jueves, 26 de octubre de 2023

Reptil marino que nadó hace 125 millones años donde hoy es Colombia tenía parientes en Rusia


Para información actualizada por favor visita https://titanoboaforest.com/stenorhynchosaurus-pliosaurios-cretacico-colombia/ 


El geólogo Cristian David Benavides Cabra y un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), liderados por la profesora María Páramo Fonseca, han reevaluado un fósil de Stenorhynchosaurus munozi, un pliosaurio descubierto en la quebrada La Yuca, en Sutamarchán, Boyacá. El análisis de los dientes de este reptil marino sugiere vínculos con especies encontradas en Rusia, revelando detalles sobre su alimentación y migración. Contrario a las creencias anteriores, se encontraron cinco dientes premaxilares, y los dos dientes más anteriores en el hocico apuntan hacia adelante, similar a la especie rusa Luskhan itilensis. Este hallazgo proporciona información sobre las grandes migraciones marinas de estos reptiles hace aproximadamente 125 a 121 millones de años.

A continuación la noticia publicada por la Agencia UNAL:

La llegada y la migración de estas majestuosas especies marinas que surcaron los océanos de Europa y Suramérica han sido un misterio latente a lo largo del tiempo; sin embargo, el análisis de los dientes de un fósil de Stenorhynchosaurus munozi, descubierto en la quebrada La Yuca, en Sutamarchán (Boyacá), permiten reevaluar aspectos que se conocían y revelar posibles vínculos con especies encontradas en latitudes como Rusia.


Este reptil marino, o pliosaurio, podía alcanzar 8 m de longitud, tenía un cuerpo largo y robusto, y su rasgo más distintivo era su gran cráneo con hocico alargado y estrecho. Tanto estas características como sus dientes permiten determinar que se alimentaban de peces pequeños. Se cree que el grupo al que pertenece la especie encontrada en Colombia se extinguió hace cerca de 90 millones de años, durante una época de grandes cambios en la fauna marina.


El investigador Cristian David Benavides Cabra, geólogo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), y un grupo de investigadores liderados por la profesora María Páramo Fonseca, del Departamento de Geociencias, se interesaron por estos rasgos de un fósil resguardado en el Museo Paleontológico de Villa de Leyva y que no se había descrito o caracterizado desde su hallazgo en la década de 1990, y que parecía tener una serie de particularidades no observadas en los otros descubrimientos de la zona, lo cual lo acercaría a especies que habitaron en los antiguos mares rusos.


“No se sabía a ciencia cierta de dónde venía el fósil, lo único que se conocía era que hace muchos años algunos miembros del Museo lo encontraron en la quebrada La Yuca, así que contactamos a esas personas para que nos contaran un poco más sobre lo que se había hecho, y llegamos al lugar para determinar la edad de las rocas y tener una huella más legible del hallazgo”, asegura el geólogo.


Al analizar las rocas calcáreas de la quebrada, llamadas así porque tienen un alto contenido de carbonato de calcio formado por restos de conchas y esqueletos de organismos marinos, se determinó, por medio del estudio de las amonitas, que estas rocas son de la edad geológica del Barremiano, enmarcada hace unos 125 y 121 millones de años atrás.
Esto permitió identificar que el animal al que pertenece el fósil vivió durante esa época, que se dio en el Cretácico inferior, edad de la que hasta hace 10 años se conocía muy poco sobre este tipo de reptiles marinos, pero en la que Colombia se ha convertido en un referente por sus hallazgos y estudios.


“El descubrimiento de estos fósiles se da sobre todo en regiones más secas o desérticas, pues las rocas no están cubiertas por vegetación; en regiones como Villa de Leyva y sus alrededores son abundantes, no solo pliosaurios sino también de otros reptiles marinos, situación similar a lugares como el desierto de la Tatacoa y la región de la Alta Guajira”.
“Contrario a lo que se creía, esta especie tiene cinco dientes premaxilares y no cuatro; además, los dos dientes más anteriores, en la punta del hocico, son procumbentes, es decir que apuntan hacia delante de la boca y no hacia abajo, lo cual solo se había visto en la especie Luskhan itilensis, hallada en Rusia”, explica el experto.


Añade que esto es muy relevante porque revela un vínculo y posible origen asociado con los pliosaurios de ese país, un hecho sin precedentes que ayudaría a armar el rompecabezas de las grandes migraciones marinas de estos reptiles en aquellas épocas que hasta ahora el hombre puede reconstruir.


“El fósil que analizamos tiene 15 m de longitud y 10 m de alto, y sus dientes son de alrededor de 6 cm, con una cara aplanada que termina en dos crestas marcadas, que son adaptaciones para cortar mejor la carne, lo cual sigue acercándolo a los fósiles de Rusia, contrario a otras especies de pliosaurios encontrados en rocas de Villa de Leyva, que se parecen más a especímenes del Reino Unido y Australia”, expresa.


También se identificó que el fósil es de un subadulto, animal juvenil pero no tanto. El trabajo tomó alrededor de un año, dado que el fósil se sometió al método de preparación química, que emplea ácido fórmico diluido para ir disolviendo la roca calcárea y al mismo tiempo ir revelando el fósil, que siempre se protegió durante el proceso; según el investigador, “aunque esta preparación es más demorada ofrece mejores resultados, por eso vale la pena”.


La investigación fue liderada por la profesora Páramo en conjunto con Héctor Palma Castro, del Departamento de Biología, y Antonio Castañeda Gómez, de la Universidad de Wurzburgo (Alemania). El artículo se puede leer en el siguiente enlace: https://revistas.unal.edu.co/index.php/esrj/article/view/105689



Referencias:

Reptil marino que nadó hace 125 millones años donde hoy es Colombia tenía parientes en Rusia. Fuente: Agencia UNAL 26.10.2023. (https://agenciadenoticias.unal.edu.co/detalle/reptil-marino-que-nado-hace-125-millones-anos-donde-hoy-es-colombia-tenia-parientes-en-rusia) [Última consulta 21.11.2023].



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jueves, 14 de septiembre de 2023

El misterio de las huellas en el pozo La Calavera



Alejandro Corrales, estudiante de biología y geociencias, hizo el descubrimiento de una de las huellas de dinosaurio mejor preservadas de Colombia en el pozo La Calavera, en Santa María, Boyacá, en 2017. Estas huellas, pertenecientes a dinosaurios ornitópodos llamados iguanodóntidos, son las mejor conservadas del país y proporcionaron información sobre el tamaño y la dispersión de estos animales hace aproximadamente 130 millones de años. El proceso de investigación implicó un trabajo colaborativo con científicos y expertos internacionales, así como desafíos logísticos para acceder a las huellas en una pared natural vertical. Este hallazgo destaca la posibilidad de que Colombia albergara una rica diversidad de dinosaurios en áreas no inundadas durante el período Cretácico.

A continuación la noticia publicada por la Agencia UNAL:

"La historia del descubrimiento de las huellas de dinosaurio mejor preservadas en Boyacá (Colombia).

Un día, a mediados de 2017, Alejandro Corrales, en ese entonces estudiante de biología y geociencias, hizo un descubrimiento sorprendente en el pozo La Calavera, un lugar inmerso en bosque tupido y cantos de aves en el río Batá en Santa María, Boyacá. Alejandro observó en una pared natural seis marcas de formas muy curiosas que se convertirían en las huellas de dinosaurio mejor preservadas del país.

Esta historia transporta a finales de junio de 2017, cuando Alejandro visitó Santa María, un lugar fuera de lo común en Boyacá. Este destino es excepcional, no solo porque para llegar hay que pasar 14 túneles que atraviesan la Cordillera Oriental, sino por su exuberante biodiversidad, resultado de su posición en el piedemonte llanero, constantes lluvias y cálidas temperaturas.

Durante su estancia, un guía turístico local sugirió a Alejandro visitar el famoso pozo conocido como "La Calavera", reconocido por sus aguas turquesas y popular entre los jóvenes de la región. Es interesante destacar la estrecha relación existente entre los guías turísticos de Santa María y la comunidad científica, pues numerosas universidades del país eligen este lugar para llevar a cabo programas de biología y ecología, realizando prácticas y actividades científicas en la zona. Santa María es hogar de una extraordinaria biodiversidad y esta prolongada interacción entre científicos y habitantes locales ha convertido al lugar en un destino turístico con enfoque científico y de investigación.

Al llegar al pozo La Calavera, el guía señaló seis marcas en una pared, de aproximadamente 30 centímetros cada una, que se encontraban encima del pozo. Alejandro comenta: "Inicialmente, se especulaba en la región que podrían tratarse de restos de plantas prehistóricas debido a su ubicación en una pared completamente vertical". Sin embargo, Alejandro sospechó que eran huellas de dinosaurio, a pesar de estar en una pared. Decidió capturar algunas fotos y, al regresar a Bogotá, las mostró a su compañero de clase, William Carantón, quien al verlas, estuvo de acuerdo en que se asemejaban notablemente a huellas de dinosaurio.





Coincidentemente ese semestre, Alejandro y William cursaban un curso de paleontología con el profesor Leslie Francis Noe, reconocido paleontólogo inglés vinculado a la Universidad de los Andes. Decidieron mostrarle las fotografías, en busca de su experiencia en grandes criaturas del pasado. Al ver las imágenes, Leslie las reconoció de inmediato como huellas de dinosaurio. "Cuando vi las fotos por primera vez, quedé totalmente sorprendido", señala el profesor.

En consecuencia, planificaron un viaje de regreso a Santa María para obtener más fotografías y realizar mediciones precisas. El equipo de trabajo incluía a Leslie, Alejandro, William, el geólogo José Vicente Rodríguez y la paleontóloga Marcela Gómez-Pérez. El objetivo del equipo era recopilar evidencias que permitieran determinar el tipo de dinosaurio, su tamaño y hace cuánto tiempo había vivido en lo que hoy conocemos como Boyacá.
El acceso a las huellas resultó complicado, según comenta William: "Tuvimos que adquirir neumáticos de tractomula para utilizarlos como balsas y poder llegar a las huellas, ya que se encuentran rodeadas de aguas muy profundas y no hay puntos de apoyo". Leslie agregó: "No habíamos previsto que tendríamos que nadar para cruzar un río". Finalmente, lograron capturar fotografías detalladas y realizar numerosas mediciones precisas. Alejandro expresó: "Quedamos impresionados por el excelente estado de conservación de las huellas".

Con las fotografías y mediciones en mano, el equipo se embarcó en un arduo proceso científico que implicó análisis estadísticos y una exhaustiva revisión de la literatura especializada. Después de intensas discusiones, la revisión de numerosas imágenes de huellas de dinosaurios y la consulta a expertos internacionales, comenzaron a acercarse a la identidad del dinosaurio responsable de las misteriosas marcas. En un principio, se inclinaron por la posibilidad de que pertenecieran a un dinosaurio carnívoro, debido a la apariencia de garras puntiagudas. Sin embargo, a partir de múltiples análisis, llegaron a la conclusión de que las características de forma y tamaño se asemejaban más a las huellas dejadas por un dinosaurio herbívoro.

Para determinar con mayor certeza el tipo de dinosaurio responsable, realizaron un análisis comparativo con fósiles existentes de la misma época en Brasil, Argentina, América del Norte, Europa y África. Basándose en el tipo y la edad de las rocas, llegaron a la conclusión de que las huellas correspondían a un grupo de dinosaurios que vivieron hace aproximadamente 130 millones de años llamados iguanodóntidos, al cual pertenece el famoso Iguanodon (llamado así porque sus dientes se parecen a los de la iguana). Las huellas fueron denominadas Iguanodontipus o 'marcas de Iguanodon'.

Este descubrimiento resulta sumamente interesante, ya que constituye la primera evidencia de un dinosaurio ornitópodo de gran tamaño en Colombia y, según Leslie, son las huellas de dinosaurio mejor preservadas del país. Las huellas contenían información escondida que les permitió estimar el tamaño en unos ocho metros de longitud y aproximadamente dos toneladas y media de peso. Además, representa el primer hallazgo de esta especie en América del Sur, dado a que sus parientes solo se habían encontrado previamente en territorio europeo.

Una de las conclusiones de este estudio, publicado en un libro del Servicio Geológico Colombiano en 2020, es que la especie de dinosaurio encontrado en Santa María, se dispersó gradualmente desde una región llamada Laurasia del Sur, que corresponde a lo que hoy es Europa, hasta llegar a Gondwana, la masa de tierra donde se encuentra Boyacá en la actualidad.

Según el equipo de expertos, hay varias hipótesis sobre cómo este dinosaurio llegó a Boyacá, pero la vía más probable de dispersión comenzó en Europa. En aquel tiempo, Europa y África estaban separadas por un océano llamado Tethys, mientras que África y Sudamérica formaban un solo continente. Según la hipótesis planteada, el iguanodon cruzó el océano Tethys y, una vez en África, pudo avanzar hacia Sudamérica sin necesidad de atravesar el océano Atlántico, que aún se estaba formando en esa época.



¿Por qué huellas de dinosaurio en una pared natural vertical?

Al inicio del período Cretácico, la Cordillera de los Andes no existía en su forma actual. Colombia era en gran medida una extensa llanura, similar a una mesa de billar. Gran parte del norte del país se encontraba por debajo del nivel del mar. Sin embargo, debido al choque entre las placas tectónicas Suramericana y de Nazca, gradualmente comenzó a formarse la Cordillera de los Andes. A medida que las montañas se elevaban, se generaban nuevos pisos térmicos, ríos y se creaban barreras físicas como valles y montañas, que a su vez promovían la formación de nuevas especies al aislar poblaciones.
Este dinámico proceso geológico transformó el área donde se encuentran las huellas del iguanodon en Santa María. Lo que una vez fue un terreno plano, se convirtió en una pared natural vertical.

Es interesante observar cómo los constantes movimientos del suelo han contribuido a la diversidad del paisaje colombiano. Estos cambios geológicos han permitido que Colombia se convierta en uno de los lugares más biodiversos de la Tierra, ya que la formación de montañas y la fragmentación del territorio han fomentado la evolución y la aparición de nuevas especies en diferentes regiones del país.

¿Por qué hay tan pocos rastros de dinosaurios prehistóricos en Colombia?

En Colombia se han registrado oficialmente solo dos especies de dinosaurios de gran tamaño: el Padillasaurus leivaensis de Boyacá y el Perijasaurus lapaz de Cesar. A diferencia de países como Estados Unidos y Argentina, donde se descubren constantemente fósiles de diversas especies de dinosaurios, Colombia se queda rezagada con solo dos especies conocidas (y otras más que aún no han sido formalmente descritas, incluyendo el iguanodóntido). Esta disparidad podría atribuirse al hecho de que durante el período Cretácico, gran parte del territorio colombiano se encontraba sumergido bajo el mar. Esto explica por qué se encuentra una abundancia de fósiles de reptiles marinos en lugares como Villa de Leyva, mientras que los hallazgos de dinosaurios terrestres son escasos.

Sin embargo, el descubrimiento de un Iguanodontipus en Boyacá resalta la posibilidad de que Colombia albergara en el pasado una rica diversidad de dinosaurios en las áreas que no estaban inundadas, similar a la riqueza actual de aves en el país. Las aves son consideradas descendientes directos de esos dinosaurios del pasado, lo que significa que las aves, desde el colibrí hasta el avestruz, son en realidad dinosaurios.

Dinosaurios en Bogotá

El proceso de comprender nuestro mundo a través de la ciencia requiere un amplio conocimiento y precisión, pero también una gran dosis de imaginación. Es fundamental que todas las personas, especialmente niñas, niños y jóvenes, conozcan la fascinante interacción entre el pasado geológico y climático, y la biodiversidad actual.

Con este propósito, la Universidad de los Andes, en colaboración con el Museo de Historia Natural de Nueva York, prepararon una exposición que sumergió en el mundo de los dinosaurios y grandes criaturas que alguna vez deambularon por Colombia, desde el período cretácico hasta nuestros días.

La exposición ofreció una visión científica y artística de los diversos ecosistemas en los que vivieron estos fascinantes seres. Se contó con esculturas de tamaño real que representan una amplia gama de especies, desde el icónico iguanodonte de Santa María hasta el megaterio del pleistoceno".



Referencias:

El misterio de las huellas en el pozo La Calavera. Fuente: Universidad de los Andes 14.09.2023. (Ihttps://uniandes.edu.co/es/noticias/comunidad/el-misterio-de-las-huellas-en-el-pozo-la-calavera?fbclid=IwAR1PRwqU8X_plytNT-cHds3MiBzZS90hdB1sUAg7gqvEJeEUJqDV51begp8) [Última consulta 21.11.2023].




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lunes, 4 de septiembre de 2023

Método estadístico ayudaría a identificar fósiles de zorros y lobos de hace 50.000 años


El investigador colombiano, León Chaparro Vargas, utilizó la morfometría geométrica y un modelo eficaz basado en más de 1.000 fotografías de especies relacionadas de zorros para caracterizar un fósil de zorro cangrejero de hace aproximadamente 50,000 años encontrado en Soatá, Boyacá. El método demostró un 96% de efectividad para identificar géneros y la dieta de cada espécimen, asignando 24 puntos clave en las imágenes de las mandíbulas para la comparación e identificación. Aunque no se pudo determinar con certeza que el fósil era de zorro cangrejero, la investigación proporciona un primer paso en la identificación y caracterización de fósiles de la familia de los zorros cangrejeros, destacando la importancia de la morfometría geométrica en el análisis de fragmentos pequeños de mandíbulas o dentaduras.

A continuación la noticia publicada por la Agencia UNAL:


“En paleontología, los fósiles no siempre se encuentran completos; para los cánidos –familia de perros, zorros y lobos–, los detalles de sus dientes han permitido la identificación detallada de algunas especies, pero en otras no, ya que falta información y detalle sobre la geometría de sus mandíbulas. Una investigación analizó fotografías de mamíferos de este tipo existentes en la actualidad para dar el primer paso en la caracterización del único fósil de hace 50.000 años hallado en Soata (Boyacá).

Fósil de mandíbula de la especie Cerdocyon thous encontrada en Soatá, Boyacá. Foto: León Chaparro Vargas, magíster en Biología de la UNAL.


Este ha sido caracterizado como un zorro cangrejero (Cerdocyon thous), animal que habita en el Caribe y la Orinoquia colombiana. Pero no siempre fue así: hace cerca de 3 millones de años, cuando se conformó un paso desde Panamá hasta Suramérica y los ancestros de los actuales zorros sudamericanos lograron migrar desde Norteamérica, su alimentación variada, que incluye artrópodos como el cangrejo, al parecer no ha cambiado desde el Pleistoceno tardío, época en que el ser humano aún creaba las primeras joyas, lanzas y arcos.

Los fósiles de este grupo de animales están bien documentados en Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia e incluso Venezuela, pero en Colombia el registro es escaso, contando apenas con el reporte del fragmento de una mandíbula en Soatá, que aunque se determinó como un zorro cangrejero por su distribución geográfica y tamaño, no se tuvo en cuenta la ausencia de caracteres dentales, por lo que es necesario buscar una alternativa para confirmar la hipótesis.

Aquí es donde aparece el investigador León Chaparro Vargas, magíster en Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), que con la ayuda del profesor Joao Muñoz, del Laboratorio de Ecología Evolutiva del Departamento de Biología, se interesó por determinar, mediante el método de morfometría geométrica, si efectivamente el fósil era de zorro cangrejero. Para ello utilizó y comparó cerca de 1.033 fotografías de especies relacionadas de instituciones como el Instituto de Ciencias Naturales, el Instituto Humboldt o el Museo de Historia Natural de Nueva York.

Modelo eficaz

El modelo demostró un 96 % de efectividad para identificar los géneros y la dieta o alimentación de cada espécimen. Un punto importante consistió en asignar para cada una de las imágenes de las mandíbulas 24 puntos (landmarks), entre ellos: posiciones de los dientes, alvéolos y sus distancias respecto a la mandíbula, ya que eran clave para la comparación e identificación entre las diferentes disposiciones geométricas.

El magíster explica que “la labor de un paleontólogo es como la de un detective, que trabaja en las sombras de la historia y que va buscando pistas para resolver un caso para determinar el origen de los fósiles, que son pequeñas huellas o páginas de la historia”.

Los 24 puntos se iban quitando poco a poco para evaluar si el análisis seguía siendo eficaz en fragmentos cada vez más pequeños, para lo cual también se utilizó el método estadístico análisis discriminante cuadrático.

“Aunque no se pudo determinar que el fósil es de zorro cangrejero, es la primera vez que se utiliza esta metodología para evaluar la morfología de mandíbula de un fósil de hace 50.000 años de esta especie y su relación con otras, en las que sí tiene una efectividad muy alta”.

“Se espera que el método sea el punto de partida para estas investigaciones, en las que es importante tener más información, ya que la metodología trabaja con cerca de 48 ejes en un plano cartesiano, lo que quiere decir que para análisis más robustos se necesitan al menos 48 fotografías de cada animal, y hay ciertas especies que solo tenían 10, por ejemplo, el zorro de orejas cortas”, asegura el investigador.

La morfología clásica, forma tradicional de hacer estos análisis, es una herramienta muy valiosa pero se queda corta al estudiar partes como fragmentos pequeños de mandíbula o dentadura de estas especies, ya que no hay una información detallada de cómo están conformadas, por lo que esta investigación ofrece un primer acercamiento a la identidad y la dieta de los fósiles de la familia de los zorros cangrejeros.

“También se determinó que hay una gran cantidad de especímenes que estarían mal caracterizados, pues si no se tienen las suficientes imágenes no se pueden sacar conclusiones sobre su taxonomía, lo cual también pone sobre la mesa la importancia del uso de la morfometría geométrica”, afirma.

Con respecto a la alimentación, se estudiaron 4 categorías: hipercarnivoros (aquellos que en manada cazan animales que son más grandes que ellos), carnívoros, insectívoros y omnívoros (en ese último está el zorro cangrejero). El análisis mostró que la mayor precisión se da para el primer grupo, pero en general evidenció muy buenos resultados para los demás”.


Referencias:

Método estadístico ayudaría a identificar fósiles de zorros y lobos de hace 50.000 años. Fuente: Agencia UNAL 04.09.2023. (https://agenciadenoticias.unal.edu.co/detalle/metodo-estadistico-ayudaria-a-identificar-fosiles-de-zorros-y-lobos-de-hace-50000-anos?fbclid=IwAR3VUmzhuXRJOwCzYRxbTLM3hrYZmslN1Mi9qLqI3_3SYaAFUuTn_MpqSKI) [Última consulta 21.11.2023].



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martes, 11 de julio de 2023

Hallan en Santander fósiles de tortugas marinas que ayudan a entender su evolución en la Tierra


Científicos, liderados por el paleontólogo Edwin Cadena, descubrieron fósiles de tortugas marinas en Zapatoca, Santander, que datan de aproximadamente 135 millones de años. El hallazgo revela que estas tortugas marinas adquirieron tempranamente el gigantismo como característica evolutiva, con un tamaño inicial cercano a dos metros de largo. El estudio, próximo a publicarse en la revista Zoological Journal of Linnean Society, incluye el análisis de huesos de extremidades y restos del caparazón. Además, se exploran las condiciones ecológicas, evidenciando marcas de cortes hechos por dientes de tiburones en los huesos, sugiriendo posibles ataques. Estos fósiles contribuyen a comprender los antiguos ecosistemas y las dinámicas ecológicas que influyeron en la evolución de estas tortugas marinas extintas, conocidas como Protostegidae. Este descubrimiento se suma a otros realizados por Cadena y su equipo en distintas zonas de Colombia, aportando valiosa información sobre la vida prehistórica en la región.

A continuación la noticia publicada por Vanguardia:


"Científicos hallaron en Zapatoca, Santander, los fósiles de tortugas marinas que habitaron en esta zona de Colombia hace aproximadamente 135 millones de años.

El paleontólogo Edwin Cadena, profesor de la Universidad del Rosario y oriundo de Zapatoca, Santander, junto a un estudiante de geología de la Universidad Nacional de Colombia, Diego Combita, hallaron fósiles de tortugas marinas que ayudan a entender la evolución de estos animales.

“Lo que muestran los fósiles de Zapatoca es que el gigantismo en este grupo de tortugas fue una característica adquirida tempranamente en su proceso evolutivo y no algo que surgió a través del tiempo. El tamaño inicial de estas tortugas fue cercano a dos metros de largo, algo bastante grande para cualquier tortuga de su época”.

Le puede interesar: Así es como este santandereano se ha convertido en uno de los mejores paleontólogos de Colombia

El estudio de los fósiles, que será publicado en la revista internacional Zoological Journal of Linnean Society, presenta el análisis de varios huesos de las extremidades y restos fósiles del caparazón.

La investigación, cuenta Cadena, también explora las condiciones ecológicas y demuestra que estas tortugas marinas extintas tenían que enfrentar posibles ataques realizados por tiburones, como se evidencia en marcas de cortes hechas por los dientes de estos en la superficie de los huesos de las tortugas.



“Los fósiles de tortugas marinas de Zapatoca contribuyen a la comprensión de los ecosistemas antiguos y las posibles dinámicas ecológicas y ambientales que dieron forma a la evolución de estas magníficas criaturas. Las tortugas marinas que habitaban este antiguo mar constituían un grupo hermano, pero a su vez distinto de las tortugas marinas actuales, conocido como Protostegidae”, indica Cadena, geólogo de la UIS y director del programa en Ciencias del Sistema Tierra de la Universidad del Rosario.

Este hallazgo se suma a otros realizados por este santandereano y su equipo en dos zonas de Colombia. En el ‘mar de fósiles’, como le llama Cadena a Zapatoca, fueron encontrados por el científico partes de una mandíbula y de algunas extremidades de los primeros reptiles voladores de Colombia, conocidos como pterosaurios y también un fósil de tiburón de dientes planos en Santander, que constituyó el primer registro en su grupo en América.

También descubrió, con apoyo de Rubén Darío Vanegas, del Museo de Historia Natural de La Tatacoa, es el registro más antiguo en el país del género de la tortuga Podocnemis o tortuga de río como se conoce comúnmente, especie que actualmente está en peligro de extinción.

“A medida que nuestra comprensión de la vida prehistórica continúa aumentando, estudios como este desempeñan un papel crucial en descubrir los secretos de los antiguos habitantes de nuestro planeta y sus notables adaptaciones”, indicó el paleontólogo”.


Referencias:

Daniela Puentes. Hallan en Santander fósiles de tortugas marinas que ayudan a entender su evolución en la Tierra. Fuente: Vanguardia 11.07.2023. (https://www.vanguardia.com/mundo/ciencia/hallan-en-santander-fosiles-de-tortugas-marinas-que-ayudan-a-entender-su-evolucion-en-la-tierra-HC6994009?fbclid=IwAR2tpXmFgyZgHTSIwYC3eoPA05IuuWWO46yW_2epz9Q6M_2SHg5F8XYVWlw) [Última consulta 21.11.2023].



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jueves, 15 de junio de 2023

Una expedición para conmemorar un siglo de investigación en La Tatacoa



Cerca de 60 investigadores de diversas instituciones, incluyendo universidades como EAFIT, Del Rosario, Michigan, Cambridge, Zurich, y el Museo de Chicago, llevaron a cabo una expedición al desierto de La Tatacoa para conmemorar un siglo de investigación paleontológica en este lugar. La región es conocida por su abundancia de fósiles, algunos con hasta 13 millones de años de antigüedad. Durante la expedición, se plantearon nuevas preguntas e hipótesis relacionadas con la riqueza paleontológica de la zona. El documental sobre la expedición será presentado en las próximas semanas. La comunidad local también participó en actividades que mostraron su creciente interés en comprender la historia preservada en su entorno. La expedición abordó diversos temas, desde el tipo de bosque en La Tatacoa hasta la evolución de la fauna debido a las variaciones climáticas. Entre los participantes se encuentra Diana Karen Pérez Lara, estudiante de doctorado en Ciencias de la Tierra de EAFIT, quien investiga maderas fósiles en La Tatacoa para obtener información sobre el clima hace 13 millones de años. Diego Armando Urueña Carrillo, el primer paleontólogo profesional de Villavieja en los últimos 100 años, expresó la importancia de la paleontología en la comunidad y su crecimiento a través de proyectos como el Museo de Historia Natural de La Tatacoa, que actualmente alberga más de 1.700 piezas fósiles.

A continuación la noticia publicada por la Universidad EAFIT:


"Sobre la expedición, que se hizo entre el 15 y 22 de mayo, se realizó un documental que será presentado en las próximas semanas. Este es el tráiler:



• Cerca de 60 investigadores de las universidades EAFIT, Del Rosario, Michigan, Cambridge, Zurich, el Museo de Chicago y el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, entre otras entidades, viajaron al desierto para conmemorar un siglo de investigación paleontológica en este lugar.

• La región de La Tatacoa es reconocida por su abundancia de fósiles, algunos con una antigüedad de hasta 13 millones de años. En la expedición surgieron nuevas preguntas e hipótesis relacionadas con la riqueza paleontológica de la zona.

​Un suelo árido, cientos de rocas y un cielo estrellado podrían ser la impresión inicial de un turista al contemplar el desierto de La Tatacoa. A pesar de eso, al adentrarse en la tierra con una lupa en mano, el panorama comienza a transformarse. Un grupo de alrededor de 60 expertos y estudiantes en diferentes ramas de la paleontología se embarcaron en un viaje a este lugar en busca de fósiles, con un motivo especial: celebrar el centenario de investigación en este importante yacimiento tropical.

Carlos Jaramillo, geólogo y científico asociado al Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, fue el organizador de este encuentro que reunió a investigadores de EAFIT, la Universidad del Rosario, la Universidad de Michigan, la Universidad de Cambridge, la Universidad de Zurich, el Museo de Chicago, entre otras instituciones y medios de comunicación. La expedición incluyó en su agenda actividades destinadas a la participación de la comunidad local, que muestran cada vez más interés y curiosidad por comprender la historia que se encuentra preservada en el paisaje que la rodea.


En 2019, Andrés Cárdenas Rozo, profesor de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de la EAFIT, participó en otra expedición con estudiantes de paleontología para elaborar un mapa hidrológico de la región. Con esta nueva inmersión, quiere responder otros interrogantes, por ejemplo, ¿cuál tipo de bosque existía en La Tatacoa? y ¿cómo ha evolucionado la fauna a raíz de las variaciones climáticas?, temas relevantes en la actualidad, dado los cambios de temperatura que experimenta el planeta.

En el caso de Camila Martínez Aguillón, profesora de Sistemas Naturales y Sostenibilidad en el programa de Biología de EAFIT, su interés se centra en la paleobotánica, no obstante, destaca que este encuentro “fue casi como un congreso que nos permitió compartir nuestras ideas y pensar en posibilidades de colaboración. También, fue un espacio para que los estudiantes conocieran a estos expertos y se les abrieran panoramas académicos. Fue muy emotivo que las personas de la comunidad se acercaran a conocernos, ver qué estábamos haciendo y aprender más sobre paleontología”.

¿Qué información pueden aportar los fósiles vegetales? Diana Karen Pérez Lara, estudiante del doctorado en Ciencias de la Tierra de EAFIT, llegó desde México para trabajar con la asesoría de la profesora Camila. Su tema de investigación son las maderas fósiles (también llamados xilópalos) de La Tatacoa, que pueden proporcionar información sobre el clima que existía hace 13 millones de años en este ecosistema.

Durante la expedición, Diana Karen recolectó alrededor de 80 muestras en diferentes puntos del desierto. Hasta ahora, ha identificado una especie predominante de leguminosa, lo cual es un hecho poco común en un bosque convencional. También, encontró una especie que se desarrolla cerca de ríos, lo que plantea la hipótesis de si existió en La Tatacoa un bosque húmedo y diverso.

Estas y otras preguntas surgieron en el viaje, así como la reafirmación de la pasión por la paleontología. Diego Armando Urueña Carrillo es un joven que nació en la zona norte de La Tatacoa. Un día conoció esta ciencia gracias a un semillero de investigación, pero fue su dedicación y habilidad lo que le permitió obtener el apoyo de personas que gestionaron una beca en EAFIT para estudiar Geología. Su sueño se hizo realidad a principios de este año, convirtiéndolo así en el primer paleontólogo profesional del municipio de Villavieja en los últimos 100 años.

“Cuando las personas se dan cuenta de que este proyecto crece y que un joven de la comunidad puede ir a estudiar, entienden la importancia que tiene. El Museo de Historia Natural de la Tatacoa y todos los procesos han generado una apropiación y una concientización en la comunidad de la importancia de la paleontología en el desierto de La Tatacoa”, expresa Diego.


Museo de Historia Natural de la Tatacoa

En la vereda La Victoria, ubicada en el municipio de Villavieja, se encuentra el Museo de Historia Natural de La Tatacoa, un proyecto que surgió gracias al impulso de los hermanos Andrés y Rubén Vanegas. Desde temprana edad, comenzaron a recolectar fósiles, guardando las muestras en su propia casa, con la meta de algún día tener un museo que permitiera su conservación.

Con el apoyo de diversas instituciones, como el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, EAFIT, Universidad del Rosario, Parque Explora, Universidad del Norte, Instituto Humboldt, entre otras, el museo se hizo realidad. En la actualidad, alberga más de 1.700 piezas fósiles de diferentes especímenes, entre las cuales se identifican mamíferos, reptiles, peces, aves y madera petrificada".



Referencias:

Alejandro Gómez Valencia. Una expedición para conmemorar un siglo de investigación en La Tatacoa. Fuente: EAFIT 15.06.2023. (https://www.eafit.edu.co/noticias/agenciadenoticias/2023/Una-expedicion-para-conmemorar-un-siglo-de-investigacion-en-La-Tatacoa) [Última consulta 21.11.2023].



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miércoles, 24 de mayo de 2023

Excrementos prehistóricos revelan olas de extinción en Colombia


Investigadores de la Universidad del Norte, liderados por la profesora colombiana Dunia H. Urrego, realizaron un estudio en la cordillera Oriental de Colombia, utilizando muestras de sedimentos del pantano de Monquetiva. Utilizando una sonda de perforación rusa, extrajeron muestras de sedimentos hasta cuatro metros de profundidad. El análisis de carbono 14 reveló que los sedimentos tenían hasta 40,000 años de antigüedad. Se centraron en microfósiles, como polen, carbono fosilizado de incendios pasados y esporas de hongos coprófilos presentes en heces de herbívoros. El estudio encontró evidencia de dos olas de extinción de megafauna en la cordillera Oriental de Colombia, ocurridas hace 23,000 y 11,000 años. La desaparición de microfósiles asociados con la megafauna indica la extinción de estos grandes animales. Además, el estudio examinó el impacto en el ecosistema, mostrando cambios en la composición de la vegetación y un aumento en especies comestibles y leñosas después de la extinción de la megafauna. Estos hallazgos proporcionan información sobre la historia de los ecosistemas colombianos y destacan la importancia de especies clave en la preservación del equilibrio ambiental.

A continuación la noticia publicada por El País:


Polen y esporas de heces fosilizadas: las pistas de la extinción de megafauna en Colombia

Este proceso se dio hace entre 23.000 y 11.000 años en la cordillera Oriental, según un estudio de científicos colombianos y británicos publicado en ‘Quaternary Research’

La doctora Dunia Urrego durante una expedición científica



Hace más de 20.000 años, por los Andes colombianos se paseaban armadillos del tamaño de un Volkswagen y osos perezosos que podían alcanzar hasta los seis metros de alto. Pero al igual que sucedió con mucha de la megafauna mundial de esa época, ya no hay rastro de ellos: están extintos. Qué los llevó a desaparecer es una pregunta que aún trasnocha y enfrenta a muchos científicos. En Colombia, esto se suma a que nunca se ha sabido con certeza cuándo dejaron de recorrer el país los pasos de esos gigantes.

“En general, hay indicios de que a finales de la edad de hielo [hace entre 20.000 y 10.000 años] muchas especies de gran tamaño, con un peso mayor a 50 kilos, dejaron de existir”, cuenta la doctora Dunia H. Urrego, colombiana egresada de la Universidad de Colombia y actualmente profesora de la Universidad de Exeter en el Reino Unido. “Sin embargo, en Suramérica, donde la información es escasa, la pregunta sigue muy abierta, porque además hay fósiles de megafauna que datan de épocas más recientes, de hace 6.000 y 8.000 años”, agrega.

Con la curiosidad de conocer qué había sucedido en pasados ecosistemas colombianos, a Urrego y su equipo —en el que también se encuentran el estudiante britanico Felix Pym, y los investigadores colombianos Ismael García Espinoza y Juan Felipe Franco Gaviria— se les presentó la oportunidad de despejar varias de estas dudas cuando visitaron Monquentiva, a unos 60 kilómetros de la ciudad de Bogotá, en la cordillera Oriental. Estaban allí como parte de un proyecto britanico del programa ColombiaBio, pero cuando vieron que había un pantano —el de Monquetiva— decidieron cavar muy profundo para conocer lo que los sedimentos podían contar.

Dos científicos exploran los sedimentos en busca de muestras fosilizadas



Los científicos usaron un equipo conocido como sonda de perforación rusa. Básicamente es un tubo de cinco centímetros de diámetro que metieron hasta a cuatro metros de profundidad sacando una especie de “salchicha” de sedimentos. Para que las muestras no se dañen, no pueden tener contacto con el oxígeno. El pantano de Monquetiva les garantizaba esa condición. “Así que empezamos a excavar y a extraer esa columna de sedimentos”, dice la experta desde Reino Unido.



Una parte de esa “salchicha” viajó a la Universidad Queen’s de Belfast, en Reino Unido. Allí, un equipo le hizo un análisis de carbono 14 para informarles que los sedimentos tenían hasta 40.000 años de antigüedad. Se trataba de un tesoro de información. Luego, con otro pedazo que llevaron a la Universidad de Exeter, tomaron muestras de cada dos centímetros de la columna de sedimentos para saber si su composición cambiaba. Se concentraron en filtrar lo que llaman microfósiles: granos de polen, carbono fosilizado de pasados incendios y esporas de hongos coprófilos, los que crecen en las heces de herbívoros.

Los microfósiles hablaron casi por ellos mismos: les dijeron que, en Colombia, en la cordillera Oriental, la extinción de megafauna se había dado en dos olas. Una, hace 23.000 años. “En las muestras que datan de esa época, puestas al microscopio, había una reducción de hongos muy notable”, asegura Urrego. Después, se recupera algo el conteo y, hace 11.000 años, desaparecen por completo. “No volvemos a encontrar los microfósiles asociados con la megafauna en las muestras. Sabemos entonces que alrededor de ese tiempo también dejaron de existir esos grandes animales porque habrían desaparecido también sus heces”, agrega.

Vista de la flora y los terrenos en los que se ha llevado a cabo la investigación



Pero más allá del momento en que se perdieron estos animales, a Urrego y su equipo también les interesó conocer qué pasa con un ecosistema cuando se pierden especies clave, que por su tamaño e interacciones son arquitectas de ese entorno. A través de los otros microfósiles – el carbón y el polen – obtuvieron datos sobre la composición del Páramo y la actividad de incendios naturales. “Esto nos permitió concluir que, tras la extinción de la megafauna, la vegetación cambió en su composición: hubo un incremento de especies comestibles y leñosas, volviendo a los hábitats más propensos a los incendios.


“Esto nos deja ver un poco qué podría suceder si se pierden especies como, por ejemplo, el ojo de anteojos, que ha estado en peligro de extinción”, argumenta la doctora Urrego sobre el estudio publicado en la revista científica Quaternary Research. “Es un indicador de nuestro futuro sin grandes especies”.



Referencias:

María Mónica Monsalve.Tras el rastro de los mastodontes, especies que habitaron y desaparecieron. Fuente: El País 24.05.2023. (https://elpais.com/america-colombia/actualidad/2023-05-24/polen-y-esporas-de-heces-fosilizadas-las-pistas-de-la-extincion-de-megafauna-en-colombia.html) [Última consulta 21.11.2023].



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lunes, 24 de abril de 2023

Dos nuevas especies fósiles reescriben la historia de las solanáceas

Un equipo de botánicos y paleontólogos, bajo la dirección de investigadoras del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV-CONICET-UNC) y de la Universidad de Colorado Boulder (CU Boulder), ha realizado la descripción de dos especies fósiles que podrían tener un impacto significativo en nuestra comprensión de la geografía y la evolución temporal de la familia de las solanáceas, una familia de plantas herbáceas que incluye el tomate, la berenjena, la patata y los pimientos de todos tipos y colores.

A continuación la noticia publicada por el CONICET

Fósiles olvidados de Colombia y Estados Unidos puede reescribir parte de la historia evolutiva de las plantas

Botánicas/os y paleontólogas/os, dirigidos por investigadoras del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV-CONICET-UNC) y de la Universidad de Colorado Boulder (CU Boulder), han descripto dos especies fósiles que puede reescribir la geografía y la línea de tiempo evolutiva de la familia de las plantas de tomate.

Los hallazgos del equipo, publicados el mes pasado en la revista New Phytologist, muestran que la tribu del ají (Capsiceae) dentro de la familia solanáceas, es mucho más antigua y estaba mucho más extendida de lo que se pensaba hasta ahora. Los científicos creían anteriormente que los ajíes evolucionaron en América del Sur hace como máximo 15 millones de años, pero la nueva investigación adelanta esa fecha hasta hace al menos 50 millones de años, y sugiere que los ajíes estaban presentes en América del Norte en ese momento.

Rocío Deanna, investigadora asistente del IMBIV, y Abel Campos, estudiante de pregrado de CU Boulder, no planeaban reescribir la historia cuando se encontraron una tarde en el Museo de Historia Natural de Boulder en 2021. Sin embargo, entre un grupo de especímenes en sus colecciones, recopilados de la Formación Green River, un tesoro geológico en el noroeste de Colorado y el suroeste de Wyoming, Rocío detectó un rasgo específico y muy evidente de solanáceas en un fósil: pequeños dientes por debajo del extremo de un cáliz fructífero.

Dra. Rocío Deanna



Después de que descubrieron este fósil en las colecciones de CU Boulder, Rocío y Abel, coautor del estudio, encontraron dos especímenes más de la tribu del chile en las colecciones del Museo de Historia Natural de CU Boulder y el Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver.

Estos fósiles de ají de la época geológica del Eoceno (hace 33,9 a 56 millones de años) coinciden con la línea de tiempo de otro fósil de solanáceas encontrado en la Formación Esmeraldas en Colombia, lo que revela que la familia ya estaba distribuida en toda América desde hace 50 millones de años.

Fósil de Lycianthoides calycina, especie que pertenece a la tribu Capsiceae de los ajíes picantes


Una historia de evolución de frutas y fósiles

La familia de los tomates o solanáceas (Solanaceae) comprenden 3.000 especies y casi 100 géneros diferentes, incluidos los chiles. Hoy en día, Colorado es el hogar de muy pocas solanáceas nativas y no presenta ajíes. Este nuevo descubrimiento sugiere que plantas de la familia de las solanáceas pudieron haber existido en América del Norte hace 40 a 50 millones de años, y desde entonces han desaparecido en gran medida.

El ají crecía durante el Eoceno, una época geológica que duró desde hace unos 56 a 34 millones de años, cuando los continentes se estaban desplazando hacia sus posiciones actuales. Durante este tiempo templado en la historia de la Tierra, los niveles de dióxido de carbono oscilaron entre 700 y 900 partes por millón (el doble del nivel actual) y, por ejemplo, las palmeras crecieron hasta Alaska. Debido a que había poco o nada de hielo en la Tierra, el nivel del mar era hasta 150 metros más alto de lo que es hoy.

La comunidad científica de Solanaceae consideraba que los orígenes de los ajíes comenzaron en América del Sur hace aproximadamente 10 a 15 millones de años, donde luego se dispersaron por tierra y agua a otros continentes. Los nuevos hallazgos, sin embargo, indican que ya estaban en América del Norte a principios del Eoceno, 50 millones de años atrás.

Pero, ¿Cómo llegaron estos ajíes por primera vez a América del Norte? Los expertos han hipotetizado que las aves frugívoras (que se alimentan de frutos), que existieron hace 60 millones de años, pueden haber dispersado semillas y frutos alrededor del mundo pegadas a sus plumas o en el barro de sus patas. Pero estas aves también tenían que alimentarse durante sus viajes, por lo que las bayas carnosas o los ajíes eran el alimento perfecto. Las aves pueden haber dispersado ajíes de un continente a otro, pero estos ajíes también pueden haber sido cruciales para el éxito de esas mismas aves, al brindar el alimento que permitiera la colonización de nuevos ambientes.


Referencias:

Alberto Díaz Añel. Fósiles olvidados de Colombia y Estados Unidos puede reescribir parte de la historia evolutiva de las plantas. Fuente: Agencia CONICET 24.04.2023. (https://imbiv.conicet.unc.edu.ar/fosiles-olvidados-de-colombia-y-estados-unidos-puede-reescribir-parte-de-la-historia-evolutiva-de-las-plantas/) [Última consulta 31.03.2024].


Para más información por favor consulte: Deanna, R., Martínez, C., Manchester, S., Wilf, P., Campos, A., Knapp, S., Chiarini, F.E., Barboza, G.E., Bernardello, G., Sauquet, H., Dean, E., Orejuela, A. and Smith, S.D. (2023), Fossil berries reveal global radiation of the nightshade family by the early Cenozoic. New Phytol, 238: 2685-2697. https://doi.org/10.1111/nph.18904

 

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Reciente descubrimiento de un cráneo muy completo del gavial Gryposuchus colombianus en La Tatacoa ⚒

En el desierto de La Tatacoa, Huila, se descubrió el cráneo casi completo y parte del postcráneo de un gavial, un cocodrilo de hocico alarga...