos Velizar Simeonovski.

Smilodontini
Hasta no hace mucho tiempo se pensaba que la tribu Smilodontini habían surgido en Eurasia hace 2,5 millones de años para posteriormente dispersarse  por el continente americano, pero el hallazgo en Florida de una nueva especie de hace 5 millones de años y bautizada como Rhizosmilodon fiteae plantea una nueva teoría sobre el origen de esta familia de gatos dientes de sable y sugiere que estos grandes depredadores ya habitaban el sureste de Norteamérica hace al menos 5 millones de años.
Dentro de la tribu Smilodontini actualmente se reconocen 3 especies, la norteamericana Smilodon gracilis que con un peso de entre 55 – 100 kg era la especie más pequeña y también considerada la más antigua del género, está más cercanamente emparentada con Megantereon, otro gran félido dientes de sable que habitó África, Eurasia y Norteamérica y que se considera el ancestro directo del Género Smilodon.
Las otras dos especies del género Smilodon y que detallaremos más a fondo ya que sus restos se encuentran presentes en el registro fósil de Suramérica son Smilodon fatalis  y Smilodon populator.


Comparación del tamaño corporal entre un humano y los Machairodontinae Smilodon populator, Smilodon fatalis y Megantereon. Créditos http://prehistoric-fauna.com/
Orden: Carnívora
Familia: Felidae
Subfamilia: Machairodontinae
Tribu: Smilodontini
Género: Smilodon
Especie: Smilodon fatalis

Sus fósiles fueron hallados en rocas del Pleistoceno superior de Norteamérica y es la especie mejor conocida gracias a los abundantes restos encontrados en los depósitos de Rancho la Brea en Los Ángeles, California. Era un félido grande similar en masa corporal a un tigre actual que podría pesar entre 160 y 280 kg (con respecto al peso del animal hay cifras muy dispares, ya que algunos autores le asignan un peso de hasta 350 kg) y podía llegar a medir entre 1 y 1,20 m de altura y casi 2 de largo. Tiene importantes diferencias morfológicas en cuanto a la estructura craneal, tipo corporal y proporciones en general que lo distinguen de la especie endémica suramericana  Smilodon populator. S. fatalis invadió Suramérica durante el gran Intercambio Americano y se conocen restos en Ecuador y Perú, es decir al oeste del subcontinente, mientras que S. populator se encuentra disperso al este de los Andes, cordillera que determinó la separación geográfica de ambas especies.

Orden: Carnívora
Familia: Felidae
Subfamilia: Machairodontinae
Tribu: Smilodontini
Género: Smilodon
Especie: Smilodon populator

Fue la especie más grande de su Género, un superdepredador corpulento y de gran envergadura, que llegaba a medir 1,3 m de alto por casi 3 m de largo y un rango de masa corporal estimado en 220 – 360 kg, pero que posiblemente en algunos machos podría superar los 400 kg, rivalizando con el gigantesco panterino pleistocénico Panthera leo atrox, conocido también como león americano por el titulo de mayor félido conocido de la historia. Compartía las singularidades generales que caracterizan a los miembros de la familia Felidae, tenían los caninos más desarrollados que las demás especies de macairodontinos llegando a superar los 20 cm de longitud, los dientes restantes, tanto molares como premolares formaban láminas cortantes como en los felinos actuales.
Tenía cuello corto con potentes músculos que potenciaban su mordida, extremidades cortas y robustas y una cola pequeña.
Sus fósiles han sido hallados al este de la cordillera de los Andes: Venezuela, Bolivia, Brasil, Uruguay, Paraguay, Argentina y Chile
Comportamiento social
Las pruebas fósiles parecen indicar que al igual que los leones actuales cazaban y vivían en manadas ya que se han hallado huesos fósiles de Smilodon que parecen haber sufrido enfermedades o lesiones con evidentes signos de cicatrización, así como mandíbulas con dientes rotos, condiciones que les hubiera impedido cazar con normalidad por lo que se supone que al igual que hacen los leones en la actualidad, eran capaces de compartir presas con los demás integrantes de la manada. Otro argumento a favor de este comportamiento nos lo dan la gran cantidad de restos de Smilodon hallados en los depósitos de Rancho la Brea, parece probable que los gatos quedaron atrapados en un intento por llegar a los animales que se encontraban inmovilizados en el alquitrán o a sus cadáveres. Se calcula que por cada gran herbívoro hay un número aproximado de diez smilodontes que también quedaron atrapados intentando llegar a la presa, eso sin tener en cuenta los ejemplares que se encontraban en los alrededores, lo que nos da un porcentaje demasiado alto para apoyar el argumento de un estilo de vida solitario y nómada, puesto que tal estilo de vida implicaría amplios territorios y reduciría el número de animales capaces de congregarse en la zona de estudio.




Un Smilodon populator se enfrenta a una manada de lobos gigantes Canis dirus por el cadáver de un Hippidion, recreación del Pleistoceno de Tarija, Bolivia. Créditos Velizar Simeonovski.

Habitaron ambientes intermedios entre sabanas, áreas arboladas y matorrales  desde los cuales acecharían a sus presas, grandes mamíferos herbívoros a los cuales emboscaría iniciando una corta pero rápida persecución durante la cual desestabilizarían a su presa para luego someterla entre los miembros del clan ayudándose de sus potentes extremidades que estaban equipadas con potentes garras que desgarrarían al animal, y por si esto fuera poco infringirían heridas mortales en las partes blandas como cuello y abdomen con sus potentes caninos como puñales que terminarían desangrando a su presa. Otra función de los caninos habría sido disuasoria e  intimidatoria, alejando a otros predadores que intentaran robar su presa o manteniendo alejados de la manada a eventuales machos solitarios. También se descarta que fueran causa de dimorfismo sexual ya que tanto machos como hembras estaban dotados de potentes colmillos.
Extinción
El Smilodon y el Homotherium fueron los últimos dientes de sable que existieron ya que se extinguieron hace solo 10.000 años al final de la última glaciación.  Hay diversas opiniones sobre las causas de la desaparición de estos magníficos predadores, algunas teorías apuntan a agentes infecciosos, caza de grandes poblaciones de mamíferos como mamuts, bisontes y otros grandes herbívoros por parte de los primeros seres humanos y que constituían la principal fuente de alimento de los dientes de sable, y la teoría más plausible que apunta a que los grandes cambios climáticos que se dieron en nuestro planeta al final de la última glaciación afectaron a todos los ecosistemas del planeta, desencadenando una serie de cambios a los que la mayoría de grandes especies no supieron adaptarse, la desaparición de la megafauna de herbívoros que constituían su fuente de alimento provocó la desaparición de estos magníficos depredadores.

Hallazgos de “Dientes de Sable” en Colombia




Replica de Smilodon en el Centro de Investigaciones Paleontológicas de Villa de Leyva. (Créditos C.I.P.)

Aunque hay referencias sobre la existencia de félidos dientes de sable en nuestro país, debemos aclarar que desafortunadamente la mayoría de las pruebas se han perdido o corresponden a estudios que no han podido ser consultados debido a su difícil acceso ya que fueron realizados durante las primeras décadas del siglo XX;  tal es el caso de un canino atribuido a Smilodon que se encontraba depositado en las colecciones del Instituto La Salle y que desafortunadamente quedó reducido a cenizas cuando el instituto ubicado en el Barrio La Candelaria de Bogotá  fue incendiado el 10 de abril de 1948 durante los trágicos acontecimientos del Bogotazo.
Las referencias anteriores al incendio del Instituto La Salle donde se mencionan restos atribuidos posiblemente a la especie Smilodon fueron realizadas por los siguientes autores: Anónimo en 1920, Hermano Apolinar Maria 1926 cita fragmentos de un colmillo y una muela de Smilodon procedentes de Mosquera, Cundinamarca, Botero Arango en 1937 y Hno. Daniel en 1948, ambos citan también hallazgos en Mosquera, Mientras M. Restrepo en 1930 cita hallazgos de una forma generalizada en la Sabana de Bogotá, desafortunadamente tampoco he encontrado ninguna referencia que indique que alguno de estos restos citados haya perdurado hasta nuestros días o si algunas de estas citaciones corresponden a los restos calcinados en el citado incendio de 1948.
La única prueba fósil que ha llegado hasta nuestros días es un canino de unos 20 centímetros de longitud  encontrado en las canteras de mármol de Villa de Leyva y que se encuentra exhibido en el Centro de Investigaciones Paleontológicas de Villa de Leyva (CIP) donde también se encuentra una réplica de un Smilodon.
Cabe anotar que existe un fósil en las colecciones del Museo Agua Linda, municipio de Los Patios, en el departamento de Norte de Santander de lo que parece ser una huella que según su propietario, el señor Saddy Molina pertenece a un dientes de sable, la fotografía del fósil resulta por lo menos “curiosa” y estaría bien que alguien se interesara por verificar si efectivamente corresponde a la impresión fósil de una garra de uno de estos grandes predadores.




Fotografías de un colmillo atribuido a un félido diente de sable depositado en las colecciones del Centro de Investigaciones Paleontológicas de Villa de Leyva. (Créditos C.I.P.)




En el Museo de Agua Linda del cual ya hemos hablado con anterioridad en este Blog, se encuentra esta huella fosilizada que según Saddy Molina, administrador del Museo, pertenece a un dientes de sable. Fotografía sacada del Blog http://e-naturalista-lasallista.blogspot.com.es






Recreación de la Fauna del Pleistoceno de Villa de Leyva que incluía mastodontes, caballos, camellos, armadillos, cánidos y félidos dientes de sable. Créditos J. W. Moreno - Bernal. 2009.


Esperemos que como ocurrió con los dinosaurios de los cuales solo se conocían en nuestro país restos fragmentarios hasta la descripción de Padillasaurus leivaensis, se descubran y describan fósiles de félidos fósiles, ya que con total seguridad cruzaron nuestro territorio para dispersarse por el resto del subcontinente Suramericano.


Para complementar el Post les comparto un par de interesantes documentales sobre los dientes de sable:

Video: “México en la edad de hielo - Colmillos y relinchos en el altiplano”, en este video se narran las características del dientes de sable Smilodon fatalis durante el Pleistoceno.

   



Video de la serie: “Cazadores Prehistóricos: tigre dientes de sable” de la National Geographic.

   


Referencias:

R.J.G. Savage & M.R. Long. 1991.  Evolución de los mamíferos. Ediciones Akal. pp. 80 – 85

M. Antón. 2013. Sabertooth. Indiana University Press. pp. 132 – 136, 151 - 156

R.A. Fariña, S.F. Vizcaino & G. De Iuliis. 2013. MEGAFAUNA, Giant beasts of Pleistocene of South America. Indiana University Press. pp. 186 – 190, 281

A. Turner. 2004. Mamíferos Prehistóricos. Después de los dinosaurios. Larousse Editorial. pp. 122 – 127

A. Turner. 1997. The Big Cats and their fossil relatives. Columbia University Press. pp 57 – 58, 160

A. Forasiepi, A. Martinelli & J. Blanco.2007.  Bestiario Fósil. Mamíferos del Pleistoceno de la Argentina. Editorial Albatros. pp  119 – 124 

Apolinar, Hno. M. 1926. Smilodon y Glyptodon en Colombia. Boletín de la Sociedad Colombiana de Ciencias Naturales, 15:112.

Cuervo Márquez L. 1938. Especies extinguidas. Hallazgos fósiles en la Sabana de Bogotá. Rev. Acad. Colomb. Cienc. Bogotá. 2(5): 38-42.

Rincón, A., Prevosti, F., & Parra, G. (2011). New saber-toothed cat records (Felidae: Machairodontinae) for the Pleistocene of Venezuela, and the Great American Biotic Interchange. Journal of Vertebrate Paleontology, 31 (2), 468-478

Prevosti, F. J., and L. H. Pomi. 2007. Revisión sistemática y antigüedad de Smilodontidion riggii (Carnivora, Felidae, Machairodontinae). Revista del Museo Argentino de Ciencias Naturales 9:67–77.

A. Prieto, R. Labarca & V. Sierpe. 2010. New evidence of the sabertooth cat Smilodon (Carnivora: Machairodontinae) in the late Pleistocene of southern Chilean Patagonia. Revista Chilena de Historia Natural 83: 299-307

R. D. Aros. 2012. Los Tigres Dientes de Sable en Sudamérica. Centro de estudios Paleontológicos de Chile. 1 – 11

V. Falcón. 2003. Proyecto Smilodon de Wallicoto, Distrito de Huacrapuqio, Provincia de Huancayo. Museo nacional de Arqueología e Historia del Perú.

J.F. Del Moral Sachetti & E. O Chávez Aponte. Biomecánica craneodentaria en Smilodon fatalis leidy, 1868 comparada con Panthera onca (Linnaeus, 1758) y Puma concolor (Linnaeus, 1771): un análisis predictivo del comportamiento predatorio en un carnívoro fósil.


Agradecimientos:

Quiero agradecer a Bibiana Dimaté de La Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (ACCEFYN) por permitirme el acceso a las publicaciones del Hermano Apolinar Maria 1926 y Luis Cuervo Márquez 1938.


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Comentarios

  1. Me gustan mucho estas nuevas entradas con contenido original, mucho mejores que aquellas que repetían notas periodísticas.

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    1. Gracias mi estimado Jorge. Saludos.

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